Vietnam por dentro

Vietnam por dentro
Refugiados: corrupción que huye del país que hizo y destruyó Estados Unidos
Gabriel García Márquez
Durante casi un mes, entre julio y agosto de este año, Gabriel García Márquez recorrió el interior de Vietnam con el fin de conocer la verdad sobre el caso de los refugiados El reportaje fruto de ese recorrido es publicado por Proceso en exclusiva para México
La medicina más cara en Vietnam, a principios de agosto, eran las pastillas contra el mareo Desde hacía varias semanas estaban agotadas en las farmacias, donde antes costaba un poco más de un dólar el frasco de 12 pastillas y habían vuelto a aparecer en el mercado negro a cinco dólares cada una Sin embargo, no era éste el requisito más caro ni el más difícil para fugarse de Vietnam en barcos ilegales En ciudad Ho Chi Minh —la antigua Saigón— todo el que quería irse podía hacerlo cuando quisiera, si tenía dinero bastante para pagar el precio y estaba dispuesto a asumir los riesgos enormes de la aventura
Lo más fácil era el contacto con los traficantes En los vericuetos del mercado público del inmenso y abigarrado barrio de Cholón, donde se podía comprar con moneda dura cualquier cosa del mundo, lo único que se conseguía gratis era la información sobre barcos clandestinos El pago había que de hacerlo por adelantado, en oro puro y con tarifas variables según la edad De 6 a 16 años se pagaban para empezar los trámites 35 onzas de oro, que costaban unos 1,500 dólares al cambio oficial De 19 a 99 años se pagaban 6 onzas de oro, o sea 100 veces más de lo que ganaba en un mes un viceministro vietnamita A esto había que agregar el soborno a los funcionarios venales que daban salvoconductos ilegítimos para viajar dentro del país: 5 onzas de oro De modo que el precio total para cada adulto era de 2,000 a 3,000 dólares Los niños menores de 5 años, así como los técnicos y los científicos que eran indispensables para el renacimiento de un país devastado por 30 años de guerra, no tenían que pagar nada Más aún: agentes de viajes ilegales visitaban en sus casas a los médicos más eminentes, a los ingenieros y maestros, y aun a los artesanos más capaces, y les ofrecían gratis y servida en bandeja la oportunidad de fugarse del país para que éste se quedara sin recursos humanos
No costaba mucho trabajo convencerlos Las condiciones en ciudad Ho Chi Minh, como en todo el sur del país reunificado, eran dramáticas y sin perspectivas inmediatas La población de origen chino, que pasaba del millón, estaba al borde del pánico por la amenaza de una nueva guerra con China Los cómplices del antiguo régimen que no pudieron escapar a tiempo, y la burguesía despojada de sus privilegios por el cambio social, no querían nada más que escapar a cualquier precio Una muchedumbre de desocupados deambulaba por las calles Sólo los que tenían una conciencia política a toda prueba, que no eran muchos en una ciudad pervertida por largos años de ocupación norteamericana, estaban dispuestos a quedarse El resto, la inmensa mayoría, se hubiera ido de todos modos sin preguntarse siquiera cuál sería su destino
ORGANIZACION Y AYUDA DE FUERA
Un éxodo de ese tamaño no hubiera sido posible sin una organización grande con contactos en el exterior Y por supuesto, sin la complicidad de funcionarios oficiales Ambas cosas eran fáciles en el sur, donde el brazo del poder popular apenas si tenía recursos para impedir otros males peores La gente con mejor formación política y profesional, había sido asesinada de un modo sistemático por el régimen anterior en el curso de la llamada Operación Fénix, y el norte no estaba en condiciones de llenar ese inmenso vacío humano
Hasta donde se ha podido establecer, el tráfico de fugitivos lo hacían al principio cinco empresas mayores, establecidas en los puertos de pescadores del extremo meridional, y en el delta del Mekong, donde el control policial era más difícil Los intermediarios que habían hecho los contactos previos encaminaban a sus clientes hacia los lugares de embarque Provistos de salvoconductos falsos, muchos no tenían más equipajes que sus ropas y las píldoras contra el mareo, pero la mayoría llevaba consigo el patrimonio familiar concentrado en barras de oro y piedras preciosas El viaje hasta los puertos clandestinos era largo y azaroso, sobre todo por los niños, y no había ninguna garantía de éxito, pues lo mismo podía frustrarlo una patrulla militar demasiado acuciosa, que una banda de salteadores de caminos
