Martínez de la Vega recuerda al líder
SOBORNOS, SUBSIDIOS E INMORALIDAD DESVIRTUAN LA NACIONALIZACION ELECTRICA, DECIA GALVAN
Francisco Ortiz Pinchetti
A dos metros de ánfora que contiene las cenizas del que fuera su amigo de toda la vida, entre las voces quebradas de 400 trabajadores que, con el puño izquierdo en alto, entonan “Venceremos”, Francisco Martínez de la Vega habla de Rafael Galván:
“Su gran obsesión fue siempre preservar los objetivos de la nacionalización de la industria eléctrica Esta fue su lucha Esa fue su vida”
Martínez de la Vega comparte con Proceso instantes de emotividad extrema en el patio de la casona que fue sede del viejo Sindicato de Trabajadores Electricistas, refugio después de la tendencia Democrática del SUTERM y ahora local del Movimiento Sindical Revolucionario, donde se rinde homenaje póstumo al hombre que dirigió todas esas organizaciones: Rafael Galván, fallecido el jueves 3 de julio
“Rafael consideraba, y sufría íntimamente por ello, que los objetivos de la nacionalización se desvirtúan con los subsidios a la gran empresa, con los sobornos al sindicato, con la inmoralidad apoderada de la administración de la industria eléctrica”, agrega, lejano en sus recuerdos, el periodista de 71 años de edad que conoció a Galván e 1934 y que con él caminó cincuenta años “en las buenas y en las malas”
Con los ojos enrojecidos puestos en los ojos húmedos de los trabajadores, Martínez de la Vega precisa que la despreocupación del Estado por dotar a la industria eléctrica de un patrimonio propio, que le permitiera no depender —como ocurre— del endeudamiento exterior, “era uno de los puntos concretos, obsesivos, que impulsaban” la lucha del líder electricista
Sin embargo, aclara, “la lucha de Rafael Galván desborda el caso de la industria eléctrica para convertirse en guía de todo un movimiento sindical depurador y liberador”
La muerte de la Tendencia Democrática del SUTERM, dice luego Martínez de la Vega, “significó en buena parte la muerte de Galván: lo afectó íntima, profundamente Desde entonces vivió, en lo personal, sumamente deprimido y yo estoy seguro que estaba preparado para la muerte
“Sin embargo, eso no menguó su combatividad y su entusiasmo, su confianza en el triunfo definitivo de los trabajadores Comprendió que cumplía con un deber cuyos frutos él ya no vería”
Evoca Martínez de la Vega su amistad con Rafael Galván: “nos conocimos cuando yo era un aprendiz de redacción El Nacional y él era un estudiante que trabajaba como electricista para costear sus estudios También tenía una chamba en la estación de radio WEFO, que era del PRM Ahí se encargaba de poner los discos Y adquirió una extraordinaria cultura musical, que muchos no conocieron”
Galván tenía entonces 20 años; Martínez de la Vega, 30 “Nos unió una solidaridad política en lo fundamental Había quienes decían que yo defendía a Rafael porque era mi amigo En realidad era mi amigo por coincidíamos políticamente Esa fue la base de nuestra amistad inacabable”
“¡Este puño sí se ve!”, gritan a coro, mientras tanto, los asistentes al homenaje
Y Martínez de la Vega retoma el tema de la lucha de Galván en el sindicalismo electricista
“En muchas pláticas que sostuvimos brotaba su preocupación, su rabia por la corrupción del sindicato En los últimos años llegó al grado de criticar los contratos firmados entre el SUTERM y la industria eléctrica porque, a pesar de contener `reivindicaciones’ o mejoras para los trabajadores, a su juicio constituían verdaderos sobornos otorgados a los líderes Le inquietaba mucho el costo político de esas dádivas, que significan un fortalecimiento de los dirigentes espurios para que logren sus fines de control sobre la clase obrera”
Habla luego del legado de Galván al movimiento obrero
“La escuela, la huella de la Tendencia Democrática que el impulsó y dirigió se ha convertido en un estímulo para que los trabajadores aprovechen la oportunidad de liberar al sindicalismo Gracias a eso, hoy son mucho mayores las perspectivas para un sindicalismo independiente y auténtico Por eso Galván es ya un precedente, un elemento clave para todo aquel que quiera estudiar el desarrollo de un sindicalismo liberador”
Habla del amigo:
“Hay algo que le agradeceré siempre, en lo personal: la oportunidad que le dio a un periodista profesional, como lo he sido toda mi vida, de estar en una trinchera radical de la lucha obrera como la Tendencia Democrática Esa es hoy la mayor satisfacción de mi vida”
Habla del líder:
“Rafael era un hombre muy tolerante, aun ante determinado tipo de errores o desviaciones políticas Pero absolutamente intransigente ante las desviaciones teóricas Creo que fue el líder que, en toda la historia del sindicalismo mexicano, ha logrado una mayor armonía, una mayor coherencia entre la teoría y la decisión de practicarla”
Habla, finalmente, del hombre:
“Aspero en el exterior, tenía una intensa y honda ternura interior Era, sobre todo, un hombre optimista, plenamente seguro de la victoria final con él o sin él”
Y Francisco Martínez de la Vega, llorando, se pone en pie








