Karol Wojtyla, hoy Papa

Karol Wojtyla, hoy Papa
Jesús, de parte de los pobres
“Hay ciertamente, en los hombres de hoy, una forma de contradicción que se puede ilustrar con la parábola del rico Epulón y del pobre Lázaro Jesús se pone de la parte de Lázaro Su Reino, en este mundo, se realiza según el programa de las bienaventuranzas”
Ningún texto del Papa actual, Juan Pablo II, es más importante que su visión del mundo Este texto del Papa es prácticamente desconocido En español no se conoce Algo muy significativo de este texto es que se trata de una conferencia del cardenal Karol Wojtyla, a finales de 1975, ante el Papa Paulo VI y ante el personal de la curia romana, en el Vaticano El texto fue publicado, en 1976, por la Universidad Católica de Milán, en la colección Vita e Pensiero Hoy, esa conferencia cobra especial trascendencia, porque revela la concepción que el Papa tiene de la situación mundial y del estado de la humanidad Concepción que influirá, ciertamente, en su política como Sumo Pontífice y en su programa de gobierno
Por las noticias que han llegado, por los informes que se van dando, se han podido reconstruir, al menos en parte, la imagen del nuevo Papa, como hombre Frío, reflexivo, humilde, inteligente, bien preparado intelectual y humanamente, respetuoso, enemigo de toda agresión, hombre de diálogo, buscador de la paz, defensor de los pobres y de los derechos de la persona humana, filósofo, moralista, obrero, profesor, investigador, autor de varios libros —entre ellos, Amor y Responsabilidad, ya editado en español por la editorial Razón y Fe, que es un tratado de moral sexual—, pobre, luchador, hombre que vivió toda su vida eclesiástica en un país socialista, miembro de la resistencia polonesa durante la guerra, brillante durante el Concilio, promotor del ejercicio de la autoridad colegial en la Iglesia Estos son los rasgos principales que de él se han dicho y publicado En resumen, un intelectual, distante y reflexivo, que conoce la vida y la realidad de los pobres y que comparte su visión del mundo, que conoce la guerra y sus frutos, que conoce la vida y la realidad de los países socialistas, que no será absorbible por la Curia romana
Pero, si se conocen sus rasgos personales, no se conoce lo que piensa del mundo, ni su visión de la actual coyuntura de la humanidad, ni el análisis que hace del momento histórico en que le ha tocado vivir y en que le corresponde gobernar a la Iglesia Esta visión es la que aquí presenta Proceso:
Cuando el viejo Simeón se inclinó sobre el Niño Jesús y descubrió en él la luz divina (Lucas 2,32) y el signo de contradicción (Lucas 2,32), nos dio una manera o un ángulo muy interesante para contemplar a Cristo Aquel signo de contradicción pertenece al depósito de la Verdad Esto fue un componente fundamental de la vida de los profetas (Mateo, 23, 24) Para algunos, como el profeta Jeremías, no fue fácil aceptar su misión Buscaban, inclusive, excusas para no aceptarla (Jer 20, 7 11)
Y así, Jesús de Nazaret, como todos los que dan testimonio de la verdad, llega a ser un signo de contradicción para aquellos a los que es enviado Los signos que hacía, los milagros, como la multiplicación de los panes, las curaciones, la resurrección de los muertos no pudieron vencer la oposición de aquella contradicción fundamental que, humanamente hablando, resultó más fuerte que Cristo mismo Jesús selló con la propia sangre su testimonio, y esta es la herencia que ha dejado a la Iglesia La herencia muy difícil y muy comprometedora
En su modo de llevarla adelante, inevitablemente, toda la Iglesia y el Sumo Pontífice de un modo muy particular, llegan a ser muchas veces signo de contradicción Esta es también, por decirlo así, la verificación de la misión de Cristo, que continúa o que sigue siendo un signo de contradicción
En los últimos años, esta contradicción ha crecido decisivamente Ya sea en una forma organizada, según el programa del antievangelio, ya sea en la forma que proviene de ambientes aparentemente cristianos, o humanísticos unidos a ciertas tradiciones cristianas Basta recordar la respuesta a la encíclica Humanae Vitae o también la oposición frontal a la última declaración sobre la persona humana de la Sagrada Congregación para la Doctrina