En general, los barcos eran pesqueros maltrechos de no más de 25 metros, tripulados por fugitivos inexpertos Su capacidad máxima era para 100 personas Pero los traficantes embutían como sardinas en latas hasta más de 300 La mayoría, según las estadísticas, eran niños menores de 12 años Muchos tuvieron la suerte de eludir a las patrullas navales, a los malos humores del mar y aun a los tifones imprevistos, pero ninguno logró escapar a los asaltos sucesivos de los piratas en el mar de China Piratas malayos y tailandeses, como en las novelas de Emilio Salgari Se ha calculado que cada barco fugitivo sufrió un promedio de cuatro asaltos antes de llegar a su puerto final En el primero saqueaban el oro y todas las cosas de valor, violaban a las mujeres jóvenes y echaban por la borda a quienes intentaran defenderse En los asaltos siguientes, cuando ya no encontraban nada de robar, los piratas parecían inspirados por el placer puro de la violencia Tanto, que en Hong Kong no se descartaba la idea de que aquellas bandas de salvajes fueran inventadas por los gobiernos de Malasia y Tailandia, y no sólo merecía la atención humanitaria que se le estaba dando en el mundo entero, sino mucho más Pero la explotación promovida por los Estados Unidos había confundido la naturaleza del problema y había hecho imposible una solución correcta
Los éxodos masivos del sudeste asiático son ya legendarios Pero sólo los de Vietnam en el presente siglo han sido aprovechados con fines de propaganda política El primero fue en 1954, cuando casi un millón de católicos del norte siguieron a los franceses hasta el sur, después de la división del país por los acuerdos de Ginebra Entonces se hablaba de persecución religiosa, con tanto escándalo y con tan mala intención como ahora se hablaba de persecución racial Los vietnamitas, cuyo poder de guerra es también legendario, no han tenido en cambio una capacidad de réplica eficaz contra la propaganda adversa
El éxodo actual empezó en marzo de 1975, cuando las tropas de los Estados Unidos evacuaron el país, y dejaron sin amparo a la inmensa mayoría de sus cómplices locales, a pesar de que habían prometido llevarse bajo su manto protector a casi 250,000 Una muchedumbre de antiguos oficiales del ejército y la policía del sur, de espías y torturadores conocidos, así como los asesinos a sueldo de la Operación Fénix, se fugaron del país como mejor pudieron
CHOLON, MERCADO DE PLACER PROHIBIDO
Sin embargo, el problema más grave con que se encontró Vietnam después de la liberación, no fue el de los criminales de guerra, sino el de la burguesía del sur, que era casi toda de origen chino Esa doble condición de burgueses y chinos facilitó a los enemigos de Vietnam la distorsión maliciosa de una realidad que era en esencia un problema de clase, y no un problema racial
Muchos de esos ricos comerciantes lograron escapar con sus fortunas en el desorden de los primeros días Pero la mayoría se quedó en su barrio tradicional de Cholón, aumentando sus riquezas con la especulación de las cosas de primera necesidad Cholón significa Mercado Grande en lengua vietnamita, y no por casualidad Allí se estableció el monopolio del oro, los diamantes y las divisas, y se hizo desaparecer toda la mercancía importada que habían dejado los yanquis en la estampida
Desde allí se mandaban agentes a los campos para rematar cosechas enteras de arroz, y comprar de contado la carne de toda una provincia, y todas las legumbres y el pescado del país, que luego aparecían a precios de diamantes en el mercado negro Mientras el resto de los vietnamitas padecían un racionamiento drástico, en el suburbio chino se podían conseguir, tres veces más caras que en Nueva York, todas las porquerías de la vida fácil que sustentaban durante la guerra el paraíso artificial de Saigón Era una ínsula capitalista en medio del país más austero de la tierra, con toda clase de extravagancias nocturnas para solaz de sus propios dueños Había casas de suerte y azar, fumaderos de opio, burdeles secretos, cuando ya todo eso estaba prohibido, y restaurantes de delirio donde servían platos tan exquisitos como orejas de oso con orquídeas y vejigas de tiburón en salsa de menta En marzo de 1978, cuando el gobierno resolvió ponerle término a ese absurdo, casi todo el oro y las divisas del país estaban escondidos en el distrito babilónico de Cholón
Fue una acción fulminante En una sola noche, el ejército y la policía desmantelaron aquel enorme aparato de especulación, y el estado se hizo cargo del comercio alimenticio No se intentó ninguna acción judicial contra los acaparadores, sino que el gobierno les pagó sus mercancías a precios normales, y los obligó a invertir su dinero en negocios legítimos A pesar de eso, muchos prefirieron irse Hasta entonces, el promedio de fugas ilegales había sido de unas 5,000 personas al mes, y entre ellas había tantos vietnamitas como chinos Después de la nacionalización del comercio privado, el promedio mensual de fugas empezó a subir, al mismo tiempo que aumentaba la proporción de chinos en los barcos furtivos A fines de 1978 se fugaron 20,000 Por último, la guerra con China en febrero de 1979 acabó de romper los diques, y las ansias de partir se convirtieron en un ventarrón de pánico
EL AISLAMIENTO DE LOS HOA
