El fenómeno

Cuauhtémoc Blanco. Impredecible

Impredecible, Cuauhtémoc Blanco decidió jugar con el Veracruz en la división de ascenso y generó una revuelta. Peleado con los reporteros, hosco con sus rivales, rebelde con los árbitros, solidario con sus compañeros, el delantero de la Selección nacional llena estadios, sube las audiencias de los noticiarios deportivos locales, despierta el interés de patrocinadores, vuelve negocio la playera 10 de los Tiburones y, mientras espera el Mundial, hace sus pininos como conductor de televisión y guarda la promesa del presidente del Veracruz de, en unos años, hacerlo debutar como entrenador.

 

VERACRUZ, VER.- Relampaguean las luces frente al rígido semblante de Cuauhtémoc Blanco apenas se asoma a la cancha del estadio Luis Pirata Fuente. Inicia la sesión de calentamiento previa al arranque del juego.

Es viernes 12 de febrero. En una escena futbolera pocas veces vista, se acercan al ídolo, sigilosos, jugadores y directivos del equipo adversario, Alacranes de Durango. Le piden tomarse una foto, le extienden una playera, un papel para el autógrafo. El Temo, impredecible, reacciona con molestia y rechaza las peticiones.

El líder de la Selección nacional que participará dentro de cuatro meses en el Mundial de Sudáfrica decidió mantenerse activo jugando en la división de ascenso y provocó una revuelta con su decisión de jugar en el Veracruz: donde juega hay lleno; los noticiarios deportivos mejoraron sus audiencias, los anunciantes compiten por los espacios, las playeras del Veracruz, en especial las del rebelde jugador, se venden por miles, surgen espontáneos imitadores de su joroba, la imagen del delantero aparece en posters, promocionales, estampados.

El fenómeno Cuauhtémoc, el negocio llamado Cuauhtémoc, se instaló en el puerto.

Llegó en diciembre pasado, convertido en la espectacular noticia de la directiva que anhela regresar al equipo a la máxima categoría. Raúl Quintana, uno de los dueños del equipo, ganó la disputa a varios clubes de la Primera División simplemente porque al examericanista así le latió.

A sus 37 años, Cuauhtémoc aceptó un segundo desafío en los Tiburones Rojos. El primero fue en el torneo Apertura 2004, cuando bajo su liderazgo Veracruz alcanzó el superliderato y los cuartos de final, luego de que América lo marginara.

Ahora Blanco asoma como la estrella solitaria de este circuito. Hay una parte de él que no lo abandona, la del jugador que reclama, que gesticula, que lanza improperios, que se queja del acoso de sus rivales, que desafía al árbitro. Pero hay otro perfil de Cuauhtémoc, poco conocido, que ha dejado ver por estas tierras.

Al fin capitán de la escuadra, en la cancha se toma en serio el liderazgo. Si algún jugador termina mal una jugada, no hay regaño, al contrario, lo anima, lo aconseja. Sólo llama la atención cuando uno de sus compañeros reclama alguna decisión arbitral.

Otra más: El jueves 11, en la víspera del juego contra Alacranes, tomó las casacas de entrenamiento y eligió a los compañeros que formarían su equipo.

Imposible para Blanco pasar inadvertido. Cada uno de sus gestos, de cada una sus palabras trascienden en los diarios locales con los que, para variar, ya se peleó: El martes 9 dijo a los reporteros: “Ustedes, para mí, en realidad, no existen. Así se los digo, de frente”.

También les exigió: “Ya dejen de estar molestando a Joaquín (Del Olmo), a los jugadores. Les están metiendo mucha presión y la gente se involucra mucho en ustedes…”.

 

Un toque singular

 

Considerado uno de los más talentosos y controvertidos futbolistas de los últimos tiempos en el país, y cerca de disputar su tercera Copa del Mundo, Cuauhtémoc juega aquí con su esplendor, su excentricidad, su talento, sus clásicos berrinches, sus pases como trazos a mano y su celebridad.

Decidió jugar aquí, pero puso sus condiciones: Es quizá el único futbolista en el mundo al que se le permite ausentarse hasta tres días de la semana de los entrenamientos. Entre otras razones, porque los lunes por la noche conduce el programa de televisión La hora de Cuauhtémoc para la cadena Foxsports.

El presidente y copropietario del equipo, Raúl Quintana, justifica a Proceso las ausencias del ídolo. Dice que, en el contrato que finaliza el 31 de diciembre, así lo estipula:

“Cuando trajimos a Cuauhtémoc, su representante (José Manuel Sanz) nos avisó que no iba a poder entrenar los lunes porque debutará con su programa en televisión: ‘Cuando jueguen los viernes, tiene sábado y domingo (libres) y no va a regresar hasta el lunes en la noche’. Ese fue un compromiso que firmamos el representante y la directiva. Las condiciones están establecidas así, no es que haya sido algo nuevo.”

