Ligada a la derecha salvadoreña, deja solo a Rivera

Ligada a la derecha salvadoreña, deja solo a Rivera
La presidencia del Episcopado Mexicano apoya la intromisión de Estados Unidos y la represión militar
Carlos Fazio
Las más recientes declaraciones del cardenal primado de México, Ernesto Corripio, y del Consejo de Presidencia de la Conferencia Episcopal sobre El Salvador, no dejan lugar a duda: en sus niveles de decisión, el episcopado nacional apoya el proyecto intervencionista de Estados Unidos, que auspicia, como salida a la guerra civil que vive este país, al actual gobierno militar con máscara democristiana
El “incidente salvadoreño” del Episcopado Mexicano se inició el 12 de diciembre, cuando el cardenal Corripio dijo, en la Basílica, que la violencia que vive El Salvador es una “invención” de la prensa y culpó a las agencias cablegráficas internacionales de mentir y manipular todas las noticias provenientes de esa nación centroamericana
La declaración de Corripio, con la consecuente ola de reacciones que levantó en su contra, y que inclusive generó opiniones sobre una desautorización de su persona ante el Papa Juan Pablo II y la comunidad cristiana mexicana, motivó que una semana después, el viernes 19, el Consejo de Presidencia de la CEM emitiera un pronunciamiento oficial en nombre de todo el Episcopado
El pronunciamiento del Consejo, sin rectificar a su presidente, el cardenal Corripio, asegura que, mediante el contacto con los obispos de El Salvador, sigue paso a paso con profunda pena, los constantes hechos de violencia, desorden y terrorismo que perturban la paz y tranquilidad de ese país Señala, además, que la Iglesia mexicana “no puede permanecer callada y levanta su voz lamentando”, al tiempo que se solidariza con los hermanos salvadoreños
El texto de la breve declaración de la CEM tiene por fundamento un párrafo de la Carta Pastoral emitida el 15 de septiembre último por los obispos de El Salvador, que expresa: “En esta hora de dolor y de tragedia, cuando, desde la impunidad de la clandestinidad, nos amenaza el espectro de la violencia irracional y ciega En esta hora de confusión y decadencia de la conciencia moral; de crisis de valores y exaltación fanática del rencor, del odio y la venganza Cuando contemplamos con horror la deshonestidad, la cobardía, la traición, la insidia y el crimen erigido en valores, la angustia nos embarga”
En los hechos, el análisis en que se basa el pronunciamiento episcopal mexicano es obra de Salvador Domínguez Reynoso, presidente del Centro de Estudios y Promoción Social, AC (CEPS), enviado por el cardenal Corripio a El Salvador con carácter consultivo El informe de Salvador Domínguez, distribuido al Episcopado Mexicano con la nota de “prudente reserva”, describe la reunión que tuvo lugar en San Salvador, el 11 de diciembre de 1980, en el Instituto Salesiano, con la asistencia de los cinco obispos de la Conferencia Episcopal salvadoreña, su secretario general (no obispo), monseñor Fredy Delgado y el nuncio apostólico en aquel país, Lajos Kada
En su parte central expresa que en El Salvador existe una “severa crisis en todas las estructuras: económica, social, política, cultural y espiritual; la violencia se desarrolla principalmente entre la izquierda y la derecha radicales, aunque también existe la participación de algunos elementos incontrolados de las Fuerzas Armadas”
Agrega que “no existe estado de persecución a la Iglesia, ya que los asesinatos de presbíteros, religiosos y laicos, obedecen a razones particulares o por facciones en pugna” Y descalifica a la “Coordinación Nacional de la Iglesia Popular” (CONIP), integrada por sacerdotes, religiosas y laicos, por “izquierdista”
Otro elemento central del asunto lo constituye la carta enviada por el presidente de la Conferencia Episcopal salvadoreña, J Eduardo Alvarez, obispo de San Miguel y Vicario castrense, al cardenal Corripio, en su carácter de presidente de la CEM La carta, fechada en San Salvador el 11 de diciembre, agradece al Episcopado Mexicano el envío de Salvador Domínguez y las muestras de solidaridad con la Iglesia salvadoreña en los momentos de “crisis” que vive
Monseñor Alvarez señala su acuerdo en tratar y solicitar cualquier ayuda “de Conferencia Episcopal a Conferencia Episcopal”, y solicita, expresamente, cualquier ayuda en ropa, medicina, en aspectos migratorios y de asistencia a los refugiados políticos que hay en México Plantea, también, que en vista de “la politización reinante, hemos enviado o enviaremos algunos seminaristas a estudiar a seminarios mexicanos, dificultándose el aspecto migratorio y el envío de divisas que no les concede la nación porque no las hay en abundancia”
