Avance que engendra degradación
Coatzacoalcos: los jacales de la tecnología
Ricardo Garibay
ESCAPARATE
—No sé qué vaya a poner en lo que escriba, pero allí — grita el capitán del helicóptero, sonriente, orgulloso, y señala hacia abajo y añade algo; la hélice ensordece, la pequeñísima nave, ampolla de plástico, está dando una vuelta muy cerrada para que yo pueda ver lo que quiere el capitán Lo malo es que la total transparencia te quita el piso, nada te espera del abismo y hasta con los dientes buscas asirte de cualquier cosa en una curva cerrada
—No se agite, no se agite —grita aquél
—¿Qué me decía? —grito mucho para espantar el miedo
—Allí está el futuro de México —su ademán abarca el mar y el río, sus dotaciones de barcos, los casales y calles y su atroz trajín de camiones y autor? les Pajaritos enorme y la colosal Cangrejera hormigueros de decenas de miles de mexicanos que no paran jamás, la furia blanda y rizosa de los humos negros, blancos y grises que nunca dejan de subir, los gelatinosos temblores de los ácidos como un aire de mica amarillenta nunca cristalino
—¡Fuerza, fuerza! —ríe contento el capitán, retador
—Cuál de los dos —pregunto
—¿Cómo?
—Cuál de los dos futuros
Se vuelve a mirarme con extrañeza, no entiende Enfila hacia Minatitlán y encogiéndose de hombros dice, grita:
—Eso no puede ignorarse El futuro de México No hay otro
Sí pues Sí pero no Yo ya anduve todo eso y lo desanduve Caminé todas las calles, entré en muchas casa, pregunté y me dijeron Conocí cien vidas allá abajo No creo que las otras cien mil sean cosa diferente
—No lo piense ¡Mire qué escaparate! —grita el capitán
Qué escaparate, en verdad Azul el mar y río y tersas las morenas playas y dunas salpicadas de viviendas: los buques van y vienen entre el río y el mar, y barcazas, lanchones y pangas de mucha lentitud: los casales parejos, dibujados, de techos blancos y rojos; las calles color sepia, y las pobladas honduras, y la selva, la hojosa selva sin contornos, su verdura que con diferencia tanta —del casi amarillo al azul, al casi negro— todo lo sitia y cubre y ennoblece, y dondequiera que lances la vista: esos reverberos de agua, esos parpadeos de metálica y espesa luz entre las frondas, parece la selva un ajedrez inmenso o metafísico Vamos dejando atrás a Coatzacoalcos, donde no hay calle ni esquina ni recodo ni barranco ni duna que no se vea hervir de gente y de vehículos, y a Pajaritos y a Cangrejera y a Allende humeantes; tanques y tubos y torres y chimeneas, edificios y galpones y trojes y muelles y barcos; y en el horizonte humea Minatitlán
LOS DE ABAJO
Los del infierno son círculos porque no importa a dónde quieras ir a dar, irás a dar al punto de partida Así la pobreza El problema es de diccionario porque ¿de dónde sacar más idioma para decir y decir lo mismo? Cualquiera que sea su explicación la pobreza viene de la riqueza y acaba siendo igual en todas partes, igual a la de todas partes Acaso lo singular del hambre en Coatzacoalcos sea que viene de la riqueza de la nación entera, sea que es la patria toda quien procura, cobija y extiende esa mezquina manera de vivir Aquí está el petróleo ¿lo ves? y sus magníficas instalaciones ¿te das cuenta? y con aquél y éstas nos haremos fuertes los mexicanos y cultos y felices ¿de acuerdo? y ahora tú has llegado aquí, junto con otros diez mil o veinte mil o doscientos mil mexicanos a trabajar en las cosas del petróleo o en las cosas a que el petróleo da lugar ¿me equivoco?, ¿no?, bien, te doy trabajo, pasa, empieza pero apréndete esto de memoria: tú serás el único que no disfrute beneficios ¿sabes? no ha habido tiempo para pensar en ti, estás entrando en un complejo industrial de primer orden nacional e internacional, pasa, empieza y ponte a vivir como un animal o peor todavía, ah, y cancela tu esperanza, olvídala, no ha habido tiempo de pensar en tu esperanza, ya sé que junto con aquellos otros te conviertes en muchos, eres la mayoría pero ¿sabes? tampoco ha habido oportunidad de detenerse en eso, y menos la habrá en adelante, y ni modo, vamos, no engorres, cálate el casco, llena tu morral con tortillas y frijoles y algún refresco, agénciate por ái un pedacito de pantano, alza cuatro tablas y un techo para tu mujer y tus criaturas, y métele con fe al enclave, pues aquí lo que urge es prisa, ya sabes: la patria es primero
El polvo omnipotente: jacalerios en las cañadas de Tijuana; basureros jacaleríos en el desierto de Monterrey; jacaleríos flotantes en los pantanos de Coatzacoalcos Allá los excrementos resecándose en el polvo; allá los excrementos anidando en la basura; acá los excrementos maromeando en las espumas de los lodazales Tanto me desalentó en Tijuana aquel hombre que construía con cemento el escalón de su puerta, como el que en Monterrey levantaba la bardita divisoria a un lado de su puerta, como el hombre que en Coatzacoalcos volcaba un costal de tierra traída desde no sé dónde para apagar un poco la pestilencia del pantano debajo de su puerta Igual en todas partes la pobreza, sí, pero aquí parece más sin remedio que en cualquier otro lugar de la República
