Entre juegos
Francisco Ponce
MOSCU – Francisco Villa murió asesinado en La Madrugada —y me refiero a la recién terminada obra de teatro que presentó el grupo “Vámonos recio”—, el 20 de julio de 1923, en una bien planeada emboscada El 20 de julio de 1980 marca el inicio formal de las competencias y el programa cultural de los Juegos de la XXII Olimpiada, en esta ciudad
Al primer caso, los medios de comunicación dedicarán mínimo espacio Acerca del segundo, la información será abundante Sin embargo, ambos acontecimientos no se excluyen Si los medios de comunicación sirviesen realmente para proporcionarnos la verdad social —al menos parte de ella—, tales hechos se complementarían: el recuerdo de Villa no excluiría a los Juegos Olímpicos
Pero estamos en un mundo contaminado por la avaricia política, la demagogia nacional y el militarismo como signo del futuro ante la tensión mundial Y también nos enfrentamos, países que como México procuran su destino propio desde un trascendente pasado, a las amenazas de vecinos que pretenden despojarnos hasta de nuestra cultura
Por lo pronto, en la televisión mexicana —llámese estatal o mercantil—, no hay nada programado para reflexionar sobre Villa La televisora estatal, en cambio, anunció paquetes informativos sobre los Juegos de Moscú Pero la televisión comercial —canales 2, 4, 5, 8 y cablevisión— se unió al boicot de la cadena norteamericana NBC contra los Juegos Olímpicos
Entonces, el teleadicto se mantendrá enloquecido ante el grueso de las transmisiones: se debatirá entre si ver la olimpiada, comprar un detergente o alguna golosina, o bien entre la posibilidad de ver algún churro gringo o el manipuladísimo programa del domingo por el Canal 2
Y se perderán, así, las cuestiones fundamentales: los Juegos son tan importantes, porque significan una de las ya escasas salidas para la paz; Villa significa, aunque no lo difunda ya la televisión mexicana, debido a sus compromisos con las series norteamericanas, una evocación del orgullo nacional ante lo absurdo extranjerizante; el resto de la programación sería, como escribe Kafka en su Metamorforsis, “el espectáculo de una agitación sin consistencia”
Por ello, en el afán de transmitir los Juegos Olímpicos, el canal estatal olvidará que el día 23 en Nicaragua recordarán la creación (1961) del Frente Sandinista de Liberación Nacional que, a la postre, derrotó a la dictadura de Somoza Que la noche del día 26 se recordará al asalto al Cuartel Moncada en Cuba (1953) Que al día siguiente, en Chicago, se produjo un enfrentamiento (1973) entre obreros negros y blancos Que el día 31 fue la primera acción armada de los Tupamaros en Uruguay (1963), cuando asaltaron la Sociedad de Tiro Suiza
Y así, paralelamente al desarrollo de los Juegos, habrá fechas importantes en cada país Sin embargo, estos acontecimientos serán atenuados, minimizados o bien ignorados, por quienes pretenden ser los panegiristas del olimpismo o sus detractores más estrictos; por quienes pretenden a toda costa transculturizarnos a través de la televisión con los idiotizantes programas gringos o los prohombres nacionales del aparato; por quienes en el gobierno controlan el canal oficial y no saben qué hacer con él
Lo mejor sería, al final de todo, darle su lugar a todas las circunstancias Y los Juegos y nuestra cultura, en realidad, se complementan Y no tienen por qué, los medios electrónicos, despojarnos del derecho elemental a respetarnos








