El encubrimiento

Pinochet. Crimen de estado.
Foto: AP

SANTIAGO DE CHILE.- Eduardo Frei Montalva falleció a las 17:20 horas del 22 de enero de 1981. Lo acompañaban su médico de cabecera, el doctor Alejandro Goic, y una enfermera. La noticia se propagó por el país, que a diario se despertaba pendiente del estado de salud del expresidente demócrata cristiano.

Mientras la atención se concentraba en los dolientes, en una habitación contigua a la Unidad de Cuidados Intensivos de la clínica Santa María ocurrió un hecho inusual: dos médicos del Departamento de Anatomía Patológica de la Universidad Católica de Chile, Helmar Rosenberg Gómez y Sergio González Bombardieri, junto con el asistente Víctor Hugo Chávez, manipularon el cuerpo de Frei Montalva con el propósito de encubrir el asesinato por envenenamiento del expresidente, según se desprende del auto de procesamiento del juez de la causa, Alejandro Madrid, fechado el pasado 7 de diciembre.

El documento revela además que agentes de inteligencia escoltaron a los médicos durante el lapso en que manipularon el cuerpo de Frei.

Sin contar con la autorización de la familia del expresidente, a la que ni siquiera informaron, los médicos extrajeron órganos del cadáver. Ante la justicia declararon que su propósito era realizar exámenes patológicos en dichos órganos ante la posibilidad de que una tuberculosis sufrida por el exmandatario durante su juventud hubiera tenido alguna incidencia en su muerte.

Sin embargo, el Instituto de Salud Pública ya había desechado esta tesis, pues ya le había realizado exámenes en vida al exmandatario y los resultados fueron negativos, se sostiene en el auto de procesamiento.

La intervención postmortem dio origen al protocolo de autopsia N9/82. Fue solicitada irregularmente por el exministro del Interior del gobierno de Frei Montalva, Patricio Rojas, quien también es médico y durante la investigación judicial ha negado la existencia de esa autopsia, así como haberla solicitado, a pesar de los numerosos testimonios que lo contradicen.

Según cuenta la periodista Mónica González en su artículo La autopsia de Frei paso a paso –publicado en ciper.cl, sitio en internet del Centro de Investigación Periodística–, los médicos de la Universidad Católica llegaron sólo 30 minutos después de la muerte de Frei.

A las 18 horas comenzaron a trabajar. Colgaron el cuerpo de una escalera de tijera, Chávez conectó unas mangueras a las arterias del cuello, brazos y piernas, y le inyectó siete litros de formalina mientras extraía la sangre de sus venas. La formalina, que es un buen conservante de tejidos orgánicos, tiene la propiedad de anular o alterar las evidencias de sustancias químicas.

Enseguida los doctores Rosenberg y González realizaron grandes cortes en el tórax y en el abdomen con el fin de extraer los órganos. Éstos fueron entregados al auxiliar Chávez, quien los guardó en bolsas de plástico. Después rellenaron el cuerpo de gasas. La operación duró cuatro horas.

A pesar de la conmoción que la muerte de Frei causó en Chile, el equipo médico que practicó esta irregular intervención trabajó sin sobresaltos. En algún momento Carmen Frei, la hija mayor del expresidente, abrió la puerta de la habitación, pero fue conminada a salir. Goic, el médico de cabecera, vio entrar a la habitación al equipo de patólogos. Les preguntó sobre el motivo de su presencia. Rosenberg le contestó que realizarían un embalsamamiento y Goic creyó que éste había sido autorizado por la familia Frei Montalva.

Los restos del exmandatario fueron entregados a las 23 horas a sus hijos. Esa misma noche el doctor Rosenberg comenzó el análisis de las muestras y órganos. Los introdujo en bolsas que rotuló con las letras N.N., como si fueran de un desconocido, a sabiendas de que se trataba de los restos del expresidente Frei.

En el citado auto de procesamiento, el juez Madrid subraya que no se dispuso que se practicara la autopsia médico legal necesaria para determinar las causas precisas del deceso, a pesar de que existían dudas al respecto. Tampoco empleado alguno de la clínica informó a la justicia civil sobre las anomalías observadas, como la presencia de médicos militares y de personal ajeno a la institución.

Más irregularidades: el protocolo con los resultados de esa intervención en el cadáver sólo fue incorporado al Libro de Autopsias del Departamento de Anatomía Patológica 10 años después de que fue realizado; además, la familia se enteró de este examen apenas en 2003.

El juez Madrid, en el citado auto, también señala como irregular que los directivos del Departamento de Anatomía Patológica de la Facultad de Medicina de la Universidad Católica no fueran debidamente informados sobre la intervención de los restos de un expresidente de la República ni de que había documentos relacionados con el procedimiento realizado por médicos de la propia universidad.

Entrevistado por Proceso, el destacado tanatólogo Luis Ravanal señala una de las faltas más graves cometidas por los patólogos de la Universidad Católica: realizaron la autopsia en el baño de la habitación de una clínica, en lugar de hacerla en una sala del servicio médico forense. Esto, desde el punto de vista técnico, enfatiza, es absolutamente inaceptable porque no se contaba con las condiciones sanitarias ni con el instrumental necesario para realizar un examen forense.

El citado médico legista –quien se dio a conocer internacionalmente al publicar un meta análisis forense donde concluye que Salvador Allende fue asesinado– afirma que la autopsia de Frei fue tan irregular como la de Allende. Ésta, dice, se efectuó en el laboratorio de otorrinolaringología del Hospital Militar de Santiago, en ausencia de familiares del presidente, y la llevaron a cabo sólo médicos militares que incurrieron en todo tipo de omisiones y alteraciones con el fin de imponer su visión interesada de los hechos como la verdad histórica.