Calles de la colonia María de la Piedad Barracas entre dunas El mar enfrente Basureros eternos Eterno polvo Vegetación tropical impregnada, penetrada de polvo Baldíos Llantas Matorralosas dunas jóvenes, móviles arenas Solares y baldíos, cimientos, nidos de cucarachas, palmeras roñosas, alacranes Cuartuchos de alquiler en la calle Quevedo, tablones anchos pintados de rojo oscuro, no hay ventanas, techo negro, de láminas de cartón y chapopote, y la arena avanza, avanza, se diría que la ve uno avanzar, tragarse escalerillas y umbrales, colarse por las hendeduras pared arriba Asbesto, patos, gansos, tabicón gris Antenas de televisión, bosque de antenas Calles muy anchas, como hacia ninguna parte, desalmadas, desolados portalillos Tumbos de la dunas muladares hacia el mar Fecalismo al aire libre, transminación de las letrinas, contaminación de las aguas, dicen los antropólogos, con lo cual quieren decir la gente caga al paso de la gente y las porquerías se hunden en la arena y encuentran y pudren el agua que venía filtrándose, purificándose a través de la arena Perros y coches y botes de hojalata y cascos de cerveza Palos sueltos o garrochas mecedoras, tendederos, cercas, púas Erial erizo Qué minucioso poder para producir la fealdad a cien metros de las olas Y no obstante, todo lo suaviza el mar en la mano y los verdores de tierra caliente Tendedores y titipuchal de niños Mujeres tomando el fresco ardoroso Motel para la juventud: “cuartos limpios”, piso de tierra con baño bacinica Más baldíos Erráticos arbustos muertos de sed Otra vez el mar Sobre las dunas frente al mar los tembleques jacales cuadrados Dunerío, la arena sumamente móvil Calor, mucha gente en las calles Qué curioso: bohíos sobre los lentísimos ríos de arena, algunos de aquéllos se derrumbarán dentro de cinco minutos Casas del Infonavit, hilera de cubos blancos mirando una duna vieja, dura y gris, de espaldas a la playa Hombres morenos, requemados, muy cerrado mestizaje Las mujeres van del amarillo al sepia, chimuelas, todas vientre y senos Junto a esta colonia, la petrolera; franca zona residencial, ventanales y rejas, jardinillos de pasto y árboles grandes ¡Ah! y allá en lo más erizado y calvo de la María de la Piedad, una residencia alambrada, un lindo jardín sombroso cuidado con primor, digamos casa de campo del presidente Municipal, que se ha hecho rico vendiendo automóviles Y anoto, no más, no culpo ni aplaudo ni me escandalizo; uno se sabe de memoria estas cínicas lecciones, lo doloroso es verlas en vivo en esta pantalla inverosímil que es la realidad-historia-leyenda mexicana Estamos en el lugar de la tecnología mas avanzada del país Crecimiento presuroso y muy desigual y anárquico Corrupción en el poder La máquina vale más que el hombre Falta de planeación Falta de finalidades Futuro sin rienda, desbocado ¿hacia dónde? Barcos graneros, petroleros, azufreros Mar como el de Alejandría, se ve venir y venir entre muchas crestas blancas, revienta escasamente y se ve sin resaca Mar verde a estas horas de la tarde, el sol cayendo Y en la playa, de arena oscura y fina, de pronto, puedes estar en el siglo nueve, antes o después de Cristo, o en cualquier otra antigüedad, que por remota que fuera no sería diferente de lo que ven tus ojos a las seis y media frente al mar de Coatzacoalcos No sería diferente, salvo por las aguas negras que aquí desembocan en el mar; por la playa manadero sin fin de desperdicios; por uno que otro puesto de garnachas veracruzanas; por los descuadrados jacales con anuncios pepsicola, que aquí hacen equilibrios en las jorobas de las dunas Nunca vi playa más desarrapada; las he visto de lodo en Sudamérica, horriblemente pedregosas y heladas en el Mar del Norte; aquí miseria y desamor han puesto su dedazo de mugre, de botellas rotas, papel periódico, latas con residuos, pedazos de petates, ríos de orines Y nadie, nadie Un coche allá, con sus borrachos y guitarras Y esto en Semana Santa, viera usted —dice Daniel, que es estudiante y chofer en Pemex—, se pone de no dar paso, y la gente aquí se duerme y se hace caca y hace el amor y se pelean y a veces se matan y todo eso, porque no hay hoteles, no hay hoteles para lo que es Coatzacoalcos
—¿Qué es Coatzacoalcos, Daniel?
—Pues no así como usted lo ve no es nada, o todavía no es nada, o está siendo como usted lo ve, un desmadre ¿no?
