Xavier Rojas

Rojas. Determinante

El jueves 28 de enero, a los 89 años de edad, murió el director teatral Xavier Rojas, hombre determinante para el teatro mexicano.

Aunque su trabajo fue ignorado por los colegas de su generación y menospreciado por los directores jóvenes, sus aportaciones son innegables. Xavier Rojas impulsó un teatro que buscaba a su público, y con su grupo Teatro Estudiantil Autónomo presentaba en la década de los cuarenta obras en la calle, los mercados y cualquier espacio al aire libre que se dejara. Tuvo la capacidad de hacer realidad sus ideas y, creyendo en el teatro intimista, desarrolló en los cincuenta un teatro de cámara en el Colegio del Arquitecto ubicado en la calle de Veracruz.

Después, con el arquitecto Pedro Ramírez Vázquez, consiguió que se construyera el teatro Círculo en lo que ahora es el teatro El Granero Xavier Rojas. En aquellos tiempos, esos terrenos eran parte del Campo Militar Marte y las caballerizas y el granero se ubicaban ahí; por eso el nombre. Raro un teatro círculo en la Ciudad de México; causaba confusión y extrañeza en algunos y mucho entusiasmo en otros que vieron la posibilidad de acercar la acción dramática al espectador. Ideal para el teatro realista estadunidense que Xavier Rojas se encargó de dar a conocer en México. Reto para actores que los miraban con lupa y para los directores que requerían diseñar un trazo donde los ojos del espectador estaban por todos lados.

El teatro El Granero se inauguró en 1956 con la obra de teatro Los desarraigados, de Humberto Robles, dirigida por el mismo Rojas, y al siguiente año estrenó, por primera vez en México, Viaje de un largo día hacia la noche, de Eugene O’Neill, protagonizada por Isabela Corona y Augusto Benedico. Un par de años antes había estrenado con éxito otras dos obras del realismo estadunidense en el teatro Cìrculo del Colegio del Arquitecto: Corazón arrebatado, de John Patrick (que reestrenó en El Granero en 1963), y El deseo bajo los olmos, de O´Neill. Siguieron El dulce pájaro de la juventud, de Tennessee Williams; ¿Quién teme a Virginia Wolf?, de Edward Albee, y Un sombrero lleno de lluvia, de Gazzo, entre otras.

El entusiasmo por el realismo llevó a Xavier Rojas a montar obras de autores mexicanos que incursionaban en esa corriente, como Felipe Santander, quien en 1961 le montó Las fascinadoras y, en 1970, Una noche todas las noches; a Emilio Carballido le estrenó en 1967 Te juro Juana que tengo ganas; a Luisa Josefina Hernández, Los duendes en 1963; y a Carlos Olmos, Juegos fatuos en 1972 y El eclipse en 1990, con muy buenos resultados. Su última obra en El Granero fue en 1996, Aroma de cariño, de Jesús González Dávila, protagonizada por María Rojo, Manuel Ojeda y Eugenia Leñero, la cual originalmente llevaba el nombre de Crónica de un desayuno y que absurdamente, por solicitud del director González Dávila, tuvo que inventarle un segundo acto.

Xavier Rojas fue también maestro por muchos años y dirigió el Instituto Andrés Soler de la ANDA. La semana pasada le rindieron homenaje en el teatro El Granero, reconociendo su labor. Su paso por el teatro queda grabado en las placas conmemorativas que ahí permanecen y en la memoria de muchos de sus alumnos, colegas, amigos y tantísimos espectadores.