La elección en la UNAM, “profundamente democrática”

La elección en la UNAM, “profundamente democrática”
Según las circunstancias, los rectores, siempre dignos y gallardos: Jiménez Espriú
Francisco Ortiz Pinchetti
A doce años de los acontecimientos de 1968, y en plena efervescencia por la sucesión en la rectoría de la UNAM, el ingeniero Javier Jiménez Espriú, uno de los candidatos más insistentemente mencionados para suceder al doctor Guillermo Soberón, equipara a éste con sus antecesores:
“La actitud de los rectores Javier Barros Sierra, Pablo González Casanova y Guillermo Soberón frente al Estado ha sido la misma”, dice
El director de la Facultad de Ingeniería de la UNAM, hombre muy allegado al actual rector, explica que los resultados de dicha actitud han sido diferentes debido a las circunstancias políticas de cada momento, pero que la Universidad ha tenido siempre “la enorme fortuna, la gallardía y el valor para enfrentar los problemas con absoluta independencia, con un claro concepto de lo que es la autonomía”
Esto, dice, ha llevado a la universidad, de acuerdo con las circunstancias, “o a tener enfrentamientos, como sucedió en la época del maestro Barros, o llevar una relación de respeto y de concordia (con el gobierno) como ha ocurrido con el maestro González Casanova y con el doctor Soberón”
Y sobre la actitud de los tres últimos presidentes de la República frente a la Universidad, Jiménez Espriú opina que con Gustavo Díaz Ordaz las relaciones llegaron a un punto de “mucha tensión y dificultad”, mientras que Luis Echeverría y José López Portillo “han dado un gran apoyo y han mantenido una línea de profundo respeto” hacia la institución
Enemigo declarado de la sindicación única y nacional de los trabajadores universitarios —entre 1973 y 1978 tuvo a su cargo, como secretario general administrativo, las relaciones de la UNAM con sus empleados—, defensor a ultranza de la política de las actuales autoridades de esa casa de estudios, rechaza que la forma de gobierno de la universidad sea aristocrática o elitista y califica como “profundamente democrático” el procedimiento para la elección de un nuevo rector
Sobre la forma de gobierno, dice:
“Es congruente con una institución como la UNAM y conviene para el funcionamiento de la misma Hay un órgano central, el Consejo Universitario, en el que están representados profesores, alumnos, trabajadores y autoridades Y cada una de las escuelas, facultades, institutos y centros tiene un órgano colegiado representativo que es el que tiene a su cargo las funciones esenciales, sustantivas de la universidad, que son la docencia, la investigación y la difusión de la cultura”
Jiménez Espriú acepta que “en algunos de esos cuerpos la representación de los miembros de la comunidad pudiese ser más amplia, modificar esa representación de los miembros de la comunidad pudiese ser más amplia”, pero que los intentos de ampliar, modificar esa representación que se ha hecho en los últimos cinco o seis años “se han encontrado con obstáculos diversos: desde el punto de vista político hay grupos que impugnan las modificaciones e incluso desde el punto de vista reglamentario”
—¿Quiénes deben gobernar la universidad?