—Sí pues, pero mire hacia allá, la ciudad, lo que no acabo de entender, mire esa cabalgata de humos, todos esos brillos de lumbre, el petróleo de México, Daniel
—Ah no psí —dice Benito, de Oaxaca, ayudante de Daniel—, el petrolio, en eso ya chingamos
Colonia Hermanos del Esfuerzo del Trabajo, y Primero de Mayo, y Mundo Nuevo y Nuevo Mundo Nuevo, y Del Señor Juárez, y Rafael Ochoa, y Emiliano Zapata, y Frutos de la Revolución, y López Mateos, y Tierra y Libertad, y Prócoro Alor, y Veinte de Noviembre, y Playón de Oro, y Prolongación Emiliano Zapata y muchas más que acaban formando, con sus pobres, las tres cuartas partes de la población de Coatzacoalcos, la puerta del sureste, la más extensa e intensa fuente de trabajo, la sofisticación total de la tecnología más indispensable y más codiciada por todos los países del mundo, el porvenir de la nación, el soberbio espectáculo de las instalaciones petroleras para científicos, técnicos y trabajadores incontables, Allende, Pajaritos, Cangrejera, Cozoleacaque, Morelos empezando, Laguna de Ostión inminente, el mayor puerto industrial de la República, y Minatitlán a diez minutos de distancia ¿Qué más se puede pedir? De Oaxaca vienen los hombres y de Chiapas y de Tabasco y de Guerrero y de otros muchos lugares, claro, pero de allí principalmente, migración sin descanso, y aquellas tres cuadras partes de pueblo de hoy serán aprisa nueve décimas partes, por centenares de miles buscando acomodo en los blandos lomos de las dunas deshabitadas todavía o en el hervor de los pantanos aún inexplorados
Don Julián tiene nueve hijos, vino aquí cuando tenía veintiún años, hoy tiene cincuentaidós años, era ayudante de albañil, hoy es albañil completo, y cuando hay trabajo gana mil trescientos pesos a la semana, y una cocacola le cuesta entre tres y cuatro pesos, y una torta le cuesta veinte y treinta pesos Parece de setenta años, don Julián Según le voy pidiendo que me cuente me va diciendo que ha bebido toda la vida, desde que se acuerda ¿qué otra cosa?, pero derecho siempre, nunca con irresponsabilidad ni mentiras, ¿qué tanto sacó esta semana?, bueno la mitad para la mujer (“para su pobre casa” —por supuesto—), la mitad para el cuerpo, ¿qué tanto sacaba ya no sabe qué tanto hace, entonces era muy poco? igual; la mitad para la mujer, la mitad para el cuerpo; y eso siempre, nadie podrá decirle que no fue así, y sí, les ha pegado mucho a su mujer y a sus hijos, pero ya no, ni siquiera a los más chicos, hay dos, de siete y de nueve años, ni a ellos, y más que salieron apendejados, o tontos —dice— con el favor de Dios, y él cree que la mujer ya estaba cansada o que su tuétano —el de don Julián— ya venía muy aguado, porque el hombre con el trabajo se agua, pierde tuétano, ¿cómo? sí, albañiles los hijos, ayudantes de albañil, los tres mayores le ayudan, viven con él, con sus esposas y chamacos, porque no han hallado modo de un pedazo de tierra, no se han acomodado, a la hija mayor la da por muerta porque se metió a la calle y a los cabarés, no aprovechó las enseñanzas, sólo esos dos tontitos no trabajan, pero así, juntos todos, si alcanza pa la papa, que ora, claro, un día con otro no faltan dos o tres sin trabajo, el que se hizo mecánico, el segundo, ése no falla de trabajo, ése sí porque la mecánica es futuro, ya ahora está en Cangrejera, no le va a faltar, y cree que la mujer ya estaba cansada porque hubo otros seis hijos, muertos, “que no llegaron a alentar”, “y eso les pone sombra a las mujeres”, las seca Don Julián vive en un hondón de la Mundo Nuevo, sobre el pantano, su carpa de lonas y tablas —dos cuartos y la cocina, para veintitrés personas— ya se le ha hundido medio metro, ahora trabajan en la palizada, “en el contén”, pues el lodo se les cuela por todas partes El segundo, ése llegó hasta secundaria y quería seguir para después entrar en Pemex pero “se derivó a la mecánica” No, no se queja, hoy está Cangrejera y vendrá Morelos y luego el puerto que dicen, Laguna de Ostión, mientras vengan obras pues los albañiles ¿verdad? ¿Cómo? Porque allá no se vivía, Oaxaca, sí señor, para la Sierra, eran diez hermanos, él salió, vivían de la labores del campo y no se vivía y aquí en Coatza ya puedo yo ver, ya puedo verlo, ya me doy cuenta de que sí se vive aquí
Unos dicen que Mundo Nuevo tiene doce mil habitantes, otros, que once mil o nueve mil, otros, que dieciséis mil Sí hay más de dos mil niños pequeños, desde luego, y el ochenta por ciento de la población es de jóvenes entre quince y veintinueve años de edad Mundo Nuevo es síntesis de Coatzacoalcos, síntesis o nítido ejemplo de lo que es el pueblo viviendo alrededor y por y contra y aun a pesar de los gigantescos enclaves industriales
Enclaves industriales los mayores de la República, fuentes de trabajo en gran escala, riqueza para la nación, es decir, alimentos, bienestares, vida consciente, memoria reflexiva: ¿quién podría dudarlo? El pesar ha sido ver que también son —y serán, no hay nada que anuncie cosa diferente— fuente de pobreza, de incuria, de injusticia, de humana animalidad
