Incapaz de responder a la crisis el gobierno abandonó a la moneda

Incapaz de responder a la crisis el gobierno abandonó a la moneda
Víctima de la ilusión económica, el peso, a merced de especuladores
Carlos Ramírez y Juan Antonio Zúñiga
Sin ningún control sobre el sistema cambiario, abrumado por la especulación sin freno, agotadas sus reservas primarias de más de 5,000 millones de dólares, incapaz de intervenir para que no doblegaran a la divisa mexicana, sin medidas de contingencia económica para evitar la crisis y vertiendo sobre la economía popular el costo de la caída de la moneda, el gobierno decidió el miércoles 17 retirarse del mercado de cambios porque no tenía con qué sostener la paridad y dejó que el mercado de especuladores fijara la nueva cotización
El resultado de esta medida fue inmediato: una caída abrupta de casi 50% en el valor del peso respecto al dólar y el anuncio oficial de una austeridad y desaceleración sensible, que perjudicará la economía y el empleo de las clases populares, a través de una programa de estabilización que concede prioridad a la corrección de ajustes y no a los efectos sociales de la virtual devaluación del peso
La crisis del peso es la crisis de la economía Es, también, la crisis que todos esperaban Si 1982 repite algunas de las tendencias de 1976, la situación ahora es más grave: por un lado, puedo evitarse pero no se evitó; por otro, es el costo de la ilusión de riqueza y alto crecimiento económico que se destinó en los últimos cuatro años
Las razones de esta emergencia económica son variadas: a una crisis grave en el sector externo —lleno de números rojos, de monoexportación y de caída de productos no petroleros—, se sumó una especulación sin freno de sectores de alta capacidad económica Y, por si fuera poco, se añadió una inflación 20% mayor que la de los países con los que México comercia Todo ello fue producto de la decisión de crecer, a toda costa, aún calentando la economía hasta grados peligrosos
11,000 millones de dólares de déficit en la balanza de pagos en 1981; 6,000 millones de dólares de déficit en la balanza comercial; inflación de 30%; 20% de exportación de manufacturas —y además caras y en descenso—; 80% de exportaciones petroleras; caída de 5,000 millones de dólares en los ingresos petroleros; demanda excesiva de dólares por especuladores y pequeños ahorradores que no tenían confianza en la situación económica nacional; falta de bienes y servicios para atender la demanda generada por el alto crecimiento y fuga legal y paralegal de divisas como nunca antes, además de un proteccionismo industrial que rechazaba las caras exportaciones mexicanas
Frente a este panorama, el gobierno no pudo seguir atendiendo la demanda de dólares En términos estrictos, no fue el gobierno el que devaluó el peso sino el mercado Al salirse del mercado de cambios, el pánico y la especulación manipularon la oferta y demanda de dólares Sin embargo, la responsabilidad recae en la política económica oficial
Antes del miércoles 17 hubo confusiones, especulaciones, presiones, exhortaciones; el país se debatía entre el optimismo de altas cifras de crecimiento —nunca antes alcanzadas—, pero a costa de la moneda y de los efectos negativos que propiciaban mayor marginación de los asalariados y mayor concentración de la riqueza en pocas manos Los periódicos extranjeros señalaron esa contradicción: los mexicanos fueron, en los últimos cinco años, los árabes de América a la luz del boom petrolero, la riqueza fue a parar a pocas manos, y esas pocas manos lo derrocharon en el exterior
Para muchos, la última caída del peso era inevitable Inclusive, el Presidente de la República advirtió, el 5 de febrero, sobe el acoso de los especuladores y reafirmó su compromiso de defender “como perro” la moneda mexicana Siete meses antes, ante los corresponsales, anunció una defensa irrestricta del valor del peso frente al dólar No obstante, en la realidad, la política económica tuvo en los últimos meses una enorme carga subjetiva y emocional, plagada de llamados a la solidaridad nacional y patriotismo, pero con pocas medidas concretas para postularlo Pero el peso cayó, otra vez, por presión de los especuladores y por ausencia de decisión real del gobierno para frenar a los especuladores y corregir los problemas de la economía
Hacia comienzos de enero, el peso se convirtió en un problema político De acuerdo con cifras y estadísticas oficiales no tan añejas, técnicamente el peso estaba sobrevaluado en 25% respecto al dólar Se aportaban, para comprobarlo, datos como déficit de 11,000 millones de dólares en la balanza de pagos, salida de casi 10,000 millones de dólares por pagos de servicio de la deuda, 6,000 millones de dólares de déficit en la balanza comercial, caída de cuando menos 5,000 millones de dólares en los ingresos petroleros En cuanto al sector externo, el país dependía únicamente de los ingresos por venta de petróleo, casi el 80% del total de las exportaciones
