La reconquista de la calle

La reconquista de la calle
Un solo Señor, una sola fe
Carlos Monsiváis
Es pues la fe la substancia de las cosas que se esperan, la demostración de las cosas que no se ven Si la cita de San Pablo viene al caso, lo ocurrido en el Zócalo el viernes 26 de enero es asunto de fe sólo a medias: estamos ante la demostración de las cosas que se ven, el ritual, el automóvil/autobús y las miles de grabadoras y cámaras fotográficas que borrarán la amnesia de sus poseedores y el deslumbramiento blanco como asidero visual; allí está, ya lo sabíamos y sin embargo saberlo es una cosa y creerlo es otra, los sentidos tardan en integrar ambas instancias, y ahora lo sé y lo creo, no por fe sino por reiteración, estoy y estamos y estaremos ante el espectáculo largamente esperado y aún más vastamente comentado: el Papa en México, el Vicario en el Anáhuac, casi literalmente el Segundo Trance o la Segunda Visión de un pueblo creyente, ya antes la Guadalupana no hizo igual con ninguna otra tilma, con ningún otro color moreno, con ningún otro indígena maravillado que saltase del sometimiento a la Revelación En el Tepeyac se construyó un santuario y, cuatro siglos después, los medios masivos nacionales e internacionales han edificado el contenido y el sentido de una espera como un templo, con términos cuyas cargas semánticas se diluyen en la repetición Dígase visita histórica un millón de veces y quedará ya no una presencia insólita y definitiva sino vocablos prensibles que devoran cualquier espontaneidad y nos hacen pasar, en un rapto programático donde las vivencias han sido preordenadas y predigeridas, de la víspera de lo inolvidable a la fuerza de lo inolvidable a la nostalgia de lo inolvidable Es pues, la fe la substancia de las frases que se esperan
Visita histórica: las dos palabras han cohesionado internamente los ires y venires de los comités de recepción y los evangelizadores instantáneos y los párrocos agitados que se sacian instruyendo y organizando y los grupos paraeclesiásticos que desempolvan estandartes y elevan la mirada hacia lo Alto y mantienen y renuevan consignas Tu es Petrus, a ver repitan, Cristo Rey vive para siempre, hay que comprar boletos y regalárselos a los seres queridos, no se olviden de sus binoculares y sombrillas y loncheras, recen todo el tiempo Como la visita será histórica ellos se han preparado y han confiado de nuevo en la caridad y, sin necesidad de hablar lenguas humanas o angélicas, se han vuelto merecedores del infinito amor que hará levitar a esta sociedad La asunción de México
Lo sagrado es lo opuesto a lo profano y lo profano es aquello que ve incomodidades y apretujamientos en donde sólo hay hechura de méritos ante El Sin demasiada resistencia, el lenguaje de periodistas y comentaristas asciende a la piedad y, no obstante o gracias a los anuncios bancarios, allí se mantiene para contaminar y testimoniar ¿Quién evita sacralizar su idioma, su estilo, su tono de voz en esta hora del Zócalo, al cabo de días y semanas con editorialistas y locutores exhumando sus recuerdos de la Doctrina, las sesiones catequísticas con aquellos curitas buenos o detestables que se interpusieron entre la niñez y el disfrute de la región o entre la niñez y el conocimiento de la heterodoxia? Séanos dado elevar nuestras preces al eterno patrocinador de esta gustada serie que es la vida ¿Qué ha pasado? ¿Un pueblo de catolicismo a-fechas-fijas se acordo de golpe de todo su prenatal lenguaje místico y lo restituyó belicosamente? Mientras el país no se transforme entre espasmos de justicia social que ayer era sólo remordimientos de conciencia, uno (Señor, actualiza mi incredulidad) tenderá a pensar que el primer milagro ocurrió en los medios masivos y que en radio, televisión, diarios y revistas el éxtasis advino con expresiones que actuaron como avesmarías o padresnuestros: una y mil veces, una y diezmilveces: júbilo popular, líder carismático, la mayor asistencia jamás vista, entrega entusiasta, muchedumbre enfervorizada, actitud piadosa No deje de oírnos, no deje de creernos, ésta no es una promoción sino la parábola de las multitudes que se prodigan como panes y peces
Ante el espejo de los medios masivos, la fe se agiganta y se vuelve otra cosa, no ya la solución de continuidad y respeto a nuestros padres y nuestros abuelos, sino movilización masiva, recaptura de influencia, política de reconquista de la Calle, de apoyo de las creencias a las posesiones, arrinconamiento de jacobinos que desaparecerán llevándose su época terciaria jirones de su Artículo Tercero y responsos por su Artículo 130 A la letra nos dicen: amigos el gozo del Pueblo se ostenta animoso amigos por primera vez toda una nación eleva sus preces al mismo tiempo y se entrega sin condiciones jamás en nuestra vida habíamos visto algo semejante hay quien dice que tembló porque también la Naturaleza quiso hacerse presente en la recepción el Papa pisa sobre alfombras de rosas y claveles el acontecimiento del siglo para México es un diluvio de papel picado, las muchedumbres se arrodillan a su paso estrujante sublime e imponente misa el cariño es mutuo Desde todas la bocinas se nos comunica el reencuentro de un pueblo genuinamente católico con el sentido más profundo de su historia, con esa lealtad que llevará al Papa a decir: “¡México, semper fidelis, siempre fiel!”
