Decisión errónea que traerá represalias

La sede en París

La investigadora María Cristina Rosas, profesora de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, coincide con el embajador Juan Manuel Gómez Robledo en que la Organización de las Naciones Unidas para la Educación la Ciencia y la Cultura (UNESCO) tiene menos peso hoy del que tuvo en décadas pasadas.

Sin embargo, piensa que sigue siendo la institución especializada dentro del Sistema de las Naciones Unidas que se ocupa de asuntos como la alfabetización, el fomento a las ciencias “duras” y sociales, la promoción de la paz y los derechos humanos, aun cuando sus recursos sean escasos.

Hoy, además, lidia con el dispar acceso de las sociedades a las tecnologías de la información –que llama “digital divide”, y otros investigadores, “brecha digital”– y que “plantea el riesgo de marginar aún más a las sociedades pobres carentes de infraestructura y de capital humano en torno a estas nuevas tecnologías”.

La UNESCO tiene poco peso frente a corporaciones trasnacionales como Microsoft, que en materia de nuevas tecnologías son las que realmente rigen y promueven las reglas de uso del software o del internet.

Rosas es autora de los ensayos ¿Corrupción en la UNESCO? y La mala educación, este último referido al informe sobre la educación en México, presentado hace unas semanas por la organización. Explica vía correo electrónico que sustentó sus investigaciones en documentos del dominio público, dados a conocer por el gobierno francés durante la gestión del español Federico Mayor. Y abarca también la administración del japonés Koichiro Matsuura.

Se le pregunta por qué, frente a esos casos y a la pérdida de peso del organismo en el contexto mundial, debe México mantener su relación con la UNESCO. Explica que todos los organismos internacionales han atravesado por escándalos similares, pues son “reflejo de la realidad internacional”, ya que “en el mundo hay corrupción a distintos niveles y los organismos internacionales están expuestos a ella”.

Luego advierte que el retiro de un embajador específico para la UNESCO tendrá consecuencias. México preside ahora muchos comités en el organismo, pero augura que en los próximos meses y años esto cambiará porque “en el mundo diplomático estas cosas realmente son muy mal vistas”.

La señal que se está enviando, dice, es que sólo se quiso correr al último representante, Homero Aridjis, lo cual da una “imagen pésima”. Agrega que respeta a Aridjis como intelectual y escritor, pero remata que deben ser funcionarios de carrera del servicio exterior quienes desempeñen los puestos diplomáticos:

“Ciertamente, hay excepciones que todos conocemos; desafortunadamente, vemos cada sexenio esa tendencia a designar personas del mundo intelectual para responsabilidades diplomáticas que en general desconocen, claro que pueden aprender sobre el trabajo en una embajada o una agregaduría cultural, pero en muchos casos hemos visto que los grandes intelectuales hacen malos políticos y diplomáticos. Zapatero a tus zapatos.” (J. Amador)