UN DECENIO DE INVERSION EXTRANJERA EN MEXICO, PERDIDO POR FALTA DE INFORMACION
Federico Gómez Pombo
Quien lance dardos en un cuarto oscuro con la esperanza de atinar en un blanco tendrá más posibilidades de éxito que si desea obtener datos pormenorizados de la inversión extranjera en México
“Antes esa información era superconfidencial, ahora simplemente no existe Quizá nunca sepamos qué fue lo que pasó en materia de inversiones extranjeras en la década de los setenta”
De esa manera poco conocemos aquí acerca de las trasnacionales y menos aún de sus trampas, tan denunciadas en otros paises, inclusive en los Estados Unidos
Antonio Chumacero, investigador y coautor en 1973 —junto con Bernardo Sepúlveda— de un libro sobre inversiones extranjeras que no ha sido actualizado por falta de datos, y gerente del Colegio Nacional de Economistas, levanta así el velo que cobija un misterio: ¿Existen en México estadísticas confiables de inversiones extranjeras?
Se sabe con certeza que en 1970 existían 1,915 empresas con participación de capital foráneo y que ahora son “más de cinco mil” Como no sean los datos gruesos que publica la Secretaría de Programación y Presupuesto (SPP) —capital social de las empresas y la parte de éste que es extranjera— se ignora casi todo lo demás
“Hasta 1960 o unos años antes, el Banco de México publicaba en sus informes regulares datos muy completos acerca de las inversiones extranjeras Se conocían, además del origen de los capitales, las reinversiones y nuevas inversiones, los pagos al exterior de las empresas en desglose amplio (regalías, intereses), las cuentas entre compañías, las utilidades obtenidas y las remitidas fuera de México y otros datos fundamentales para analizar las fuentes en que financiaban su crecimiento las empresas
Así, observa Chumacero, se contaba con instrumentos útiles para evaluar el comportamiento conjunto de las empresas con capital externo, y se supo que de 1963 a 1970 financiaron su expansión recurriendo más a capitales generados internamente que a capitales traídos por ellas desde afuera Para 1970 las dos terceras partes de los recursos de las compañías extranjeras se originaron en fuentes internas de financiamiento Eran, los anteriores, indicadores importantes para revelar que México, como lo hacen los paises subdesarrollados en general, está financiando con recursos que le son escasos, las operaciones de las empresas extranjeras, frecuentemente trasnacionales “Nada de esto existe ahora en los registros oficiales Hoy no sabemos casi nada”
De las 3,000 empresas extranjeras que en 1973 proporcionaban al Banco de México datos abundantes, en 1980 sólo unas 300 responden a los cuestionarios del Banco, y lo hacen sin tener obligación legal alguna, porque con motivo de la nueva legislación sobre inversiones extranjeras, la única obligación que tienen las empresas es informar “unos cuantos datos” a la dirección de Inversiones Extranjeras de la Secretaría de Patrimonio y Fomento Industrial (Sepafin), única facultada para recabar esa información
El resultado, por una parte —observa el entrevistado— es que el Banco de México supla el vacío informativo recurriendo a proyecciones matemáticas en las que las estimaciones para 5,000 empresas se hacen con base en los datos de sólo 300 que aún le envían datos directos
Y por la otra, a causa de la cortedad de los datos que exige la Sepafin, suceden cosas tan confusas como la siguiente: Al solicitarse la ubicación de las empresas, muchas, muchísimas, informan su domicilio legal “con lo que se llega al absurdo estadístico de que la zona más industrializada y con mayor presencia de capital extranjero en México es la avenida Juárez, ya que allí despachan los abogados de las empresas
El desencanto de Chumacero y de otros economistas que, como él, han perdido la huella a muchos datos indispensables para el estudio y la reflexión sobre la realidad del capital, contrasta con la certeza de las cifras y el optimismo externado por quienes representan a los inversionistas:
El 9 de octubre, en Nueva York, el embajador de los Estados Unidos en México, Julián Nava, dijo en su discurso ante la Cámara Mexicana de Comercio de los Estados Unidos —como una de “las pruebas” de que la relación con México es saludable— que “el gobierno mexicano recibe y aprueba solicitudes de inversionistas privados extranjeros a nivel sin precedentes, de las cuales, dos tercios corresponden a norteamericanos”
