Sostener la “paridad política” hunde al peso
Amenaza de otro 76 si las divisas no se manejan, ya, con realismo
Carlos Ramírez
Atrapado entre la salida legal de divisas —turismo, pago de deuda, fuga de utilidades e importaciones— y los embates de especuladores que medran a la sombra de una libertad cambiaria irrestricta, la paridad del peso con el dólar se ha convertido en una cuestión eminentemente política
Si la situación económica nacional y los resultados llenos de números rojos de la contabilidad mexicana con el exterior —déficit de cuenta corriente de la balanza de pagos: 11,000 millones de dólares en 1981— exigen mayor decisión de las autoridades hacendarias para atender un complejo problema monetario y no solamente tapar algunos hoyos con minidevaluaciones, la prudencia política, los problemas de confianza y la crisis social han prevalecido en el ánimo para afrontar el futuro incierto de la divisa mexicana
El problema político del peso impide la adopción de medidas necesarias pero políticamente impracticables, como el control de cambios o el presupuesto nacional de divisas, a fin de que la salida de pesos convertidos en dólares no deteriore la de por sí complicada economía nacional
Mientras tanto, el peso anda a la deriva, sostenido sólo por declaraciones, promesas de confianza, petrodólares, deuda externa y reservas del Banco de México, ante el embate de especuladores y de números rojos en la cuenta con el exterior
Algunos lo llaman deslizamiento; otros caída; la política económica lo califica como ajuste Lo cierto es que el peso mexicano, que en alguna etapa de su historia de este siglo llegó a tener una paridad igual al dólar, terminará 1981 con una devaluación sostenida Desde octubre, el peso mexicano vale 10 centavos menos cada semana: En términos anuales, el peso bajó de valor 12 por ciento de principio de año a la fecha
El momento actual es crítico Sin embargo, las autoridades financieras han convertido el problema del cambio en un tema intocable, tabú, desde agosto de 1976 Este hecho forma parte de la problemática de la divisa, dice el vicepresidente del Colegio Nacional de Economistas, David Colmenares
“El peso se puso a flotar sin tomar las medidas colaterales necesarias y sin modificaciones en la política económica, a fin de que las especulaciones no se convirtieran en una presión contra el peso”, agrega “Además, en México no existe una política cambiaria, sino solamente un conjunto de medidas y controles para modular el hundimiento de la moneda, en medio de serios y descuidados desequilibrios en la economía nacional”
El peso terminará el año en un “deslizamiento sucio”, sostenido con dinero del petróleo, con deuda externa y —cosa que no había sucedido sino hasta comienzos de este 1981— con las reservas monetarias del Banco de México, que acuden a ofrecer dólares urgentes en momentos de demanda excesiva de divisa norteamericana Y aún así, el peso continúa en una “flotación hacia abajo”, en una caída paulatina de su valor, en un hundimiento irremediable
Lo malo de estos hechos es que el tiempo apremia:
“Las autoridades monetarias tienen el primer semestre de 1982 para resolver la situación del peso, afectada por el déficit de 11,000 millones de dólares en la cuenta corriente de la balanza de pagos Si sigue la apatía oficial frente a la magnitud de ese déficit externo, después del primer trimestre habrán de tomarse medidas precipitadas de ajuste, como en 1976”, dice Clemente Ruiz Durán, del Colegio Nacional de Economistas e investigador de la Facultad de Economía de la UNAM
Hasta la fecha, la intervención del Banco de México ha sido, de acuerdo con versiones de casas bancarias de cambio, eficaz en cuanto a detectar hasta en media hora una demanda excesiva de dólares Sin embargo, el problema del peso no comienza con la demanda excesiva ni termina con la disposición de dólares El problema envuelve a toda la economía: “Si las tendencias deficitarias en el intercambio con el exterior continúan en 1982, si en 1981 hay otro déficit igual o mayor en la cuenta corriente de la balanza de pagos, el país se enfrentará a una situación realmente difícil”, agrega Ruiz Durán
