“El limonero”

Alegoría política

Salma (Hiam Abbas), viuda palestina, se mantiene del huerto de limones plantados por su padre hace más de medio siglo en Cisjordania, sobre la línea verde que separa Israel de los territorios ocupados. Su vecino, Israel Navon (Doron Tavory), ministro de Defensa israelí, ordena talar todos los árboles bajo el pretexto de evitar ataques terroristas. Salma contrata un abogado árabe para defender su caso.

Por obvia y oportunista que parezca dentro de contexto del conflicto palestino, la anécdota de El limonero (Etz Limon; Israel-Alemania- Francia, 2008) funciona eficazmente como alegoría política a la vez que da pie al desarrollo de un drama intimista de mujeres sometidas a sociedades patriarcales, de ambos lados del muro; el realizador Eran Riklis (La novia Siria) se basa en un caso real que hizo ruido en la prensa israelita e internacional cuando el ministro de Defensa del Estado de Israel (se trata de Shaul Mofaz) se vio involucrado en un conflicto similar con su vecina palestina.

La vieja historia de David contra Goliat la ejemplifica esta viuda de 45 años, dispuesta a enfrentarse al Estado de Israel y a los agentes del Mossad para defender su causa; Eran Riklis evita el espectáculo de la pelea cuerpo a cuerpo, el ruido mediático, las disgresiones legales se reducen al mínimo para concentrarse en el flujo emocional de esta mujer que encuentra un espejo en la relegada Mira, esposa del político israelita, atrapada, como ella, en ese conflicto que lleva 3 mil años.

Salma y Mira (Rona Lipaz-Michael) nunca llegan a hablarse, sólo se observan a través de la cerca de la ventana, la vida emocional fluye en ellas como la savia de los árboles; la cámara del director capta la presencia viva de los limoneros, obeservadores mudos con alma vegetal. Desde las primeras tomas, la sombra del árbol se sobrepone al cuerpo de Salma, o escurre jugo mientras la viuda corta los limones para preparar sus conservas.

Vale apuntar el tratamiento luminoso en esta película hacia el tema de lo vegetal y lo femenino, arquetipos normalmente asociados a la sombra y a la oscuridad; El limonero asocia el régimen diurno, la luz del día, a Salma; la tala, la esterilidad, el muro, a la autoridad y al poder. La ley patriarcal, tanto de un lado como del otro, sólo saben imponer a Salma renuncia y sumisión.

Sin embargo, la visión metafórica parece casi involuntaria en este trabajo de Eran Riklis, realizador de vocación realista proveniente de la izquierda israelita; el conflicto político que ocasionó la intransigencia del ministro, vida, frutos y raíces, contra tala, abuso y castración, preexiste a la ficción de la película, este pleito doméstico equivale, por sí mismo, a toda una guerra de Estado; sin rebuscamientos visuales, Riklis permite simplemente que árboles y personajes ocupen el lugar que les corresponde, cámara y montaje siguen el ritmo de su respiración.

Este tipo de heroína, mujer del pueblo, sin otro recurso que un sentido absoluto de justicia que la lleva a enfrentarse al poder, se puede contar con los dedos en la ficción cinematográfica; claro, Salma se halla más cerca de la china Qiu Ju (Zhang Yimou, 1992) que de Erin Brockovich