Mundo Nuevo estaba en otro lugar, y un día aparecieron allá avanzando las alambradas de Pemex Era terreno de Pemex, o que Pemex necesitaba ya o necesitaría en muy breve plazo Fuera gente Pero ¿cómo? y ¿a dónde vamos? Nada, fuera; ya se verá dónde se instalan, estos terrenos pertenecen a la primera industria del país Protestas, encontronazos, pláticas, negociaciones, buldozers ¡fuera gente! Y las alambradas entraron, encerraron una vasta y reciente zona de escombros y trebejos A los colonos se les dio la loma de hoy, obviamente cercada de barrancones y pantanos Pantanos viejos, de lodo podrido en los siglos, espeso y blando y poderosamente pestilente Estériles pantanos donde no se puede sembrar nada de nada, cubiertos sí por la inútil y hermosa y grande vegetación tropical que desde el aire se veía tersura verde y sin límites, fecundidad sin término Qué va Aquellos brillos de agua que jugaban un infinito ajedrez en la maleza son esta ponzoña a la que se le gana, allá cada y cuando, una veredilla de medio metro de ancho, cinco metros cuadrados para alzar una choza, el hilo de un camino de tablas hasta la entrada de la choza
Por el lomo de la loma culebrea la única calle de Mundo Nuevo; tierra suelta, trechos de asfalto, sol y polvo y gente a morir; se diría que todo mundo se echa a la calle, donde respirar no es una hazaña; y para ir saludando y conociendo a don Julián, a don Prócoro, a doña Armanda, a don Ignacio, a doña Felisa, a don Eulogio, a doña Lupe, a don Cereseo, y para ir pidiéndoles paso hacia la siguiente barraca subes y bajas resbalando sobre plastas de lodo negro y rojizo, moteado de anchas hojas verdes, estriado de jugosas ramas verdes, estriado de jugosas ramas verdes, a la sombra de verdes frondas generosas —con que te alejes un poco, con que un poco riegues la vista te sentirás en el paraíso tropical de los danzones y huapangos, oh privilegio—; y resbalas en los oleajes de excusado abiertos, en el tlap tlap de los riachos de miados; tarántulas, alacranes, ratas, moscos tan diminutos que no se ven y tantos que te enloquecen Amates y palmeras de colosal estatura se mecen en el cielo de la barranca vecina; no se ve tronco sin su maraña de lianas y de hiedras; enredaderas y flores como en cualquier inexplorado jardín de ensueño Caramba, qué bello allá Es igual que acá, señor, y peor acaso, por esos nos repegamos para este lado, de lejos sí se ve bonito, pero allá ¡hay un animalero! y el lodo es hondo, no hay manera de construir
Allá abajo, mire usted, alrededor de la laguna, haremos un bulevar con sus árboles, sus calzadas, sus bancas, va a ser algo primoroso Mire usted en esa loma, allá abajo, mere aquí frente a la loma donde está la delegación municipal, vamos a hacer los campos deportivos, ya usted ve tantísimo niño y tantísimo joven que hoy no tienen qué hacer No sí, por supuesto, vamos a asfaltar, vamos a asfaltar todas las calles, y sus banquetas las vamos a hacer y sus fuentes ora que esté el pozo artesiano Acá la secundaria, sí señor, y el dispensario porque el de hoy ya se ve que no alcanza —dos piecesitas, dos bancas, un escritorio, un camastro, una vitrina y algunos frasquitos con píldoras Un hospitalito aunque sea chico también haremos Y los transportes, meteremos transportes, ya que no entran acá, la gente tiene que caminar un resto desde la carretera Nos pondremos de acuerdo las ocho diferentes secciones de la colonia, porque hay divergencias, unos y otros tenemos divergencias y hasta ahora no nos hemos puesto de acuerdo, pero nos pondremos Porque mire usted, Pemex no cumplió, dijo les daremos tantas hectáreas, fraccionamiento como era debido, y a la mera hora: ái está esa loma, ái acomódense, sin agua, sin luz, sin drenaje, sin calles, y empieza la grilla, los trinques, repartos mañosos, muchos del primer Mundo Nuevo no tuvieron nada, luego no faltan álguienes que nos incrustaron grupos extraños, los líderes venden lotes, tú pásame tanto al mes y tú y tú y ya tienen su lote, y así, señor, se rompe la unidad Porque mire usted, ahora el líder de la sección once de Pemex ese sí nos ayuda, él controla todas las compañías que contratan con Pemex, quiero decir desde los trabajadores, y nos coloca, sí, nos dio el dispensario y nos pavimentó la calle ésta, no lo hemos podido ver desde hace dos meses porque es persona muy muy ocupada, empieza a las cuatro de la mañana y suspende a las siete en punto y se va a misa, no sí, es muy muy bueno, católico, su propia capilla, sí ¿cómo dice, perdón? sí no, sí pues es una gran casa, pero como quiera psés el líder ¿no?, con sus parientes, sí toda la sección once él y sus pariente Ora el problema grande es que la loma que queremos para los deportes, allá abajo junto al pantano que no, que es terreno de petróleos y ya vienen las alambradas, mírelas usted ya vienen allá avanzando, que como allí van a poner los almacenes pues que no, y nosotros hemos venido desmontando y aplanando y vamos pa fuera
—Señor delegado, si ustedes me dejan entrar en las casas y ver cómo viven y me contestan con verdad lo que les pregunte, yo los ayudo con la loma deportiva
—Como qué, perdón
—Ustedes me cuentan la verdad, y yo me comprometo a plantear allá arriba, hasta arriba, su problema, y a tener respuesta en tres días ¿Hecho?