Quintana precisa que durante esos días el delantero se ejercita con un preparador físico pagado por él mismo, “y entrena como si estuviera aquí; lo puede hacer en su casa o donde quiera”.

El “fenómeno Cuauhtémoc” o “el efecto Cuauhtémoc” –como lo distinguen en el puerto– no sólo se manifiesta en el estadio Luis Pirata Fuente, donde los aficionados han regresado a las gradas. Quintana afirma que a partir de la llegada del veterano delantero también se abarrotan los estadios en otros estados de la República. Los patrocinadores también se incrementaron, por lo que calcula que a finales de año se habrán vendido unas 20 mil playeras oficiales con el número 10 del ídolo de la afición veracruzana, cuya prenda tiene un valor comercial de 900 pesos.

Raúl Quintana, quien posee las acciones del club a partes iguales con su socio Marcos Fastlich –suegro de Emilio Azcárraga Jean–, es el directivo que a principios de año hizo públicas sus intenciones de cobrar un porcentaje al equipo rival que quisiera recibir en su plaza a Cuauhtémoc.

Hoy lo admite: “Me faltó cabildeo con los presidentes de los equipos antes de lanzar el proyecto. En eso, la verdad me equivoqué, antes de lanzarlo debí platicar con ellos. La  propuesta estuvo muy dividida el día que la anunciamos. En Estados Unidos se hace, y hay equipos de beisbol y de futbol americano que aceptan dividir la taquilla. Hablé con siete presidentes, y aceptaron.

“Lo único que nos pedían, por ejemplo, el de La Piedad, era que Cuauhtémoc hiciera labor social: ‘El dinero es lo de menos, nos interesa la obra social que podamos hacer’. Por su parte, Cuauhtémoc estaba, y está decidido a asistir a un hospital, a una escuela, en plazas como La Piedad… Yo iba directo a lo que quería: a cobrar. No me equivoco”, dice Quintana.

–¿Cuánto pretendía cobrar por la presencia de Cuauhtémoc?

–Estábamos poniendo la diferencia de lo que nos cuesta viajar en una línea aérea con respecto a un charter. No puedo precisar el monto porque hay veces que te cuesta 60 mil pesos, 100 mil, y en ocasiones 150 mil. Es una nueva cultura, y no es Quintana. Es un proceso para el futuro. Si mañana el León se trae a Beckham y me dice: ‘¿Me puedes ayudar?’. Por supuesto que estaría de acuerdo. Si mañana me traigo a Beckham o a Figo voy a llenar los estadios. Pero nada como Cuauhtémoc, ¡Ehhh!

“Él es ídolo aquí y en Estados Unidos. Te garantizo que cuando vayamos a Oklahoma, el 31 de marzo, a un partido, se llenará el estadio: 20 mil personas con el equipo que sea. Lo que quieren es ver a Blanco, tomarse fotos con él y pedirle autógrafos.”

Para Quintana todo parece un sueño: “Cuauhtémoc es un fenómeno. Es algo increíble e impresionante: en el estadio de Hermosillo metían 700 personas, y con Blanco ingresaron 18 mil; el estadio de Tijuana sólo se había llenado una vez, durante la final, pero con la presencia de Cuauhtémoc se llenó al 100%. Fuimos a San Diego, California, nada más para hacer un interescuadras en una preparatoria, y llegaron cerca de 6 mil fans de Cuauhtémoc”.

El directivo prosigue: “Es un ídolo nacional. En Hermosillo, 80% de los aficionados eran seguidores de Cuauhtémoc. Tanto, que cuando metimos gol la gente nos aplaudió. Lo queremos mucho. En lo personal nos ha ayudado mucho para este proyecto, ha conjuntado el equipo. Había un poco de nerviosismo cuando vino, porque es un ídolo, y todos los futbolistas están muy motivados”.

Cuando salimos de Hermosillo –relata– se juntaron cerca de 800 personas alrededor del autobús. No dejaron que se moviera hasta que Cuauhtémoc se acercó al parabrisas y le tomaron fotos. Se quedó tres minutos, y después nos fuimos.

 

Una sólida amistad

 

Entre el directivo del equipo jarocho y el jugador germinó una amistad desde que Quintana coincidió con Blanco luego de su designación como presidente del América en 1998.

Relata: “Nunca perdí la relación. El día que se quedó en España hablaba con él cuando lo fracturaron, pero lo más importante es que se unió a nuestro proyecto, creyó en nosotros, y le gusta Veracruz. Gracias a eso, en agosto pasado, cuando le hablé para preguntarle: ¿Te vienes con nosotros? Él me dijo: ‘Presi, a morir. Me encanta Veracruz porque es una afición de primera”’.

