México, campeón mundial de la injusticia del ingreso

México, campeón mundial de la injusticia del ingreso
El SAM, imposible de alcanzar con el actual sistema: René Dumont
Francisco Ortiz Pinchetti
México tiene el “récord mundial” en cuanto a diferencia de ingresos entre ricos y pobres (38 a uno) y entre la ciudad y el campo (siete a uno )
A partir de este hecho, el profesor René Dumont advierte:
“No hay esperanza para México de salir de una serie de estancamientos que lo conduce quizá a la muerte, si no se empieza muy rápido a reconocer oficialmente y a preocuparse por reducir más rápidamente aún esas dos diferencias demasiado peligrosas”
El experto agrícola francés, profesor honorario del Instituto Nacional Agronómico de París y una de las máximas autoridades del mundo en la materia, hace su diagnóstico sobre el caso mexicano
“Mientras no sea posible movilizar las tierras abandonadas, transferir a los campesinos los terrenos de arado en las planicies y combatir la erosión; mientras el ejido mal respaldado, produzca poco y el ganadero extensivo siga subutilizando enormes superficies; mientras los comerciantes y usureros puedan seguir abusando de su situación, al igual que los caciques y algunos líderes políticos y sindicales; mientras la administración siga siendo tan poco eficaz y a veces corrupta, entonces el futuro agrícola, económico, social y político de México, su auténtica independencia, nos parecen comprometidos”
En su más reciente y polémico estudio acerca de México (copia del cual fue obtenida por Proceso), Dumont considera que el proyecto del SAM es “imposible de alcanzar” en el marco del sistema económico actual, “de su burocracia, del modelo de desarrollo escogido, de la tenencia de la tierra y de las invasiones, del poder exorbitante siempre otorgado a los grandes ganaderos de carne extensivos que subutilizan la mayoría de las tierras explotadas del país”
Su trabajo, un ensayo “destinado a hacer pensar”, se titula Algunos elementos de reflexión sobre la agricultura y la economía mexicana en 1980 y fue elaborado entre mayo y julio de este año
Dumont, de 76 años, recuerda que en agosto de 1966, durante un seminario organizado por el Centro de Investigaciones Agrarias en México, “anuncié que la tasa rápida de crecimiento de la producción agrícola (mexicana) estaba por terminarse; y que posiblemente habría (prolongando la política de la época) una desnutrición creciente y un importante déficit alimentario en 1980 No me creyeron, pero es un hecho”
Con base en los estudios del SAM, el agrónomo francés, experto de la FAO, señala que el pequeño campesino mexicano, ya sea ejidatario o minifundista, con poco riego, “recibe hasta la fecha muy pocos créditos y con frecuencia no llegan a tiempo; cultiva sobre todo tierras de temporal, generalmente mediocres y mal atendidas por las lluvias irregulares”
Así, añade Dumont, “casi arruinado, padeciendo en 90 por ciento una desnutrición crónica, con duras privaciones en los meses que preceden a las cosechas, este campesino despreciado abandona cada día más sus pobres tierras Viene a aumentar en la ciudad un proletariado de desempleados cada vez más numerosos Este ejército de reserva del trabajo pesa sobre el nivel de los salarios, muy a menudo inferiores al mínimo legal, lo que reduce su poder adquisitivo y, por consiguiente, las salidas de la industria”
Resultado de esto es el crecimiento desmesurado de la ciudad de México, con sus 14 ó 15 millones de habitantes, “con su contaminación pronto insostenible —récord mundial—; con su tráfico delirante, sus embotellamientos permanentes, sus supermercados gigantes, que no son accesibles a todos”
Dumont es claro:
“Hablar de una posibilidad de 30 a 35 millones de habitantes en el `gran México’ del años 2000 es demostrar una total incomprensión de los límites de una evolución tal Nadie sabe a qué conducirá pronto este modelo de desarrollo si se sigue copiando demasiado servilmente del de Estados Unidos, en unas condiciones totalmente diferentes de posibilidades económicas, conocimientos tecnológicos y poder mundial”
Abunda luego:
“Este modelo gringo puede ser caracterizado por la acentuación de las desigualdades y la generalización del auto particular, de los refrescos (20 por ciento del consumo mundial corresponde a México, segundo consumidor después de Estados Unidos), de los `processed foods’; y, después, por la urbanización delirante”