—Hecho Qué quiere saber
Pasamos junto a las cercas de Petróleos, alambradas de tres metros de altura Porque Pemex actúa con ánimo imperial o de coloniaje, inconscientemente y culpablemente heredado de las antiguas compañías extranjeras e imperiales Llega y cerca grandes extensiones de tierra, para las colonias de sus técnicos y trabajadores, para sus almacenes, para sus instalaciones industriales, para sus oficinas, para sus campos deportivos Pemex, de golpe, se convierte en un espacio exclusivo, de espaldas y frente y contra la población del lugar y la inmigración masiva que provocan los programas petroleros A pesar de que sin Pemex la vida donde Pemex se instala seguiría dos o tres siglos atrás y se mantendría como mero muestreo arqueológico, Pemex desata y mantiene una tan enfática diferenciación de modos de vida, que hace de su gente una población de élites profesionales, técnicas y trabajadoras hostiles y francamente enemigas de la masa popular que llega a Pemex, desde todos los rumbos de la República, en busca de trabajo y sin casa, sin vestido casi y literalmente sin sustento Se vive bien dentro del cercado El cercado afirma y publica mis privilegios: mi empresa o mi sindicato aseguran mi existencia diaria y responden a mi futuro Soy de Pemex Soy un ser aparte Nada tengo que ver con la turba que se alquila mendicante y se hacina en el lodazal de las cañadas: gente analfabeta, para trabajos elementales, insensatamente prolífica y alcohólica, de arcaica tozudez, peso muerto en sus lugares de origen, enorme peso muerto para la nación
Por desgracia esa conclusión es inevitable si se ve cómo viven los petroleros y cómo los arrimados al petróleo La creación de asentamientos nuevos y los traslados de uno a otro lugar de la zona —no importa la razón del traslado— demuestran el mismo desdén y desprecio por el trabajador sin amparo empresarial o sindical; y como empresa y sindicato son nacionales, vale hablar del trabajador sin amparo nacional, el desterrado en su tierra, el sin patria porque si la patria no es pan, abrigo, casa, educación así sea primaria y poco más, un poco de ocio productivo y un porvenir más o menos alentador para los hijos, para los nietos, si la patria no es eso ¿qué es?, ¿con qué va a identificarla cualquiera de estos hombres, millares y millares de hombres sin nada dentro de sí ni a su alrededor, que forman la base, la multitud obrera de Coatzacoalcos? Son echados, arrojados a las peores topografías, sin plan ocupacional para ellos, sin programas de vivienda ni de servicios, sin que nadie espere de ellos más que silencio, conformidad, docilidad y servidumbre Tienen, eso sí puntual y suficiente, la vigilancia policiaca y militar a que obliga la anarquía, la iracundia y el albazo diario a que se les orilla Vive allí en la mierda, sobre tu propia mierda y como te dé la gana, pero quieto y callado la boca y cuidado con lo que haces porque habré de estarte vigilando
Y según pasan los años aquí en Coatzacoalcos, esa situación, esa realidad que cualquiera puede ver y comprobar por sí mismo, crece igual a sí misma y ahondándose, agravándose, alejándose cada año más de la ya imposible solución Por eso, aquellos propósitos y esperanzas: haremos el pozo, haremos el bulevar, haremos la secundaria, pavimentaremos, nos pondremos de acuerdo, etcétera, que tantas veces oí en Tijuana, en Monterrey, en el Distrito Federal, me suenan huecos, fantasiosos, una manera de ocio sin sentido, magia sin maleficio y sin beneficio, perder el tiempo haciendo ruidos con la boca Hay gente que lleva aquí diez años, quince, veinte, veinticinco años Si eres del más pobre pueblo, si perteneces a la inmensidad, no saldrás de aquí, porque nadie verá que ahí estás, porque no existes sino como micra de esa inmensidad que sin rostro ni nombre hace posibles las cosas No existes ¿entiendes? Por eso nadie se preocupa por ti y sólo te recuerda como ejemplo, anuncio, vigía de una inmensidad peligrosa cuando se harta de sarna, lombrices, idiotismo y todas las demás porquerías del mundo Entonces, a ti, bien como ejemplo, bien como anuncio, los que te recordamos te apaleamos y te metemos a la cárcel
Porque aquí en Coatza la pobreza está bien asentada, en sus puntuales jornadas de trabajo, en el cansancio y exangüidad de lunes a viernes, en el polvo y estiércol de todos los espacios para vivir, en la muchedumbre de alimañas, en la letal descomposición de las aguas, en la ausencia agrícola, en un impenetrable y todopoderoso sindicato corrompido, en la inconsciencia y desidia gubernamentales, en la trágica fecundidad de las mujeres, en el analfabetismo, en el alcohol, en la violencia, en el obligado anonimato que impone la inmensidad Oleadas de trabajadores en la única calle Van o vienen, o van y vienen idénticos entre sí, entreverándose hasta ser los mismos que van y que vienen Cada una de estas vidas es y será copia de la de don Julián; como llegó él hace treintaiún años están llegando ahora los inmigrantes de Michoacán, de Zacatecas, de Durango, de Tlaxcala: una cobija, un morral, veinte pesos en la bolsa, y será trabajar como ayudante de, buscar un techo, beber, putas, pelear, por ahorro casarse (mujer gratis, comida a sus horas, ropa limpia, hijos que ayudarán), tener diez hijos, verlos crecer preparando el morral, la cobija, los veinte pesos, y por ahí generación tras generación mientras la tierra permanezca