La propaganda contra Vietnam ha dicho que aquella fue una represalia contra los Hoa, que es el nombre vietnamita de los residentes de origen chino La verdad es otra Del millón y medio de Hoa que vivían en Vietnam durante la guerra, más de un millón estaban recluidos en su reducto de Cholón, y el resto eran pescadores, cultivadores de arroz y obreros de minas, y vivían en las fronteras cercanas a la frontera china Era una corriente migratoria que empezó hace más de dos mil años y había sobrevivido a toda clase de calamidades, de modo que la mayoría de los Hoa eran ya vietnamitas, con todos sus derechos y deberes Tres fueron elegidos hace poco para la Asamblea Nacional, cinco para los Concejos Municipales populares y treinta para los Consejos de distritos En el norte, 3,000 seguían siendo empleados del estado, y más de 100 en muy alto nivel Ngi Doan, el alcalde de Cholón, es un Hoa de la tercera generación
Siempre locuaz y sonriente, Ngi Doan me aseguró y me mostró pruebas escritas, que el pánico de su comunidad fue provocado por la propaganda china Esa propaganda divulgada en forma de rumores y hojas clandestinas, planteaba a los Hoa un dilema sin solución: o se ponían de parte de China, y en ese caso corrían el riesgo de una represalia vietnamita, o se ponían de parte de Vietnam, y en ese caso corrían el riesgo de las represalias de China, si ésta ganaba la guerra Para la conciencia de los Hoa no era un asunto fácil Confucio había dicho a sus antepasados: todo el que tenga sangre china, en cualquier parte del mundo, seguirá siendo chino Pero las leyes de Vietnam no las había hecho Confucio De modo que muchos Hoa no sabían a ciencia cierta de qué lado estaban
Un problema más grave se planteó en la frontera Los vietnamitas aseguraban que 160,000 residentes chinos de esa zona se habían pasado a China antes de la invasión, y que muchos se infiltraron de nuevo en Vietnam como informantes de su país de origen Convencidos de que todo Hoa era un espía potencial, los vietnamitas los concentraron lejos de la frontera Terminado el conflicto los hicieron decidir entre adoptar la nacionalidad vietnamita de un modo formal, radicarse lejos de la frontera o abandonar el país Al mismo tiempo, Vietnam llegó a un acuerdo con el Alto Comisionado de la ONU, mediante el cual se reglamentaran las salidas legales A pesar de lo que se decía en el exterior, el costo de los trámites de salida era de sólo 16 dólares Pero en cambio —como condición de la ONU— se requería una visa de residente en el lugar de destino Fue una solución burocrática para un asunto de urgencia: las solicitudes se acumulaban sin esperanzas, y la fuga ilegal terminaba por ser la única posible
El pánico estimuló el tráfico humano El negocio artesanal se convirtió en una empresa fácil en la cual participaban compañías navieras de grandes dimensiones A su vez, los marineros de los buques de carga extranjeros sacaban partido del desorden En junio, la policía encontró 69 prófugos escondidos en un barco griego que estaba listo para zarpar en el puerto de Ho Chi Minh De ellos, 34 estaban ocultos en la sala de máquinas, con un calor de 80 grados Otro, que pagó un precio especial, estaba debajo de la cama del cocinero Una mujer había dado a luz en las bodegas de carga En la investigación se puso en claro que los autores de la maniobra habían sido el Jefe de Ingenieros, un marinero que hizo el contacto con los traficantes locales, y un ayudante de cocina que debía alimentar a los fugitivos durante el viaje
Por esos días, un barco vietnamita que hacía la ruta regular entre Ho Chi Minh y Vung Tan, fue secuestrado en aguas territoriales por tres pasajeros armados con fusiles y granadas, que ataron a la tripulación y se hicieron al mando de la nave Las patrullas vietnamitas que lograron someterlo, descubrieron que casi todos los pasajeros habían pagado las tarifas de rigor para que los sacaran de Vietnam Los asaltantes, que habían sido militares del régimen anterior, formaban parte de una banda que estaba sacando gente del país desde hacía más de un año, haciéndose pasar por funcionarios del Ministerio del Interior y falsificando cédulas de identidad y otros documentos oficiales
No eran muchos los éxitos que alcanzaban las autoridades en su lucha contra los fugitivos “Estábamos desbordados”, me dijo un Magistrado del Tribunal Popular de Ho Chi Minh “Y, además, no teníamos salida: tanto si los deteníamos como si los dejábamos escapar se nos acusaba de estar violando los derechos humanos”
LA GUERRA DE LA INFORMACION
En aquel desorden las salidas ilegales subieron a 15,000 en marzo, 22,000 en abril, 55,000 en mayo, 56,000 en junio Las pastillas contra el mareo se agotaron en julio En esa fecha, 190,000 personas habían llegado a los países vecinos, sobre todo Tailandia y Hong Kong La cifra exacta de cuántos murieron en el mar por diversas causas es algo que no se sabrá nunca, porque nunca se supo con seguridad cuántos salieron
