Gil de Biedma a 20 años

Gil de Biedma

El poeta catalán Jaime Gil de Biedma, figura primordial de la generación española de 1950, murió hace 20 años, un 8 de enero. Invitación a recordar y leer su excelente obra, esta nota hace especial hincapié en el libro que publicó en México: Moralidades.

 

“El poema es un intento para no morir del todo, fundamentalmente, y uno lo puede aprovechar para (decir) otras cosas. Yo escribo poesía porque no quiero morir del todo”. Son palabras de Jaime Gil de Biedma dichas a Federico Campbell en una entrevista realizada en 1969, recogida en el libro Infame turba (Lumen, 1971), en el que el escritor mexicano reúne las conversaciones que sostuvo con 26 escritores españoles. En aquel momento, Gil de Biedma acababa de cumplir 40 años, pero la vejez y la muerte le obsesionaban desde que tenía 35. Así lo acusa uno de sus poemas representativos y que él particularmente prefería: No volveré a ser joven, escrito en 1967, citado incontables veces:

 

Que la vida iba en serio

uno lo empieza a comprender más tarde

–como todos los jóvenes, yo vine

a llevarme la vida por delante.

 

Dejar huella quería

y marcharme entre aplausos

–envejecer, morir, eran tan sólo

las dimensiones del teatro.

 

Pero ha pasado el tiempo

y la verdad desagradable asoma:

envejecer, morir,

es el único argumento de la obra.

 

El paso del tiempo fue el tema central de su breve pero perdurable obra poética, reunida en su totalidad hace tres años bajo el sello de Galaxia Gutenberg con un notable prólogo de James Valender, gran estudioso de la poesía española, quien con toda razón señala en el último párrafo:

“(…) es una de las primeras obras escritas en español que ofrecen una imagen de vida con la que el hombre estrictamente contemporáneo, y ya no sólo el poeta moderno, puede identificarse. Y es de suponer que con el paso del tiempo el interés en esta poesía sólo irá en aumento.”

Y muy probable, también, que cada vez sea más leída en México, a condición de que alguno de los editores nacionales que aún apuestan por la poesía se anime a publicar por lo menos una buena selección de ella.

Moralidades, uno de sus cuatro libros,1 se editó aquí en 1966. Gil de Biedma lo escribió entre 1960 y 1964 y su intención inicial era publicarlo en España, pero en esos años la censura franquista en el medio editorial era todavía muy rígida y hacía impensable que se aprobara la impresión de versos como:

 

De todas las historias de la Historia

sin duda la más triste es la de España

porque termina mal

 

o:

 

España después de todo

se parece a una prisión.

El poeta y editor Carlos Barral, su coetáneo, coterráneo y amigo, le propuso una alternativa: publicarlo en México en la editorial Joaquín Mortiz, con cuyo director, Joaquín Díez-Canedo, él y Víctor Seix se habían asociado en 1962 para distribuir los libros de Seix-Barral en México y, recíprocamente, los de Mortiz en España. Crearon así una opción para esquivar la censura: se publicaba el libro en México y se distribuía en España. Además, los nuevos autores españoles podían llegar a un nuevo público.

Asimismo, gracias a esa sociedad, los libros de la serie de poesía Las Dos Orillas (creada por Díez-Canedo para publicar a poetas españoles e hispanoamericanos) tuvieron cierta difusión en España y surgió una colección muy importante: Nueva Narrativa Hispánica.

Gil de Biedma le cuenta de esta alternativa a otro poeta amigo, Juan Ferraté, en una carta escrita el 6 de abril de 1965: “La censura me ha denegado la autorización para publicar mi libro de poemas, de manera que no me ha quedado más remedio que iniciar gestiones en el extranjero, con bastante éxito según parece. Carlos Barral me dice que Joaquín Díez-Canedo está conforme en editarlo en Méjico [sic]. Como Seix-Barral tiene en España la distribución de esa editora, confío en que el libro, mal que bien, llegará a este país.”2

Los mil cien ejemplares de Moralidades se terminaron de imprimir en los Talleres de Gráfica Panamericana el 14 de abril de 1966. Por desgracia, según cuenta Miguel Dalmau en Jaime Gil de Biedma –la voluminosa biografía del poeta publicada por ediciones Circe en 2004–, la mayor parte del tiraje se perdió a consecuencia de una inundación que afectó las bodegas de una de las distribuidoras de Joaquín Mortiz. Joaquín Díez-Canedo Flores señala que el local afectado era la distribuidora Avándaro, que en ese tiempo se encontraba en las calles de Ayuntamiento.

Moralidades es un libro de aliento político abiertamente antifranquista que en medio de la opresión de la dictadura –“época de miseria”, como la calificó el poeta José Ángel Valente– busca espacios habitables en la amistad y la solidaridad. El título alude con sorna a la moralidad en nombre de la cual se impuso el fascismo en España y, a la vez, como Gil de Biedma le explicó a Campbell en la entrevista mencionada, a una antigua forma poética.

Es un libro singular porque, a la vez que asume una inconfundible posición política, no deja de percibir y criticar la magra eficacia de la poesía social (o comprometida, como se le llamaba en los años sesenta). Parte de su vigencia reside en esa especie de autocrítica. Aunque la importancia de su lectura hoy radica sin duda en su belleza lírica.

Octavio Paz lo leyó tempranamente y hay clara constancia de su aprecio por la obra del catalán en algunas de las cartas que envió a Pére Gimferrer. En mayo de 1981 le confía a éste:

“Entre los poetas españoles me parecen mis contemporáneos únicamente tres poetas: tú, Gil de Biedma y Valente –aunque (añade en una nota al pie) me siento lejos de los dos últimos.”

Gil de Biedma colaboró en Plural lo mismo que en Vuelta, y sus ensayos y notas, reunidos en Al pie de la letra, muestran una inteligencia de gran elegancia y brillantez.

Según cuenta Miguel Dalmau, en enero de 1968 vino a México acompañando a Carlos Barral y donde pasó tres semanas.

Mientras Barral trabajaba con Díez-Canedo, Gil de Biedma (parte de una empresa familiar que lo involucraba en negocios de importación) “pasaba el día negociando asuntos tan dispares como excedentes de arroz o partidas de material ferroviario; al acabar la jornada, los amigos se reunían en el Normandie, un bar exclusivo recomendado por Carlos Fuentes”.

De ese viaje cuenta Barral:

“Jaime me contaba sus experiencias de alto ejecutivo en un mundo de millonarios charros, casi supervivientes de la corte de Maximiliano o de la aristocracia de la Revolución Mexicana, un mundo que los extranjeros raramente frecuentan y que a uno le cuesta creer que sobreviva.”

De esa única estadía en nuestro país, en cuyo curso debe haber evocado más de una vez a su admirado Luis Cernuda –cuya obra contribuyó a revalorar en España–, quedan algunas fotografías y, probablemente, comentarios sueltos en su correspondencia personal. Habría que tratar de reconstruirla.

Por fortuna, para encontrarlo y escucharlo basta con abrir cualquiera de sus libros.  l

 

1 Los otros tres son: Según sentencia del tiempo (1953); Compañeros de viaje (1959); Poemas póstumos (1969). Publicó además tres compilaciones: En favor de Venus (1965), reunión de poemas eróticos, como su título indica, Colección particular (1969) y Las personas del verbo (1975) que, con diversas supresiones y adiciones, incluyen poemas de sus cuatro libros.

2 Juan Ferraté, Jaime Gil de Biedma. Cartas y artículos, Quaderns Crema, Barcelona, 1994, p. 146.