Por la mañana, a mediodía y en la tarde ya el crepúsculo encima, el único puente que salva el río y comunica Coatza con los enclaves industriales se pone imposible Es angosto y los vehículos son miles, y la espera es de una y dos horas; pero si ésta pasando un barco por el río, sube la plataforma del puente, y la espera es dos a tres horas Con eso, el ingeniero Andreu, principal de Pemex aquí, pidió ayuda a la policía de caminos Acudieron las patrullas El tránsito se aligeraría esa misma mañana Dos días después el ingeniero Andreu intervino de nuevo: “que quiten las patrullas, por favor, se han dedicado a extorsionar a camioneros y automovilistas, no han hecho más que robar dinero y humillar a la gente desde que se les dio esta comisión” El tránsito en toda Coatzacoalcos es exasperante; hasta media hora para cruzar una carretera o cualquier avenida Antier presenté al ingeniero el asunto de la loma de los de Mundo Nuevo Me prometió estudiarlo Lo hizo Habló por teléfono con Díaz Serrano, director de Petróleos “Aunque los terrenos sean nuestros entréguese de inmediato la loma a los colonos, y ayúdeseles a hacer los campos deportivos” Estaban contentísimos los de Mundo Nuevo Ya habían decidido, para mañana, invadir la loma, resistir a la policía y al ejército “No ahorres tus críticas —me había dicho Díaz Serrano— Trabajamos bien, pero seguro cometemos muchos errores Por duras que sean aquéllas sabremos aprovecharlas” “No serán duras —dije—, no sé qué sea eso Contaré lo que vea y lo que oiga” Y en realidad Pemex hace aquí todo lo bueno, el gobierno no da para mucho ni tiene con qué, y el paternalismo corre por cuenta de Petróleos Mexicanos Por ejemplo esa clínica médica, ese jardín, aquella biblioteca, este hospital, esa competencia atlética, aquel camino, estos camiones recogedores de basura, etcétera Pero también tiene a su cargo casi todo lo lamentable La selva muere a su alrededor, donde los humos y ácidos producen parajes lunares en poco tiempo; el aire apesta y enferma; el agua del río ha matado en su lecho toda vida, e igual el agua de las lagunas Y lo más: que según todo va siendo, viene siendo todo infortunio para los de abajo
Pagamos quinientos de alquiler, entre todos, somos ocho, a veces hasta doce, sí, aquí todos, pues entre mil y mil trescientos a la semana, no, por cuenta de una compañía, para Pemex, si, ayudante, sí, pues somos entre dieciocho y treinta años, ¿yo? veinticuatro, ya tengo aquí cinco años, éste acaba de llegar, tendrá aquí un año, dieciocho, mi hermano sí, que por qué te ríes, contéstale al señor, mariguana no, no tiene los ojitos colorados, ha de haber sido tíner, a veces le pega al tíner, ¡ya deja de reírte!, no pues porque así nacimos Son dos atletas oaxaqueños, el cuarto es de tres por cuatro, de cartón y madera, piso de tierra, parte de un jacalón donde hay otros cuatro cuartos iguales, del techo cuelgan pequeños espejos, peines, blusas, pantalones, calendarios pornográficos En uno de los cuartos hay una cruz de flores y veladoras encendidas, en el piso ¿Qué es esto? No psés que el viernes bebieron aquí y llegaron a discutir puesto que llegaron a pelearse, puesto que era mariguana también puesto que murió uno de ellos, cuchillo sí, puesto que ya lo enterramos, no, se fugó, puesto que no era de aquí, se fugaron todos “Ni un centavo de la renta, dejaron sus trapos nomás” —dice El Gato— El señor Gato es una especie de potentado del pantano, tiene tres jacalones, doce cuartos de alquiler, doscientos jóvenes, más o menos “Lo difícil es el viernes y el sábado, veces también el domingo, por la paga, señor, como vienen forraditos, y sí, la chinga es dura en la semana, y pues descansan, su ron, sus cocas, su yerba, y ái aparecen las dificultades, y lo mismo el calor ¿verdad? con este calor la sangre corre más aprisa, con lo que en otros lugares que son fríos los muchachos son como un poco menos quiero decir pero aquí se prenden luego luego”
Me había propuesto entrevistar aquí a cien personas, a las veintitantas renuncié a seguir Todos dicen lo mismo, las historias se repiten monótonas como una línea recta La vida no ha dado para más imaginación ni para más vivir Padre campesino, se morían de hambre, dijeron que aquí había trabajo y vine, hace diez años, o hace dos, o hace seis, y aquí estoy
—Y si yo le dijera, joven Rolando, que así va a seguir el resto de su vida
—Como qué Digo sí
