La solidaridad social impuesta, no funciona
Al rechazo indígena se unen las deficiencias de las clínicas IMSS-Coplamar
Francisco Ortiz Pinchetti
TAPACHULA – Concebido en el aire —sin un previo diagnóstico de salud en el medio rural y con ignorancia crasa de las características de la población a la que pretende beneficiar— el programa IMSS-Coplamar pierde en los hechos su orientación discursiva y se constriñe, en el mejor de los casos, a un mero servicio asistencial de marcado carácter paternalista
Chiapas es el prototipo Aquí, en uno de los estados con mayor población marginada, con problemas aterradores de salud, se han instalado más clínicas rurales de IMSS-Coplamar que en ninguna otra entidad del país: 370 Y aquí, la realidad muestra las aberraciones de un costoso programa nacido de la improvisación y ahogado por el burocratismo
De dos años para acá, los indígenas, que conforman el 30 por ciento de la población chiapaneca, han visto azorados la proliferación de las pequeñas unidades medicas rurales (UMR), que parecen brotar de pronto en sus montañas y en su selva, a la orilla de sus ríos y en sus recónditas cañadas; pero contrariamente a los postulados del programa, esos nuevos enclaves ladinos les son absolutamente ajenos Otra vez, presuntas soluciones por la vía de la imposición
“Por eso —dirá en Comitán el director del Hospital Civil de la SSA, doctor Roberto Gómez Alfaro— el programa no cumple sus objetivos, no funciona; por eso muchas comunidades indígenas rechazan la instalación de unidades o, cuando las aceptan, no las utilizan”
En el papel, dos son los objetivos fundamentales del programa: la incorporación de la población marginada del país a los servicios de solidaridad social y la consolidación de un sistema de cooperación comunitaria que propicie el desarrollo de las localidades destinatarias de esos servicios
En los hechos —y Chiapas es ejemplo significativo— se han instalado aceleradamente la infraestructura física para procurar la atención médica, pero aun ésta se ve limitada por fallas humanas, administrativas y de planeación; el sentido de “solidaridad social” no se materializa y se queda en lo asistencial, y la organización del trabajo comunitario es prácticamente nula, como lo reconocen los propios responsables del programa
Sucintamente, esta es la nómina de los problemas operativos constatados por Proceso en este estado: escasez, ausentismo y constante recambio de médicos; graves deficiencias en el abastecimiento de medicamentos y materiales de curación; defectos de construcción y mala conservación en las unidades; ausencia de actividades de difusión del programa; rechazo o indiferencia por parte de las comunidades indígenas
MEDICOS SIN MEDICINAS
En su concepción original, las UMR estarían atendidas por pasantes de medicina en servicio social, egresados de las universidades del país Esto, sin embargo, fue sólo un hermoso enunciado Pocos son los jóvenes que aceptan el confinamiento en localidades pequeñas e incomunicadas, sobre todo en un estado como Chiapas Esto provoca constantes renuncias o abandonos, que obligan a una permanente sustitución de médicos Según el informe oficial de fines de marzo pasado, había en la entidad 21 unidades sin médico El 7 de mayo se informaba que había 23 en esa situación
El problema ha sido particularmente serio para cubrir las plazas de 110 nuevas unidades construidas en la tercera etapa del programa Así lo acepta el delegado del Seguro Social en Chiapas, Roberto García Carreño “Hemos tenido que recurrir a la contratación de médicos titulados”, dice E informa que aún faltan por ser cubiertas las plazas de 33 unidades cuya construcción está por terminarse
No es fácil para quien estudia en una universidad soportar el aislamiento, la penuria y la incomodidad que para los indígenas son parte de su vida cotidiana Hay quien lo hace, y con un encomiable sentido de servicio El pasante Luis Larios, por ejemplo, atiende la unidad IMSS-Coplamar en una comunidad tojolabal del municipio de Las Margaritas, cuyo acceso requiere 10 horas de camino a pie en plena selva:
“Al principio —cuenta— se padece un sentimiento de soledad insoportable Se siente miedo, por Dios Dan ganas de rajarse Si uno resiste, si logra identificarse con la comunidad y asumir una actitud de modestia y colaboración, descubre un mundo distinto: el de la solidaridad Eso es muy enriquecedor para uno Y, entonces, lo difícil es irse de ahí”
El doctor Melitón Cervantes Trejo, asesor de la supervisión delegacional del IMSS en Tapachula, piensa que “cada día es más grave la ausencia de una vocación de servicio social en los muchachos que egresan de las universidades Ellos salen con ganas de cumplir como sea el trámite del servicio social y poder ejercer para ganar dinero, en la ciudad Por eso son pocos los que resisten el trabajo en el campo, con la incomodidad, la peligrosidad y el aislamiento que implica”
Pero, además de ese factor, hay otras razones objetivas que obligan a los pasantes a abandonar su servicio en las unidades IMSS-Coplamar: irregularidad en su pago, deficiencias en el suministro de medicamentos, escaso apoyo o definitivo abandono