Para entonces, la campaña de prensa contra Vietnam había alcanzado un tamaño de escándalo mundial, fundaba en el supuesto de que el gobierno estaba expulsando a sus enemigos, y metiéndolos a la fuerza en los pesqueros de la muerte Yo pasé por Hong Kong a fines de junio El mar de China era una inmensa cacerola en ebullición El gobierno de Malasia había expresado su voluntad de ametrallar a los barcos errantes que se acercaran a sus costas La aguas territoriales de Singapur estaban patrulladas por naves de guerra Los turistas cándidos que viajaban en los transbordadores de Macao para conocer las últimas nostalgias de Portugal, se cruzaban en el remanso de la bahía con las barcazas cargadas de moribundos, que unidades de la marina británica remolcaban hacia Hong Kong
El gobierno de Tailandia se declaró desbordado por la afluencia de fugitivos de diversos orígenes a través de sus fronteras Bangkok se había convertido en el centro de la noticia, y los vestíbulos de los hoteles no alcanzaban para tantos periodistas del mundo entero, cargados de cámaras y equipos pesados de televisión Según datos de las Naciones Unidas, allí había 140,000 refugiados: 115,000 de Laos, 23,000 de Kampuchea y sólo 2,000 de Vietnam Sin embargo, la misma prensa tailandesa, que tenía los datos dentro de su propia casa, afirmaba que todos eran de Vietnam Se publicó también, sin preocuparse por la contradicción flagrante, que el propio gobierno vietnamita cobraba a los fugitivos una cuota oficial de 3,000 dólares por el permiso para salir
Después de febrero, cuando el éxodo alcanzó la curva más alta, se dijo que la persecución se había ensañado contra los Hoa como represalia por la invasión china Se publicaban fotos terroríficas donde los náufragos parecían fugitivos de un campo de exterminio Eran auténticas: después de varias semanas a la deriva, aniquilados por el hambre y la intemperie y maltratados por los piratas, los millonarios de Cholón se habían vuelto iguales a los chinos pobres
LOS ESTRAGOS SIN REPARAR
Yo llegué a Vietnam en el esplendor del escándalo, con el propósito único de establecer de primera mano, y aunque sólo fuera para mi conciencia, cuál era la verdad entre tantas contrapuestas Sin embargo, el drama de los refugiados, que era tan inmediato y desgarrador, se convirtió para mí en un interés secundario frente a la realidad tremenda del país Lo que más me impresionó desde el primer instante, fue que los estragos de la guerra contra los Estados Unidos, que había terminado cuatro años antes, continuaban intactos Los vietnamitas no habían tenido tiempo ni siquiera para barrer la casa Los aeropuertos civiles estaban llenos de escombros de aviones de combate y helicópteros artillados, de los que usaban los yanquis para arrasar las aldeas inermes, y toda clase de chatarra de máquinas de muerte abandonadas en la estampida final Desde las carreteras desiertas, se veían las cenizas de los pueblos borrados del mapa por el napalm, las tierras de nadie de las antiguas selvas esterilizadas por los defoliadores químicos, los cráteres de las bombas por todas partes Un viaje de 50 kilómetros en automóvil, que bien podía durar hasta 4 horas, seguía siendo una aventura de guerra Los canales de riego, que desde el aire le daban al país el aspecto de un inmenso tablero de ajedrez, apenas empezaban a servir de nuevo
Los ríos inmensos y apacibles, que en este mes de julio empezaban a cambiar de humor por la llegada prematura de las grandes lluvias, sólo podían atravesarse por puentes flotantes o improvisados con troncos de árboles, pues hasta los puentes históricos de los colonos franceses habían sido destruidos El famoso puente Long Bien, construido por el mismo Alexander-Gustav Eiffel que hizo la torre de París, era un sobreviviente maltrecho Varias veces fracturado por las bombas y siempre remendado de prisa, seguía siendo el único acceso de Hanoi por el norte Su estructura de hierros cosidos y vueltos a coser, le había dado en realidad el aspecto de una torre de Eiffel acostada sobre las aguas del río Rojo, y parecía un milagro que aún se tuviera en sus pilares después de tantas mataduras y remiendos, y con aquella sobrecarga de trenes, camiones civiles y tanques de guerra que se abrían paso a duras penas a través de una muchedumbre de ciclistas impávidos
En cierto modo, la guerra no había terminado Unas 300,000 toneladas de minas y bombas que nunca explotaron continuaban dispersas en los campos, al acecho de nuevas víctimas inocentes De pronto, una mina con 4 años de retraso hacía estragos entre las mujeres atónicas que trabajaban con el agua hasta la cintura de los arrozales En el patio de un colegio, una bomba escondida sembraba la muerte entre los niños en recreo Una partida de búfalos que tropezaba con su carga explosiva oculta entre los arbustos podía arrasar con todo un poblado Sólo en una provincia, unas 4,000 personas habían muerto en esta forma después de la guerra