—La pregunta es muy amplia El gobierno se compone de varias acciones Creo que en parte esencial es justamente la propia comunidad la que debe gobernarse Esto lo señala la ley y de hecho así sucede Son los cuerpos colegiados los que dan pautas, las políticas de carácter general tanto de dirección administrativa como de función académica Desde luego, como en todos los órganos tan complejos como éstos, independientemente del cuerpo que define las políticas, debe existir el cuerpo ejecutivo que lleve a buen fin las acciones necesarias Este cuerpo ejecutivo es el que integran los funcionarios de la administración y las autoridades universitarias
El candidato a la rectoría dice luego que “el gobierno de la universidad es aristocrático o elitista según algunas personas porque, evidentemente, hay un grupo que gobierna” Añade:
“No podríamos pensar en una comunidad como ésta gobernada por las grandes mayorías, desde el punto de vista de la ejecución de las cuestiones Tiene que haber un gobierno representativo Y naturalmente, en un gobierno representativo existe la elección aparentemente, salvo error u omisión, de los mejores, en cuyo caso si puede la gente considerar que esto es un gobierno aristocrático o elitista”
Respecto al procedimiento para la elección de rector, Jiménez Espriú asegura:
“El actual proceso será un ejemplo de acto educativo y demostrará la madurez de la comunidad universitaria para ejercer plenamente su autonomía y su real capacidad de autogobernarse”
Se le pregunta si en su opinión es posible que 15 personas que forman la Junta de Gobierno puedan hacer una auténtica auscultación entre 300,000 miembros de la comunidad universitaria
“Si Pienso sinceramente que si”, responde sin dudarlo Luego comenta:
“Este proceso ha sido acusado de antidemocrático Yo no lo creo así: es un proceso esencialmente democrático Y lo estamos viendo Desde hace algún tiempo, ahora con más rigor a partir de la convocatoria de la Junta de Gobierno, han salido a la luz y por tanto están sujetos a la opinión y al análisis de los miembros de la comunidad, nombres de algunos universitarios Esta discusión, este análisis empieza a generar opinión, que es finalmente la que recaban los miembros de la Junta de Gobierno, con varios procedimientos: han solicitado que los miembros de la comunidad vayan a manifestar sus opiniones y, por otra parte, han decidido ir ellos a las comunidades a recabar opiniones”
Agrega que el procedimiento ha sido tachado de antidemocrático “porque se plantea como democrático un proceso donde aparentemente el señalamiento fuese a través de un voto, de un sufragio universal”, pero que “en una comunidad académica como ésta, creo que es mucho más importante que los miembros de la comunidad participen con su opinión y con su análisis y no con un voto, que en muchas ocasiones no lleva no opinión ni análisis”
NUEVO ORDEN LABORAL
Jiménez Espriú, que en 1960 egresó de la misma Facultad que ahora dirige, ha sido desde entonces profesor de diversas asignaturas y lo es actualmente, de tiempo completo, en el departamento de ingenia industrial Entre 1960 y 1970 ocupó allí mismo diversos cargos académicos y durante los primeros tres años del gobierno de Luis Echeverría trabajo en el sector público como director general de Maquinaria y Transportes de la Secretaría de Obras Públicas En enero de 1973, el rector Soberón lo nombró secretario general auxiliar de la UNAM y en marzo de 1978 ocupó su actual cargo
Por “estricta ética personal”, dice, se niega a opinar sobre los otros candidatos a la rectoría y piensa que todas las personas involucradas “deben abstenerse de participar”
—Es especie común que usted es el candidato del rector Soberón ¿Qué opina al respecto?
—Efectivamente, muchas veces se me menciona como tal; pero también a otros candidatos Yo no podría contestar esta pregunta Además, ya se la hicieron al directamente involucrado, que es el doctor Soberón Y con un gran énfasis dijo que él no tiene ninguna preferencia sobre quién deba ser su sucesor
—¿Usted quiere ser rector?
—No La comunidad tiene que dar su opinión Se tendrán que analizar los nombres de las personas que suenan y después la Junta de Gobierno, como se ha acostumbrado, llamará a quienes estime que reúnen las características y discutirá con ellas los problemas que tiene la universidad A partir de ellos se tomará una decisión La aceptación o no de una persona para la rectoría dependerá de muchas circunstancias que en este momento todavía no son claras Creo que nadie quiere asumir una responsabilidad si no tiene la conciencia de que puede llevarla a buen fin Y esto no lo puede saber nadie mientras no se manifieste la comunidad
Aceptando o no serlo, el aspirante a rector considera que el futuro próximo los problemas de la universidad “seguirán siendo los mismos que hemos tenido en los últimos años” Muy concretamente, dice, “la adecuación de la comunidad al nuevo orden de las relaciones laborales, lo que esperamos que traiga como consecuencia una tranquilidad, interna en la institución y la posibilidad entonces, de tener un ambiente propicio al desarrollo de las actividades académicas”
Ello conducirá, según Jiménez Espriú, a otro de los problemas que tendrá que afrontar la UNAM: “una inquietud constante por elevar los niveles académicos, mejorar en lo posible la impartición de la docencia y continuar el programa de involucrar cada vez más las investigaciones que hace la universidad hacia la solución de los problemas específicos de México”
Tras de reiterar, a instancias del reportero, su posición contraria a la sindicación nacional y única de los trabajadores universitarios, el director de Ingeniería aclara algo que juzga importante:
“Mi actuación y las decisiones que como universitario ha tenido que asumir en diferentes cargos, en ningún caso han obedecido a una actitud de subordinación Han sido todas decisiones que he tomado por convicción”
Luego dice:
“Pienso que las relaciones laborales han ido encontrando cauce en los últimos ocho años y nos llevan a una condición de conciliación entre las dos cuestiones fundamentales que han sido la tesis de la universidad al respecto: la salvaguardia de los derechos de los trabajadores y la salvaguardia de los intereses de la universidad y sus responsabilidades como una institución social de fundamental importancia”
—¿Cuáles son los intereses de la universidad?