Un estudio interno de la Coordinación General del programa sobre el estado de Chiapas, ilustra esos “otros motivos” de numerosas renuncias El informe está basado en una encuesta directa realizada en febrero pasado, que incluyó 209 de las 260 UMRs que operaban en ese momento
Se encontró que en 38 de las unidades encuestadas no estaba presente el médico Había 32 médicos a los que no se les había pagado su sueldo y nueve más que lo reciben irregularmente
El estudio recomienda “el pago oportuno y completo” al personal, ya que apunta, el incumplimiento de ello “es uno de los factores que condicionan la deserción”
Además, 48 de los 171 médicos entrevistados informaron no haber recibido la visita de los médicos auxiliares que regularmente deben asesorarlos y apoyarlos En algunos casos, dice el informe, este hecho “coincide con la deficiente atención médica” brindada por la unidad
En cuanto al abastecimiento, se presentan “serias fallas en el suministro” de medicamentos y materiales de curación Así lo demuestran estos datos: el 45 por ciento de las unidades encuestadas tiene un suministro de medicamentos básicos que oscila entre el cero y el 50 por ciento, acentuándose en el 20 por ciento; cuatro de cada 10 unidades tienen un “bajo suministro” de materiales de curación y de aseo
Se detectó, asimismo, que la tercera parte de las unidades, que según el programa deberían resurtirse cada dos, tres o cuatro meses, no han sido abastecidas desde hace siete u ocho meses, en promedio
En suma, 138 de las 209 UMRs encuestadas informaron que el abastecimiento que reciben es “incompleto e inoportuno” y 22 que es completo, pero inoportuno
Hay casos concretos particularmente graves:
Las unidades de Pueblo Nuevo, Mariscal, Subicuski, Berriozabal y Jolnachoj llevan un año sin ser reabastecidas; las de Jomanichín, Valle Morelos y Agrónomos Mexicanos, esperan el suministro desde junio del año pasado; las de Guadalupe Victoria, Terán, Cuauhtémoc, La libertad, Tres Lagunas, La Tigrilla, Francisco Villa, desde julio Y otras siete desde agosto Etcétera
En Angel Díaz, municipio de Siltepec, el médico “renunció por no contar con medicamentos”, dice el informe
GOTERAS, CUARTEADURAS, FALLAS
El costo de la construcción y el equipamiento de cada una de las unidades médicas fue aproximadamente de 500,000 pesos (actualmente es de 690,000) La edificación estuvo a cargo de pasantes de Ingeniería y Arquitectura de diversas universidades del país En estados como Chiapas presentó serias dificultades por los problemas de acceso Para la construcción de algunas unidades fue necesario el empleo de helicópteros para transportar los materiales
A sólo 20 meses, en promedio, de su construcción, las unidades presentan, según el referido estudio sobre Chiapas, este estado de conservación:
“La cuarta parte de las UMR encuestadas tienen humedad y cuarteaduras en muros y techos o filtraciones en periodo de lluvias, (y) pisos con el mismo problema o maltratados Aproximadamente el 51 por ciento de las unidades (más de 100) carece de pintura o está en mal estado”
Además, “son patentes fallas considerables” en las instalaciones eléctricas e hidráulicas El 13 por ciento de las unidades padece problemas con las primeras y el 24 por ciento con las segundas Tres de cada 10 UMR tienen descompuesta la bomba de agua y en dos de cada 10 no sirven el excusado y el lavabo
Hay una “acentuada” falta de atención en el equipo contra incendio En el 72 por ciento de las unidades no ha sido renovado
Y aporta el informe este dato tragicómico:
“La inadecuada distribución de parrillas eléctricas y la falta de un producto sustituto, ha orillado a los médicos a utilizar leña como combustible para la olla exprés, obteniendo así elevadas temperaturas a efecto de esterilizar los instrumentos médicos y preparar su alimentación Esto, aunado al desconocimiento que sobre el manejo de la olla exprés tienen —por falta de asesoría— ha ocasionado que éstas exploten”
De las 209 unidades visitadas 157 carecen de refrigerador, 70 de parrilla o estufa, 26 de mesa de exploración, 43 de camas, 26 de lámpara, 36 de báscula, 52 de bomba
Pese a esta situación, el delegado estatal del IMSS se muestra optimista y satisfecho ante el reportero “Ciertamente —dice García Carreño— no se ha llegado a un estado óptimo de las unidades Hay problemas mínimos de construcción, pero los estamos atendiendo”
Sobre el abastecimiento, reconoce que es “un poco deficiente”, debido sobre todo a que el número de unidades rebasó al sistema de suministro, pero que “lo estamos implementando, con la colaboración del Instituto Nacional Indigenista”
PROGRAMA IMPUESTO
García Carreño acepta, por otra parte, que la organización del trabajo comunitario ha sido “escasa” hasta ahora Y le tira la pelota al INI: “esa es tarea de Coplamar, a través de sus organismos”
Pero tampoco en el área médica los resultados son del todo satisfactorios, según el informe de la Coordinación General Dice que la atención médica prestada “refleja una deficiencia en 35 unidades”, de las cuales 17 están en localidades en las que la comunidad es renuente a la participación En las UMR restantes “se efectúa un trabajo aceptable”