Se ha calculado que los Estados Unidos arrojaron sobre Vietnam una cantidad de bombas varios miles de veces mayor que la totalidad de las bombas arrojadas en la Segunda Guerra Mundial: 14 millones de toneladas Fue el castigo de fuego más feroz padecido jamás por país alguno en la historia de la humanidad La imaginación se resiste a concebir las cifras de semejante cataclismo Para impedir que los guerrilleros vietnamitas se escondieran en la selva, la aviación yanqui arrojó defoliadores químicos y sustancias incendiarias que dejaron estériles, tal vez para siempre, cinco millones de hectáreas Es decir: una superficie igual a 10 millones de campos de futbol En los pocos años de aquel frenesí de tierra arrasada, borraron del mapa nueve mil pueblos, desbarataron la red nacional de ferrocarriles, aniquilaron las obras de irrigación y drenaje, mataron 900,000 búfalos y devastaron 100,000 kilómetros cuadrados de tierras de cultivo, o sea una superficie igual a más de 120 veces la ciudad de Nueva York Ni las escuelas y hospitales se salvaron de ese exterminio atroz: los 2,500 leprosos de la colonia de Qhynhlap fueron fulminados en una sola incursión aérea con una ducha mortal de fósforo vivo
Para colmo de infortunios, apenas terminada la guerra sufrió Vietnam dos calamidades enormes Una sequía en 1977, que le causó la pérdida de un millón de toneladas de arroz, y luego una serie de crecientes y algunos de los ciclones más bravos de este siglo, que destruyeron otros tres millones de toneladas En esa forma, Dios completó el holocausto sin precedentes que los yanquis dejaron sin terminar, y cuyas consecuencias no podían ser otras: un país arrasado y 50 millones de seres humanos reducidos a la miseria
EL HUMANO, EL PEOR DESASTRE
Sin embargo, con ser tan graves, los daños materiales no lo eran tanto ni tan irreparables como el desastre humano y el desorden moral Tal vez es allí donde más se notan las diferencias entre las provincias del norte, socializadas hace más de 20 años, y las provincias del sur liberadas hace apenas cuatro años De hecho, no sólo son dos países distintos, sino contradictorios en muchos aspectos
Hanoi, la capital, debe haber cambiado muy poco desde los tiempos de la ocupación francesa En este caluroso mes de julio, seguía siendo una ciudad apacible donde siempre parecía que fueran las cuatro de la tarde A pesar de la humedad del aire y el bochorno sofocante, no se tenía la impresión de estar en el trópico Asentada entre lagos señolientos, con numerosos árboles seculares que ni siquiera se inmutaban con los aguaceros bíblicos de aquellos días, la vida de Hanoi discurría en el ámbito oficial y melancólico de las pequeñas capitales de Francia La mitad de sus dos millones de habitantes andaba en bicicleta desde el amanecer, pedaleando sin prisa, sigilosos, con un orden natural que sólo perturbaban de vez en cuando los automóviles demasiado vistosos de los diplomáticos Los coches oficiales eran muy escasos Los funcionarios del gobierno, inclusive algunos ministros, andaban en sus bicicletas de pobres, con una modestia y un sentido de la igualdad social muy difíciles de concebir en este mundo
La ciudad se sumergía en una paz provincial desde las seis de la tarde Familias enteras se echaban a dormir en los portales oscuros Unos porque habían huido del campo por el temor de una nueva guerra con China y no tenían donde dormir, y otros porque no soportaban el calor dentro de las casas superpobladas A las siete empezaba la televisión: cuatro horas de programas oficiales, documentales patrióticos y películas de países socialistas Algunas eran soviéticas con subtítulos en árabe, y los vietnamitas las entendían por la lógica de las imágenes Había dos millones de televisores en todo el país pero se calculaba un promedio de 20 espectadores para cada televisor Sólo un programa eventual alteraba la impavidez de los vietnamitas y despertaba en sus corazones una pasión ruidosa: los partidos de futbol A las ocho, en un silencio sin grillos, se escuchaba el punteo remoto y nostálgico de laúd de 16 cuerdas Sólo quedaban abiertos los tristes hoteles coloniales ocupados por extranjeros, y alguna fonda taciturna con cuatro mesitas muy pobres, donde el propio dueño preparaba en cuclillas un extraño café con sal y unos huevos hervidos que sabían a flores de madrugada
LA CIUDAD QUE NO DUERME
Mil kilómetros al sur, ciudad Ho Chi Minh se mantenía despierta toda la noche, como un trueno continuo Era una ciudad enorme, alborotada y peligrosa, con casi 4 millones de habitantes que andaban a toda hora en la calle porque no tenían nada más que hacer Era, al revés de Hanoi, un estruendoso puerto meridional Los ciclistas que circulaban sin rumbo hasta por los andenes, el petardo insoportable de las motonetas, el desorden de los triciclos de tracción humana, las bocinas de los automóviles abriéndose paso por entre las muchedumbres impasibles, mantenían la vida en un estado de alarma perpetua Con la misma ansiedad con que Graham Greene se hubiera preguntado dónde estaba Dios en aquella ciudad infernal, yo me preguntaba asombrado dónde estaba el gobierno El mercado negro prosperaba por todas partes En los portales había mesitas escuálidas donde se vendían cigarrillos americanos, chocolates ingleses, perfumes de Francia En el barrio de Cholón, lo único que quedaba de su esplendor de otros tiempos, era el mercado de contrabando en plena calle
