Formas nuevas, vicios viejos

Piñera. "Programa neoliberal"

Mientras los líderes de la Concertación de Partidos por la Democracia se recriminan mutuamente por la derrota electoral sufrida el domingo 17, el candidato de la derecha Sebastián Piñera recoge los beneficios de su “éxito en la política”: el valor de sus acciones bursátiles se disparó, lo que le redituó ganancias por 400 millones de dólares. Se apresta además a integrar en su gabinete a políticos que durante su juventud juraron lealtad al régimen de Augusto Pinochet.

 

VALPARAÍSO, CHILE.- “Escalona: escucha, nosotros somos los que luchamos contra la dictadura (…) Nosotros peleamos muchos años para tener esta democracia que tenemos y hoy la estamos perdiendo, huevón de mierda… ¡De que sirvió tanto sacrificio! (…) Esa es la rabia que tenemos: que por tu culpa hoy día perdimos. Ahora estamos con el alma en un hilo. ¡Andate pa’ la casa, renuncia”.

A gritos y con ojos llorosos, una mujer de unos 45 años achacaba a Camilo Escalona, presidente del Partido Socialista, la derrota de la Concertación de Partidos por la Democracia en las elecciones del domingo 17.

Pasaban de las 18 horas. Apenas unos minutos antes, el subsecretario del Interior, Patricio Rosende, dio a conocer los resultados del primer conteo parcial de votos: con 60.4% de las casillas computadas, Sebastián Piñera, el candidato de la alianza de partidos de derecha Coalición por el Cambio, aventajaba por 3.75% a Eduardo Frei Ruiz-Tagle, de los partidos de la Concertación. Para ese momento ya era imposible revertir la tendencia.

En el hotel San Francisco de la capital chilena, que fungía como bunker del candidato Frei, la mujer que increpaba a Escalona fue apoyada por varios de sus compañeros. Ante el riesgo de que el incidente se descarrilara, los líderes de la Concertación suspendieron los discursos en los que reconocerían la derrota de su candidato presidencial.

Este hecho reflejó lo que vendría después: las recriminaciones entre los dirigentes de la Concertación, esa alianza de organizaciones políticas cuyos principales puntales son los partidos Socialista (PS) y Democracia Cristiana (DC).

Derrotada, herida, la Concertación se resquebraja.

De hecho, su decadencia se expresó el mismo día de las elecciones: no pudo completar los “apoderados de mesa” (representantes de casilla) necesarios para cuidar los votos. Muy pocos ciudadanos asistieron a los centros de votaciones para observar el conteo de los sufragios. Ello contrastó con lo ocurrido en el plebiscito de 1988 que determinó el fin del gobierno de Augusto Pinochet. En esa ocasión, cientos de miles de personas acudieron –liderados por la Concertación– a defender cada voto con un entusiasmo del ya no queda nada.

El escritor Cristian Warken resumió el mismo domingo 17, en su columna que publica el diario El Mercurio, el estado de ánimo de millones de chilenos: “Hoy, por primera vez desde que tengo derecho a voto, el día de elección no será para mí una fiesta (…) Lejanos están los días en que votamos y luchamos por sueños e ilusiones. Todos los que salimos en la década de los ochenta a las calles por la alegría, sabemos que nuestra coalición ha terminado por convertirse en una gran bolsa de trabajo y una sumatoria de redes de poder. La Concertación es hoy una flatum vocis, una palabra vacía. Nos duele esa verdad, es amarga, pero hay que hacer la pérdida, el duelo”.

La semana pasada integrantes de las juventudes del PS y de la DC tomaron las sedes de sus organizaciones en Santiago y Valparaíso con el fin de exigir la renuncia de Escalona y de Juan Latorre, timonel de la DC. Estos últimos hacen lo imposible por responsabilizar a otros de la derrota.

La propia presidenta Bachelet fue culpada por Fernando Meza, presidente del oficialista Partido Radical Social Demócrata (PRSD), de no haber hecho lo suficiente para traspasar su alta popularidad a Frei. El diputado de la DC Jorge Burgos secundó esta acusación.

 

Protesta social

 

En entrevista con Proceso, Felipe Portales, sociólogo y autor de Chile: una democracia tutelada, descarta la posibilidad de cambios mayores bajo un gobierno de Piñera. Señala que la derecha económica va a presionar al recientemente electo presidente para que dé una imagen de total continuidad respecto de lo que es la herencia de la Concertación.

“Por lo demás, la derecha, una vez en el gobierno, no tendrá mayoría parlamentaria (ganó 58 de 120 diputados), así que tampoco podría ella sola pretender cambios importantes en alguna materia”, sostiene Portales.

Y agrega: “El gobierno de Piñera va a mantener las políticas que ha seguido la Concertación porque éstas han sido básicamente de derecha. La gran diferencia se podría dar en el ámbito de lo que se ha llamado el conflicto mapuche (provocado por el despojo de 95% de las tierras que históricamente pertenecieron a esta etnia), donde sin duda su gobierno acentuará la represión hacia ese pueblo”.