Según Dumont, ese modelo estadunidense sólo se pudo desarrollar por el “desperdicio de los recursos del tercer mundo: agrícola primero, después minerales y petroleros, que han sido y son escandalosamente subpagados (el petróleo, hasta 1973) Y por la venta al tercer mundo de productos industriales, de bienes, equipos, servicios, “know how”, fletes, seguros y corretajes a unos precios excesivos, abusivos”
Aquí, el especialista francés subraya cómo esa situación prohija el ahondamiento de la brecha entre ricos y pobres, primero entre naciones y, más acentuadamente, en el interior de las naciones “y especialmente en México” Cita entonces los datos: “entre las ciudades y el campo, la diferencia de ingreso es de 7 a 1, lo que constituye un récord mundial Entre el decil pobre (el 10 por ciento más pobre de la población), que recibe el uno por ciento del ingreso nacional, y el decil rico, que recibe el 38 por ciento, la diferencia es, según el Congreso del Trabajo, de 38 a 1: otro récord mundial”
Para reducir rápidamente esas diferencias, opina Dumont en su trabajo, “se necesitará una voluntad política más marcada aún que la que se afirma ya hoy” Advierte que no se trata de problemas fáciles y que por lo tanto las soluciones por adoptar “merecen ser cuidadosamente analizadas y estudiadas”
“MAL DESARROLLO”, PRECIO DE LA MISERIA
La dominación excesiva de los ricos y de los urbanos, de las minorías privilegiadas urbanas abusivas del poder, conduce, señala Dumont, a una concentración en la ciudad de la gran mayoría de las inversiones, que son a menudo improductivas
“Estas preciosas avenidas y plazas, estas autopistas y periféricos, estos edificios y rascacielos, estas tiendas de lujo, esta publicidad abusiva estos gastos suntuarios —dice— contribuyen a privar a los pueblos y campos, a las granjas, ganaderías y ejidos de los recursos necesarios para su desarrollo Las preciosas quintas de las Lomas de Chapultepec, de Cuernavaca o de muchos otros suburbios urbanos, todo este lujo y este `mal desarrollo’ son el precio de la miseria y del hambre de los campesinos, de los desempleados, de los desheredados y de los pobres”
René Dumont, doctor honoris causa de las universidades Laval de Quebec y de Ottawa, es autor de una veintena de libros, entre ellos Problemas agrícolas franceses (1946), La lección de la agricultura americana (1949), Economía agrícola en el mundo (1953), Revolución dentro de los campos chinos (1957), Tierras vivas (1961), Africa negra estrangulada (1962), Cuba: socialismo y desarrollo (1964); Desarrollo y socialismo (1969); ¿Cuba es socialista? (1970) y La Utopía o la muerte (1973)
En sus reflexiones sobre el caso de México, pone reiterado énfasis en señalar a la ganadería extensiva como el gran enemigo de la agricultura, Indica:
“La gran mayoría de las tierras explotadas del país están dedicadas a la ganadería Hay cuando más 60 por ciento de potreros en desnivel, cerriles; por lo menos el 40 por ciento están en llanos y por consiguiente en terrenos arables sin peligro Y la mayoría de éstos son aptos para ser labrados, o destinados a prados y forrajes artificiales de muy alto rendimiento en cuanto estén suficientemente regados”
Sin embargo, se queja, esas extensiones están en manos de ganaderos “frecuentemente ausentistas, de los cuales muchos tienen otros recursos y se preocupan poco por mejorar su ganadería Sacan prestigio social del número de hectáreas que explotan, de las quintas a las que invitan a sus amigos, pero muy poco en cuanto a nivel de producción: de 25 a 30 kilogramos de ganado en pie por hectárea y por año Esta cifra promedio podría ser aceptable en 1920-1930, pero no con la población de los años ochenta”
Tras de asentar que “los abusos de los grandes ganaderos hace pesar una muy fuerte amenaza sobre el futuro agrícola de México”, examina el problema de la tenencia de la tierra y recuerda que estos ganaderos (y agricultores) piden a “justo título” la seguridad en la tenencia para poder invertir
“Para ello —agrega— sería necesario que exploten su terreno, no según el derecho romano que da a los propietarios el derecho de usar y abusar de su propiedad, sino según el interés nacional, conforme al artículo 27 de la Constitución Y que no olviden la inseguridad permanente y muy diferente a la suya, de la mayoría de sus invasores, los que tienen hambre y no pueden producir sus alimentos”