Por otra parte, las noticias sobre el peso no eran del todo alentadoras A la par de la presión de los especuladores, la política económica se mostraba incompetente para apuntalar la moneda mexicana El presidente López Portillo señaló el 5 de febrero que la inflación nacional, 20% más lata que la de los países con los que comercia México, impedía reducir presiones sobre el peso Asimismo, por primera vez en la historia, se dijo en enero, la balanza turística mexicana era deficitaria; los mexicanos gastaban más en el exterior, que lo que dejaban aquí los turistas que nos visitaban La deuda fue incontrolable, hasta llegar al grado de que en 1982 se necesitan 10,000 millones de dólares como deuda neta para financiar el gasto gubernamental La remisión de utilidades al exterior aumentó en más de 60%, en 1981, respecto a 1980
Y no hubo, tampoco, una manera de frenar la fuga de capitales Amparados en una libertad cambiaria irrestricta, los especuladores hicieron su de agosto en febrero De acuerdo con datos de Clemente Ruiz Durán, investigador del Colegio Nacional de Economistas y de la Facultad de Economía de la UNAM, el Banco de México agotó sus reservas primarias de 5,000 millones de dólares en el lapso de julio de 1981 a febrero de 1982 Señala que en el primer semestre de 1981, sólo se utilizaron 400 millones de dólares de reservas La especulación se desató fieramente en siete meses y dio al traste con la esperanza gubernamental de que los llamados nacionalistas pudieran resolver lo que la política económica no pudo y no quiso atender
El peso sucumbió, víctima de factores objetivos y subjetivos Para los que señalaban que el peso flotaba, la caída de la semana pasada fue un brusco despertar Tan no flotaba, que al querer dejarlo flotar libremente se cayó estrepitosamente, se hundió en casi 50%, arrastrando consigo lo que quedaba de una política económica festinadora de las altas cifras de crecimiento Bastaron los resultados y desequilibrios de la economía mexicana en 1981 para que las presiones se acentuaran sobre el peso
TRIUNFO DEL GRAN CAPITAL
Hasta el 17 de febrero, el peso traía un ritmo de minidevaluaciones de dos centavos diarios Pero era sostenido artificialmente por el Banco de México, que tenía que acudir al llamado de quienes solicitaban enormes cantidades de dólares en cualquier banco El 28 de enero, el diario norteamericano Wall Street, Journal decía que el peso estaba sobrevaluado en 25%, noticia que fue retirada de algunos periódicos por recomendaciones de la Secretaría de Hacienda Esta semana el peso abrirá con 50% menos valor frente al dólar
¿Qué hubo en el fondo? El investigador Víctor Manuel Bernal Sahagún dijo que la decisión del 17 de febrero es congruente con la política económica gubernamental, orientada a dar incentivos la acumulación de capital, a concentrar el ingreso en pocas manos y a monopolizar el aparato productivo nacional ¿Los trabajadores? “Ellos dedican una cantidad cada vez mayor de sus ingresos a la compra de artículos básicos y renta; ¿cómo pueden y con qué pueden especular? Algunos estratos medios podrán hacerlo pero no en cantidad importante Los especuladores están ubicados en los sectores del gran capital, y en los bancos”
El impacto social será enorme Viene, como consecuencia lógica de la devaluación, una oleada inflacionaria nunca antes vista: “Es inminente el impacto inflacionario”, dice Bernal Sahagún Habrá aumentos de precios por varias razones: para proteger utilidades, para revaluar activos, para competir por la poca riqueza generada y por el propio efecto devaluatorio” Unos ganarán y otros perderán, es una ecuación simple
Los que ganarán, dicen los especialistas, serán los que salieron triunfantes del boom petrolero: los que tienen propiedades en el extranjero, los que depositaron dólares en bancos de Estados Unidos, los que tenían aquí reservas en dólares, los que presionaron la caída del peso cambiando pesos por dólares
Estos especuladores son los que salieron ganando Y de acuerdo con las expectativas anteriores a la V Reunión de la República, las autoridades financieras tenían en su poder los nombres de aquellos especuladores fuertes Inclusive días antes de la reunión, varios columnistas señalaban la posibilidad y el deseo de que el Presidente diera a conocer esa lista No obstante, López Portillo sólo hizo un discurso inusitadamente emocional, mostrando a un Presidente irritado por la especulación, pero pidiendo solamente solidaridad nacional para evitar la caída del peso