En la misma línea se expresó Gabriel Salazar, premio nacional de Historia, en una entrevista publicada por La Segunda el lunes 18. Sostuvo: “Si asumimos que Chile está definido por un sistema neoliberal, con un gobierno de Piñera no cambiará para nada el país. Piñera ni siquiera va a poder perfeccionar el modelo porque como lo dejó instalado Pinochet funciona perfecto”.

El mismo domingo 17, en su primer discurso como presidente electo, Piñera convocó a sus adversarios y seguidores a construir un gobierno de “unidad nacional” que “construirá puentes de encuentro y derribará los muros de división”. Expresó que el suyo será un gobierno de “los mejores, los más preparados y con mayor vocación de servicio público”.

Dijo también que invitará a representantes de la Concertación a ocupar puestos en su gobierno. E incluso anunció que fortalecerá y ampliará la “red de protección social”. Estas palabras las pronunció ante 5 mil personas que lo ovacionaron en las afueras del Hotel Crowne Plaza, en el centro de la capital chilena.

Sin embargo, un día después, durante una conferencia de prensa con corresponsales extranjeros, Piñera esbozó una de sus prioridades: privatizar la cuprífera estatal Codelco, cuya propiedad se mantiene hasta ahora 100% estatal.

Dijo: “En los últimos tiempos, Codelco ha perdido efectividad y eficiencia. Necesita nuevo impulso y para eso va a requerir nuevos capitales”.

Fue una forma indirecta de señalar que su plan económico pasa por la privatización parcial o total de esta empresa pública, la más importante del país.

Este anuncio fue rápidamente rechazado por Raimundo Espinoza, presidente de la Federación de Trabajadores del Cobre, sindicato que con 18 mil afiliados es uno de los más poderosos del país. “El presidente electo debe informarse bien: Codelco sigue siendo la primera empresa productora de cobre de Chile y del mundo (…) Si la voluntad política de las nuevas autoridades del país es privatizar parcialmente Codelco, atomizar el mundo sindical, frenar el desarrollo de la empresa o cercenar nuestros derechos, tenemos principios sólidos y clara conciencia de lo que es justo hacer sin ninguna vacilación”.

Para poder privatizar Codelco –empresa que entre 2006 y 2008 entregó al fisco 25 mil millones de dólares–, Piñera no sólo tendrá que enfrentar la oposición de los trabajadores del cobre, sino también de gran parte de la ciudadanía que ve en el cobre “el sueldo de Chile”. Además, deberá derogar la Ley Reservada del Cobre, por medio de la cual las fuerzas armadas chilenas reciben 10% del total de las ventas de Codelco, que utilizan para adquirir material bélico.

El martes 19, Óscar Izurieta, comandante en jefe del ejército, se reunió con Piñera en la casa del nuevo mandatario, ubicada en el barrio de San Damián, en Santiago. Ahí, Izurieta le hizo saber las condiciones que exige el ejército para apoyar la derogación de la citada Ley Reservada. Entre ellas mencionó la creación de un fondo de contingencia con el fin de enfrentar emergencias, así como solucionar el déficit estructural de las fuerzas armadas. Se ve que no será fácil el camino de la privatización.

 Desde que ganó las elecciones el domingo 17, Piñera ha contado con la colaboración de la presidenta Bachelet, quien lo invitó a la reunión del Grupo de Río, a realizarse el próximo 20 de febrero en Cancún, México. En ese evento Bachelet asumirá la secretaría pro témpore de dicha organización, que luego trasladará a Piñera, quien el mismo domingo 17 declaró a los periodistas extranjeros que sus principales modelos a seguir en materia de política internacional son los gobiernos de Felipe Calderón, Álvaro Uribe y Nicolas Sarkozy.

El martes 19, el abogado encargado de las inversiones de Piera, Fernando Barros, dio a conocer a la prensa que Axxion convoco a una junta de accionistas para decidir la venta total o parcial de las acciones de la aerolinea. Ésta se efectuaría el próximo 5 de febrero.

 

Política y negocios

 

Sebastián Piñera se ha beneficiado de su incursión en la política. El valor de sus acciones bursátiles subió en la medida en que su triunfo en las elecciones se impuso como irreversible.

El miércoles 20 el periódico electrónico El Mostrador informó que Piñera obtuvo ganancias extras por 400 millones de dólares en los últimos siete meses como consecuencia del aumento de 34% en el valor de las acciones de la aerolínea LAN. El magnate derechista es propietario de 26.3% de esta empresa a través de Inversiones Santa Cecilia (7.3%) y Axxion (19%).

Sólo entre el viernes previo a las elecciones (15 de enero) y el lunes siguiente (18 de enero), el presidente electo obtuvo 11 millones de dólares en ganancias por el alza del valor de sus acciones. Las de Axxion registraron un aumento de 21% al día siguiente de la elección. Estos incrementos desenfrenados provocaron que la Bolsa de Valores de Chile suspendiera el martes 19 las transacciones de los activos de este fondo de inversiones.

