LONDRES, 15 de octubre (apro).- El exprimer ministro británico Tony Blair, criticado por haber sido responsable, junto con el entonces presidente de Estados Unidos, George W. Bush, de lanzar la sangrienta invasión militar a Irak en 2003, reivindicó su decisión en ese conflicto bélico.
Dijo que invadiría a Irán, acusó a su sucesor en el gobierno, Gordon Brown, de tener “cero” inteligencia emocional, y afirmó que la princesa Diana de Gales fue “una manipuladora” como él.
Las “revelaciones” fueron hechas por Blair en sus publicitadas memorias A Journey (Un Viaje, Ed. Hutchinson, 624 páginas), que después de haber sido lanzadas el pasado 1 de septiembre en Gran Bretaña, se convirtieron de inmediato en un éxito de ventas al estilo de “Harry Potter” o “El Código Da Vinci”.
En el libro autobiográfico, el expremier y actual enviado especial a Oriente Medio del Cuarteto (Rusia, Estados Unidos, la Unión Europea y la ONU), afirmó que Brown fue “una fuente inmensa de fuerzas”, aunque aclaró que el Partido Laborista perdió las elecciones generales del 5 de mayo pasado debido a que abandonó el plan de reformas que, según él, le permitió a la agrupación ganar tres elecciones generales sucesivas, en 1997, 2001 y 2005.
“Aumentar los impuestos es algo que nunca hubiera hecho. En los ojos de los electores, el partido regresó a sus viejas épocas del viejo Laborismo, y por ello fue castigado en las urnas”, agregó.
Esta es la primera vez que Blair, de 57 años, revela detalles privados de su relación personal con Brown cuando fue primer ministro y Gordon era jefe del Tesoro. En sus memorias, el expremier afirmó que pensó en despedir a Brown, pero se arrepintió porque temió que éste liderara una rebelión con el ala izquierdista del Laborismo.
Blair calificó a Brown como “un hombre extraño y enloquecedor”, y agregó que su mandato como primer ministro “nunca iba a funcionar”. “Tenía cálculo político, pero no sentimientos políticos. Inteligencia analítica, absolutamente. Inteligencia emocional, cero”, continuó.
Dijo que Brown es un hombre con “mucho poder” en las bases laboristas y en los medios, posición que le impidió al exprimer ministro despedir a su Chancellor del Tesoro. “¿Era él una persona difícil, y hasta por momentos enloquecedora? Sí. Pero también era fuerte, capaz y brillante, y esas eran cualidades por las cuales nunca perdí respeto”, escribió el exjefe del Gobierno.
“Cuando me dicen que debería haberlo despedido o retirado de su cargo, eso no tiene en cuenta el hecho de que si lo hubiera hecho, el partido y el gobierno hubieran quedado de inmediato severamente desestabilizados, y su ascenso a la oficina del Primer Ministro probablemente se hubiera acelerado”, agregó Blair sobre su tensa relación con Brown, quien lo sucedió en el poder en julio de 2007. También admitió que su vínculo con Brown fue “francamente duro, bordeando en imposible”.
El “dolor” de la guerra
En la autobiografía, que se vende en Gran Bretaña en 12,5 libras esterlinas (unos 20 dólares), Blair también habla sobre el “dolor” que sintió durante la guerra de Irak, aunque dice que no se arrepiente de la invasión militar de 2003 a ese país árabe.
Reitera que haber dejado en el poder al presidente Saddam Hussein hubiera sido “más riesgoso” en términos de seguridad que derrocarlo.
Sostiene que en ningún momento anticipó “el papel que jugarían Al-Qaeda o Irán” a la hora de planear la posguerra; que vio violentos enfrentamientos, atentados con bomba y masacres con miles de muertos civiles, incluso mucho después del derrocamiento de Saddam.
Además, dice sentir “un dolor intenso” que surgió “de un sentido de tristeza más allá de la compasión. Aunque hubo lágrimas, éstas no fueron suficientes. Me sentí terriblemente triste por ellos (por los iraquíes). Me dio lástima que sus vidas terminaran tan pronto, por las familias cuyos seres queridos murieron, por la injusta selección que las pérdidas fueran de ellos”, escribió Blair a modo de disculpa por la guerra, que terminó con un saldo de al menos 100 mil civiles muertos y más de 4.700 soldados fallecidos y cientos de miles de heridos.
El exprimer ministro británico se refiere en su libro a Irán al indicar que “es totalmente inaceptable” que ese país “tenga armas militares”, y subraya estar a favor de una acción militar contra Teherán como la de Irak, para disuadir al país de adquirir la bomba nuclear.
En un plano personal, afirma que beber mucho alcohol le sirvió para relajarse durante su mandato de gobierno, que duró de 1997 a 2007, aunque aclara que ese vicio “no fue excesivo. Whisky o Gin Tónic antes de la cena, varios vasos de vino o, incluso, la mitad de una botella. Tenía un límite. Pero me daba cuenta que se estaba volviendo una adicción-, escribió Blair.
“Pensé que escapar la presión y relajarme era parte vital de mantener mi trabajo en perspectiva, una función como si fueran vacaciones”, señala. Aunque admite estar “siempre en control” por el consumo de bebidas alcohólicas, también dice que se trata “de una droga, y muchas veces uno no puede escapar del ciclo adictivo”.
El libro, que el exmandatario tardó tres años en escribir, se enfoca principalmente en los años en que el político laborista pasó al frente del gobierno británico en Downing Street.
Fue publicado el mismo día que el Partido Laborista dio por iniciada la contienda electoral interna para elegir a un nuevo jefe, tras la salida en mayo pasado de Brown, al perder las elecciones generales. Otro aspecto de su autobiografía fueron las menciones a la realeza británica.