La carta de monseñor Alvarez fue girada al Episcopado Mexicano por su secretario general, Genaro Alamilla En su presentación, el obispo Alamilla dice que “todos somos conscientes de la situación compleja y confusa prevalente en El Salvador y en otras naciones de América Central” Tal situación, añade, motivó que la CEM, reunida en la pasada XXVI Asamblea Plenaria, acordara valerse de los servicios de monseñor Javier Lozano Barragán como portador de una carta dirigida al Secretariado Episcopal de América Central (SEDAC), en la que se preguntaba la forma como la Iglesia de México podría prestar ayuda
La respuesta verbal del SEDAC, consigna el comunicado de Alamilla, “fue que todo se arreglara de Conferencia a Conferencia”, para “evitar la injerencia de grupos no autorizados por la CEM” Advierte explícitamente a los obispos mexicanos, que toda la ayuda de la CEM se enviará directamente a la Conferencia Episcopal de El Salvador, a través de los “organismos competentes” del cuerpo, y puntualiza: “De esta manera, no habrá grupo que nos manipule, y el bien que podamos hacer será efectivo”
El secretario general del Episcopado Mexicano señala que la situación descrita por Salvador Domínguez “nos induce a ser muy cautelosos, a no prestar siempre oídos a lo que se nos informa () y a no dejarnos sorprender por personas o grupos en cualquier sentido que sea”
En esencia la “situación confusa” a que alude monseñor Alamilla recoge una de las últimas declaraciones de la Conferencia Episcopal salvadoreña: “La Junta (en la actualidad el gobierno militar presidido por el democristiano José Napoleón Duarte) es el punto fiel de la balanza, entre las fuerzas extremistas de izquierda y de derecha” De ahí que, implícitamente, maneje la tesis de la pugna entre tres proyectos políticos: el de la dominación inspirada en la represión oligárquica; el proyecto reformista y centrista de la Democracia Cristiana —avalado por Estados Unidos como salida intermedia de recambio— y el popular insurgente Según los ideólogos del planteamiento, El Vaticano, coincidiendo con la política trilateralista norteamericana, llamará a la conciliación y al diálogo con el centro, o sea, la Democracia Cristiana
Por ello, el pronunciamiento del Consejo de Presidencia de la CEM toma partido e intenta descalificar —”en estos momentos de emergencia y de tanta confusión, existen algunos grupos que, tomando el nombre de la Iglesia, recurren a otros paises en busca de ayuda y difunden informaciones frecuentemente contradictorias” —al Socorro Jurídico del Arzobispado de San Salvador, que fue apoyado antes por el asesinato arzobispo Oscar Arnulfo Romero y lo es ahora por su sucesor interino, el administrador apostólico Arturo Rivera y Damas
Esta toma de posición de los dirigentes del Episcopado los lleva a negar la martirizante realidad de persecución que sufre la Iglesia en El Salvador En la conferencia de prensa del 19 de diciembre, en que se dio a conocer el pronunciamiento del Consejo, dos de sus miembros, el citado Alamilla y el obispo auxiliar Jorge Martínez, afirmaron, de acuerdo con el informe de Salvador Domínguez, que no se puede considerar que en El Salvador haya persecución religiosa por parte del gobierno, pero sí una constante agresión en contra de sacerdotes y religiosas, por motivos ideológicos, ejecutada por distintos grupos, “ya sean de derecha o de izquierda”
Los dos monseñores, al igual que el cardenal Corripio y los otros tres firmantes del pronunciamiento, los obispos Ayala, Obeso y Llaguno —los cuales se desconoce si estuvieron de cuerpo presente en la reunión en que se redactó el mismo— no podían prever que un día después, en su homilía dominical en la Plaza de San Pedro, Juan Pablo II condenaría el asesinato de las tres religiosas y la laica norteamericanas, “perpetrado —dijo— con actos de violencia terrorista que parecen gozar de una fácil impunidad” La fácil impunidad que da el estar concertado o bajo la complicidad del gobierno salvadoreño
Ignoraron, asimismo, el comunicado del obispo administrador apostólico de San Salvador, Arturo Rivera y Damas, quien conjuntamente con los sacerdotes y religiosas de su Arquidiócesis, el 6 de diciembre, denunció y condenó enérgicamente el secuestro del padre Marcial Serrano, párroco de Olocuiltla, el 28 de noviembre y al cual, por todos los indicios, ha sido el asesinado, así como los secuestros, torturas, probables violaciones y asesinato de las cuatro religiosas Además, señaló:
“Estos hechos criminales de persecución a la Iglesia son la culminación de cuatro años de persecución que han aumentado en cantidad y crueldad en 1980, coincidentemente con la nueva conducción política del país de militares y Partido Demócrata Cristiano”
En su comunicado, Rivera y Damas pasa revista de las agresiones: asesinato del arzobispo Romero y de sacerdotes, seminaristas, religiosas, catequistas y fieles cristianos; residencias religiosas cateadas, ametralladas o dinamitadas, mismos atentados que han ocurrido inclusive en dependencias del Arzobispado de San Salvador, como la Imprenta Criterio, la Emisora ISAX y el Socorro Jurídico; profanación de templos y disparos contra ellos, asesinando en ocasiones a sus ocupantes