La dignidad del hombre, la dignidad de la persona humana debe ser defendida; pero la defensa que hagamos no debe consistir en el uso desenfrenado de la propia libertad, de una libertad al servicio del placer, no limitada por nada Esta es la libertad que buscan algunos protagonistas, por ejemplo, de la campaña en favor del aborto
Todo esto toca a la verdad de la fe y de la vida moral, todo aquello que constituye el fundamento de la dignidad humana, verdadera o falsa, concebida en el sentido justo o injusto
La dignidad del hombre puede ser salvada sólo a condición de un uso justo y responsable de la libertad humana, que se expresa aun en las decisiones que se refieren a toda la vida como en el matrimonio y el sacerdocio Y es deber de la iglesia, y es deber de la Santa Sede y de todos los pastores luchar en favor del hombre
Así luchaba Cristo y continúa luchando a través de los tiempos, en lo profundo de los corazones y de la conciencia humana Y, por tanto, el misterio de cada hombre está dentro de Cristo Es Cristo la medida profunda, la última y la más simple de la medida del hombre Todos nosotros somos siervos de aquel misterio Misterio de Cristo, gran profeta Todavía por poco tiempo la Luz está con vosotros, caminad mientras tenéis la luz a fin de que no os sorprendan las tinieblas (Juan 12, 35) Por consiguiente, si tu ojo está enfermo, toda tu persona estará en las tinieblas (Mr 6, 22-23)
Han pasado casi dos mil años y estas palabras, Lucas 2, 34, pronunciadas entonces, permaneces aún y siempre actuales Se hace siempre más evidente que son precisamente estas palabras las que resuenan de un modo particularmente feliz, en toda la vida de Cristo, en relación con su misión y con la misión de la Iglesia: signo de contradicción Hemos tratado de comprender lo que esto significa hasta un cierto punto El sentido de esta contradicción debe ser penetrado todavía más profundamente Este ha sido el hilo conductor de estas meditaciones sobre la grande obra de dios y sobre el misterio del hombre (Gaudium et Spes Nos 10, 22)
Los tiempos en los cuales vivimos se configuran por una particular fuerza, en la verdad contenida en las palabras de Simón Jesús es la luz que ilumina a los hombres y, al mismo tiempo, signo de contradicción Y si ahora, a las puertas de los últimos 25 años del segundo milenio después de Cristo, después del Concilio Vaticano II y de frente a las terribles experiencias por las cuales ha pasado y está pasando la gran familia humana, Jesucristo se revela de nuevo a los hombres como luz del mundo, ¿no ha llegado a ser también él, durante este tiempo, aquel signo de contradicción al que se oponen más que nunca los hombres?
Pensemos en todo lo que el mundo contemporáneo vive y en todo lo que de seguro atormenta, de este modo, particularmente el ánimo del sucesor de Pedro, al cual el Señor ha confiado las llaves del Reino celestial (Mt 16, 19; Mt 18, 16)
Nuestra tierra parece ser hoy más pequeña y parece que se han reducido las distancias (Gaudium et Spes No 5) entre los continentes Aun la luna, satélite de la tierra, ja sido tocada por el pie humano Y en este recíproco acercamiento, gracias a los medio s de transporte y de comunicación, se ve mejor, a través de él, lo que significa la oposición a Cristo Jesús, a su evangelio, a su Iglesia Es difícil recoger, componer y comparar todas las formas a través de las cuales se confirma la profecía de Simeón Pero tratemos de evidenciar, al menos, algunas
Hay ciertamente, en los hombres de hoy, una forma de contradicción que se puede ilustrar con la parábola del rico Epulón y del pobre Lázaro Jesús se pone de la parte de Lázaro Su Reino, en este mundo, se realiza según el programa de las bienaventuranzas Y se sabe que los bienaventurados son también los misericordiosos La gran pobreza de los pueblos, aquella, en primer lugar, de todos los pueblos del Tercer Mundo, el hambre, la explotación económica, el colonialismo, que está presente no sólo en el Tercer Mundo, todo esto tiene también el significado de una oposición a Cristo de parte de los poderosos, independientemente de los regímenes o de las tradiciones culturales