Luego, el embajador precisó que, en 1979, la inversión extranjera directa de origen norteamericano se incrementó en 24 por ciento hasta llegar aproximadamente a 4,600 millones de dólares una economía en rápido desarrollo como la de México —agregó Nava— con un sector privado de vigorosa prosperidad, combinado con importantes actividades del sector público en una economía mixta, constituye un ambiente natural para tales inversiones norteamericanas”
Acota el gerente del Colegio Nacional de Economistas:
La inversión extranjera se puede ver desde dos ángulos Para el país que la recibe, la explicación se encuentra en la insuficiencia de ahorro interno, de capacidad empresarial con requerimientos tecnológicos modernos Desde el punto de vista del inversionista, descansa en un capital sobrante que lleva a un país que le garantiza una tasa de ganancia mayor que la que obtendría en sus lugares de origen
Al principio —dice viendo hacia la historia de lo que han sido las inversiones foráneas— las empresas se establecieron en sectores estratégicos de la economía que luego fueron recuperados por el Estado o por empresarios nacionales (petróleo, petroquímica básica, electricidad, minería, teléfonos) Las empresas extranjeras crecieron en actividades que entonces no eran prioritarias Faltó capacidad para imaginar que con el tiempo las agroindustrias o los productos farmacéuticos se convertirían en elementos clave de un desarrollo independiente
Los últimos datos señalan, por ejemplo, que el 8 por ciento del capital extranjero se encuentra en la industria alimentaria Con esa participación, sin embargo, la inversión foránea domina el 90 por ciento de esa industria (alimentos procesados de todo tipo) y otras industrias conexas Pero estos son datos de 1974; ahora, por falta de información suficiente y confiable es complicadísimo saber dónde estamos Disponemos de cifras hasta 1974 para saber que de 1960 a 70 la inversión norteamericana dentro de la composición total de las inversiones extranjeras se redujo de 83 a 79 por ciento y a 77 por ciento en 1974, pero hasta allí Se habla de que seguimos avanzando en cuanto a la diversificación de los recursos externos por paises de origen, pero ¿qué tan dominante es el capital extranjero en la industria farmacéutica? ¿cuánto dinero remiten al extranjero los laboratorios? ¿en qué están invirtiendo? ¿cuánto representan las cuentas entre compañías? ¿Hacia dónde va una industria que se ha vuelto fundamental como es la farmacéutica?
El misterio se ahonda No fue por desinterés de los economistas que dejó de fluir la estadística ni por indolencia de los investigadores el que se hiciera tortuoso el acceso a la que existe Relata Chumacero:
“En 1978 vi y opiné sobre los proyectos para elaborar un decreto cuyo propósito era obtener información de las empresas extranjeras en México Estamos casi en 1981 y el decreto no ha salido La información que se buscaba iba a resultar, según esto, más amplia que la que proporcionaba el Banco de México Hoy no existe ninguna de las dos”
A tientas, guiados por datos aislados que fluyen como con cuentagotas, apoyándose en estimaciones hechas por otros investigadores, echando mano del recurso de imaginar con proyecciones aritméticas los números que no tienen o no proporcionan los captadores del registro de inversiones extranjeras de Sepafin, se llega a veces a tomarle el pulso a las remesas de capital:
“En 1979, se calcula que la nueva inversión extranjera fue de 654 millones de dólares y las remesas (por utilidades, regalías, intereses, etcétera) ascendieron, a 984 millones de dólares (319 más que los ingresos) En el primer semestre de 1980, las entradas fueron de 362 millones de dólares y las salidas de 669 millones (es decir, un déficit de 307 millones, que se compara con uno de 135 millones de dólares en el primer semestre de 1979)
Hay remesas que, aunque no nos guste, tienen justificación, pero muchas otras no, como son las que se derivan de la sobre y subfacturación, entre matrices y sus filiales, el pago de regalías o de servicios técnicos que no se justifican Es terrible —dice Chumacero— la laguna de la desinformación estadística
El decreto se perdió en la Dirección de Inversiones Extranjeras de Sepafin y podría ser un argumento si se le rescatara, para que las empresas proporcionaran información desde 1970 con las características de amplitud que antes tenía No se puede perder, así como así, casi una década de “inversión extranjera”








