RECTIFICACIONES A OCTAVIO A HERNANDEZ
Señor director:
Acogiéndome a lo que dispone la Ley de Imprenta al respecto, solicito de usted que tenga a bien publicar la presente carta en la sección destinada a correspondencia de los lectores Una vez más —y será la última— debo referirme al señor Octavio A Hernández y, concretamente, a la entrevista que le hizo su reportero Elías Chávez y a la carta en que pretendió rectificarla que yo me permití dirigir a usted con anterioridad
Respecto de la entrevista citada conviene rectificar las siguientes falsedades en que incurre el señor Hernández y que son ostensibles:
1- El señor Hernández no aceleró la caída de nadie y menos la del Rector de la Universidad Autónoma de México que concluyó su período ordinario en mayo de 1970 y entregó la Rectoría a su sucesor Lic Pablo González Casanova El Ing Barros Sierra, que ya se encontraba seriamente enfermo, se negó terminantemente a aceptar una reelección que la Junta de Gobierno le ofreció en forma unánime, a pesar de las presiones del tlatoani en turno
2- No encuentro una excesiva virilidad en el hecho de ponerse servilmente a la disposición del poderoso ni creo que ello constituya un acto heroico de ningún género En cambio, es una clara traición el hecho de que un universitario aplauda la ocupación militar de la casa de estudios de la que egresó, atentado que a criterio del peor de los analfabetas, carece de todo barniz jurídico La felicitación que el señor Díaz Ordaz hizo al señor Hernández solamente merece un comentario en latín: “similia similibus curantur”
3- Tratando de demostrar que fue un ente autónomo, el señor Hernández dice que conversó con el “Jefe del Control Político” (sic) esto es, el pastor encargado de amordazar al rebaño, sobre la conveniencia de que la Cámara de Diputados se convirtiera en pararrayos para desviar la tempestad que, por méritos propios, se cernía sobre la cabeza del Presidente de la República En ninguna disposición de las que integran nuestra sufrida Constitución Política, encuentro norma alguna que convierta a la Cámara de Diputados o al Congreso de la Unión en “sparring partner” del Poder Ejecutivo y ni siquiera en pararrayos de las tempestades que éste desata por sus torpezas y errores, por no decir con sus crímenes y atropello Aunque soy un modesto maestro normalista, creo que la función de las Cámaras es mucho más elevada y que en cierta manera deben ser vigilantes y no cómplices ni encubridores de las actividades del Ejecutivo ¡Y pensar que el señor Hernández es o ha sido Profesor de Derecho Constitucional! Por eso estamos como estamos
4- Se ha hablado de la Tricontinental de La Habana, de la desestabilización, de la CIA y de otros factores externos Sin embargo hasta hoy no se ha presentado al público la menor prueba de que el conflicto de 1968 hubiere obedecido, como lo señaló con toda valentía y con plena atingencia el señor Lic Daniel Cosío Villegas, a otra cosa que a la vesania presidencial y a la falta de tacto del gobierno del señor Díaz Ordaz Es muy cómodo culpar al comunismo internacional de todos nuestros males inveterados y aunque no soy rojillo ni rojete como lo juzga el señor Hernández, si pienso que la mayor parte de nuestros infortunios deriva del envejecimiento de antiguos clisés que se ha pretendido perpetrar en agravio del pueblo mexicano Por otra parte, la burda táctica de llamar “comunistas” a quienes no piensan como nosotros, dista varios kilómetros de ser original y novedosa ya que fue inventada en nuestro país nada menos que por el ilustre Gral Leonardo Márquez, más conocido como el “Tigre de Tacubaya”, en un célebre manifiesto del año de 1859 en que llamó precisamente comunistas a don Benito Juárez Por último
5- El señor Hernández, si tuviera que vivir de su ingenio y de su gracia, sin duda moriría de inedia Nada tiene de gracioso alterar sustantivo para denostar a los adversarios, como lo hace cuando juega con las apalabras “rojete” y “reojete” y cuando llama “mierdecio” a una persona absolutamente respetable que no ha cometido otro delito que el de estar en desacuerdo con el señor Hernández No tengo el deber molestarme con contestar esa clase de ataques, tipo pulquería, que denotan escasez de argumentos y de ingenio aunque bien pudiera llamar al señor Hernández sin apartarme de la realidad, “Millán Astray en edición rústica” o “Quasimodo en versión criolla”
Creo que lo anterior basta y solamente me resta expresar mi mejor deseo para que el ilustre personaje que me ocupa regrese al olvido del osario político del que no hay poder humano que pueda sacarlo, a pesar de que vivimos en un país en que las resurrecciones no son ya milagrosas
Agradezco de antemano su gentileza, señor Director, y me reitero su seguro servidor
Profr J Refugio López A








