La izquierda en el Congreso Constituyente de 1917

Mújica. Constitución de izquierda

Con esta investigación documental histórica, entregada a Proceso, la autora responde a la siguiente interrogante: ¿Qué fue lo positivo de la Revolución Mexicana?

 

Cuando el movimiento campesino encabezado por Francisco Villa y Emiliano Zapata fue derrotado y la clase obrera traicionada, los líderes burgueses encabezados por Venustiano Carranza decidieron cambiar la Constitución en vigor, o sea, la de 1857. Las elecciones de delegados se llevó a cabo el 22 de octubre de 1916. Sólo podían ser elegidos quienes habían jurado fidelidad al Plan de Guadalupe, es decir, los adictos a Carranza, entre quienes no se contaban amplias masas populares, pero sí personajes como Félix Palavicini, Luis Manuel Rojas y Natividad Macías, fieles consejeros que se encargaron del plan de trabajo. Entre los 200 elegidos se contaron 62 abogados, 16 médicos, 16 ingenieros, 18 maestros, 14 periodistas, 7 contadores, 19 agricultores, 2 farmacéuticos, 22 militares, 4 mineros, 3 ferrocarrileros.

La escasa representación obrera era consecuencia de la disolución de los “batallones rojos” de la Casa del Obrero Mundial, organizados para enviar destacamentos de trabajadores a pelear contra los ejércitos campesinos. Cuando ya no fueron necesarios Carranza los reprimió, y en agosto de 1916 promulgó un decreto que establecía la pena de muerte para los participantes en huelgas, sin juicio de por medio. Cuando los obreros de la Ciudad de México declararon una huelga general, Carranza los aplastó lanzando contra ellos tropas armadas con ametralladoras.

En un ambiente poco vibrante, en el teatro Iturbide (hoy de la República), quedó inaugurado, en Querétaro, el Congreso Constituyente el 1 de diciembre de 1916. Entonces el diputado Machorro Narváez comentó: “La Revolución todavía no es popular en México. Nosotros aún formamos minoría”. Carranza tomó la palabra para leer el proyecto de Constitución, y luego él y su comitiva se retiraron, de modo que no pudo percibir el descontento que en un importante sector provocó un texto que básicamente repetía la Constitución de 1857. Como consecuencia de inmediato se conformaron dos facciones: los leales de derecha y la izquierda encabezada por Luis G. Monzón, Heriberto Jara, Francisco J. Mújica, Juan de Dios Bojórquez, Cándido Aguilar, Esteban B. Calderón, Enrique Colunga y muchos otros, grupo al que se uniría más adelante nada menos que el general Alvaro Obregón, entonces secretario de Guerra.

Ya en los trabajos preparatorios del mes de noviembre de 1916, los cuales se celebraron en la Academia de Bellas Artes de Querétaro, una delegación de obreros se presentó para expresar a los diputados que esperaban una Constitución que recogiera las necesidades políticas y sociales, pues la revolución se había hecho para regenerar al pueblo, para levantar a los menesterosos; una Constitución que sumara las ansias, los ideales, las aspiraciones, los anhelos del sufrido pueblo trabajador; que fuera verdadera, real, efectiva.

Al frente de la facción de derecha quedó Palavicini, y a la de la izquierda Mújica. Cuando el primero maniobró para que el proyecto presentado por Carranza fuera aceptado sin discusión, Mújica le contestó categórico: “No; este proyecto de constitución no contiene disposiciones especiales de gran alcance que tiendan a establecer preceptos jurídicos para conseguir la renovación del orden social en que ha vivido la nación mexicana (…) Una revolución nunca debe retroceder. Este es algo más que un Congreso Constituyente, es un Congreso revolucionario (…) Para que nuestro pueblo pueda confiadamente atalayar la aurora del futuro, pisando con firmeza en el sendero del progreso, es condición básica y necesaria que reformemos en forma radical una Constitución –la de 1957– en que predomina el interés del individuo sobre el de la sociedad.”