Dumont señala, así, que la repartición de la tierra debe ser revisada “No debe ser más tiempo sometida únicamente a los diversos grupos de presión, a la herencia de la historia política muy compleja, sino tener en cuenta primero las necesidades económicas (producir más) y sociales (aumentar el empleo) Los propietarios abusivos olvidan fácilmente las preocupaciones sociales
TIERRA DEL DESPERDICIO
El agrónomo llama la atención sobre los enormes desperdicios de agua, petróleo y hombres que hace México El agua, dice, se desperdicia en las ciudades y en la agricultura, sobre todo en esta última, la de las presas: “ceden el agua a unas tarifas muy insuficientes, demasiado subvencionadas, lo que incita al despilfarro”
Propone que el agua se cobre según el volumen utilizado y no con una cuota fija, lo que obligaría a los agricultores a ahorrar
A los precios bajos de los combustibles también atribuye Dumont el desperdicio de petróleo y la “generalización excesiva del coche particular, que contamina las ciudades y despilfarra tantos recursos, los cuales serían mejor utilizados en los campos”
Se refiere asimismo, al desperdicio de hombres, “en especial por una burocracia demasiado onerosa y demasiado compleja” Ejemplifica:
“Demasiados agrónomos y técnicos pasan la mayoría de su tiempo en las oficinas: de la capital federal, de las capitales de estado, de las jefaturas de distrito Unos se ocupan de la extensión (SARH), de los bancos (Banrural), de los seguros; otros están en la CNC, en las paraestatales o en las uniones de ganaderos y agricultores Quedan muy pocos para trabajar con el campesino, en contacto con él, en el campo, en el pueblo De esta manera, minifundistas y ejidatarios están casi abandonados Los créditos exigen formalidades demasiado complejas Algunos empleados piden 10 por ciento o más del crédito otorgado, para su propio beneficio (corrupción) Semillas, fertilizantes e insecticidas llegan a menudo demasiado tarde La Conasupo es en principio una muy buena institución, de reales servicios; pero a veces está mal administrada, corrupta”
Ante la problemática mexicana, Dumont propone una serie de medidas prioritarias: una política de planificación familiar; reducción “real y rápida” de las injusticias sociales, de las desigualdades de ingresos, en particular mediante una lucha eficaz contra el fraude fiscal; reducción de la brecha campo-ciudad, “dando la prioridad absoluta al acondicionamiento del campo, de su infraestructura, de su habitación”; lucha intensa contra el modelo de consumo estadunidense, “que lleva a México a la ruina y a una dependencia cada vez más fuerte”; mayores gravámenes a las importaciones suntuarias con vistas a su reducción
Sobre este último punto, explica:
“Existe un dispendio abusivo de divisas por parte de los ricos, que las desvían del equipo que requiere el país o de los alimentos básicos y las orientan hacia todas las formas de consumo suntuario que insultan a la miseria de los pobres”
Aclara Dumont que un programa como el que propone “exige, evidentemente, por parte de los poderes y primero del Presidente y de los que le rodean, una fuerte voluntad política” Advierte:
“No se puede acabar con los abusos de las minorías privilegiadas urbanas sin apoyarse en la masa de los trabajadores, de los obreros (aunque algunos sindicalistas son privilegiados), de los campesinos, de los desempleados, de las mujeres, los estudiantes e intelectuales, los escritores, cineastas, periodistas”
Un capítulo del estudio está dedicado al petróleo:
Con el dinero del petróleo, señala el autor, se pueden crear mucho más empleos productivos: “por lo menos para dos o tres millones de mexicanos en los dos o tres próximos años; más de un millón de empleos están disponibles de inmediato, solamente en el sector rural
“Con el dinero del petróleo, nos han dicho, se pueden también comprar en Estados Unidos todos los alimentos básicos necesarios para suprimir la desnutrición”
Aquí Dumont prende una luz roja:
“Esta segunda solución —advierte— pondría a México en el camino de una dependencia que ya se diseña demasiado netamente”
Y hace entonces referencia a la reciente importación masiva de granos estadunidenses, “lo que compromete el poder de negociación de México, a quien el Congreso de Estados Unidos tuvo la caradura de reprochar su no adhesión al GATT; como si México debiera primero darle gusto a Estados Unidos”
Sería también, ése, “el camino de la decadencia, de la ruina más pronunciada todavía de la agricultura”
