México, deudor de su propio dinero

México, deudor de su propio dinero
La banca nacional, intermediaria de consorcios europeos
Carlos Ramírez
Evadidos del hogar por razones de crisis económica hacia principios de los setenta, capitales mexicanos que se fugaron vuelven al seno materno en un verdadero retorno del hijo pródigo Sólo que, como en la parábola, el ropaje es diferente: son lobos con pieles de cordero
Según datos del Banco Mundial, recopilados y ordenados por el uruguayo José Manuel Quijano —premio mexicano de economía 1979—, México es presa de sus propias contradicciones: necesitado de financiamiento, acude a Europa en busca de créditos y cae nada menos que en manos de representaciones bancarias de bancos mexicanos que en ultramar eluden responsabilidades, encaje legal, impuestos y riesgos, y obtienen mayores utilidades
Así, el gobierno mexicano impotente, llega a ser deudor de su propio dinero y tiene como prestamistas extranjeros a Banamex, Bancomer o Serfin, que estrenan ropajes de banca trasnacional, de líderes de sindicatos de bancos que conceden créditos a gobiernos y de intermediarios de grandes consorcios como el Chase Manhattan o el Bank of America
Paralelamente a la privatización de la deuda externa de México, se da otro fenómeno peculiar en sistemas donde los gobiernos apoyan y propician la consolidación y expansión de los grupos financieros más poderosos: los bancos mexicanos, en su carácter de trasnacional, tendrán participación activa en el financiamiento del desarrollo de América Latina durante el decenio de los ochenta
Los bancos mexicanos salen al extranjero para buscar mejores condiciones para su dinero Según el estudio de Quijano, los principales deudores de las oficinas de Banamex, Bancomer y Serfin en Europa son el gobierno mexicano y empresas estatales Al final, el dinero quedará fuera del país y su visita por territorio mexicano será para “lavarse”, engrosarse con intereses y, finalmente, llegar nuevamente a las cajas fuertes de los banqueros mexicanos en Europa
Este nuevo tipo de préstamos extranjeros revela un hecho: los bancos privados sustituyen a los organismos internacionales como Banco Mundial, Banco Interamericano de Desarrollo y Fondo Monetario Internacional, aunque con condiciones más duras que las de los organismos oficiales
Asimismo, con esta forma de negociar préstamos, el gobierno mexicano acude a Europa a buscar créditos en dólares que le proporcionan financieros mexicanos La cadena es complicada, pero los beneficios, al final, serán siempre para los banqueros
Quijano presentó el trabajo El euromercado y la nueva relación entre el Estado y la banca privada en el seminario privado “América Latina en los ochenta: tendencias y perspectivas”, celebrado en el Centro de Investigación y Docencia Económica (CIDE), la última semana de agosto de este año Los trabajos de esa reunión serán publicados próximamente por la revista Economía de América Latina
La sindicación de bancos internacionales es un fenómeno de la expansión del capitalismo extranjero de los setenta En México tres bancos —Banamex, Bancomer y Serfín— han llegado a ser, en Europa, líderes de esos grupos sindicados en la concesión de créditos, cuando en el interior del país rechazan decididamente cualquier tipo de sindicación de sus trabajadores y empleados Al respecto, Quijano dice:
“En el sindicato de bancos hay un banco líder y varios bancos más que se asocian a la operación Para el período octubre de 1978 a septiembre de 1979, sobre un total de 768 préstamos, el 91 por ciento había sido concedido por sindicatos”
Los sindicatos de bancos han registrado el retroceso de los banqueros norteamericanos como dirigentes En 1975 los bancos de los EU lidereaban el 46 por ciento de los préstamos, pero para 1979 ese porcentaje se había reducido a 32 Hacia 1979 avanzaban como líderes bancos de Alemania Federal y Japón
Como rasgo fundamental de este proceso, Quijano señala en su texto la siguiente hipótesis: “en los setenta se redefinen las relaciones tradicionales entre la banca privada y el sector público”, en virtud de que la banca privada se erige como el principal prestamista y a los organismos gubernamentales se considera como los más importantes usuarios del mercado de capitales
Con información del Borrowing International Capital Markets, del Banco Mundial, Quijano señala que los bancos mexicanos —en su trabajo habla también de bancos de Argentina y de Brasil— operan como organismos individuales o como parte de sindicatos de bancos de varias nacionalidades Señala tres consorcios bancarios:
1- Inter Mexican Bank- Los accionistas se dividen como sigue: Banamex, con el 3625 por ciento; Bank of America, con 275; Deutsche Bank, con 145; UB of Switzerland, con 145; y Dai Ichi Bank, con 145
