POEMAS DE TIMOSSI
Eric Nepomuceno
Jorge Timossi: POEMAS DE UN CORRESPONSAL
Ed Casa de las Américas (colección “La honda”), 77 pp; Cuba, 1981
Ahora sé que tiene 45 años: está en su libro de poemas, y uno supone que los libros de poemas no mienten nunca De creer lo contrario, más vale no leerlos Ahora sé, además, que es argentino Antes, supuse que era chileno, cubano, y hasta hubo quien jurase que, de hecho, se trataba de un uruguayo tímido que se hacía pasar por cualquier cosa
Se llama Jorge Timossi, y desde que vine a parar en ese mundo raro y mágico del periodismo sin patrias ni fronteras —ese periodismo que el mundo conoce como de los corresponsales viajeros— su nombre me sonaba a cada rato Es de los veteranos y de los buenos, de esos que crean leyendas Hace poco supe que la Casa de las Américas iba a editar otro libro suyo Suponer que se trataba de otro libro de crónicas periodísticas me pareció una suposición más que razonable No era: es un libro de poemas
Son 40 poemas que incluyen una introducción —en verso, desde luego— de Roberto Fernández Retamar En esa introducción, Roberto, desde allá arriba, de su alta flacura casi mística, define bien lo que escribe Jorge Timossi: “Y escribió, reveló las cosas que pasaban ante sus ojos/ Más apasionantes que las películas en el primer cine de barrio/ Más dolorosas que un amor perdido, que una humillación/ que una vergüenza” Y es cierto: el poeta Timossi, que vive en el otro lado de las cuartillas donde escribe el periodista Timossi, no supo construir poemas en el aire, no supo erguir esa magnífica torre de marfil donde se ocultan y se abrigan los escritores de la nada Cuenta en lo que escribe más de lo que ve: lo que siente y adivina
Entre sus poemas hay algunos muy bellos y otros que, a mí, me parecen menos bellos Es decir: es un libro con altibajos Es decir: un libro escrito por un hombre preocupado y agarrado a la vida y a su tiempo Una vida y un tiempo con altibajos En sus poemas, el poeta Timossi no logró, en ningún momento, eliminar al periodista Timossi Y eso, estoy seguro, se debe a un único hecho: que el periodista Timossi, en sus crónicas, no haya jamás logrado sofocar al poeta Timossi
Dividido en cuatro partes —”Preámbulo de la imagen” “Elegías del camino”, “Cuadros de una exposición” e “Inconclusiones”—, el libro de poeta Timossi nos lleva por los senderos del periodista Timossi, donde nos encontramos todos, Hay, de verdad, momentos de una limpidez, de una belleza invulnerables —como cuando él cuenta de los viejos patriarcas que prohibieron a las mujeres salir de sus chozas Hubo una que transgredió las órdenes: “Y en los límites del pueblo/ ahí donde está el único pozo/ carga agua en una tinaja/ y llora bajo sus velos” O como cuando recuerda un cierto bar “La independencia/ y que, al cabo de un tiempo, los viejos árabes y nosotros/ ya no nos mirábamos como extraños”
Es fácil percibir que en sus poemas Timossi se preocupó, más que con la forma, más que con eventuales malabarismos de palabras, con la sencillez, las cosas están dichas de manera clara, límpida, con la preocupación de quien quiere compartir algo, alegrías y dolores, memorias de sonrisas y de cicatrices Es como un viaje, a través de crónicas que la memoria dictó, de manera libre, en forma de versos Un libro recomendable para los que creen que la poesía es hecha por seres humanos y no por dioses generosos, y que por lo tanto está llena de vida, donde uno encuentra momentos que pasan impunes Es decir: para los que creen en la literatura como algo que no debe, no puede pasar impune, para tener validez
Los poemas fueron escritos por quien confiesa tener “la mirada perdida de curiosidad y lejanía” Y que confiesa, además, que “si hubiera en este mundo/ un tren hipotecado/ yo sería su solo pasajero” Escritos, pues, por un buen poeta








