Obras de Juan Tovar, Jaime Chabaud, Estela Leñero, Bárbara Colio, Flavio González Mello y otro autor por designarse, han sido encargadas por la CNT de Luis de Tavira para las conmemoraciones de la Independencia y la Revolución este 2010. Pero también la llegada a México, 30 años después, de Zoot Suit, de Luis Valdez, y El trueno dorado, de Valle-Inclán. El director artístico, en entrevista, justifica los proyectos y el de la misma agrupación a nuestro colaborador teatral semanal de la agencia Apro e internet.
Como parte de las celebraciones del Bicentenario de la Independencia y el Centenario de la Revolución, la Compañía Nacional de Teatro (CNT), cuyo director artístico es Luis de Tavira, realizó el encargo a seis dramaturgos mexicanos para la creación de igual número de obras, mismas que serán estrenadas este 2010.
Horas de gracia, de Juan Tovar; México rebelado, de Jaime Chabaud, texto sobre el teatro en el momento de la Independencia; Soles en la sombra, de Estela Leñero, basada en tres mujeres de la Revolución: Juana Belén, Leonor Villegas y María Brousse Talavera (compañera de Ricardo Flores Magón), quienes cuentan la historia desde su punto de vista; otra de Bárbara Colio en torno a la figura de Aquiles Serdán, y una más de Flavio González Mello, ambas con título por definir, y la última en espera de autor.
El primer estreno será en marzo en el teatro Julio Castillo: Horas de gracia, de Juan Tovar, dirigida por José Caballero, con escenografía de Alejandro Luna, obra que gira en torno a la debatible figura de Agustín de Iturbide, en un diálogo con quien realizó su proyecto, Antonio López de Santa Ana, personaje que ha ocupado mucho la atención de Juan Tovar.
Además, en medio de esta actividad nacionalista, también se estrenará aquí, en el teatro Juan Ruiz de Alarcón de la UNAM, Zoot Suit, la célebre obra escrita y dirigida por Luis Valdez, primera del autor mexico-estadunidense que ganó la atención de un público más amplio en 1978 con motivo de su estreno en el Mark Taper Forum de Los Ángeles, California, con una temporada de 46 semanas con más de 40 mil espectadores. Con ella Valdez se convirtió en el primer director chicano en presentar una obra de teatro en Broadway, que luego sería llevada, también con éxito, a la pantalla cinematográfica.
Y del patrimonio universal –explica De Tavira– “haremos dos producciones más, una que me parece de una vigencia contundente en el discurso de lo que está sucediendo en el mundo y que nunca se ha hecho en México, Nathan el sabio, de Ephraim Lessing”, dirigida por Enrique Singer:
“Es la gran obra creada por el fundador del teatro alemán, un teatro universal acerca de la tolerancia frente a la diferencia. Se trata de una fábula prodigiosa, inteligentísima, que sucede en una Jerusalén recién conquistada por el Islam, donde había cruzados europeos conviviendo con los judíos. Es la discusión de los tres grandes monoteísmos: el cristiano, el judío y el musulmán.
Y por otra parte, con España se coproducirá el estreno mundial de El trueno dorado, obra póstuma de Ramón del Valle-Inclán, basada en un episodio central de La corte de los milagros, que en el último momento de su vida el escritor español comenzó a convertir en teatro. La dirección estará a cargo de Juan Antonio Hormigón y estará en el Festival Internacional Cervantino y posiblemente en el Festival Iberoamericano de Cádiz.
De Tavira afirma que uno de sus principales propósitos ha sido “volver realidad las palabras, es decir, que exista auténticamente una CNT para los mexicanos, porque en los años recientes lo que venía sucediendo es que esas palabras rubricaban un programa de producción, con elencos inestables, sin construcción de repertorio”.
A un año de actividad escénica de la compañía, Luis de Tavira habla además de sus avances y retos:
“La nueva estructura apuesta por la estabilidad y al mismo tiempo busca nuevas formas de realización y desarrollo con apertura. Este es el problema que enfrentan hoy en día los grupos artísticos del país, podríamos citar a las orquestas, donde las condiciones de estabilidad se han revertido en contra de la tarea artística, porque los integrantes de esos conjuntos tienden a burocratizarse al entrar en la lógica de las prerrogativas sindicales.