—Que así, como está viviendo ahora va a seguir viviendo durante muchos años más, hasta que se muera un día
—Ah os sí ¿no? Os así ¿no? Porque qué
La nueva sección de Mundo Nuevo es un talud donde de milagro no rueda uno hasta el fondo del abismo Cagada, barro aguanoso, verdura hasta el hartazgo, pantano podrido allá en el fondo, esterilidad, fealdad de las fértiles mujeres, la intensa contaminación del aire y de las aguas Parece diferente esta miseria enjoyada de selvas gigantes, pero es la de siempre, la de los babeantes niños de vientre redondo, ojos de fiebre, zambos niños llorones, medio idiotas; bebés aburridos de sol Ay aquellos inocentes proyectos: haremos, plantaremos, pavimentaremos, cuando las únicas armas para luchar son la exasperación de algunos, y su coraje, la boba esperanza “nos pondremos de acuerdo”, la pacientísima sucesión de antesalas, y el plañido, la mano tendida de poderoso en poderoso, de líder en líder, itinerario de frustraciones a esperanzas a frustraciones, y lo único que crece de veras es la caries, la fatiga, la languidez, el desánimo La pobreza —entiendo, ya no lo pregunto como en Monterrey— es un estado de vida definitivo, intemporal y omnipresente, sin salida, sin ilusión, con millones de adeptos esperando en la caverna de la matriz universal que nunca dejará de parir
Esa muchedumbre constante en la calle de Mundo Nuevo, con sol o en el crepúsculo o de madrugada, como si fuera la misma muchedumbre yendo y viniendo siempre de la fábrica al tugurio, del tugurio a la fábrica; una eterna masa de hombres cansados renaciendo de sí mismos, engendrándose a sí misma con los cascos puestos, los párpados pesados de tierra y sueño, la tosca mano aferrada al morral, aferrada la tosca mano al hilacho que sirve de saco Sí, esa calle subeibaja es un espacio fijo donde esos hombres están moviendo los pies como si vinieran de alguna parte, como si fueran a algún lado, invariablemente a las once de la noche, o a las cinco de la mañana —que es lo mismo—, o lo mismo a las tres de la tarde, o en un atardecer que no pasa ni pasará Una película viciosa o abusivamente irracional, de mil años de duración, hecha con una única imagen
Colonia Frutos de la Revolución Pantano Arboles muertos Increíbles nubes de moscos, de diez o veinte metros de espesor “Exactamente —dice Margarita Nolasco—: los frutos de la Revolución” Más de mil familias Entre setenta y ochenta mil personas Doña Vicenta tuvo que pagar al Seguro Social doce mil pesos por haber construido su casa Ay mejor ni me pregunte, señor, lo que una tuvo que hacer para alzar estas piececitas, ya de vieja dice uno ¡pero cómo!, pero llegando me quedé viuda Hoy vende ropa de niños en el mercado Le ayudan dos hijas mayores, dos hijos son ayudantes de carpintero, otro hijo está en la desgracia porque adquirió el vicio de la bebida, los otros tres son chicos, van a la escuela y hacen recados Ella cose de siete de la mañana a seis de la tarde, sino que ora como tuvieron que acarrear tierra para poder usar el patio, se endrogaron, más de siete carros imagínese porque el pantanito salió muy chupalón A las seis me meto a la cocina, paraquestos coman y ya después vienen los grandes y también comen Y no, no nos quejamos, salen los cuatro, los cinco mil a la semana, bueno las telas que digo que vienen quedando los tres y pico, pero no nos quejamos ¿De cambiar? no le entiendo, señor ¡Ah cambiar a más! Bueno ya pudimos la televisión y ora que entre la luz, porque ya llevamos diez años peleando la luz, pero mire ya los postes ya los plantaron ¡verdad? Pero no, sino que ay Dios, ya mejor cambiar no, ya estamos así o no sé si le entiendo, señor
Don Gilo es de Yucatán, setenta años, once hijos ya desperdigados por nuestro extenso y amado territorio, Dios los ve En el ferrocarril y en Pemex, alabado sea el Señor que pan no nos ha faltado, todos en Pemex gracias al Todopoderoso, pero es que a mí me gusta el césped que usted ve aquí en todo el alrededor, por eso aquí me quedé, sí, dos de las hijas con sus criaturas y uno de los hijos, el divorcio caballero, ese mal nacional, ahora estamos redondeando estas nuevas generaciones, nomás mi ingreso caballero, pero alabado Dios no nos falta, cabalamos dos, dos trescientos, dos quinientos a la semana, déjeme ver son tres y los otros dos y el de Arrarú que viene y los dos de Sinesio, sí son siete que Dios Nuestro Señor nos ha regalado
Es que ya tiene de diario los calambres y el dolor de la espalda, como la mecánica es de agacharse todo el tiempo y sin horas extras pues sí está más difícil, y una con otra son dos mil a la semana pero con todos éstos que ve usté
Doña Cira, de Durango, diez hijos pequeños, el marido en la cama, una vértebra desviada y cosa así— Si el Seguro, pero ya van dos casi tres semanas y ya se vendió la televisión y las otras cosas, y pues no sabemos, señor ¡No señor, ni lo permita Dios de regresarnos a Durango!