Al atardecer, una muchedumbre de adolescentes occidentalizados, que era casi toda la juventud de Saigón, se concentraba a tomar el fresco en las plazas, vestidos a la americana, y soñando con el pasado que se fue para siempre, al compás de la música rock Al contrario de las mujeres del norte, cuya austeridad no tiene igual, las mujeres del sur se aumentaban la belleza natural maquillándose a la moda europea, preferían los colores vistosos aun en sus ropas orientales, y sabían correr los riesgos de la coquetería Bajo la ocupación yanqui, la ciudad había perdido por completo su identidad cultural Había sido un paraíso artificial, subsidiado por la ayuda militar y civil de los Estados Unidos y 700,000 toneladas anuales de víveres regalados Sus habitantes habían terminado por creer que eso era la vida El término de la guerra los sorprendió flotando en un limbo de irrealidad, del que no habían logrado recuperarse cuatro años después que se fue el último yanqui
El saldo del delirio causaba estupor: 360,000 mutilados de guerra, un millón de viudas, 70,000 prostitutas, 50,000 drogadictos en su mayoría menores de edad, 8,000 mendigos, un millón de tuberculosos, y 900,000 militares del antiguo régimen, imposibles de recuperar en su totalidad para una sociedad nueva Un cuarto de la población de Ho Chi Minh sufría de enfermedades venéreas graves cuando se acabó la guerra, y en todo el sur había cuatro millones de analfabetos
De modo que no era extraño encontrar en las calles de la ciudad aquellas hordas de niños delincuentes que aún no se habían podido recuperar para los orfanatos Se hacían llamar por un nombre que ellos mismos se inventaron y que nadie había logrado descifrar: Polvo de la vida Nadie sabía tampoco quiénes les habían tatuado en los brazos, en el pecho, en el dorso de las manos, unos letreros enigmáticos: Mamá sufre mucho por mi, Papá: vuelve a casa, Los que me quieren no me encuentran En medio de la muchedumbre oriental, tanto en la calle como en los orfanatos, se distinguían a primera vista los cabellos color de ardilla, los ojos verdes, las pecas en la nariz o la piel de alquitrán de los hijos accidentales de los invasores En los orfanatos estaban contados: eran 67 yanquis sin padres
RESTAÑAR HERIDAS
Los esfuerzos de Vietnam para remediar estas heridas de guerra, habían empezado al día siguiente de la liberación Se reunificó al país, y se inició de inmediato la reestructuración administrativa, política y social del sur Se reconstruyeron, hasta donde fue posible, los transportes terrestres y los sistemas agrícolas, y se emprendió un proceso descomunal de reimplantación humana para tratar de devolverle al sur su identidad original El analfabetismo secular fue resuelto con una eficacia que mereció un premio especial de la UNESCO Se implantó un sistema escolar de emergencia que este año había permitido prestar asistencia a unos 15 millones de niños Se organizó la medicina social preventiva y se emprendió la rehabilitación de prostitutas, huérfanos y drogadictos Los criminales de guerra fueron juzgados y ejecutados, como en todas las guerras Muchos fueron recluidos en las únicas cárceles que existían, construidas por los franceses, o un campos de reeducación, cuyas condiciones eran las únicas posibles en un país aniquilado
Sin embargo, no hubo el baño de sangre anunciado por los Estados Unidos AL contrario, se trató de encontrar un sitio en la nueva sociedad para los soldados del antiguo régimen y los burgueses sin oficio, y se crearon nuevas fuentes de trabajo para tratar de absorber a más de 3 millones de desempleados Sin embargo, la envergadura de los problemas era mucho más grande y apremiante que la voluntad inmersa y la paciencia sin límites y el espíritu de sacrificio de los vietnamitas La verdad era que el país carecía de recursos de toda índole para remediar una catástrofe de semejantes proporciones La Operación Fénix había privado al sur de un vasto elenco de dirigentes capacitados para relevar a los funcionarios corruptos —y por ahora irremplazables— del antiguo régimen Por otra parte, los Estados Unidos se habían comprometido con los acuerdos de París, en 1973, a pagarle a Vietnam una indemnización de guerra de más de 3,000 millones de dólares en cinco años Pero el Presidente Gerald Ford desconoció el compromiso Más aún: tomando como pretexto el drama de los refugiados, la administración Carter consiguió que otros auxilios del exterior le fueran quitados a Vietnam, y estaba haciendo toda clase de esfuerzos para su aislamiento total
Esa era la realidad cotidiana que enfrentaba el país en agosto de 1979, mientras la prensa occidental clamaba por la suerte de los refugiados Con todo, la impresión que yo me había formado al final de un viaje minucioso y atento de casi un mes por el interior del país, era que la preocupación mayor de los vietnamitas no se fundaba en sus problemas económicos descomunales, sino en la inminencia de una nueva guerra con China Era una obsesión nacional que había impregnado hasta los resquicios de la vida cotidiana En el aeropuerto de Hanoi, los vuelos regulares se atrasaban varias horas porque el cielo estaba ocupado por los Migs en ejercicios de combate En los caminos vecinales, las bicicletas y lo búfalos tenían que apartarse para dar paso a los tanques de guerra En los parques dominicales, en medio de los niños y los pájaros azules y el olor abrasante de las flores del paraíso, una generación de adolescentes recibía una preparación militar de urgencia Los agricultores del delta del Mekong dormían con las armas de toda la familia al alcance de la mano