Ese mismo día, Iván Núñez, periodista de Chilevisión (canal de televisión propiedad de Piñera), dio a conocer que, previo a una entrevista que iba a realizar con el mandatario electo, un asesor de éste le comunicó que no debía hacer preguntas sobre su relación con la empresa LAN. El periodista dice que rechazó esas condiciones.

La revelación de este hecho, así como de las grandes ganancias bursátiles derivadas de su éxito político, provocaron duras críticas al mandatario electo. El semanario británico The Economist ya había señalado, en su edición del 18 de diciembre pasado, que el principal problema de Piñera “es su ética empresarial y los potenciales conflictos de interés”.

 

Los hombres del presidente

 

Mientras tanto, Piñera se prepara para “instalarse” en La Moneda el próximo 11 de marzo. Y busca armar su gabinete. Gran parte de quienes ocuparán cargos relevantes en su administración provendrán de Tantauco, organización creada por él especialmente para formar equipos de gobierno.

Luego de dos años de trabajo, en el que participaron mil 200 expertos en diferentes áreas, Tantauco elaboró el Programa de gobierno para el cambio, el futuro y la esperanza, que fue entregado a Piñera el 3 de abril de 2009.

Aunque no pertenece a Tantauco, el encargado de coordinar con el gobierno de Bachelet el proceso de “transición” será Rodrigo Hinzpeter, dirigente de Renovación Nacional. Él fue jefe de campaña de Piñera. Abogado de la Universidad Católica y con maestría en derecho por la Universidad de Harvard, Hinzpeter es considerado el aliado más leal de Piñera. Según diversas fuentes consultadas por Proceso, se perfila como el más seguro ministro del Interior.

Otro hombre que jugará un papel clave en el armado del gabinete y en la definición de las primeras políticas es Cristián Larroulet. Al igual que buena parte de los que realizaron las reformas estructurales –como privatizaciones y la apertura de la economía–, Larroulet estudió economía en la Universidad Católica de Chile y luego hizo un postgrado en la Escuela de Economía de la Universidad de Chicago. Pinochetista acérrimo, fue uno de los 77 jóvenes que el 9 de julio de 1977 subió con antorchas a la cumbre del cerro Chacarillas donde juró defender el proyecto “restaurador” de Pinochet en un acto de hondo contenido fascista.

Larroulet fue jefe de planes de la Oficina de Planificación del Ministerio de Economía desde 1981 hasta 1985, durante el régimen militar. También fue jefe de gabinete de Hernán Büchi, el ministro de Hacienda que implementó las medidas neoliberales en el último lustro del gobierno pinochetista.

Junto con Büchi, Larroulet creó el Instituto Libertad y Desarrollo, muy ligado a la Unión Demócrata Independiente (UDI), que hoy es el principal centro de estudios de la derecha filopinochetista y de tendencia neoliberal. Tal es su nivel de influencia que es el único organismo de su tipo que tiene una oficina en el Congreso Nacional.

Larroulet se encargará de promover la agenda legislativa del nuevo gobierno. Probablemente ocupará el puesto de ministro secretario general de Gobierno.

De acuerdo con los analistas chilenos, es muy probable que el próximo ministro de Hacienda sea el economista Felipe Larraín, quien es director de la Escuela de Economía y Negocios de la Universidad de Chile. En tal caso, Larraín estaría obligado a cumplir con una de las promesas de campaña de Piñera: crear “1 millón de nuevos y buenos empleos” entre 2010 y 2014.

En conversación con Radio Agricultura, realizada el miércoles 20, Larraín expresó que una de las primeras metas de la administración que asumirá en marzo “será avanzar en la flexibilidad laboral”. Estas declaraciones también sacaron ronchas en el ámbito sindical.

Para el cargo de ministra de Educación suena fuerte la licenciada en sociología Patricia Matte, quien preside la Sociedad de Instrucción Primaria, entidad privada que administra 17 colegios en el país. Su familia es una de las tres más ricas y poderosas de Chile.

Aunque no se ha registrado un conflicto por el reparto de los puestos clave del gobierno, la UDI ha dejado en claro que desea para sus cuadros los ministerios de Obras Públicas, de Salud y de Vivienda y Urbanismo. Este último es considerado una plataforma para llegar a La Moneda debido a su impacto social.

De hecho, la cartera de Vivienda y Urbanismo es disputada por el dos veces candidato presidencial Joaquín Lavín y por el senador Pablo Longueira. A pesar de haber perdido recientemente una elección senatorial en Valparaíso, Lavín lleva la delantera en esta contienda: su cercanía con Agustín Edwards –dueño de El Mercurio y hombre fuerte de la derecha– y Larroulet le facilita la tarea.

Longueira y Lavín también estuvieron entre los 77 jóvenes pinochetistas que subieron con antorchas al cerro Chacarillas en julio de 1977.