Al doctor Julio Sotelo Morales no sólo se le acusa de haber incurrido en irregularidades y violaciones a la ética cuando ocupó la dirección general del Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía Manuel Velasco Suárez (INNN) de 1998 a 2006, sino que también se le califica de “fraudulento” por “presentar resultados falsos” en su proyecto de investigación sobre la esclerosis múltiple.
Ahora, como titular de la Comisión Coordinadora de Institutos Nacionales de Salud y Hospitales de Alta Especialidad, le corresponde instrumentar los mecanismos necesarios para la eficaz distribución de las vacunas contra el virus A/H1N1 adquiridas por el gobierno de México.
Sus detractores aseguran que a pesar de sus malos resultados al frente del INNN, Sotelo fue premiado por el secretario de Salud, José Ángel Córdova Villalobos, con esta importante encomienda. Más aún, en 2006, luego de que los integrantes de la Comisión de Salud de la LX Legislatura conocieron las quejas que trabajadores del instituto presentaron contra Sotelo, el entonces titular de la SSA, Julio Frenk, le entregó el Premio al Mérito Médico “por sus contribuciones al engrandecimiento de la medicina mexicana”.
En marzo de 2007, el diputado Ricardo Cantú, del Partido del Trabajo, manifestó que durante los nueve años que permaneció al frente del instituto, Sotelo hizo que renunciaran quienes no estaban de acuerdo con la manera en que llevaba la dirección. Más de 50 especialistas, dijo, fueron sustituidos por gente sin experiencia y los puestos clave fueron ocupados por sus amigos. Además, Cantú acusó a Sotelo “de haber hecho de la medicina experimental un modus operandi para ganar prestigio a costa de poner en peligro las vidas de los pacientes”.
A comienzos de los años noventa, Sotelo diseñó un sistema de drenaje para tratar casos de hidrocefalia, pero el modelo no cumplió con las estipulaciones de la Secretaría de Salud. Sin embargo, a partir de 1998 ordenó que se comenzara su aplicación de manera experimental, sin que el protocolo de investigación fuera revisado por el Comité de Ética del nosocomio.
Neurocirujanos integrantes del Colegio Mexicano de Médicos de los Institutos Nacionales de Salud y Hospitales de Alta Especialidad (Colmexinsalud), presidido por José Antonio Cuéllar, sostienen que varios pacientes que se sometieron a los tratamientos ordenados por el director del INNN fallecieron o sufrieron secuelas irreversibles.
He aquí dos casos:
En entrevista con este semanario, Yolanda, de 45 años, comenta que ella fue una de las pacientes que se sometieron a los métodos creados por Sotelo. Asegura que padecía hidrocefalia secundaria debida a cisticercosis, y que en el INNN le colocaron una válvula para drenar el líquido de su cerebro. En ningún momento, aclara, le dijeron que se trataba de una terapia experimental; por el contrario, le aseguraron que era un procedimiento de rutina.
Añade que su situación empeoró, pues debía dormir sentada y no podía mantener el equilibrio. Al cabo de un año y medio el tubo de drenaje que tenía incrustado en el cerebro se encarnó y ya no fue posible extraerlo. “Todavía se siente el hueco en mi cabeza ¿quiere sentirlo?”, pregunta mientras acaricia su cabellera.
La morelense Lourdes, quien el 22 de marzo de 2006 acudió al instituto porque sentía vértigo severo con ataxia y náuseas, no podía mantenerse en pie. Le diagnosticaron trastorno de ansiedad generalizado y la querían mandar a psiquiatría.
Tenía hidrocefalia. Le realizaron una serie de estudios sin su autorización y le informaron que necesitaban colocarle una válvula; era el “drenaje de Sotelo”. Igual que a Yolanda, le dijeron que el procedimiento era rutinario y obligatorio. Como resultado del tratamiento, Lourdes, abogada de profesión, quedó en silla de ruedas de manera permanente.
Por este motivo, presentó una denuncia de hechos ante la delegación Morelos de la Procuraduría General de la República (PGR), radicada en la averiguación previa P/PGR/MOR/CV/144/2ª/2009. Acusó a Sotelo de negligencia médica.
“Fraude científico”
En abril de 2008, Sotelo y Adolfo Martínez Palomo dieron a conocer a la agencia de noticias del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) los resultados de una investigación en la que sostenían que el virus varicela-zoster (VVZ) era el causante de la esclerosis múltiple, padecimiento neurodegenerativo incapacitante y hasta ahora incurable.
Los científicos destacaron que conocer la causa de la enfermedad ampliaba la posibilidad de diseñar tratamientos efectivos o incluso una cura; sin embargo, aclaró que para ello aún faltaba tiempo.
De inmediato, integrantes del Colmexinsalud, presidido por Cuéllar, denunciaron que el trabajo presentado por Sotelo y Martínez Palomo era un “fraude científico”, y reiteraron que cuando estaba al frente del instituto había experimentado con enfermos de cisticercosis, lo cual hablaba de su falta de ética profesional y científica.
El presidente del colegio recordó que cuando un grupo de especialistas –entre los que se encontraban Carlos Adolfo Márquez Caraveo, Édgar Natal Vera, Rodolfo Ondarza y él mismo– criticaron las prácticas médicas de Sotelo sufrieron persecución, remociones y despidos injustificados. Incluso, añade, el funcionario los demandó por daño moral.
Cuando en julio de 2008 una ciudadana solicitó al Conacyt por medio del IFAI “los informes presentados por el grupo de investigación encabezado por el doctor Julio Sotelo Morales sobre la relación del virus de varicela-zoster y la esclerosis múltiple”, le respondieron que no existía ningún registro.
A partir de esta información, miembros del Colmexinsalud y Rodolfo Ondarza aseguran que los hallazgos de Sotelo y Martínez Palomo no son más que un fraude científico. Sus resultados, sentenció el especialista, son “totalmente falsos”.
El colegio plasmó sus consideraciones en el documento Anatomía de un Fraude Científico en los Sistemas de Salud y Ciencia Mexicanos. En éste se indica que mientras el mundo entero ya sabía de este fiasco, todavía a finales del año pasado en México se le consideraba como un importante avance médico para el tratamiento de una enfermedad, hasta hoy, incurable.