En zonas de fácil acceso y de población mestiza, como lo observó Proceso en diversas unidades de la región del Soconusco, la atención médica es permanente y la participación de la comunidad se refleja inclusive en el aseo y el ornato de las UMR; pero en otras áreas de Chiapas, predominantemente indígenas, la situación es distinta
En Comitán, el director del Hospital Civil, Gómez Alfaro, asegura que el programa IMSS-Coplamar, “cuando menos en la zona Tojolabal, que es la que conozco y recorro con frecuencia”, es poco menos que un fracaso:
“Las unidades está bien habilitadas, pero no funcionan”, dice “Los indígenas las rechazan o no las utilizan ¿Por qué? ¿Porque se trata de una imposición, porque el programa se ha implementado a tontas y a locas, sin tener la mínima identificación con la comunidad, sin tomar en cuenta la idiosincrasia, las costumbres y la propia medicina tradicional de los indígenas”
Según el doctor Gómez Alfaro, en esta región sólo 30 por ciento de las unidades IMSS-Coplamar instaladas otorga un aceptable servicio asistencial “Meramente asistencial —recalca—, que no soluciona en medida alguna el problema de salud a fondo Todo se reduce a un poquitín de asistencia a disminuirles las lombrices a los indígenas, a quitarles la tos; aunque al poco tiempo estén otra vez llenos de lombrices y ahogados por la tos”
Y señala un riesgo: “este tipo de asistencia lo único que logra es acentuar la dependencia de los indígenas al medicamento”
Para él, el programa IMSS-Coplamar, “inspirado sin duda en buenas intenciones, se vuelve meramente demagógico” y significa así “un grave despilfarro de recursos”
Informa que un indicador de los escasos resultados del programa es lo que cotidianamente se vive en el Hospital Civil que dirige: “continúa la sobresaturación que nos obliga a atender una demanda de 150 por ciento respecto a la capacidad del centro de salud; continúa la misma o mayor incidencia de los mismos padecimientos; continúa, en suma, la evidencia de una condición de salud sencillamente pavorosa en esta región”
Aquí, añade, se vive en una situación propia del siglo XVII Entre los tojolabales, por ejemplo, la incidencia de tuberculosis es del triple de la media nacional Un estudio del hospital en la comunidad de Nuevo México encontró que estaba tuberculoso el 23 por ciento de los habitantes, mientras que la incidencia en el país es de 10 por cada 100,000 habitantes
“Situaciones como éstas —dice el médico de la SSA— no pueden ser resueltas con la simple o indiscriminada instalación de clínicas de asistencia, sin llevar a cabo auténticas tareas de prevención, de organización Y sin tomar en cuenta siquiera que, en última instancia, este cuadro de salud no es más que un efecto del sistema político y social que propicia la explotación y produce pobreza, desnutrición, insalubridad, marginación”
También la antropóloga social Martha Alicia González Arce hace un cuestionamiento a fondo del programa IMSS-Coplamar Ella encabeza un grupo interdisciplinario de investigadores universitarios que trabaja en los Altos de Chiapas Entrevistada en Tuxtla Gutiérrez, dice:
“El programa es algo totalmente ajeno a los indígenas, que en el mejor de los casos los utilizan para aliviar los síntomas de sus enfermedades Falso que ellos lo consideren algo suyo o que participen activamente Los comités de salud, que por ley deben formarse en cada comunidad en que haya clínica, son meramente formulismos
“Por lo demás, este programa significa una nueva, grave falta de respeto a los indígenas y un inaudito desconocimiento de su problemática real, de sus necesidades, para nada se tomó en cuenta la posible incorporación de la medicina tradicional indígena; simplemente se ha tratado de trasplantar, con todo y vicios, un esquema urbano de atención médica convencional Y después se asombran de que los indígenas rechacen las clínicas y se quejan de su falta de participación”
La antropóloga social lamenta que inversiones multimillonarias se dediquen a un programa “hecho sobre las rodillas”, que si bien acarreará un relativo beneficio asistencial “no deja de ser una concepción meramente desarrollista y paternalista sobre la problemática indígena”
Los resultados, concluye, están a la vista: “mientras se lleva a cabo un espectacular, delirante programa de construcción de clínicas rurales, la organización comunitaria es puro mito Ni siquiera se cumple con los trabajos comunitarios o jornales que supuestamente son los que dan derecho a la adscripción de los habitantes a su respectiva clínica”
En efecto, el convenio que dio origen al programa IMSS-Coplamar señala que los “solidariohabientes” deberán cubrir diez jornadas de trabajo al año para tener derecho ala prestación del servicio, porque éste “no es una dádiva”
“Por ahora no ha sido posible todavía cumplir con esto”, dice el delegado del IMSS en Tapachula, “salvo en algunos lugares”
Hay otros lugares, en cambio, donde el rechazo indígena a las unidades IMSS-Coplamar ha sido contundente Algo más que un mero incidente fue lo ocurrido en agosto pasado en la comunidad de Angel Albino Corzo, en el municipio de Compainalá: la unidad médica fue incendiada por un grupo de pobladores