2- Libra Bank- Está formado así: Chasse Manhattan, con 236 por ciento; Royal Bank of Canada, con 106; Mitsubishi Bank, con 106; Estdeusche Bank, con 106; Swiss Bank, con 106; Crédito Italiano, con 71; National Westminster, con 50; Banco Espirito Santo de Portugal, con 59; Bancomer de México, con 80; y Banco Itau de Brasil, con 80
3- Euro Latinamerican Bank- Serfin participa con el 48 por ciento Este consorcio se integra con 499 por ciento de capitales europeos y el porcentaje restante está distribuido entre bancos de nueve países latinoamericanos
De 1970 a 1979, México ha obtenido 322 créditos en el mercado de capitales en Europa (Euromercado), por un monto total superior a 16,000 millones de dólares De esta cantidad, el 30 por ciento promedio de los préstamos ha tenido participación de la banca mexicana trasnacional
Banamex ha sido líder de sindicatos en cuatro ocasiones y ha canalizado fondos hacia Pemex, Intermex, como líder en dos ocasiones, “sigue una política de préstamos muy semejante: Pemex y empresas privadas” La política del Libra Bank es diferente, señala Quijano: “en once ocasiones ha lidereado préstamos con destino a México, pero los canaliza, principalmente, hacia las instituciones nacionales de crédito”
En síntesis, afirma el autor del trabajo, “la banca privada mexicana o los consorcios que ella integra, han lidereado préstamos con destino a México y, más específicamente, con destino a Pemex, instituciones nacionales de crédito y un número reducido de empresas públicas y privadas”
Los datos, agrega, debilitan la creencia de que los grandes bancos privados mexicanos se volcaron al euromercado para prestar a las empresas privadas del país, “aún cuando el comportamiento de Banamex muestra una importante canalización de recursos hacia el rubro de otros y, en particular, hacia ciertas empresas privadas: Hylsa, 35 millones de dólares; Celanese, 39 millones
Afirma:
“El móvil principal de la banca privada mexicana en su actuación en el euromercado se encuentra, parecería, en el abastecimiento de recursos para el gobierno, para Pemex y para las instituciones nacionales de crédito Se trata, por consiguiente, de la participación de las instituciones financieras privadas en el endeudamiento externo del sector público Esto implica un cambio, en los setenta, con respecto a las modalidades tradicionales de financiamiento del sector público —encaje legal, colocación de valores públicos— y con respecto a la división de tareas planteadas desde los años treinta entre la banca nacional de fomento y banca privada”
En la tabla que construye Quijano se indica lo siguiente: Banamex, Bancomer y Serfín, como líderes o como miembros de sindicatos de bancos concedieron, de 1970 a 1979, 50 créditos por valor de 7,500 millones de dólares De esta cantidad, siete créditos por casi 2,000 millones fueron al gobierno; 6 por 760 millones, a Pemex; 2, por 305 millones, a la CFE; 17, por 2,618 millones, a instituciones nacionales de crédito
EL GOBIERNO EN BUSCA DE DINERO
La historia del endeudamiento del gobierno y de los préstamos de la banca privada tiene un origen: Tradicionalmente la banca privada, cuando menos hasta el idílico desarrollo estabilizador, no prestaba más que a determinadas tasas de interés; el gobierno, por su parte tenía bajas tasas de encaje legal —porcentaje de los recursos bancarios que deben estar en el Baco de México y que el gobierno puede utilizar— y ponía en circulación valores públicos que le proporcionaban recursos para financiar su contabilidad
Quijano señala que en los setenta, y principalmente desde fines de 1972 —cuando hay un doble desequilibrio de inflación y baja inversión privada— México financia la expansión del sector público con un aceleramiento de su deuda externa Así, la deuda externa mexicana pasó de 4,000 millones de dólares en 1970 a 20,000 millones en 1976 Son los años, también, en que aumenta el encaje legal y la colocación de valores públicos
Se da, dice Quijano, una nueva relación entre el sector público y la banca privada: el primero recurrirá al mercado internacional en busca de créditos y la segunda formará sindicatos de bancos para conceder en el extranjero esos préstamos Pero el que saldrá perdiendo, por altos costos, es el sector público Hay otro cambio: la banca privada transforma su tendencia y pasa a sustituir a organismos internacionales —Banco Mundial, BID, FMI, entre otros— para financiar el desarrollo en áreas no privilegiadas Se llega a que en 1979 los préstamos de bancos extranjeros significaron el 511 por ciento del total de los recursos de las instituciones nacionales de crédito
¿Cómo presta la banca privada mexicana en Europa al gobierno mexicano que acude en busca de créditos? Dice Quijano en su trabajo: “como es obvio, las transacciones financieras se realizan en condiciones relativamente más duras que el crédito proporcionado por el Banco Mundial o el BID, tanto en relación con el interés, con la flotación de la tasa y su reajuste periódico, como el plazo”
