División belga

Desde hace más de seis meses, Bélgica vive una crisis política: sus partidos no logran ponerse de acuerdo para formar un gobierno federal definitivo, luego de las elecciones de junio pasado Esta situación refleja un problema más profundo: la división y el enfrentamiento entre las dos principales regiones de este país, Valonia y Flandes, cada una con lengua, cultura, economía y proyectos de nación distintos De hecho, los líderes políticos y principales empresarios flamencos piden la independencia de su región
BRUSELAS- Paradoja de la integración en el Viejo Continente: Bélgica, país que acoge a las instituciones de la Unión Europea (UE), corre el riesgo de fragmentarse
Los intentos fallidos en los últimos seis meses para formar un nuevo gobierno son reflejo de la crítica situación que atraviesa este país
El miércoles 19, el primer ministro saliente, el liberal flamenco Guy Verhofstadt, logró reunir un “gobierno interino” que tendrá vigencia hasta el 23 de marzo próximo Ese día Yves Leterme, líder del Partido Demócrata Cristiano de Flandes (CD&V), la mayor fuerza política de Bélgica, intentará por tercera ocasión pactar una coalición que gobierne al país
Después de décadas de sucesivas reformas, las dos principales regiones de Bélgica, Flandes y Valonia, que en 1830 se separaron de Holanda, se encuentran divididas Así, flamencos, cuya lengua es el holandés, y valones, que hablan francés, defienden diferentes proyectos de nación
El resultado: 63% de los flamencos piensa que el destino de su país es la escisión, indica una encuesta del periódico Het Laatste Nieuws del pasado 5 de noviembre Entre los valones esa cifra es de 43%, de acuerdo con los resultados de un sondeo del 8 del mismo mes publicados en el diario francés Le Monde
El partido CD&V venció en las elecciones legislativas del pasado 10 de junio Su líder, el ministro presidente de Flandes, Yves Leterme, se vio obligado a negociar con los demás partidos la formación del gobierno federal, que él encabezaría como primer ministro
De padre valón y madre flamenca, Leterme no goza de buena reputación entre los francófonos La prensa de esta comunidad lo tacha de político “arrogante”, “falto de carisma”, “demasiado flamenco” y “provocador” Por ejemplo, en una entrevista con el periódico francés Libération, que apareció el 18 de agosto de 2006, Leterme consideró a los belgas francófonos como ciudadanos “no aptos intelectualmente para aprender el holandés”, y afirmó que lo único que une a los belgas “son el rey, la selección de futbol y algunas cervezas”
El pasado 21 de julio, día de la independencia nacional, cuando un reportero francófono le solicitó cantar el himno belga, entonó La Marsellesa Luego, el 8 de diciembre, en entrevistas publicadas por los diarios flamencos Het Belang van Limburg y Gazet van Antwerpen, comparó a la cadena de radio y televisión regional francófona, Radio-Télévision Belge Francophone (RTBF) con Radio Mille Hollines, que en Ruanda incitó al genocidio de hutus en 1993 y 1994
El pasado 23 de agosto, Leterme renunció a su misión de formar un nuevo gobierno El 30 de septiembre, el rey Alberto II le pidió que lo intentara de nuevo Leterme aceptó, pero se retiró por segunda ocasión el 1 de diciembre
El 7 de noviembre, los diputados flamencos habían votado en la Comisión de Interior a favor de un explosivo texto que pretendía reducir algunos derechos lingüísticos a 120 mil francófonos que viven en la periferia flamenca de Bruselas Las restricciones incluían la prohibición del francés en las escuelas públicas y en las oficinas donde se realizan trámites administrativos, así como negar el derecho a votar por partidos no flamencos Nunca una bancada aglutinada en torno a una lengua había votado en bloque en contra de otro idioma Los francófonos acusaron a los flamencos de traicionar un principio básico de la convivencia
Estos derechos lingüísticos datan de 1962, cuando Bélgica era un país centralizado Se convirtió en federal a partir de que las aspiraciones de ambas comunidades por una mayor autonomía cultural y control económico local motivaron reformas institucionales en 1970, 1980, 1988 y 1992 Esos cambios derivaron en la creación de tres comunidades lingüísticas: la flamenca, a la que pertenecen 6 millones de personas; la francófona, con 3 millones y medio, y la alemana, con 70 mil