La certidumbre de una nueva guerra con China, había penetrado de un modo tan profundo en la conciencia social que uno podía pensar que al cabo de tantos años de resistencia armada se había desarrollado en Vietnam toda una cultura de guerra Se notaba en casi todos los aspectos de la vida diaria, y aun en las artes y el amor En los orfanatos del sur, los niños recibían a los visitantes con saludos militares, cantaban himnos patrióticos, y representaban obras teatrales sobre las victorias del pasado En los museos, las obras más vistosas evocaban los temas de la guerra, y exaltaban el valor y el sacrificio En las fiestas culturales, las hermosas doncellas que tocaban el laúd de 16 cuerdas cantaban aires plañideros en memoria de los muertos en combate La novela y la poesía, que los vietnamitas cultivan con un cierto fervor sagrado, estaban alimentadas desde hace muchos años por la experiencia personal de la guerra Sin embargo, lo que me causaba más asombro en los vietnamitas, era su absoluta falta de dramatismo Siempre parecían alegres, afectuosos, y demostraban un gran sentido del humor “Somos los latinos del Asia”, me dijo un alto dirigente En cierta ocasión, un intérprete me traducía un relativo pavoroso, mientras el hombre que lo contaba tenia el rostro iluminado por su sonrisa eterna Protesté ante el intérprete: “No puede ser que este amigo esté diciendo esas cosas tan terribles con esa cara tan alegre” Así era, y así fue siempre Ni siquiera el tema de las relaciones con China alteraba la serenidad legendaria de los vietnamitas Pero en realidad no pensaban en otra cosa
EL ACUERDO CON NIXON
El Primer Ministro, Phan Van Dong, pensaba que aquella tensión social tenía una justificación histórica El anciano dirigente, cuyos 76 años eran apenas creíbles no sólo por su entereza física sino por su lucidez apacible, me recibió con mi familia en el Palacio de Gobierno a una hora en que la mayoría de los jefes de estado no han acabado de despertar: las seis de la mañana Fue una conversación larga, con el estilo a la vez modesto y ceremonioso de los vietnamitas, y a cada instante recaímos sin remedio en el tema de una nueva guerra con China Le pregunté con toda franqueza al Primer Ministro si aquella tensión irresistible era nacional en un estado de exaltación permanente, o si en verdad existía el riesgo de otra invasión china Phan Van Dong me contestó: “Ese es un riesgo que existe desde hace miles de años” Y concluyó en su francés solemne: C’est un reve imperial fou
Xuan Thuy, presidente de la comisión de relaciones exteriores del partido comunista de Vietnam, fue más explícito en términos históricos En su casa de Hanoi, azotada aquella tarde por el primer ciclón de la temporada, me explicó que, en efecto, los ímpetus de China contra su país habían empezado muchos siglos atrás, pero que se recrudecieron en la década de los 60 Por esa época —me dijo Xuan Thuy— Kruchev había cometido algunos errores, tanto internos como externos, y el partido comunista de Vietnam creyó necesario hacerle algunas críticas muy serias “Tratábamos en esa forma de preservar la unidad del campo socialista”, dijo “En cambio, China trató de aprovechar la oportunidad para dividirlo, y propuso a Vietnam una reunión con otros partidos comunistas, cuya finalidad era crear una nueva internacional contra la Unión Soviética” Xuan Thuy pensaba que el rechazo de esa iniciativa fue el primer incidente grave en las relaciones actuales de Vietnam y China, y que fue a raíz de eso que Mao Tse Tung promovió la creación de los grupos maoístas en el mundo entero
Le pregunté a Xuan Thuy cómo podía explicarse entonces que la China hubiera ayudado a Vietnam en su guerra contra los Estados Unidos “China nos apoyaba porque era una manera de defender sus propias fronteras, amenazadas también por los Estados Unidos”, me contestó, “pero tan pronto como esos dos países lograron un acuerdo, la actitud de China hacia Vietnam cambió por completo” Después de la visita de Nixon a Pekín en diciembre de 1972, Hanoi fue sometida a un bombardeo despiadado y sin una sola tregua durante 12 días Xuan Thuy parecía convencido de que ese fue el primer resultado del acuerdo entre los Estados Unidos y China Inclusive la acción militar de Vietnam en Camboya, que tantas controversias había suscitado, se justificaba como un episodio más de guerra secular Xuan Thuy estaba convencido de que las tropas chinas se disponían a ocupar algunas provincias de Camboya, con la complacencia de Pol Pot, para invadir a Vietnam por su flanco más débil