“En el caso de la CNT lo que se ha hecho en su nuevo formato de organización es conformar un elenco estable destinado a construir un repertorio. Esto significa reconocer que el teatro es un arte colectivo, que su instrumento ideal es la comunidad de sus hacedores, y por otra parte que el patrimonio artístico más valioso de nuestro teatro está en los actores, que en los años recientes han visto cada vez más difícil su situación como artistas en relación con la tarea pública de la producción y promoción del teatro. Por ello, con la fundación de este elenco estable, se da un paso enorme en el camino de la dignificación de la profesión del actor.
“En lugar del procedimiento habitual que suele seguirse en casi todo el mundo: nombrar un director artístico que a su vez llama a los actores que le son más afines con los que tienen mayor empatía, yo no quise proceder así, entendiendo que este no es un proyecto personal, sino de toda la comunidad.”
–Como director artístico, ¿le hubiese gustado tener a los actores más cercanos a usted?
–Yo estoy enormemente satisfecho, porque creo que el actual elenco de la CNT está integrado por una parte de los mejores actores de este país, evidentemente no son todos. A la convocatoria aplicaron más de 500 actores, lo que habla de la enorme respuesta a la convocatoria y el interés de los actores por formar parte de su compañía. No fue una tarea sencilla escoger a los 40 mejores, hubo una preselección de 80 para que de ahí el Consejo Técnico pudiera elegir a los 43.
“La integración de ese elenco implementó varios criterios: equidad de género, lo cual es difícil en un país donde es muy notable la superioridad de las actrices sobre los actores; un modelo de conjunto capaz de abordar las diversas escalas que plantean las dramaturgias a través de la representación de trayectorias profesionales de distinta antigüedad; además incluimos la categoría de actor de número, equivalente a la de creador emérito, estos son los únicos actores que están en la compañía de manera permanente, actores con una trayectoria mayor a 50 años en el teatro mexicano.”
–¿Cómo se logra conciliar la estabilidad con la apertura?
–En este momento hay ocho actores de número que permanecen a perpetuidad en la compañía, los demás están a partir de un convenio de residencia artística por dos años renovables, pero nos hemos planteado la exigencia de renovar a la compañía en 20% cada dos años, con lo cual buscamos conquistar las condiciones de estabilidad a través de estímulos a la creación, no plazas de estructura ni futuros burócratas sindicalizables, sino artistas en residencia de manera semejante al Sistema Nacional de Creadores.
“De esa manera se conserva la posibilidad de integración en la construcción de un lenguaje común, que tendría como asignatura mayor la conquista de un estilo propio como compañía para ponerlo al servicio de la construcción de un repertorio que ofrecer. La finalidad última del proyecto es la formación del espectador nacional.”
–¿Qué tipo de espectador quiere formar la CNT?
–El espectador es alguien que hemos siempre supuesto en la tarea del teatro y creo que este es un error gravísimo, porque el espectador no es el anónimo del mercado, que es ante todo un consumidor de eventos, así se han desbaratado los tejidos de públicos para el teatro.
“Por eso hay un desequilibrio tan grande entre la oferta y la demanda, porque el destinatario del teatro no es cualquiera, sino un sujeto a formar, y al espectador del teatro no lo forma el consumo de eventos, que es lo que se programa generalmente, obras con elencos eventuales que terminada la temporada, cada vez de menos funciones, se disgregan y ese espectáculo se acaba. Es decir, no se crea un patrimonio sino que todo el esfuerzo ahí puesto se desvanece sin articular un discurso.
“Lo que forma al espectador no es una obra, o dos o tres, es la permanencia, la estabilidad creciente en el disfrute progresivo del teatro como discurso, la interlocución permanente con un discurso que sea capaz de mostrarle la pluralidad de lo que el teatro es, tanto lo que ha sido en el patrimonio universal y lo que está reflejando la realidad mexicana a través de la dramaturgia nacional, como lo que está surgiendo como emergencia de última hora en las búsquedas que replantean el quehacer teatral en su actualidad.”