Dumont relata que pudo observar un desarrollo análogo en Irán, de 1970 a 1976 “Las importaciones alimentarias aumentaban en 14 por ciento cada año, los puertos estaban embotellados, la agricultura totalmente descuidada; la modernización `a la occidental’ hacía huir a los campesinos hacia la ciudad, sin poderles procurar un empleo productivo Se conoce el resultado político; e Irán no ha salido, en 1980, de un desastre económico”
Cita, también, el caso de Argelia Y el de Venezuela Luego concluye:
“Es cierto que el petróleo permite realizar muchas soluciones de facilidad; pero también pudiera ayudar, estimular un desarrollo equilibrado, adaptado, el cual crearía masas de inversiones productivas y haría reducir la dependencia del país, las injusticias sociales, la desnutrición y el desempleo No es un sueño, sino una posibilidad al alcance de los que harán prueba de un gran valor político”
UN MODELO AUTOCTONO
México, dice René Dumont en otra parte de su estudio, “no carece de cuadros, ni de hombres dedicados, ni de inteligencia, ni de recursos naturales” ¿Qué le falta? Dumont lo expone:
“Le falta inventar un modelo de desarrollo, libre de los vicios de la economía liberal y de las deficiencias de las economías planificadas Esta búsqueda de un modelo de desarrollo autóctono, adaptado a la situación real, está vinculado a la de un nuevo orden económico internacional, que reclama nuevos órdenes económicos nacionales”
Para el especialista francés, salir de la economía capitalista sin caer en el caos es en verdad difícil; “pero no parece ser imposible” Ello supone, dice, ampliar no solamente el papel del Estado, sino también la eficacia del Estado en el orden económico”
Aunque en el conjunto del Tercer Mundo los organismos paraestatales “son generalmente menos eficientes que los organismos privados”, Dumont atribuye, en el caso de México, a una política de precios ficticios y subvenciones al consumo de energía, transportes, etcétera, el déficit y la ineficacia de las empresas públicas de esos sectores
“Ciertos partidarios de la economía liberal —dice— reclaman entonces un regreso integral a la economía de mercado; pero este retorno empeoraría el desempleo, la miseria rural, las desigualdades sociales, el éxodo y la congestión urbana Si se privatizara el ejido sin cuidado, la propiedad de la tierra iría concentrándose todavía más rápido que hasta ahora, con la aceleración del neolatifundismo, ya demasiado importante”
A Dumont le parece “una buena selección” la economía mixta escogida por México, “si se tienen los medios para hacerla andar, para ponerla a punto, para perfeccionarla siempre” Sin embargo, señala que deberían tomarse más en cuenta las posibilidades y las limitaciones del papel del Estado en la economía nacional
“Mientras haya una proporción alta de ineficiencia, de indolencia y aún corrupción, será indicado limitar la intervención del Estado”, postula
Añade:
“En el campo de la agricultura se — comúnmente que la disminución de los cultivos alimenticios se debe a la expansión de los cultivos de exportación: café, algodón, azúcar, frutas y verduras, o también a la extensión de las conservas de frutas y verduras para consumo local, o la extensión de los cultivos forrajeros Pero todas estas extensiones nos parecen deseables; es necesario producir más huevos, leche, aves de corral, puercos, frutas y verduras”
Todo esto es perfectamente compatible con la expansión necesaria de los alimentos básicos, “siempre y cuando no se tome en consideración únicamente los cultivos de temporal y no se busque eludir el obstáculo esencial al progreso agrícola mexicano: la ganadería extensiva y el poder excesivo (al menos a nivel de municipios y, a veces, de estado) a los grandes ganaderos”
En las conclusiones de su trabajo Dumont señala que la medida política más apremiante, “que nos parece indispensable para consolidar la independencia económica y política del país (comprometida por las importaciones y la desnutrición, el desempleo y la urbanización delirante) estaría orientada a recuperar para el cultivo, en forma paulatina, todos los potreros de las grandes haciendas que sean aptos para el cultivo”
A juicio del agrónomo francés, lo más criticable es seguir separando arbitrariamente la agricultura y la ganadería y dejar que los ganaderos sigan desperdiciando la gran mayoría de las tierras mexicanas
“Semejante política, si se prolongara —concluye René Dumont en su trabajo— amenaza llevar a este hermoso país hacia las peores dificultades económicas, sociales y políticas y someterlo al `food power’ tan potente del peligroso vecino, pese a su inmensa riqueza petrolera”