¡Qué año nos espera!

Logro insuficiente

La pretensión hacendaria para 2010 fue subirle los impuestos a los mexicanos y castigar los presupuestos culturales en 25% con respecto al año anterior. La Comisión de Cultura de la Cámara de Diputados logró que para este año se tuviera el mismo presupuesto que en 2009, pero desgraciadamente repetir significa, en términos reales, una caída del presupuesto de 5 al 10% debido a la inflación.

El gobierno panista no ha tenido cuidado suficiente para estimular al teatro hecho en México y resolver los problemas que le apremian. No el teatro comercial, que ya es un negocio, sino el teatro con intereses más estéticos, más de búsqueda, más profundos, al cual se lo ha llevado entre las patas el libre mercado. Además de que se han cerrado las puertas de diferentes instituciones para producir teatro, los organismos culturales del gobierno, ya sea a través de la UNAM o del subsidio directo como con el INBA, producen poco, y ante el crecimiento de la oferta teatral y no de presupuesto, ahora programan gran cantidad de espectáculos reciclados. Las temporadas de teatro con apenas de 12 a 25 funciones –actualmente ya casi sin cartelera, volantes y carteles– y una ínfima difusión. Lo que cuenta es decir, presentamos 20, 30 o 100 obras en un año. ¿Qué hacer con tantos teatros sin dinero para producir, hacer la difusión y una estrategia específica para la creación de públicos como se debería?

Mejor si hubiera un estímulo real para que la inversión privada participara en el teatro no comercial; no para ganar dinero, sino para obtener beneficios hacendarios en la deducción de impuestos. Se requerían, entonces, modificaciones a la ley, lo cual también protegería a los teatros independientes ahora sobrecargados de impuestos, de permisos y de prohibiciones.

El desempleo de actores, directores, escenógrafos, productores y maestros es apabullante. Los sueldos son ínfimos, temporal el empleo y con pésimas condiciones de trabajo, si algunos logran tenerlo. El pago para el dramaturgo no se considera dentro del presupuesto del proyecto, pues supuestamente su obra ya está hecha y se espera cobren el 10% de taquilla por derechos de autor. Con la caída de los ingresos en taquilla, éste es mínimo y muchas veces ni se le acerca a lo que gana el director, el escenógrafo o los actores de su obra.

Frente a esto, la comunidad teatral protesta en los pasillos, y se habla de la discrecionalidad en los recursos, de cómo los comités de selección se reparten el pastel entre ellos, o del tráfico de influencias entre funcionarios. El espíritu colectivo es endogámico.

Ya llevamos tiempo en que se quiere hacer de México un país de ignorantes, maquilador y consumidor de lo extranjero. Poco interesa el desarrollo de un teatro mexicano que enriquezca nuestra identidad nacional. Nos estamos quedando sin escuelas, sin cultura y sin calzones.