Ante este cuadro, dice el obispo que “las fuerzas armadas y la Junta de Gobierno se silencian, tergiversan o falsean los hechos y su interpretación” Y afirma rotundo: “Tenemos la obligación de decir la verdad: a la Iglesia se le persigue porque dice la verdad que molesta a los poderosos, porque ha tomado una opción preferencial por los pobres de este país, que secularmente han sido oprimidos por estructuras injustas y además reprimidos hasta el presente con una virulencia que raya en inconcebible, aunque los responsables directos de esta persecución quieran diluirse invocando fácilmente la violencia de derecha e izquierda o amparados por un aparato político militar prepotente; en los cuatro años de persecución que sufre la Iglesia, ha sido evidente que la mayoría de los hechos persecutorios los han realizado los cuerpos de seguridad y organismos paramilitares, con ello rechazamos las versiones que culparían a otros grupos sociales, como a veces han afirmado algunos miembros del Gobierno
“Por ello, responsabilizamos de la persecución a la Iglesia, específicamente de los asesinatos de tantos sacerdotes, como de agentes de pastoral, a los cuerpos de seguridad, a las bandas ultraderechistas y en consecuencia, responsabilizamos también al Gobierno que, por ejercer la suprema comandancia de las Fuerzas Armadas, es responsable de las acciones de sus miembros”
A todas luces, estos señalamientos hablan con justicia de la realidad de El Salvador Pero no es menos obvio que los obispos salvadoreños están divididos y, la mayoría, coludidos históricamente con el poder Los ejemplos más notables de convivencia con los militares los dan el obispo de San Vicente, Pedro Arnoldo Aparicio, su mano derecha, Fredy Delgado, actual secretario del Episcopado salvadoreño y su presidente, el obispo castrense Eduardo Alvarez
Como dijo en su homilía dominical del 21 de diciembre Sergio Méndez Arceo, obispo de Cuernavaca, monseñor Rivera y Damas está solo Romero, el arzobispo asesinado, contaba al menos con Rivera y Damas Monseñor Urioste, quien vivió los tres últimos años al lado del arzobispo Romero, acaba de renunciar, sentenciado a muerte por las bandas paramilitares y se encuentra en Estados Unidos
Además, como administrador apostólico, Rivera y Damas está sujeto en particular a las decisiones del episcopado salvadoreño Ciertamente está solo
En esta ecuación, los nexos de los dirigentes del Episcopado Mexicano son con los obispos de derecha Principalmente, con monseñor Aparicio y con Fredy Delgado, quienes viajan con frecuencia a México a ver a sus seminaristas que estudian aquí, por miedo al “contagio” que pudieran adquirir en el seminario de San Salvador, el único Seminario Mayor que existe en aquel país Además, como está señalado, hay una correspondencia oficial de Conferencia Episcopal a Conferencia Episcopal
Es con base en estas relaciones, que el Consejo de Presidencia de la CEM afirma seguir “paso a paso” la situación de El Salvador Y hasta dispone acciones: una campaña por El Salvador, a través de una comisión de Comunión y Participación, que será coordinada por el obispo auxiliar Carlos Talavera Por pedido expreso del obispo salvadoreño Alvarez, la ayuda será “asistencial” (medicina, ropa, hospitalidad y acogida para los refugiados que lleguen a México)
El proyecto coincide fundamentalmente con las directivas del CELAM (Consejo Episcopal Latinoamericano) para pacificar Centroamérica y mediatizar la insurgencia popular Este organismo, dirigido por el obispo colombiano López Trujillo, es el hilo conductor de un proyecto que, por modernizante, se hace atractivo y menos sospechoso: que sin rupturas con el pasado, se lleven a cabo reformas Tal es el “Proyecto de Ayuda a la Iglesia de Nicaragua” implementado por el CELAM y que, financiado por una empresa cervecera estadunidense, extiende su radio de acción a toda la región centroamericana Es la alianza del proyecto de neocristiandad con el proyecto global del imperialismo, al que se suscriben algunos obispos mexicanos Entre ellos, Talavera y Javier Lozano Barragán, participante, precisamente, de la reunión del SEDAC sobre El Salvador, que hubo a fines de noviembre en Panamá
Todavía el lunes 22, en la Curia Metropolitana, al recibir el saludo de Navidad de casi medio centenar de miembros del apostolado seglar, el cardenal Corripio volvió a decir respecto a El Salvador, que la prensa manipula las noticias y que el hecho real en este país, es el enfrentamiento entre las extremas derecha e izquierda Pero dijo más: afirmó que quien crea el problema “es la izquierda”, la que, además, está “enredando” a la Iglesia salvadoreña