El país florecía para la economía, pese a que la recesión internacional y las tasas de interés habían desatado una verdadera guerra económica internacional Pero México, se decía en declaraciones de funcionarios, políticos y sectores oficiales, crecía a grandes pasos en un mundo en recesión Eramos, casi, una isla Claro, había problemas, pero los funcionarios insistían en que no serían determinantes para un nuevo bache económico como el de 1976 A esto se temía mucho: a quienes se aventuraban a declarar que el país avanzaba, inevitablemente, a otra crisis como la de 1976, los acusaban de agoreros del desastre y el Presidente de la República les endilgaba frases agudas e ingeniosas para desmentirlos
¿Hubo otro 76? Para Bernal Sahagún sí lo hay en 1982 Para Arturo Bonilla, exdirector del Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM, el país pasó por un leve respiro, representado por la explotación y el boom petroleros, pero hay una crisis Los mismos síntomas se presentan: crisis, concentración de la riqueza, política fiscal injusta, desequilibrios regionales, inflación disparada, desequilibrio en el sector externo, caída del ingreso real de los trabajadores, petrolización de la balanza comercial y distorsión en las importaciones Hay, además, un mismo patrón: el peso de la crisis será sostenido, en 1982, como en 1976 por los asalariados Las medidas de protección anunciadas el viernes 19 por los secretarios de Hacienda y de Programación, son, en rigor, de austeridad, baja en el gasto público, menor crecimiento económico del país, baja en la creación de empleos y un programa de estabilización similar al impuesto por el Fondo Monetario Internacional para sanear las finanzas
GOLPE ANUNCIADO
La situación no era tranquila El gobierno veía el panorama con preocupación El 2 de diciembre, el presidente López Portillo abrió una cuarteadura en el discurso oficial de optimismo que se venía manejando con profusión El último año de su gobierno, 1982, será “quizá el más duro y el más seco” Esta declaración originó un cambio sensible en los posteriores pronunciamientos de funcionarios de gobierno El 23 de diciembre, el secretario de Comercio, Jorge de la Vega Domínguez, anunció que los primeros tres meses de 1982 “serán difíciles”
Algunos economistas hicieron declaraciones y escribieron sus dudas sobre las advertencias anteriores, sobre todo tomando en cuenta algunos aspectos de la economía, derivados de tasas de crecimiento promedio anual de 7% Se instaló, de pronto, una sensación de incertidumbre en el país Un dato era revelador: el gasto público para 1982 se presentó estancado, es decir: creció en 1982 apenas igual que la inflación Había otros indicadores: la baja en los precios de petróleo provocó una rebaja de 4% en el gasto de 1981 —110,000 millones de pesos—, la escasez de divisas impedía la expansión gubernamental, al tiempo que alentaba un mayor y más dinámico crecimiento de la deuda externa, ubicada entonces en más de 40,000 millones de dólares A esto se aunaba una recesión internacional y sobre todo norteamericana, que preocupaba porque para 1981 el país dependía mayormente del comercio con Estados Unidos, al haberse agotado la dinámica interna
En enero, López Portillo recuperó parte de sus discurso a favor de lo logrado en algunas áreas de la economía Habló por esas fechas de superar los problemas “con realismo y objetividad” Culpó, por entonces, de manera desusada, a la guerra económica internacional Pidió apoyo para salir de lo que llamó “el tropezón de 1981” Sin embargo, al día siguiente, el 7 de enero, López Portillo volvió a hablar de problemas Declaró que 1982 será “particularmente duro” y repitió la culpa que tiene en este aspecto el desorden internacional Ese mismo día, Fidel Velázquez, presidente del Congreso del Trabajo, dijo que la crisis nacional era consecuencia de la internacional
De ahí en adelante, el discurso de advertencia sobre mayores problemas no se abandonó La semana pasada, justo antes de la caída abrupta del peso, llegó a asumir un lenguaje agresivamente condenatorio, de los problemas externos El 16 de enero, López Portillo dijo, en una reunión de la Liga de Economistas Revolucionarios del PRI, que los problemas se resolverían con decisiones que para algunos sectores puedan resultar duras o criticables, pero que son resultado del análisis de la realidad
Esta situación preocupó a los empresarios Voceros de las principales organizaciones empresariales pidieron austeridad y enfriamiento de la economía, para evitar caídas repentinas de algunos factores económicos Señalaron que los lados flacos de la economía eran el transporte de materias primas, carestía del dinero por inflación y altas tasas de intereses, y leyes y reglamentos, además de la inflación y el sector externo