¿Se habría dado el mismo fervor sin la exaltación de los medios? Seguramente, la creencia es un monólogo que no necesita apuntador pero —hay que consignarlo como ejemplo curioso— la televisión privada y la oficial (y si hay diferencia entre ellas: la oficial carece de programas cómicos voluntarios éste es un país río) han competido en su afán de escamotear la rutinaria ausencia de jerarquías noticiosas con una obsesión monopólica: México le ha declarado la guerra al pecado, Su Santidad ansía llegar a nuestra tierra, Karol Wojtyla es el Papa del Amor/ el Papa del Beso a América/ el Papa de la Esperanza/ el Papa de la Juventud, la recepción no tendrá precedentes, cuide a sus niños, el México católico (863% de la población según el arzobispo Corripio) retomará las calles como en el tiempo del virreinato cuando las creencias no consentían excepciones y la sociedad plural iba del Te Deum a las hogueras de incrédulos; como en la época anterior a esos infortunados “sucesos sociopolíticos”, cuando un Estado en pleno despegue se enfrentó a una iglesia paralizada por el tradicionalismo y el clericalismo opuso escapulario y mensajes (“Bala detente!”) el anticlericalismo que destruía santos y bautizaba en nombre de Satán
Ganaste la guerra Juárez, pero el confesionario te arrebató la paz Derrotaste a los obispos y sus cristeros Calles y no permitiste un Estado dentro del Estado pero no suprimiste la conciencia popular los brazos de la cruz que, como dijo el bueno de Antonio Caso, “siguen siendo lo suficientemente recios como para colgar de ellos nuestros destinos” Si alguien no escribió lo anterior en alguno de los miles de artículos “reconciliadores”, ya lo dirá evocando trémulo esta bienvenida imperial y verá como, ante tal masificación vista o pregonada, sus adjetivos languidecen o desembocan en la persuasión fantástica: increíble, inaudito, extraordinario, y el Zócalo “se convierte en una extensión de la Catedral” y policías y dignatarios eclesiásticos, banqueros y amas de casa, católicos vergonzantes y sociólogos desvergonzados luchan por convertir su acechanza en regocijo y uno, allí, dista mucho de sentirse en presencia de la locura que pregonarán los diarios como eco dócil de los locutores Si no intentan entrar al atrio, almas y alfileres caben desahogadamente, pero ése no es el punto Lo que cuenta ahora, a la llegada de la comitiva papal, es la avidez de una masa decidida a la experiencia que ya no abandonará a ninguno de sus componentes individuales; la avidez de pasmos y arrobos celestes o de la presencia de un verbo hecho superestrella; la avidez que lanzará al paso de la comitiva rosas, crisantemos, gladiolos y claveles; la avidez que cristalizará en porras (siquitibun el Papa ra ra ra) y concluirá recapitulando: “La verdad yo sí me emocioné ¿Quién no? Palabra que nunca había sentido algo asíM sentí muy distinto Si que tiene algo especial” Y ese no sé qué que quedan balbuceando es producto del dogma y del presentimiento de la extremaunción y de la realidad y la publicidad del Aura y el Carisma, de la Mirada de Bondad y la Sonrisa de Amor, el Halo del poder acumulado y empuñado a través de los siglos y procesiones y adaptaciones litúrgicas que hoy se vierten en la creación al infinito que sensaciones inéditas Desde los altavoces de Catedral se vierten instrucciones
—Recuerden que únicamente aquellos que le presenten las ofrendas podrán besar el anillo del Papa Por favor, nada de tocarle sotana ni de intentar acercársele a buscar su mano Por favor