Además, el país quedó dividido en tres regiones: Flandes al norte, Valonia al sur, y Bruselas-Capital en el centro Oficialmente esta ciudad es bilingüe, aunque 80% de su población se comunica en francés
Las reformas tuvieron un efecto: el distanciamiento Cada región y comunidad cuenta actualmente con sus propias instituciones públicas –además de las del gobierno federal con sede en Bruselas–, así como sus propios medios de comunicación, partidos políticos, sindicatos, empresas de transporte, etcétera El resultado de esta situación es que en cada elección federal se imponen los intereses regionales, cada vez más divergentes entre sí
En 2000, el primer ministro Verhofstadt emprendió una nueva reforma de Estado que, entre otras acciones, amplió el número de diputados flamencos en el Parlamento de Bruselas Los francófonos lo aceptaron sólo porque a cambio obtuvieron el financiamiento para su arruinado sistema educativo
A diferencia del pasado, a los partidos francófonos no les entusiasma otra reforma Temen que la siguiente transferencia de competencias federales incluya asuntos como la seguridad social, que Valonia no puede mantener con sus propios recursos Pero 85% de la población de Flandes opina que su región requiere mayor autonomía El partido de Leterme la prometió durante su campaña electoral
Nacionalismo regional
Hace 40 años, el movimiento nacionalista flamenco –que desde la independencia belga luchó por el reconocimiento oficial de su lengua junto con el francés– comenzó a permear las capas más altas de la sociedad
Al mismo tiempo, como ocurrió en otros países europeos, la extrema derecha belga se reorganizó de modo particularmente exitoso
El partido Vlaams Belang (Interés Flamenco, antes Vlaams Blok, Bloque Flamenco) –al que la Corte de Apelaciones de Gante condenó en abril de 2003 por “repetida incitación a la discriminación”, fallo que confirmó la Corte Suprema– obtuvo en junio pasado 207% de las preferencias en Flandes, sólo detrás del CD&V, que logró 30% En Amberes, la ciudad más grande y representativa de la región, alcanzó 335% Sorpresivamente, los socialistas lo superaron por unos cuantos votos
La derecha flamenca, que entró en crisis luego de que en 1999 perdió el poder tras décadas de dominio, comenzó a acercarse a las ideas separatistas de los radicales Desde 2004, por ejemplo, el CD&V compite unido a un pequeño partido de esa naturaleza, Nieuw-Vlaamse Alliantie, que simpatiza con el Vlaams Belang (VB)
Frank Vanhecke, el presidente de VB, describe así a su país: “El reino federal de Bélgica es, básicamente, un mecanismo de redistribución en el que los impuestos recolectados en Flandes son repartidos como subsidios en Valonia, donde los socialistas tienen su base electoral”
El separatismo flamenco apela a un razonamiento económico, según el cual Flandes, una de las regiones más ricas de Europa, necesita con urgencia realizar profundas reformas neoliberales sólo posibles en un marco de mayor libertad Esta tesis la comparte 70% de los empresarios flamencos, reveló un estudio realizado en agosto de 2006 por Unizo, una agencia de apoyo al sector privado
En noviembre de 2005 se publicó el Manifiesto por una Flandes independiente en la Europa unida, obra del “grupo de reflexión” In de Warande Este documento causó mucha expectación debido a que los 50 firmantes son reconocidos hombres de negocios –como el expresidente de Alcatel Bélgica, Chris Morel–, periodistas –como Frans Crols, editor en jefe de la revista económica Trends– y académicos flamencos El presidente del grupo es el banquero Remi Vermeiren, hasta 2003 director ejecutivo de KBC, el banco más grande de Flandes
El manifiesto, de 250 páginas llenas de cifras y estadísticas, considera a Bélgica un “país artificial”, y a lo largo de 64 páginas destaca “las fuertes diferencias” políticas, culturales y económicas que existen entre las dos regiones
Concluye que lo mejor para Flandes es independizarse, de tal modo que corte el flujo de 8 mil millones de euros anuales a Valonia –en declive económico debido a la caída de su industria minera y siderúrgica en los últimos 40 años– y de 2 mil millones más a Bruselas Esos montos los canaliza Flandes a través de fondos federales: la ley de financiamiento a las regiones y el sistema de seguridad social, que gestiona el seguro médico y el de desempleo: este último es de 12% en Valonia y de 69% en Flandes