En febrero hubo, de pronto, oleadas de rumores que nadie pudo controlar El peso era el objetivo de intereses políticos y económicos Si se hablaba de devalaución, el gobierno declara que no, los grandes empresarios pedían que sí, los pequeños industriales exhibían su temor y los especuladores no decían nada pero presionaban con compra de dólares una devaluación A la par de los rumores, la gente comenzó a ver con desconfianza los resultados de la economía: si bien había altas tasas de crecimiento, los analistas escribían y declaraban que el costo sería pagado más adelante y sería muy alto
En la V Reunión de la República, el presidente López Portillo habló irritado de la especulación, usó un lenguaje inusualmente molesto, agresivamente puntualizador No obstante, en los días siguientes no hubo medidas para detener la especulación con el peso En esos días, los bancos no se daban abasto para atender las demandas de dólares y el Banco de México no podía, tampoco, acudir al mercado con suficiencia
El 16 de febrero, inusitadamente, la Secretaría de Programación y Presupuesto saltó al ruedo Ramón Aguirre, titular de la dependencia, admitió que el país atravesaba por un difícil trance y anunció reducciones en el crecimiento esperado, ajustes a la baja en el gasto público y controles extraordinarios de la inflación Ante empresarios, Aguirre y el subsecretario Francisco Labastida hablaron de “medidas correctivas” inevitables y calificaron los resultados del sector externo como “muy delineados”
Ese mismo día, López Portillo salió nuevamente a defender los logros de sus gestión Criticó severamente a los que, dijo, no quieren ver la potencialidad y la grandeza del país Los calificó de hombres de poca fe y les dijo que andaban con el “cuello retorcido” hacia todos los rumbos de este mundo vacilante Ante el Presidente de la República, el director de Nacional Financiera, Jorge Espinoza de los Reyes, habló también con un lenguaje ajeno a los funcionarios y se lanzó de frente contra la recesión internacional, acusándola de los números rojos en la economía nacional
EFECTOS DE UNA CRISIS NEGADA
El 17 de febrero, horas antes de darse a conocer el anuncio de retiro del Banco de México del mercado de cambios, el director de esta institución, Gustavo Romero Kolbeck, declaró que las tasas de interés “nos están matando” y señaló —cosa nunca antes aceptada oficialmente— que el sector externo de la economía pasaba por una de sus peores crisis
Así, antes de la difusión del comunicado oficial del Banco de México, las autoridades reconocían la gravedad de la crisis denunciada con anticipación por trabajadores y especialistas Era, en el fondo, la crisis económica de una prosperidad lograda en las cifras, en las estadísticas y en los bolsillos de los pocos que aprovechan el auge de cuatro años Una vez desinflada la economía de impulsos provocados y poco realistas, el país vuelve a la ruta de la crisis y al camino de la estabilización económica que conoció en 1976 Y como en aquellas fechas, la crisis será pagada por los trabajadores, porque el programa de estabilidad prevé menos crecimiento económico, más inflación, poco empleo, baja en el gasto público El propósito es central: estabilizar la economía en lugar de defender a las clases asalariadas de los efectos de la crisis de 1982, tan negada pero tan real
¿Qué vendrá después? Bernal Sahagún, excandidato a la dirección de la Facultad de Economía de la UNAM, dice: no habrá correcciones en el comercio exterior, no disminuirán los gastos de los ricos en el exterior, ni se registrará un aumento sensible en el empleo” ¿Qué se esconde detrás del discurso oficial? “En el fondo, de lo que se trata es simplemente de ocultar la realidad Son explicaciones y justificaciones propagandísticas que, como tales, pueden tener resultado y reflejan el desconocimiento de la realidad Eso pudo haber resultado en 1976, porque la gente recordaba poco la última devaluación de 1954 Hoy es posible”
Así, los trabajadores serán obligados nuevamente a una contención salarial para no desalentar la inversión, los empresarios tendrán carta blanca para aumentar precios y restañar su tasa de ganancia, el gobierno auxiliará a las empresas con deudas en dólares, algunos industriales aprovecharán el abaratamiento de los productos mexicanos y tendrán utilidades excesivas y saldrá beneficiado de ello apenas el 20% del comercio exterior
Por otro lado, Ruiz Durán señala que habrá otros efectos sensibles en el empleo: cierre de fábricas, desaceleración de la actividad productiva, encarecimiento de las inversiones “La devaluación significa, en el fondo, la quiebra del modelo de desarrollo en este sexenio Se cumple, una vez más, el ciclo inflación-devaluación, donde los paganos serán los trabajadores”