—Responder al compromiso que tiene con la sociedad en cuanto a la preparación de los profesionales que requiere el desarrollo del país; la investigación de los problemas nacionales para la búsqueda de su solución: la preservación de la cultura, la consolidación de la cultura nacional, de la expresión del ser nacional
Jiménez Espriú es también contrario a la actuación de los partidos políticos en la universidad “Creo que la universidad debe ser plural en el análisis de los problemas y que la actuación de los partidos políticos traen una serie de problemas muy serios y tendencias hacia la organización, la consolidación de grupos que tienen ideologías muy definidas e impiden un análisis libre de todas las ideas”
Su concepción de la autonomía universitaria:
“El derecho y la capacidad de la universidad para darse sus propias normas, para elegir sus propias autoridades Sobre todo, las capacidad de la universidad para trabajar en libertad, sin subordinación a ningún cuerpo externo, y para estar en capacidad de desarrollar las funciones esenciales que le son asignadas”
Insiste: “Esa libertad debe ser sin cortapisas”
Y aclara:
“Me refiero a una libertad individual de los miembros de la comunidad No es una libertad que deba ajustarse a normas colectivas”
“SOY ANTITECNOCRATICO”
Durante los meses recientes, Jiménez Espriú ha promovido una serie de actitudes culturales, utilizando como foro el Palacio de Minería El niega que esto forme parte de una “campaña” personal para promover su candidatura a la rectoría “Una de las bondades del procedimiento para la elección de rector es que no cabe la posibilidad de hacer campañas”, dice
—A usted se le identifica con una corriente tecnocrática ingenierial dentro de la universidad
—Creo que en su pregunta hay dos palabras aparentemente sinónimas y que son en realidad absolutamente contrarias Hay ligereza en el uso del termino “tecnocracia” La mayor parte de los ingenieros, por no decir que la totalidad, somos antitecnocráticos La tecnocracia, a mi entender, es el empleo de la técnica como elemento de decisión absoluta, sin consideración de otras condiciones que son necesariamente a que se utilice la palabra tecnócrata para calificar a un profesional de una carrera técnica en el momento en que toma decisiones
“Estamos con la tesis de que los profesionales de la técnica tienen que asumir una responsabilidad y tomar decisiones Para no caer en la tecnocracia, precisamente, los profesionales de la técnica deben formarse de tal manera que tengan capacidad para contemplar los diversos factores que existen en cualquier problema, aun cuando pueda ser aparentemente un problema esencialmente técnico”
De ahí, dice, el interés en fomentar actividades culturales —ferias de libros, conferencias, exposiciones— que pudieran parecer ajenas a la ingeniería, porque “la formación de los ingenieros dentro de la cultura, el conocimiento de la política, de los fenómenos sociales, es tan importante como su formación matemática o física”,
En otra parte de la entrevista —efectuada, coincidentemente, el 2 de octubre— Jiménez Espriú habla de los hechos de 1968:
“Fueron algo verdaderamente lamentable que tuvo un altísimo significado para la Universidad La fisonomía de los grupos universitarios se transformó importantisimamente Fue un golpe que dejó muchas lesiones de carácter individual y también cicatrices difíciles de carácter institucional
“Las relaciones entre el Estado y la Universidad tuvieron ahí un punto muy delicado, un quebranto difícil que ha hecho que se modifique la visión de diversos problemas en muchos universitarios Fue algo que no ha quedado suficientemente claro, pero que significó una gran sacudida para la comunidad universitaria, de lo cual se han madurado enormemente la conciencia universitaria”
Considera Jiménez Espriú que actualmente no hay en la UNAM ninguna escuela o facultad especialmente conflictiva y que se vive un clima de tranquilidad que contrasta con el de otras épocas ¿A qué se debe?
“Lo fundamental —responde— es la madurez que la Universidad va adquiriendo La solución de cada problema, adecuadamente tratado, va consolidando las instituciones y los organismos”