Cercanía hermanos y amigos, fervor y cercanía ¡Viva el Papa! ¡Quiero verlo! Nadie quiere darse cuenta —como célebremente dijo el alcalde de Puebla— de que el Papa es un ser mortal, aguzan la vista para tener algo que contar, no que narrar o describir: ví al Papa, es decir, ni la Fe ni la Historia se ocultaron a estos ojos que han de comer los gusanos Y la parafernalia (voz indispensable) de la emoción popular disemina o hacer surgir con la prolifidad de los dientes de dragón una suerte de industria papal: toda suerte de recuerdos y souvenirs, banderitas de plástico blancas y amarillas, posters y miniposter, medallas de oro y de plata, crucifijos, llaveros, engomados, números especiales de revistas existentes, toda la prensa se resume en una sola foto a colores
El gobierno se ha mostrado atento y servicial y capaz a su modo de misas laicas Se cierran calles y avenidas Se suspende el servicio del metro El arquitecto Rossell de la Lama, en indiscreto ejercicio de sus funciones, declara al Papa: “el turista de la Historia” El Poder Ejecutivo le obsequia un cáliz de oro con la figura de Quetzalcóatl El Instituto Mexicano del Seguro Social pone a nuestra disposición un servicio de solidaridad colectiva con un hospital de campaña más un centenar de puestos de socorro (todos con ambulancias equipadas con radio y algunos con helipuerto) Y las precauciones de tránsito y los nosocomios de emergencia y el despliegue de treinta o cuarenta mil policías y el tráfico postergado dan fe de la confianza de las autoridades en el trascendental estallido de masas: desde el principio, o sea desde siempre, todos hemos sabido que no hay ni puede haber precedentes, ni Madero en su entrada victoriosa ni Cárdenas expropiando ni la perfección del más cumplido acarreo priísta o cetemista Este es un gran momento de redefinición nacional y los Seis Días que Conmoverán a México nos recuerdan lo obvio: más allá de cualquier manipulación, la mayoría de los mexicanos son manipulables
Al besar el suelo nacional, el Papa Juan Pablo II efectúa un acto más-que-simbólico: recupera para la Fe (paréntesis herético o agnóstico que no se atreve a decir: para su Fe) la visibilidad y la arrogancia desplazadas por un aparato político que se creó y se fortaleció gracias a la decisión de no compartir sino, en el mejor de los casos, conceder (¿Hay separación de Iglesia y Estado después de la muerte?) Pero aún las mejores tradiciones suelen flaquear y Nuestra Madurez ya hizo posible este reencuentro de las masas con la Iglesia cómo poder terreno y a Nuestra Madurez (típico elogio pírrico) le hubiese tocado aceptar lo que nunca vino: bienes ultraterrenos en la índole del reconocimiento a su habilidad política o la gratitud ante su amplitud de criterio
Aprovechando el viaje (para usar una expresión polisémica), proliferan mantas de consignas politizaditas: “Cristianismo sí, socialismo no” “El marxismo es infame” Otras son meramente reverentes: “El Papa, Rey de México”, “Padre Santo, cuida a México”, “Viva el Vicario de Cristo”, ¿No que se habían ido? Aquí están, minoritarios pero recalcitrantes, guarecidos cabe su Santa Mano, los mochos, los fanáticos, los abanderados del México Tradicional: estudiantes y azorados ante la decadencia de la moral y padres de familia que velan por la salud espiritual del mundo y antimarxistas pálidos por el celo y movimientos familiares aterrados ante la disolución de las costumbres El México Católico retorna a luchar en la plaza pública contra Lucifer, un Lucifer tan anémico y desmovilizado que el Propio Partido Comunista Mexicano pide relaciones con el Vaticano y su secretario general en Jalisco declara: “La mitad de los miembros del partido son creyentes” Y como creyentes —es preciso suponerle coherencia a un comunista especialmente si es católico— combatirán el aborto, repudiarán el divorcio, desdeñarán el materialismo ateo, declararán un fraude la teología de la liberación y faltarán a sus reuniones de célula si así lo exige la sagrada unidad del hogar
¡La bendición, Santo Padre!!