En ese sentido, afirma que la princesa Diana de Gales fue “una manipuladora” como él, además de ser una mujer cautivante y exageradamente emotiva. “Realmente me agradaba y, por supuesto, me tragaba todo aquello de la princesa hermosa como cualquier otra persona, pero también tenía mis sospechas”, dice y admite que dudaba de las “emociones salvajes” de Lady Di, a quien califica como “una mentora impredecible”.
También relata un encuentro con Diana un mes antes del accidente automovilístico de septiembre de 1997 en París, en el que la princesa murió junto con su pareja, el multimillonario egipcio Dodi Fayed. “Por todo lo que sé, él era un hombre agradable y un buen hijo, pero si se me pregunta al respecto, bueno, que diga lo que estaba mal, no podría explicarlo, pero diría que sentía un cierto malestar, y sabía de amigos cercanos de ella, personas que realmente la querían, que sentían lo mismo”, afirma.
Respecto de la personalidad de Diana, Blair dice que ambos tenían cosas en común. “Éramos los dos, a nuestra manera, manipuladores”.
También dice que, tras la muerte de la princesa, convenció a la reina Isabel II para que hablara públicamente sobre el hecho.
“Me preocupaba que me considerara presuntuoso. Ella fue un poco arrogante”, admite Blair, quien recibió 7,5 millones de dólares como adelanto por sus memorias.
Otro de los temas que tocó en el libro fue su conversión al catolicismo poco después de abandonar el gobierno, y admite que incluso cuando estaba en Downing Street “era un católico en secreto”.
“Soy un fanático del catolicismo”, subraya.
Récord de ventas
Lo cierto es que la obra logró ser un récord de ventas en su primer día de lanzamiento, con resultados “estupendos” y “sin precedentes”, según informó la librería inglesa Waterstones, al indicar que las memorias de Blair se convirtieron en la obra autobiográfica que más vendió en la historia de la librería, subiendo a la lista de los más vendidos en la empresa de Internet Amazon.
El libro vendió más ejemplares en su primer día de lanzamiento que autobiografías de celebridades como el futbolista David Beckham; el político y lord Peter Mandelson, y el comediante inglés Russell Brand.
En Estados Unidos, “A Journey” subió al 12 lugar en la lista de libros más vendidos, mientras que en Canadá ocupó el noveno sitio.
Sin embargo, la obra no logró contar con entusiastas en Europa, donde en Francia sólo obtuvo el puesto 366 en la lista de libros más vendidos, y en Alemania, cayó al lugar 529. “Nunca vimos que un libro se vendiera tan rápido en un día. Fue por mucho margen el libro más vendido ayer en Waterstones”, afirmó una fuente de la librería en Londres a la radio 4 de la BBC.
De todos modos y a pesar del éxito de ventas, Blair se vio obligado a cancelar la presentación en Londres de la autobiografía, para evitarle “muchos problemas” a la policía británica, luego de que el sábado 4 de septiembre fue blanco, en Dublín, de ataques con zapatos, botellas y huevos por parte de activistas contra la guerra.
Blair tenía previsto autografiar el miércoles 8 de este mes sus memorias en la librería de Waterstones en Picadilly, en el centro de la capital británica, pero desistió de hacerlo tras amenazas de interrupciones y boicot por parte de manifestantes y grupos pacifistas.
También canceló otro evento relacionado con la publicidad del libro, al ser amenazado con desmanes por parte de manifestantes anteguerra.
Blair iba a asistir en la noche del 8 de septiembre a una fiesta de gala en la Tate Modern de Londres, para celebrar el lanzamiento de sus memorias, pero suspendió su asistencia, luego de que un centenar de manifestantes contra la guerra, pacifistas y defensores de los derechos humanos amenazaron con llevar a cabo una masiva protesta fuera del museo. Para los activistas, se trataba de una fiesta “para el criminal de las guerras de Irak y Afganistán”.
Kat Phillips, una de las artistas que organizaba la protesta, afirmó a la BBC que es “asqueroso” que una institución tan importante para la cultura británica permita utilizar sus salas para el festejo. “Blair dice que toma responsabilidad por destruir Irak, pero lo cierto es que no hace más que celebrar la guerra”, destacó.
Por su parte, Lindsey German, del grupo “Stop the War Coalition”, declaró a la corporación de noticias que el evento de esa noche “es una mancha en la reputación de la Tate Modern por celebrar a un criminal de guerra”.
A pesar de la polémica por sus memorias, Blair recibió, el pasado 13 de septiembre, una medalla estadunidense y un cheque por 100 mil dólares por su trabajo como enviado del Cuarteto en la resolución de conflictos.
El Centro de Constitución Nacional de Estados Unidos entregó la Medalla de la Libertad a Blair por sus esfuerzos “vigorosos” en los conflictos de Irlanda del Norte y Oriente Medio. En el pasado, dicho galardón fue entregado al expresidente sudafricano Nelson Mandela y a los exmandatarios estadunidenses Bill Clinton y George Bush.
Tras recibir la medalla, Blair, quien a partir de este año aumentó su porfolio inmobiliario en más de 30 millones de dólares, con una fortuna personal que supera ahora los 100 millones de dólares, dijo que su tarea es motivada por valores de “libertad y justicia”.
Desde que abandonó su puesto al frente del gobierno británico, el exmandatario amasó una enorme fortuna, principalmente a partir de seminarios, conferencias internacionales y como asesor de compañías privadas, bancos y gobiernos extranjeros, dando cátedra sobre política en materia exterior y resolución de conflictos.
Resulta paradójico que en ese contexto se publique su polémica autobiografía, en la que ha dejado en claro sus políticas belicistas, su fanatismo religioso y revanchismo político.
Mr
–fin de nota–








