VISPERAS INTRANQUILAS EN CANCUN
Un clima de intranquilidad se apoderó la semana anterior de las altas esferas de la Secretaría de Relaciones Exteriores los signos premonitorios de un fracaso en la cumbre Norte-Sur de Cancún
A la continuada defección del mandatario brasileño Joao Figueiredo, se sumó el día 14 la del canciller germanoccidental Helmut Schmidt —a quien se le colocó un marcapaso—, y dos días después se confirmaba que la repentina enfermedad del primer ministro austríaco Bruno Kreisky —”enfermedad diplomática” la llamó aquí un embajador europeo— impediría finalmente su asistencia a la cumbre Otro indispuesto, el fin de semana, era el presidente de Costa de Marfil, Félix Houpouet Boigny
El golpe más sensible a la realización del diálogo es la ausencia de Kreisky, principal promotor y patrocinador, a la par de México, de la reunión, Schmidt, socialdemocráta como el austríaco, era figura clave del grupo Norte Brasil significaba la tercera presencia latinoamericana Pero quizás la puntilla del evento fue propinada el jueves 15 por el presidente Ronald Reagan, al defender vehementemente la vigencia del actual sistema económico internacional y rechazar, de hecho, las negociaciones globales en las Naciones Unidas, en un verdadero anticipo de la “línea dura” de Estados Unidos en Cancún
El lunes 12, el canciller mexicano Jorge Castañeda había abogado por un cambio en la actual política exterior estadunidense —que sufrió un “retroceso”— e hizo hincapié en que uno de los objetivos principales de la reunión de mandatarios era obtener una “luz verde” para reiniciar las negociaciones globales en la ONU Pero al mismo tiempo, exoneró las culpas de México ante un eventual fracaso de la Norte-Sur
Tres días después, Ronald Reagan alejó toda duda: Estados Unidos no cambiará un ápice su tradicional política En Filadelfia, ante el Consejo de Asuntos Mundiales, puso como “modelo” para un fructífero diálogo entre el Norte y el Sur, la política de relaciones de los gobiernos norteamericanas de la postguerra con los países en desarrollo
Preconizó el mantenimiento del statuquo en el sistema económico mundial, el viejo orden basado en la división internacional del trabajo; condenó a los países pobres a seguir surtiendo materias primas para los industrializados y servir de mercados para las manufacturas de éstos Les aconsejó tomar la vía capitalista, reforzar el sector privado de la economía y otorgar salvaguardias frente a los riesgos de expropiación para inversores extranjeros
Puso una “luz roja” a las negociaciones globales Y con ello, anticipó la continuación del diálogo de sordos que desde la cumbre de París, en 1975, caracterizó los encuentros entre industrializados y países en desarrollo Para Estados Unidos, la única ayuda válida es la que pueden controlar directamente, como la propuesta de su Miniplan Marshall