Todo conspira contra el peso: desde la fuga ilegal de capitales, hasta la salida de divisas por turismo, pago de deuda e importaciones; desde la diferencia inflacionaria entre México y Estados Unidos —alrededor del 18%— hasta las propias autoridades monetarias, que otorgan mayor importancia a los efectos políticos de su intervención que a un decisión de apoyar el valor de la moneda
Así, el “problema político del peso” se parece a una enorme tela de araña que se enreda una y mil veces, puesto que las decisiones en torno de la divisa se toman para corregir presiones superficiales pero se soslayan las causas verdaderas de que la flotación sea, en realidad, un paulatino e inexorable hundimiento
URGE SUPERVISAR LA MONEDA EXTRANJERA
“El problema del peso es, en cuanto al control de divisas, de carácter político”, dice Ruiz Durán Agrega que cada día es más urgente el establecimiento de un presupuesto nacional de divisas para tener una supervisión de las monedas extranjeras antes de gastarlas y no después Por su parte, el vicepresidente del Colegio de Economistas, David Colmenares, señala que el peso debe inscribirse en una política cambiaria articulada a la política económica
“Lo que pasa con el peso en los terrenos político y económico es un reflejo de la economía nacional”, agrega Colmenares Es por ello que urge la reorientación general de la política económica, que incluya al peso, hacia propósitos de consumo social, para que no sean los especuladores quienes presionen el diseño de la economía del país
Y esa tela de araña atrapa los juegos de intereses y los mezcla con la capacidad de acción del sector público, al tiempo que la situación nacional contribuye a este coctel poco recomendable
Al final, dice Ruiz Durán, el sector público usa las divisas del petróleo y los dólares de la deuda externa para sostener la supuesta solidez del peso, mientras que los que salen ganando en este proceso son los que sacan dólares para depositarlos o invertirlos en el extranjero y los que gastan divisas turísticas fuera del país
“Las medidas actuales son insuficientes para mantener la solidez del peso, el cual se debate entre presiones, especulaciones y débil apoyo”, señala el vicepresidente del CNE A este respecto, algunas casas de cambio tuvieron conocimiento que en semanas anteriores Petróleos Mexicanos depositó 100 millones de dólares en bancos, como una contribución directa a ofrecer dólares suficientes para cualquier demanda excesiva
Frente a este tipo de apoyo oficial, la salida de divisas no cesa Ruiz Durán señala que en 1981 el déficit de cuenta corriente de la balanza de pagos —que indica el resultado en números rojos del intercambio de México con el exterior— llegó a 11,000 millones de dólares, que tendrán que cubrirse de alguna manera Y la tendencia, añade, no parece revertirse: no hay alivio a la vista del déficit comercial, que registra altas importaciones y bajas exportaciones Por ejemplo: en 1980, sin contar el petróleo, el déficit en el comercio exterior llegó a 13,704 millones de dólares Con petróleo ese déficit fue de 3,265 millones
Por otro lado, los pagos al exterior crecen en la misma medida que la deuda externa y son la principal fuente del desequilibrio con el exterior “Este incremento de pagos se debe a la cada vez mayor deuda externa, pero, principalmente, al aumento en el costo de los recursos extranjeros, que se elevó en promedio de 79% en 1977 a 133% en 1980”, advierte Ruiz Durán
A este hecho se agrega lo que hasta comienzos de año era tal vez una de las pocas buenas noticias y que poco a poco fue convirtiéndose en un ave de mal agüero: el turismo y las transacciones fronterizas La razón es esta: los mexicanos gastan cada vez más en el extranjero, al tiempo que las altas cifras de inflación mexicana ahuyentan a los visitantes del exterior
Pero el problema central se encuentra en la libre conversión del peso, ya que permite que salga del país desde un dólar hasta los millones que se puedan cargar
“El control del desequilibrio externo no se ha logrado debido a la carencia de un sistema de protección efectivo que regule la utilización de las utilidades en divisas extranjeras y a los ajustes automáticos en el factor pagos”, afirma Ruiz Durán, y propone un presupuesto nacional de divisas