En su Historia de la Revolución Mexicana, Florencio Barrera Fuentes consignó que Mújica hizo un llamado a los diputados para luchar por una justa distribución de las riquezas. Mientras que en su Historia del Congreso Constituyente de 1916-1917, Gabriel Ferrer de Mendiola relató un detalle que deberán tomar siempre en cuenta los investigadores que consultan las actas originales: la derecha controlaba el trabajo de los taquígrafos, falsificaba los protocolos, cambiaba en su favor el orden de las labores y las transcripciones de los debates. Pese a estas difíciles circunstancias, el ala izquierda consiguió rechazar el proyecto de Constitución de Carranza y elaborar algo completamente nuevo, donde introdujo artículos que reflejaban las necesidades de la nación y del pueblo trabajador en general.

Quien hizo todo lo posible porque se aprobara una Constitución democrática fue el diputado Heriberto Jara. En su libro Génesis de los artículos 27 y 123 de la Constitución Política de 1917, el ingeniero Pastor Rouaix, especializado en problemas agrícolas, quien era ministro de Fomento en el gabinete de Carranza, cita ampliamente el discurso pronunciado por el general Jara: “…si este libro lo completamos con una ley de la naturaleza de la cuestión agraria, pondremos a salvo los intereses nacionales, queda asegurado el pedazo de tierra al pequeño labrador; esta ley le dirá de una manera clara: ya no serás el esclavo de ayer, sino el dueño de mañana; ya no irás al campo a labrar un surco, dejando tu sudor, ya tendrás tu pedazo pequeño de tierra para labrarla por tu cuenta, ya serás dueño de ella, ya participarás de sus beneficios sin que nadie venga a despojarte; ya no te levantarás con el azote a las tres de la mañana, a rezar el famoso Alabado, a rezarle a ese dios que ha permitido tenerte como esclavo y que no ha permitido tenerte como gente”.

El problema agrario levantó ámpula y la asamblea resolvió crear una comisión especial presidida por Pastor Rouaix, quien invitó como asesor a un conocido anticarrancista: Andrés Molina Enríquez, pues confiaba en su talento teórico y práctico, y así lo dijo por escrito: “(Molina Enríquez) es el autor de las principales proposiciones presentadas en la comisión y que pasaron a formar parte del artículo 27 de la Constitución”.

Debido a que la cuestión obrera, según los diputados de izquierda, estaba mal planteada en el artículo 5 del proyecto de Carranza fue rechazado. Pastor Rouaix (a quien rodeaban los moderados) debió integrar una comisión que analizó los encontrados intereses del capital y del trabajo, más el derecho del Estado de intervenir como fuerza reguladora. Después de intensas discusiones fue aprobado el artículo 123 sobre el trabajo, de marcado carácter progresista.

Una comisión encabezada por Mújica se ocupó de las soluciones que la revolución debía dar a la educación, a la lucha contra el imperialismo, al problema de la Iglesia. El 27 de enero de 1917 fue aprobado el artículo 130, relativo a las relaciones entre el Estado y la Iglesia. Los diputados de izquierda rechazaron la pretensión de la derecha de introducir en la Constitución una posición conciliatoria con la Iglesia y rechazaron la educación religiosa y el acceso del clero a la actividad política abierta.

La asamblea de clausura del Congreso Constituyente tuvo lugar el 31 de enero de 1917. Carranza, en compañía de importantes políticos y militares, recibió el texto y juró defender y hacer cumplir la nueva Constitución. El 5 de febrero fue aprobada y declarada ley fundamental del país; pero por muchos años se prolongó la lucha de la reacción interna y del imperialismo contra ella. Mas para la mayoría del pueblo fue no sólo una carta de derechos democráticos, sino un arma en pro de la soberanía nacional y la independencia. Entonces ninguna otra constitución en el mundo estipulaba tan amplios derechos populares; pero éstos sólo figuraron como declaración y no fueron consolidados. Más que beneficiar a campesinos y obreros, afianzó las principales instituciones capitalistas.

Sea como fuere, las batallas ideológicas de la izquierda en 1917 dejaron marcados hasta el presente los engaños, abusos y latrocinios de quienes asaltaron y siguen sustentando el poder.