Lo que se pudo evitar

Geobani Díaz. Drama

El drama del boxeador chiapaneco Geobani Díaz se pudo haber evitado, concluye el médico de ringside Enrique López, presente el día en que dejaron inválido al pugilista, y señala a los responsables: desde los dirigentes del boxeo hasta los entrenadores, pasando por los promotores, los árbitros y los doctores. López narra a Proceso a lo que se enfrentó cuando noquearon al joven de 20 años, los obstáculos que venció, las decisiones que tuvo que tomar y lo atormentado que se siente ante el estado de salud de Geobani. “Si no me vuelven a llamar para una pelea no me importa. Lo que quiero es que no vuelva a pasar una desgracia así”.

 

La ignorancia e irresponsabilidad con que se conducen muchas personas involucradas en el boxeo –directivos de organismos, promotores, réferis, médicos y manejadores– las ha convertido en cómplices de la desgracia y testigos que se sientan en primera fila a contemplar la muerte de jóvenes pugilistas inexpertos que, empujados por la necesidad económica, aceptan pelear incluso en la peores condiciones.

Así lo denuncia en entrevista con este semanario el doctor Enrique López, quien atendió en el ring al pugilista Geobani El Gavilancito Díaz y se encargó de su atención hasta antes de que fuera sometido a una craneotomía. El médico narra lo sucedido la noche del 21 de noviembre pasado cuando el boxeador chiapaneco estuvo al borde de la muerte después de ser noqueado por Ramón Niño de Oro Ayala, un rival que lo superaba en peso, talla y experiencia.

Hasta ahora, Díaz no habla, no camina, se alimenta por sonda y usa pañal desechable como consecuencia de una hemorragia y un edema cerebral (Proceso 1737). Desesperado por la indefensión en que se encuentran los boxeadores, el doctor López asegura que el pugilista pudo haber muerto sobre el ring, ahogado con su propia sangre, mientras los tres médicos presentes discutían, sin ponerse de acuerdo, la manera de atenderlo.

“Tuve una bronca con el doctor del Consejo Mundial de Boxeo (José Luis Ibarra) porque lo tenía acostado. Le dije: ‘se está ahogando con su propia sangre’. Y él me respondió: ‘No, aquí mando yo’. Lo aspiré para que no se ahogara. Para que no se muriera en ese momento lo volteé y salió un coágulo por la boca. Se pudo haber muerto ahí en la misma arena a los 5 o 10 minutos por un edema cerebral, hemorragia subaracnoidea, hemorragia cerebral o una hipertensión intracraneana”, cuenta el médico.

Después de haber recibido la atención médica, El Gavilancito reaccionó. Se puso de pie. Brincaba y sacudía los brazos y la cabeza, en tanto que uno de los doctores quería subirlo a la camilla; otro insistía en que se bajara por sus propios medios y el tercero sólo miraba.

“Casi me sacan de la arena por decirles que debíamos inmovilizarlo, bajarlo en camilla y trasladarlo. Pedí la camilla y el doctor me decía que no. Esperé al boxeador abajo y lo obligué a subir a la camilla, pero se volvió a bajar. Estos muchachos entrenan tanto que a pesar de las condiciones en que estaba, tenía un reflejo por bajarse del ring y se puso a brincar. Estuvo mal que dejáramos que hiciera eso”, dice el doctor López.

En el vestidor lo auscultó. Le tomó la presión y le aplicó dosis de Manitol, Dexametasona y Furosemida para controlar la presión intracraneana y la hinchazón del cerebro. Luego, mientras el doctor López se dirigía a atender a otro boxeador, un paramédico le avisó que Geobani Díaz había caído en paro cardiorrespiratorio.

Aquella noche, cuenta López, había una ambulancia extra en el palenque de la Feria de Tuxtla Gutiérrez. La que fue contratada por la promotora Boxeo de Gala ya no estaba cuando Díaz fue lesionado, porque trasladó al hospital al excampeón del Consejo Mundial de Boxeo (CMB) Édgar Sosa, quien sufrió una fractura en el pómulo izquierdo.

“Esa ambulancia –asegura el médico– se encontraba ahí porque yo la pedí. Pudimos trasladar al Gavilán y en el trayecto al hospital le dio un infarto. Ahí mismo lo estabilizamos. No me estoy haciendo el héroe, pero tengo una sensación de impotencia por tanto muchachito que tiene deseos de ser campeón; tanto joven que no sabe a lo que se sube. Por lo menos debería haber un acuerdo para que en cuanto pase algo sepamos qué vamos a hacer, quién va a atender al boxeador, a dónde hay que trasladarlo para que todo fluya rápido. Antes de ese día, nunca había visto tanta urgencia por atender a un boxeador.”

 

Desamparo

 

Desde hace más de siete años, Enrique López ha trabajado como médico de ringside. Casi siempre lo hace en las funciones que se realizan en San Cristóbal de las Casas, pero también en las que se disputan campeonatos mundiales sancionados por el CMB.