Esta forma de contradicción a Cristo no va paralela a la aceptación parcial de las religiones, del cristianismo y de la Iglesia, con una aceptación de Cristo como elemento de cultura, de moralidad o aun de educación El Epulón del evangelio invocaba a Abraham y se volvía a él como a un padre Hay seguramente, en este mundo, una gran carga de fe, un considerable margen de libertad para la misión de la Iglesia Sin embargo, se trata con frecuencia solamente de un margen
Basta observar las principales tendencia que dominan los medios de comunicación social, basta prestar atención a lo que se pasa en silencio o aquello de lo que se habla en voz alta, basta fijarse en aquello a lo que más se oponen esos medios de comunicación, para ver que, aun ahí donde se acepta a Cristo, al mismo tiempo hay oposición a Cristo por lo que se refiere a la verdad plena y total de su persona, de su misión, del mismo Evangelio Se desearía “modelarlo”, adaptar a Cristo a la medida propia de las dimensiones del hombre, de la era del progreso y del programa de la civilización moderna, que es un programa de consumismo y no de fines trascendentales
Hay oposición a Cristo y esa oposición no soporta la verdad que se proclama y se recuerda en su nombre (cfr Actos 4, 10, 12-18) Esta oposición a Cristo que, al mismo tiempo, quiere presentarlo a Cristo a la medida del hombre, proviene aun de aquellos que se llaman sus discípulos y es un síntoma particular de los tiempos que vivimos
Esta no es, sin embargo, la única forma de contradicción a Cristo Al lado de está que, por lo demás, presenta muchas variantes y matices y que puede ser llamada contradicción indirecta, se encuentra otra, salida probablemente de la misma base histórica y, prácticamente, de esa misma base Es una forma de oposición directa a Cristo, un rechazo abierto del Evangelio, una negación de la verdad sobre dios, sobre el hombre y sobre el mundo que el Evangelio proclama Esta negación toma algunas veces carácter de brutalidad Se sabe que existen todavía países en los cuales se cierran las puertas a la Iglesia y a toda confesión, los cuales, por la administración del bautismo, el sacerdote es condenado a muerte Tal vez, en estas tierras de persecución, existen aún rasgos de las antiguas catacumbas cristianas y de los circos, en los cuales los testigos de Cristo eran arrojados para ser destrozados por las fieras
Sin embargo, la persecución contemporánea, la típica de los últimos años del siglo XX, tiene un contexto completamente diverso del antiguo y, por consiguiente, un significado completamente diferente Vivimos en una época en que todo el mundo proclama la libertad de conciencia y la libertad religiosa; en una época en que la lucha contra la religión —definida como opio del pueblo— se ejercita de manera de no crear, en cuanto sea posible, nuevos mártires Así, el programa de la época de las persecuciones hace aparecer que no hay persecución en absoluto Las persecuciones no existen y se dice que hay una completa libertad religiosa Además, todo este programa ha sabido dejar, en muchos, la impresión de estar de parte de Lázaro contra el rico y, por consiguiente, de la misma parte en que se puso Cristo, no obstante que está más que nada, contra Cristo
¿Podemos decir, de verdad, que se está sobre todo contra Cristo? Quisiéramos poder afirmar lo contrario Sin embargo, los hechos muestran claramente que la lucha religiosa existe y que todavía esta lucha constituye un intocable enigma del programa Parece que el med más necesario para la realización de este Paraíso sobre la tierra se encuentra en privar al hombre de la fuerza que encuentra en Cristo (cfr, Rom 1, 16; 1 Cor, 1, 18; 2 Cor 13, 13; Fil 4, 16) Esta fuerza ha estado definitivamente condenada como algo indigno del hombre, indigno, pero también incómodo El hombre fuerte en la fuerza que le da la fe, no permite fácilmente ser arrojado al anonimato colectivo (2 Cor 12, 9)
Hemos entrado ya, con el fin del Año Santo 1975, en los últimos 25 años del segundo milenio después de Cristo Nuevo adviento de la Iglesia y de la Humanidad, tiempo de espera y, al mismo tiempo, de una decisiva tentación, de laguna manera siempre la misma, la que ha sido descrita en el tercer capítulo del Génesis, pero en un sentido mucho más radical Tiempo de gran prueba, pero también de gran esperanza Precisamente por esto se nos ha dado este signo Cristo, signo de contradicción (Lc 2, 34), y la mujer vestida de Sol, signo grande en el cielo (Apoc 2, 1)