“Es decir: preguntarse de antemano para qué usar las divisas, cuál es su destino Luego vendría un mecanismo mejor para controlar los gastos innecesarios de los mexicanos en el extranjero Actualmente sabemos cómo se gastan las divisas fuera del país, pero con mucho tiempo de posterioridad, a través de la balanza de pagos Se requiere, por el contrario, saber el uso de divisas antes”, apunta Ruiz Durán
El vicepresidente del Colegio de Economistas indica que el presupuesto nacional de divisas es cada día más urgente, pues los efectos de la fuga de divisas y de capitales inciden determinantemente en el tipo de cambio del peso y en el desequilibrio del sector externo de la economía “Y la crisis de la economía nacional reflejada en el peso no puede resolverse solamente con fórmulas monetarias sino que deben usarse otros instrumentos más profundos: reorientación de la economía en función del sector social, presupuesto de divisas y políticas cambiaria”
MOMENTO PARA QUE EL GOBIERNO ACTUE
La conspiración contra el peso es, en suma, el reflejo de la crisis de la economía nacional, aquella que subsiste y afecta tras de las altas cifras de crecimiento: inflación, números rojos en turismo y comercio fronterizo, importaciones, demanda especulativa de dólares, miedos, temores, desconfianzas, seguridades oficiales sobre la solidez —inexistente— de la moneda Es tan insegura la situación del peso, que ni flota ni se sostiene El Banco de México hace uso de una intervención directa para que el deslizamiento del peso sea controlado, medida que está contemplada por el fondo Monetario Internacional —vigilante de las paridades monetarias de occidente— como “flotación controlada”
Si por cuestiones económicas el valor del peso actual no es el real, políticamente se justifica la intervención de las autoridades monetarias para evitar un desplome Y el “valor controlado” el peso sufre el embate de los desequilibrios de la economía mexicana y de los problemas acumulados a lo largo de cinco años en que todo parecía jauja
El “valor político del peso” se enfrenta, a finales de este año, con problemas, señala Colmenares Y Ruiz Durán dice que el momento crítico ha llegado para que las autoridades monetarias intervengan para controlar el flujo de divisas: “O se deja que las fuerzas del mercado nos lleven como en la actualidad o se comienza un proceso para saber exactamente y con antelación el uso de divisas”
El problema se plantea en estos términos: de seguir el proceso como hasta ahora, el gobierno seguirá utilizando petrodivisas, deuda y reservas del Banco de México para mantener una “paridad política” a toda costa; de esta manera, el dinero público financiará los gastos excesivos e innecesarios de algunos mexicanos en el exterior
La prueba está a la vista, dice el vicepresidente del Colegio de Economistas: el espacio en el que supuestamente se mueve el peso —flotación hacia arriba y hacia abajo— se llama técnicamente túnel, pero en la realidad es un “túnel negro”, donde el peso puede rebasar los cinco centavos hacia arriba y hacia abajo —topes techo y piso, como se les llama— cuando las presiones así lo provoquen
Ruiz Durán señala que el sector público tiene las divisas suficientes para sostener o conducir el valor del peso por su tormentoso camino de “flotación hacia abajo”, pues posee el 60% del total de divisas en el mercado Pero el problema no es regular la flotación, dice Colmenares, sino hacer que el peso se reinscriba en la realidad de la economía nacional, con desequilibrios e insuficiencias
Por lo pronto, el boletín El inversionista mexicano dice en su número del 7 de diciembre, que el peso se encontrará bajo fuertes y crecientes presiones en los próximos meses Cinco semanas antes de que termine el año el peso se había devaluado 113%, o sea una tasa anualizada de 125% Así, el peso comenzó 1981 a 2323 por dólar y lo terminará a 2611
Al final, la situación del peso ha dejado de ser parte de la política económica y se ha convertido en eje de la política de la economía, pues la crisis de confianza, como las crisis económicas, son también cíclicas