Aquel 21 de noviembre fue invitado a participar en la función Palenque de Campeones, cuya pelea estelar la protagonizaron Édgar Sosa y el filipino Rodel Mayol. La razón: no pudo asistir el doctor que trabaja en las veladas boxísticas que se realizan en Tuxtla Gutiérrez. A sabiendas de que en las funciones no hay con qué atender a los peleadores, López preparó su maletín con las medicinas que consideró necesarias.

“Me encargué de llevar los medicamentos porque sabía lo que podía pasar. Aquí en Chiapas a las funciones de box a veces mandan odontólogos, psicólogos, o al amigo o al primo de alguien. Si yo no hubiera llevado los medicamentes, nadie tiene ni una pastilla; es decir, no hay una cultura médica para atender a los pugilistas. Me da tristeza decirlo, pero así es.

“Ese día teníamos que estar preparados. Nunca creyeron que era tan grave el asunto ni que iba a pasar esto. Los promotores deben proporcionar los medicamentos y decirnos a qué hospital acudiremos. Ignoro por qué no contratan un seguro médico”, explica el doctor López. Añade que el presidente de la Comisión de Box de Tuxtla Gutiérrez, Neftalí Castillo, se rehusó a reembolsarle los 5 mil pesos que cuestan las medicinas que usó, porque “no hay dinero”.

La atención para Geobani fue un verdadero calvario, asegura el doctor López y añade que gracias a sus compañeros urgenciólogos del Hospital Regional el boxeador fue intubado y estabilizado. Luego lo llevaron a un laboratorio privado para hacerle una tomografía. Dice que para pagar el estudio tuvo que dejar su teléfono celular en prenda.

Con los resultados en la mano trasladaron al Gavilancito al Hospital Militar, en donde le practicaron una craneotomía descompresiva. El cirujano quitó del lado izquierdo un pedazo de cráneo de aproximadamente 10 centímetros.

“El doctor Fausto García (director de la promotora Boxeo de Gala) y José Sulaimán (presidente del CMB) me llaman para preguntar sobre la evolución del paciente. Ya no tengo nada que ver en el asunto y no quiero que me sigan hablando. Me piden que haga un reporte, e incluso que no hable más de la cuenta.

“El comisionado en turno es juez y parte; lo mismo cobra las entradas que da los resultados. Acepté esta entrevista porque no quiero que vuelva a pasar lo mismo. Después de decir esto a lo mejor ya ni me van a llamar, pero no me importa, mientras mi conciencia esté tranquila”, sentencia.

El doctor López denuncia que en el boxeo no existe una cultura de la prevención para evitar que los pugilistas queden en condiciones tan lamentables que no puedan ni siquiera valerse por sí mismos, o que pierdan la vida.

Reconoce que debieron haber parado la pelea entre el Gavilancito y el Niño de Oro, desde que el primero comenzó a sangrar de forma profusa por la nariz; sin embargo, ni el réferi Jesús Arias ni los tres médicos que estaban presentes lo hicieron.

“Además del golpe (el izquierdazo que Ayala le propinó) y la caída (se golpeó brutalmente contra la lona cuando cayó desmadejado), los daños fueron causados por una fractura de nariz. Ésta se fue hacia adentro de la cara y los huesos le provocaron una lesión cerebral. Desde el inicio del cuarto round hubo un golpe que ocasionó un sangrado nasal incontrolable. En ese momento debimos parar la pelea, pero no lo hicimos”, lamenta.

El doctor López comenta que el réferi puertorriqueño Roberto Ramírez Jr., quien estuvo en la pelea Sosa-Mayol, lo mandó llamar para decirle: “Yo soy el único que manda aquí, soy el único que va a parar la pelea”. Añade que cuando cayó noqueado el Gavilancito, todavía se dio el lujo de regañar a los médicos por haber invadido el cuadrilátero sin su permiso. “Dijo que no debimos haber subido, que en su peleas no volviéramos a subirnos al ring”.

–¿La máxima autoridad en el ring debería ser un médico capacitado que le diga al réferi cuándo hay que detener un combate? –se le pregunta al doctor López.

–Todos deberíamos tener esa capacidad. Ahí está el caso de Sosa que fue  víctima de un médico y de un réferi que no ven. Desde el momento en que Mayol le dio el cabezazo, Sosa se dolió; incluso movió la cabeza, pero lo revisó el doctor (José Luis Ibarra) y lo dejó seguir. Yo vi cuando le dieron el golpe que le fracturó el pómulo izquierdo y le hice una señal al réferi. No me hizo caso, continuó la pelea y el peleador terminó en el quirófano.

“No podemos decir que todos tenemos errores y somos humanos, porque hay errores que marcan la vida y la suerte de un boxeador. Sin embargo, sólo nos sentamos y vemos.”