Apoyado en la devoción e la fuerza pública, el Papa entra a la Catedral y la multitud, en su seguimiento, rompe las vallas Bendito el que viene en el nombre del Señor Para uno, no católico, formado en la ortodoxia liberal, consciente de la excomunión del Padre Hidalgo y los significados perennes de Monseñor Haro y Tamariz, es difícil enterarse de si se halla ante el resplandor actuado de la fe o ante a curiosidad por el gran espectáculo ¡Cristo, ten piedad de nosotros! y algunos se arrodillan y otros rezan seguros de que los sigue la Cámara de la Historia porque ahora son memorables el más breve rezo o la sensación del rosario entre los dedos Colmado de ornamentos dorados, el Papa se dirige al Altar Mayor y las 208 voces del coro monumental entonan “Tu es Petrus” y el Papa prodiga sus bendiciones, asciende con precisa lentitud la escalinata y besa el altar Lo siguen el cardenal José Salazar López, arzobispo de Guadalajara y el arzobispo de México Ernesto Corripio Ahumada
La Grey Las Ovejas El Redil El Cayado de San Pedro Toda la imaginería pastoril depende ya para su continuidad de un estado clerical de curas, diáconos, monjes, teólogos y hermanos laicos El reino de los Cielos atraviesa por burocracias de crecimiento geométrico y multitudes pacientes y peregrinos apiñados a lo largo de avenidas y carreteras y como relámpago, que sale del Oriente, el Reino de los Cielos desciende a este mundo bajo la forma de una religiosidad que sólo aguardaba para su florecimiento absoluto a la información episcopal que declara cálidas (auxiliadoras) las bendiciones por televisión
El Pontífice en la silla episcopal Lo saluda el cardenal Miguel Darío Miranda, exarzobispo Primado de México Abrazos y besos en las mejillas Aplausos Los cuatro mil afortunados dentro de la Catedral atienden en vivo las diversas majestuosidades complementarias del Altar del Perdón y el Altar de los Reyes y el Altar Mayor, y observan a los canónigos ofrecerle a Su Santidad el crucifijo y el agua bendita, y contemplan la calidez cromática de turiferarios, ceroferarios y diáconos Son unos cuantos, pero hacen falta para que, en el hogar, culminen las sensaciones placenteras de quienes atienden a la transmisión de la Primera Misa del Papa en México La televisión es, de acuerdo al consenso, una virtud de la época, tan intensa como la más activa presencia en el Lugar de los Hechos, porque no depende de contingencias, de policías o granaderos hostiles, de miopías o bajas estaturas, de aglomeraciones o naturalezas frágiles y desmayables La televisión unifica y compensa con persistencia y ubicuidad: antes hubiesen sido cristeros hoy son cristelevidentes o algo así, igualmente hipnótico, porque incluso en las vallas se añora la tele y todos se improvisan como locutores y frente al aparato la Gran Familia Mexicana modula sus estados de ánimo Unos se descargan de sus culpas y otros se incorporan con la celeridad debida al México Católico que no tiene por qué pedirle permiso a nadie para serlo y casi todos coinciden en el calor humano del Sumo Pontífice
Al Cardenal Salazar, presidente de la Conferencia Episcopal Mexicana, le corresponde la bienvenida: “éste es un día que corona nuestra historia, un día esperado y pedido al cielo y que hoy, la providencia del Señor ha hecho realidad” Y el Papa dice: “Hermanos, hermanos, conozcamos nuestros pecados” y el coro prorrumpe en el Aleluya y la ofensiva verbal se sigue anteponiendo a las emociones, forjándolas y determinándolas: éste es el paroxismo, el clamor crece, los murmullos y los cantos religiosos de la multitud son como coros de ángeles, los apacibles curas y las sedentarias monjas se han vuelto un torbellino, los enfermos incurables se agolpan, las madres levantan a sus niños para que lo graben todo en su memoria Este día corona nuestra historia de Acamapichtli a Fidel Velázquez
“No hay, dice el Papa, una nueva Iglesia diversa y opuesta a la vieja Iglesia” No la hay por lo menos en Catedral, o así lo sentirán y vivirán, reverentes ante la Roca de la Eternidad, los 15 a 20 elegidos por Dios (y por su trayectoria impecable) para la suprema hora de recibir la hostia de manos del Papa A ellos, a los Elegidos, uno los puede describir sin conocerlos porque siempre los ha reconocido: son columnas de la sociedad, solemnes y ponderados, muy probablemente banqueros o abogados o industriales, gente para la cual parecieron y fueron criadas expresiones como “hombre de pro”, “buenas costumbres”, “decencia”, “conducta intachable” Son los primeros beneficiados con la visita y contarán entre los primeros en proclamar —y en traducir políticamente— esta Conquista del Zócalo, esta toma pacífica (que los medios llamarán “enloquecida”) del Centro de la República, marcha triunfal que se extenderá hacia la Basílica de Guadalupe y Puebla y Guadalajara y Oaxaca y Monterrey El rostro de estos seres excepcionales se torna aún más grave, de seguro verifican la lista de sus pecados y borran los nimios y esperan la remisión de los de más alto nivel, y se preparan a verter en la siguiente reunión familiar la índole de sus sensaciones: “Mira, fue el momento más feliz de mi vida” De una vida por lo demás, naturalmente feliz, porque la visita del Papa le reafirmó a ese sector de la sociedad un dato inapelable: sus privilegios son sus deberes y su riqueza es el clero antecedente del bienestar general y la armonía debe reinar en el corazón de empresarios y obreros y la Virgen de Guadalupe nos librará de la guerra y de la subversión y el sacerdote no es un líder político y no es justo ni cristiano negar pan al que no tiene Ellos, desde la serenidad de sus rostros y sus conciencias, se preparan a oír en los días sucesivos conmovedores sermones donde esplenda y gire la dignidad del hombre Mientras, se reconcentran en su humildad