Fue por esos días cuando Quintana anunció a la prensa que Veracruz se haría de los servicios de Blanco, no obstante que equipos como el Querétaro ya estaban apalabrados con el delantero. “Pero le gustó más nuestra propuesta cuando le dije: ‘Mira, Cuau, tú vas a tener un proyecto acá a largo plazo. Sabemos que te vas a retirar en el América, queremos que nos ayudes a ascender y en tres años vuelvas como entrenador del Veracruz, que aquí hagas tu debut’”.

Más allá de sus días de descanso y contra lo que se pudiera pensar, Cuauhtémoc Blanco no goza de privilegios ni de tratos especiales. En el vestidor cuenta con un compartimiento similar al del resto del plantel. Y él mismo le dice a Quintana: “Si tenemos que viajar en camión, no te preocupes, mi presi. Si dormimos en un hotel de segunda, no hay problema conmigo. Yo jalo parejo”.

Quintana cuenta: “Él baja con el grupo y si le toca un cuarto malo ahí se queda. No es de los que reclaman. Es impresionante su humildad y su calidad humana. Si de pronto está comiéndose un sándwich y llega alguien con su hijo a pedirle una foto en el aeropuerto o en el restaurante, se quita el sándwich y se toma la foto”.

Ocurre también cuando aparece en lugares públicos. Por ejemplo, a la hora de tomar los alimentos el cuerpo técnico fija un horario, pero el delantero siempre llega con retraso debido al trajín de los autógrafos y las tomas fotográficas. Lo mismo sucede cuando sube al autobús: Sus compañeros y el cuerpo técnico deben esperar a que termine de repartir autógrafos.

En Estados Unidos, mientras jugaba para el Chicago Fire, disponía de un elemento de seguridad. Y ahora la directiva del Veracruz se plantea la posibilidad de asignarle una persona que proteja su integridad física.

Se ha vuelto costumbre que al principio de cada partido los jugadores del equipo contrario lo busquen para la fotografía o el intercambio de playera.

Con 18 años de trayectoria, Blanco se levantó de una gravísima lesión ocasionada por el trinitario Ancil Elcock, que lo tuvo al filo del retiro, previo al Mundial de 2002; también se sobrepuso a la decisión del técnico Ricardo La Volpe, quien no lo convocó para el Mundial de Alemania 2006.

Nacido el 17 de enero de 1973 en el barrio de Tlatilco, en el Distrito Federal, Cuahutémoc creció en el barrio de Tepito. Desde su debut profesional –2 de diciembre de 1992– con el América (1992-97), ha jugado también para el Necaxa (1997-98), América (1998-2000), Real Valladolid, de España (2000-02), América (2002-04), Veracruz (2004), América (2005-07), Chicago Fire (2007-09, con una breve participación en Santos, en 2008) y Veracruz, a partir de diciembre de 2009.

Asimismo, fue campeón de goleo en el torneo Invierno 98, con 16 goles, y con 125 anotaciones es el segundo mejor realizador del América, sólo superado por Luiz Roberto Alves Zague, con 336. Condujo a la Selección nacional al Mundial Corea/Japón 2002 en los momentos más caóticos y ahora lo hará en el de Sudáfrica 2010.

Reportero y comentarista de la XEU de Veracruz, Ubaldo Enríquez no oculta la admiración por el ídolo: “Precedido por el tema de la Selección Mexicana nos llegó el mejor jugador a Veracruz, y se ha convertido en un fenómeno: las entradas han mejorado, las tiendas deportivas han incrementado la venta de los uniformes del Veracruz, sobre todo las camisetas de Cuauhtémoc; los medios de comunicación también se han visto favorecidos porque los anunciantes quieren participar en esa vorágine, en ese boom mediático”.

Enríquez se explaya: “Los programas de radio han subido de rating y se han elevado en cuestión de patrocinios, igual que los medios impresos, incluso la televisión local de Veracruz ha subido en cuestión de comercialización. El fenómeno Cuauhtémoc o el efecto Cuauhtémoc, como le llamamos en Veracruz, ha sido muy importante para el equipo en la parte económica, en la parte del show. Lamentablemente no ha sido así en lo futbolístico. Esta liga es muy limitada, con jugadores que evidentemente no están a su nivel, y cuando quieren asociarse con él no les alcanza. Es normal, están en una liga con un límite de calidad adecuado para ellos”.

A Cuauhtémoc lo esperan en el túnel jugadores del equipo rival. Algunos del cuerpo técnico lucen ya en las playeras la rúbrica del delantero, quien lleva dos pequeños bolsos y la chamarra sujetada a la cintura. Y mientras intenta encontrar la salida, es abordado por un reportero del área de televisión de la mismísima FIFA, quien suplica:

“Cuauhtémoc, he venido desde Londres, a pedido de la FIFA, especialmente para hacerte una entrevista.”

Blanco apenas lo escucha, fija la mirada a su interlocutor y vuelve hacia su camino sin pronunciar siquiera una sola palabra.