En una línea similar se encuentra la poderosa Federación de Empresarios de Flandes (VOKA), cuyas 17 mil 500 empresas asociadas generan 60% de los empleos regionales Este organismo –cuyo director adjunto, Jan Van Doren, y otros directivos firmaron el citado manifiesto– se propone “fortalecer su posición económica en Europa”, por lo que impulsa una “transformación estratégica de Flandes” con el propósito de enfrentar “los retos de relocalización al este de Europa y de la competencia de países como China e India”
El pasado 16 de enero, Urbain Vandeurzen, presidente de dicha organización, advirtió que sus agremiados no tolerarán las transferencias de recursos a Valonia más allá de 2017 Además, puso una condición: que le ceda a Flandes el control “de la política completa de mercado”, “haciendo posibles modernos instrumentos de pago para los directivos de compañías y un mayor margen para el desarrollo de competencias a costos brutos más bajos” Actualmente, el gobierno federal controla más de 90% de la recaudación de impuestos
El 24 de diciembre de 2005, el mismo Leterme declaró al semanario flamenco Dag Allemaal, que Valonia representa “un costal de piedras” para el progreso de Flandes
Escenarios
Las instituciones de la Unión Europea y los gobiernos de Gran Bretaña, Alemania y Francia habrían acordado no intervenir en el caso de una escisión de Bélgica, de acuerdo con el diario Le Monde Ello incluso si el 54% de los franceses aprueba la integración de Valonia a Francia, según un sondeo del rotativo Journal du Dimanche
Las revistas The Bulletin y Le Vif Express publicaron los días 4 de octubre y 16 de noviembre, respectivamente, entrevistas con expertos belgas que plantearon varios escenarios sobre el futuro de este país tras una eventual declaración de independencia de Flandes, unilateral o negociada Algunos consideraron ciertos escenarios “poco probables”, como la mencionada integración de Valonia a Francia, o la de la comunidad germanófona de Bélgica a Alemania
Y es que los partidos francófonos belgas que proponen la integración con Francia obtienen entre 1% y 2% de los votos Sería una “paradoja cruel” que, “habiendo peleado por su autonomía al seno de Bélgica, la pierda en un Estado unitario”, dijo a esas revistas el prestigiado constitucionalista Hugues Dumont
Los expertos le dieron “cero probabilidad” a una integración de Valonia a Luxemburgo, alguna vez unidas, así como a la conversión de Bruselas en “distrito europeo”, una especie de Bruselas DC (en referencia a Washington) administrado por la Unión Europea
Expusieron un escenario “débil, pero no totalmente excluido”: que Valonia se declare una república independiente, Bruselas se organice como una “ciudad-Estado” del tipo de los principados europeos, y la comunidad de habla alemana se vuelva un pequeño Liechtenstein independiente
En este punto, el problema es económico: separarse de Bruselas sería un “suicidio” financiero para Valonia, consideró André-Paul Frognier, politólogo de la Universidad Católica de Lovaina, quien además recordó que no existe un sentimiento de “nación valona”
El mismo académico sostiene que el “mejor arreglo” es el siguiente: Valonia y Bruselas asociados en un Estado francófono (incluyendo la población de habla alemana), bajo un ordenamiento unitario, federal o confederado Pero en ese escenario “factible”, Bruselas, capital cosmopolita, perdería peso a favor de otra ciudad, plenamente francófona, y al centro del nuevo Estado: Namur A largo plazo, la UE podría abandonar Bruselas
El escenario “más verosímil” sería el siguiente: tras la separación de Flandes, Bruselas y Valonia (con los germanófonos) mantienen unidos el nombre de Bélgica, su bandera, su himno, la monarquía y el uso oficial del francés, holandés y alemán Bruselas, enclavada en territorio flamenco, conserva su estatus de capital nacional El gran inconveniente consistiría en que los flamencos podrían rechazar ese derecho de propiedad de los antiguos símbolos patrios
El constitucionalista y senador Francis Delpérée consideró que lo anterior “sería la repetición del escenario de 1830, cuando los holandeses no tuvieron otra opción que continuar viviendo sin los belgas”