–¿Cómo es esta dialéctica de necesitar un espectador especializado y al mismo tiempo crear nuevos públicos?
–El espectador lo estamos suponiendo, no existe, y el que es está en extinción. Los sistemas de producción industrial, asunto al que no pertenece el teatro, producen basura, lo desechable. Son los medios masivos los que entran en el esquema de la superproducción industrial del mercado. Es el caso del televidente, un consumidor anónimo, masificado, despersonalizado.
“Esto supone una crisis de la modernidad a partir de la conversión del mundo en mercado, de las formas masificadoras de comunicación entre los seres humanos. Estamos ante graves problemas de despersonalización, de deshumanización, de robotización. Casi me atrevería a decir, si en la antigüedad los seres humanos acudían al oráculo de Delfos para cuestionar sobre su destino, hoy en día se acude al cajero automático para conocer el saldo.”
–¿En una sociedad así, cuál es el papel del teatro?
–Es el que religa la comunidad, el que la convoca, es un arte personal. Hay que ir personalmente al teatro, es el encuentro vivo en el instante entre dos personas, el artista y el espectador, esto no puede ser intermediado.
“Si hoy el problema mayor de un espectador reside en el control remoto de su monitor porque se le pueden acabar las baterías y tener que pararse a cambiar de canal, ¿a esa persona le vamos a pedir que vaya hasta el teatro, busque dónde estacionarse, que se arriesgue a los problemas de inseguridad, para presenciar lo mismo que le ofrece la televisión? Pues sencillamente no va.
“Las estadísticas nos dicen que 90% de los mexicanos nunca ha ido al teatro. Por esos son necesarias acciones mucho más complejas que un solo proyecto como puede ser la CNT, aunque ésta es indispensable para la dignidad del arte y la cultura mexicana. Pero no es la panacea.
“La solución sería que existiera por lo menos una compañía por estado, que se creara una serie de redes, políticas de promoción del teatro independiente y de los teatros públicos en general. El derecho a la cultura es de todos, pero está muy mal distribuido, es prioritario atender a los que han estado tradicionalmente marginados del beneficio cultural, esta es una cuestión que con mucho sobrepasa el problema de la CNT.
“Cuando hablo del espectador, evidentemente estamos hablando de minorías, multiplicadoras por virtud de la hondura y de la calidad de la experiencia que supone acudir al teatro, y que por mucho supera cualquier audiencia televisiva. Es una experiencia que cambia la vida del sujeto para siempre, por lo tanto su poder es mayor, pero está exigido de su condición personal, pertenece a esa serie de acciones que no podremos hace nunca por teléfono ni por internet, como el amor, hay que estar personalmente.”
–¿Es condición sine qua non la grandilocuencia de una CNT, con grandes personalidades, escenografías de gran formato, los mejores diseñadores, producciones fastuosas?
–Pienso que una de las misiones de la CNT, no la única, es mostrar la excelencia del arte teatral mexicano. En el elenco tenemos a los actores de número pero también tenemos gente que acaba de salir de la escuela; también hemos llamado a distintos directores, dramaturgos, escenógrafos, coreógrafos, para que sea una compañía de todos los creadores mexicanos. Pero también estamos abiertos a los directores internacionales.
“Para este año tenemos prevista la creación de un repertorio alterno, obras de pequeña factura, con elencos entre cinco y siete actores, para ofrecer espectáculos que agilicen la presencia de la compañía en los estados e incluso en lugares donde ni siquiera hay teatros. En este formato se producirán tres obras para que circulen en giras.
“Es muy importante que en los estados se pueda ver el teatro de escala mayor que haga la compañía, pero no es fácil, a veces las condiciones del interior no dan para ello o resultan demasiado costosas. Por eso haremos un repertorio de batalla para tener continua presencia, combinando obras formadoras de público con obras de autores mexicanos.
“Estamos hablando de los clásicos, pero no cualquier clásico sino formadores de público como Lope de Vega o Moliére, para citar dos nombres infalibles. Son ellos los que formaron al espectador nacional de sus propios momentos, hay ahí una lección importantísima para apropiarse.”