El aspecto que destaca el autor es el de las tasas de interés de los créditos, que suben de acuerdo con reajustes periódicos “Así, entonces, el préstamo del euromercado tiene, en cuanto a las tasas de interés, un doble impacto sobre las instituciones nacionales de créditos: introduce incertidumbre, porque sólo se conoce el monto del servicio de la deuda para un periodo muy corto Y si hay variaciones en las tasas de interés, el gobierno tendrá que subsidiar a las instituciones nacionales de crédito”
A este respecto, Quijano llama la atención sobre una declaración oficial que corrobora su análisis En un estudio publicado por la Secretaría de Hacienda en julio de 1978, bajó el título de “Problemática de la banca nacional” Se habla del respaldo financiero gubernamental:
“Las instituciones nacionales de crédito han venido recibiendo apoyos del gobierno federal provenientes de recursos fiscales, entre los que destacan: a) devoluciones de impuestos sobre intereses pagados a bancos del extranjero b) honorarios por administración y manejo de fideicomisos c) pagos de diferenciales de tasas de interés sobre préstamos concedidos a entidades que llevan a cabo funciones de fomento d) pago de rendimientos garantizados sobre acciones de empresas públicas, con reducido o nulo rendimiento real e) aportaciones al capital social f) asunción de pérdidas cambiarias g) capitalización de pasivos”
Quijano explica: el pago del impuesto sobre la renta, que señala el punto a), debe cubrirse por quien recibe los intereses, en este caso el banco prestamista Sin embargo, en estos casos las instituciones nacionales de crédito cargan con ese impuesto, como en el caso de Financiera Nacional Azucarera, o el fisco dispone la exención impositiva, como en el caso de Nacional Financiera, desde 1976
El apartado c) confirma, señala Quijano, que el gobierno cubre los diferenciales de tasa de interés, toda vez que la institución nacional de crédito asume pasivos duros y los convierte en activos blandos
“Por último, el apartado f) cierra el círculo: los pasivos se asumen en moneda fuerte o relativamente más fuerte que el peso, pero se convierten en activos en pesos, y el riesgo cambiario se transfiere al gobierno federal”
El autor del texto ejemplifica: el Banco Nacional de Crédito Rural ha recibido, entre 1973 y 1977, recursos del gobierno mexicano por lo siguiente: 21878 millones de pesos y 2230 millones de dólares De esto, Quijano señala:
“De los párrafos anteriores aparece claro el dispendio que se asocia a esta intermediación financiera, con un flujo que parte del fisco —un fisco que, cabe esperar, será crecientemente poderoso entre otras cosas por el 50 por ciento que recaba de cada barril de petróleo exportado—, pasa por una institución nacional de crédito y se deposita, en última instancia, en un banco privado del exterior Un mecanismo irracional de manejo de subsidios que es, tan sólo, un conducto para la apropiación de un excedente”
AMERICA LATINA, SIGUIENTE ETAPA
Quijano parte del siguiente hecho: los bancos privados son, al parecer, los únicos en la zona con capacidad para desarrollar, en los ochenta, una política de expansión financiera hacia América Latina
Dice que el grupo Libra Bank, en el que operan Bancomer de México y Banco Itau de Brasil, concedió 21 créditos a países de América Latina por 1,246 millones de dólares México recibió tres préstamos, Brasil cuatro, Argentina tres, Chile tres y otros países entre dos y uno
En sindicatos de bancos participan consorcios brasileños: European Brazilian Bank es un grupo en que participan el Banco do Brasil, con 319 por ciento, el Bank of America con 205 de bancos mexicanos, trasnacionales, dos bancos europeos con 137 por ciento cada uno y un banco japonés con 88
Para México la situación es como sigue: de octubre de 1978 a diciembre de 1979, bancos mexicanos han concedido, en total, quince préstamos por un total de 1,699 millones de dólares Como líder de sindicato de bancos, los mexicanos han concedido seis créditos —cuatro a México, uno a Honduras y uno a Brasil— por 734 millones de dólares Como banco asociado de un sindicato, concedieron nueve créditos —dos a México, dos a Chile, dos a Ecuador, uno a Brasil y dos a España— por 965 millones
Quijano hace notar que los bancos mexicanos liderean sindicatos principalmente para volcar recursos sobre México Esto significa, indica, el proyecto bancario de expansión hacia América Latina
¿Qué ocurre? En los setenta se dio una nueva redefinición en las relaciones entre la banca privada y el Estado mexicano Quijano concluye: “salvo que la política del gobierno mexicano corrija las tendencias que se vislumbran en cuanto a la relación entre sector público y banca privada, los bancos mexicanos tendrán probablemente participación activa en el financiamiento hacia América Latina en los ochenta”