 

Costosa negligencia

 

En el programa Noche de Puños que transmitió el canal TDN (filial de Televisa) el pasado 15 de enero, el conductor Eduardo Camarena presentó imágenes del cuarto round de la pelea Ayala-Díaz. En el audio se escuchó cómo el experimentado exréferi Octavio Meyrán cuestionaba el trabajo de Jesús Arias.

Justo cuando Meyrán comentaba que el réferi estaba muy lejos de la acción y que debería acercarse “para evitar un golpe que pudiera lastimarlo (a Díaz)”, llegó el fatídico gancho de izquierda. El doctor Alfonso Morales apuntó: “Excelente apreciación de Octavio Meyrán. Fue impactante el golpe que antecede al derribe. Lo que estabas diciendo, Octavio, más sabe el diablo por viejo que por diablo”.

“Ese golpe se pudo haber evitado si el réferi hubiera estado al pendiente de lo que estaba sucediendo con los boxeadores. En ese tipo de situaciones es primero el boxeador. Hay que notar que por lo lejano que estaba de la acción, el réferi no tuvo la oportunidad de evitarle ese daño innecesario al boxeador”, enfatizó Meyrán.

Después de la derrota por nocaut técnico que en apenas dos rounds sufrió Édgar Sosa por el artero cabezazo que le asestó Rodel Mayol, el CMB nombró al mexicano “campeón mundial emérito” y le dio el privilegio de disputar el título mundial en la división de su elección, una vez que se recupere de la triple fractura que sufrió en el pómulo izquierdo. Esta lesión lo tendrá lejos de los encordados entre seis y nueve meses.

En su encuentro con periodistas de la fuente, el presidente del CMB, José Sulaimán excusó tanto al réferi Ramírez como al doctor Ibarra y exaltó el valor de Sosa para seguir boxeando a pesar de la lesión.

“La triple fractura de Édgar Sosa me ha preocupado muchísimo; sólo él y unos cuantos peleadores continuarían en la batalla. Hubo un tremendo cabezazo, Sosa cayó a la lona, el réferi lo levantó y lo llevó con el doctor y éste lo autorizó a seguir”, se jactó Sulaimán cinco días después de la pelea.

Algunos reporteros le dijeron que el réferi no tenía por qué haber levantado de la lona a Sosa, quien se retorcía de dolor, y cuestionaron la decisión del doctor Ibarra de dejarlo seguir en lugar de parar el combate porque el boxeador se veía en malas condiciones.

“Tengo que respetar la opinión de mis oficiales. Si hay alguna sanción lo trataremos en privado. Como les repito, tengo dudas sobre si el cabezazo fue intencional. El cabezazo sí existió y fue fatal, todos nos dimos cuenta, concluyó Sulaimán.

–¿Por qué cerrar los ojos ante algo que todos vieron? –insistió un periodista.

–No los cierro. No me echen encima a México.

“Habría que homologar los criterios para intervenir y parar una pelea porque si no, va a seguir habiendo muertos. Es un milagro que Gavilán no se haya muerto, pero va a quedar con secuelas”, advierte Enrique López.

En su afán por ayudar, el doctor López habló con el comisionado Neftalí Gordillo sobre la necesidad de crear una estrategia para ofrecer atención médica a los pugilistas. Le explicó que es necesario contar con un equipo multidisciplinario que incluya un neurocirujano, un anestesiólogo y un traumatólogo. También le explicó que con 15 mil pesos por función quedaría garantizado el cuidado médico de los boxeadores. “Me dijo: ‘te hablo’. Sigo esperando la llamada”, se queja el doctor.

“El enojo que tengo es porque pasó eso y siguen haciendo peleas sin las medidas ni los médicos adecuados. Un traumatólogo no sabe cuándo parar una pelea, debe haber un experto que lo decida. El box es una especialidad punto y aparte; aunque seas neurocirujano si no sabes de box no te sirve de nada. Tienes que conocer este deporte para que sepas en qué momento debe detenerse una pelea; para que sepas si un peleador puede subir o no al ring. No quiero hablar de otras negligencias que han pasado, como que una boxeadora peleó embarazada (Anahí Centella)”.

El doctor Enrique López, quien ha trabajado en más de 450 peleas nacionales e internacionales, dice que desde hace cinco años ha ido a tomar cursos y se ha certificado en la Asociación Americana de Profesionales de Ringside (AAPRP, por sus siglas en inglés). Desde 1997, este organismo capacita a los médicos que trabajan en funciones de box para que sepan cómo atender cualquier contingencia, sobre todo si hay lesiones por traumatismo. Hasta ahora, afirma, es el único mexicano que ha tomado esos cursos.

“Vienen más peleas a Tuxtla Gutiérrez. ¡Que Dios bendiga al Canelo Álvarez! (peleará el próximo 6 de marzo). Yo no me voy a estar prestando ni quiero andar corriendo porque hay personas que no quieren hacer lo que les toca. Los boxeadores merecen todo mi respeto; ellos están tratando de ganarse un lugar en la vida porque vienen de un estrato socioeconómico muy castigado.”