Doña Porfiria, lideresa, pide relleno para las calles en la presidencia municipal, que mañana les mandan dos o tres carros de tierra, eso piden pero faltan más Tres años para conseguir la luz En total, por tres calles de electrificación, cobraron entre ochocientos y ocho mil pesos Catorce mil por persona, no se entiende la relación Calles López Mateos, Francisco Sarabia, Heriberto Jara, Simón Bolívar Vive en unión libre con su señor, desde hace veinte años Ocho hijos de dieciocho años a dos meses Trabaja el mayor con el padre, tiene camioneta que fletea Los chicos en primaria Es de Almoloya Oaxaca, él es de Veracruz Ella trabaja aquí, él también Ella tiene diez hermanos, pobres, campesinos Murió el padre, difícil situación para la madre, cada hijo se lanzó en busca de pan Tenía dieciocho años cuando salió con sus hermanas Trabajó en un restorán: cocina, mesera, etcétera, aquí en Coatzacoalcos Duró cuatro años, allí conoció al marido El padre de él muerto, seis hermanos El era el mayor, se vino solo Han venido cuatro hermanos de ella; de él dos hermanas casadas con hombres de Puebla, y su mamá Ganan entre dos y tres mil a la semana Vive la mamá de ella con una hermana que trabaja vendiendo antojitos Su papá era campesino, luego ferrocarrilero El problema de la colonia: drenajes, agua potable, sólo hay diez hidrantes, la luz ha sido un “triunfo casi” Defectos del hombre: la violencia “es lo más duro para una”, y el trago, el vicio Quiere “lo mejor para sus hijas”, preparar, no ignorancia, o “según su destino”, “ya nosotras qué” Ella tiene cuareintaiún años, él cuarentaidós Parece de sesenta, y él de setenta y cinco o más años
Colonia Amigos del Esfuerzo del Trabajo, aunque no parezca cierto así se llama la colonia Y aquí vive Dora María Pérez Hernández y tiene veinte años y tiene un hijo de tres años y otro de tres meses Pronto hará un año que el marido, taxista, se murió en un estrellón Los de la Ferretería Hermanos Rosa no la han indemnizado, de ellos era el coche Lava ajeno, y gana ciento cincuenta pesos a la semana y dice: “Salí ayer, por éste que está malo no salía, y fío tres jitomate, una leche Nido, una cebolla Pero ya hoy no salí, no señor, ya este grandecito y yo ya hoy no comimos, y con éste malo pues no salgo a lavar” Le regalamos quinientos pesos Se desmaya Vamos a hablar de usted —le digo—, se lo prometo, alguien vendrá a buscarla
Exactamente junto a la Prócoro Alor, y Frente a la Hernández Ochoa, el campo de golf: riguroso paisaje de élite norteamericana La respuesta de cualquier niño hace ver la indudable viveza, el dolor por lo mucho que se perderá fatalmente; y los niños que salieron corriendo aterrados cuando nos detuvimos a hacer una pregunta Hacia el basurero, es el basurero más limpio y más hermoso que conozco, entre árboles muertos, la verdura del suelo, y al fondo la pared tropical, los humos de la basura, gaviotas, zopilotes, los papeles volanderos Llovió anoche y hay viento, un sol humilde y calor de sauna y un ancho y tenue olor a caca dulce Y desde el basurero, los jacales allá de la 20 de Noviembre desbarrancándose en los desfiladeros de las dunas En la tersura de las dunas, la silueta japonesa de una ruina de árbol, y la viruela de los tubos pardos y las empalizadas, los niños gnomos, la alarida de polines, los excusados, un niño vestido de rojo en la duna, hormiga roja, resbaladilla de seda
¿Más ejemplos, lector? ¿Doscientos mil ejemplos más en Coatzacoalcos? ¿Cómo una industria nacional se levanta para que quienes la trabajen vivan en mendicidad perenne, como si siguieran viviendo en su sierra inaccesible o en sus desiertos? ¿Por qué esa gran industria no es apta para hacer generales sus beneficios y sí para alzar, por jibas y hondones, la inacabable maleza de jacales, guaridas, camastros, pedazos de espejo, peines rotos, pus y ratas y polvo, avispas y escolopendras, asesinatos y jóvenes que jamás abandonarán la mesa de los mendrugos? ¿Una modernísima tecnología que no ha sido planeada para la mayoría abrumadora que la hace posible? ¿Esta mayoría es de esclavos? ¿Industria que despectivamente produce estos universos de cuevas pletóricas de tiliches? ¿Qué testimonio pueden dar de semejante industria los zombies, los invisibles? Y saliendo del círculo eterno del trabajo y creyendo estar entrando en otro, de descanso, de solaz, de contemplación ¿no adviertes, tú, obrero sin rumbo ni destino, que sigues en el mismo círculo? ¿Para qué quieres el campo de juego, la secundaria, la luz eléctrica, el bulevar, el pozo y el pavimento? ¿No adviertes que buscas ser sólo un remedo de la ciudad, la calle, el campo, el bulevar de la burguesía a la que nunca accederás, ni aun cuando un día la Calle de los Olmos, en la Primero de Mayo ¡fíjate en qué empeño andas metido! tenga diez metros de ancho, diez metros de tierra firme en vez de un metro pantanoso? ¿Que habrá cambiado, en verdad, dentro de ti y alrededor de ti, cuando camines tu anchísima calle, en un futuro que sólo tú divisas, y eso apenas? Construirás el paseo rodeando tu laguna, cuyas aguas han vuelto estériles y perniciosos los desperdicios de petróleo; ¿sí? ¿llegarás a construirlo?, ¿y de dónde sacarás la fiesta de tu ánimo para pasearlo?, ¿del trabajo que ahora cumples, y cumplirás indefectiblemente?
EL RIO
El patrón de la barca se llama Atilano, y se le dice Patrón Atilano y sonríe continuamente Se ve el lento lomo de una tonina en el agua sólida de aceites y algas La pobrecita —dice Patrón Atilano— no sabe que se quiere morir
—¿Por qué, Patrón Atilano?
—Porque quién va a vivir en estas aguas, qué va a vivir en estas aguas Nadie va a vivir, ya nada va a vivir en estas aguas Hasta de colores son de tanto veneno Ora enfilando a Hidalgotitlán verá lo que era el río quéace ya
Patrón Atilano súbitamente sin sonrisa añade al rato, como al final de un montón de pensamientos:
—Pero primero es el progreso, todo este progreso
Hace tres horas que navegamos como hace un milenio El claro verdor de las riberas allá y allá La silenciosa algarabía del sol Esa tierna melancolía de los recodos donde desaparece el río y se levanta el vuelo de las garzas