—No estarán tranquilos hasta que no acaben con nosotros —me dijo— Si no lo cree, vaya a la frontera y verá de lo que son capaces
EL ARREGLO, A LA TERCERA DERROTA
Yo había ido el día anterior a Lang Song, a pocos kilómetros de la frontera china Era una ciudad arrasada, pero no por los combates sino por la dinamita Los chinos la habían ocupado durante un día y la sometieron a una destrucción sistemática Volaron los locales del partido, la biblioteca pública, la guardería infantil, los centros industriales En torno del mercado público, donde se concentraba todo el comercio local, sólo quedaba una llanura desierta
Todos los vietnamitas con quienes hablé, coincidían en que la repetición del ataque era inevitable Sin embargo, ninguno habló con dramatismo “Los estamos esperando”, me dijo Phan Van Dong “Esta vez nos encontrarán mejor preparados”, me dijo Nguyen Co Thach, secretario de estado para las relaciones exteriores “Volverán a atacarnos dos veces más”, me dijo Xuan Thuy como si fuera una profecía oriental Y concluyó con su propia sonrisa indestructible: “Sólo cuando los hayamos derrotado tres veces, comprenderán que no pueden con nosotros, y tal vez entonces decidan hacer un acuerdo de paz a largo plazo”
Aquella tarde terminaba mi visita a Vietnam, aunque debía esperar tres días hasta que pasara el ciclón prematuro que ya había dejado un rastro de devastación y de muerte en los suburbios pobres de Hong Kong Uno se sentía metido dentro de una enorme cafetera de vapor La lluvia era casi horizontal sobre el lago de la Espada Recuperada y las primeras ráfagas del viento mortal habían desplumado los árboles y destruido los colgajos de trinitarias frente a la antigua residencia del gobernador francés Sin embargo, lo único distinto era que los ciclistas llevaban impermeables de plástico sobre los sombreros cónicos, y parecían una muchedumbre de fantasmas callejeros
Un escritor amigo que me acompañaba me dijo que aquella gente se comportaba ante el ciclón igual que se había comportado durante los bombardeos Inclusive —añadió— había que obligarlos a que se escondieran en los refugios
VENCIDOS POR LA INFORMACION
Una comisión del Senado de los Estados Unidos, cuyo avión era el único que había logrado entrar en el aeropuerto de Hanoi, había invadido nuestro hotel Su misión era tratar con las autoridades algún aspecto del problema de los refugiados, y habían sido recibidos con honores oficiales Pero iban preparados como una expedición para buscar a Tarzán Llevaban tanques de plástico con agua potable, gaseosas y cervezas de todas las marcas, alimentos en conserva, frutas y legumbres congeladas, un bar rodante y un hospital de campaña con un servicio especial para atender las mordeduras de serpientes Llevaban toda clase de insecticidas y desinfectantes, y un equipo completo para extinguir incendios Todo aquello estaba protegido dentro de baúles metálicos con insignias oficiales de los Estados Unidos, que ocupaban por completo el vestíbulo junto con los equipos de cine y televisión Entre los libros de distracción abandonados junto a las maletas personales, había un manual de supervivencia en la selva
Uno de los miembros de la expedición, con la simpatía natural de los yanquis sueltos por el mundo, se sorprendió de que un escritor occidental estuviera por aquellos días en Vietnam “Ahora todos están en contra”, me dijo En efecto, intelectuales y artistas de los Estados Unidos y Europa que habían sido solidarios con Vietnam en las circunstancias más adversas, respaldaban la campaña por los refugiados En el frenesí de la fábula, se había llegado a publicar inclusive que la hermosa e inteligente Thyn Bihn, que había sido la estrella de las Conversaciones de Paz en París desde 1969, se encontraba recluida en un campo de reeducación En realidad, Thyn Bihn, era entonces, y sigue siéndolo en la actualidad, Ministro de la Cultura de Vietnam
De modo que mi conclusión personal —aunque sólo fuera para mi conciencia— parecía condenada a navegar contra la corriente Vietnam había sido víctima, una vez más, de una inmensa conjura internacional Su gobierno no había expulsado a nadie, aunque era probable que en algún momento se hubiera hecho de la vista gorda en relación con las fugas por razones de conveniencia Pero era consciente de que, en el desorden del éxodo, se habían ido numerosos técnicos y profesionales que el país necesitaba con urgencia para la reconstrucción
El gobierno había cometido dos errores irreparables El primero fue no haber previsto a tiempo ni haber calculado el tamaño enorme de la campaña internacional por los refugiados El segundo fue haber confiado a ciegas en la solidaridad mundial que no le había fallado hasta entonces, y que esa vez se había dejado confundir por una distorsión caso perfecta de la realidad No había remedio; al cabo de tantos siglos de guerras, Vietnam había perdido una batalla grande en una guerra menos conocida, pero tan sangrienta como las anteriores: la guerra de la información