Golpe a “El Chapo”… en Colombia

"La Señora". Rumbo a la extradición

BOGOTÁ.- A las 6:15 de la mañana del lunes 8 la mafia sufrió uno de los golpes más fuertes en los años recientes. A esa hora, en una operación simultánea en siete ciudades del país, más de medio centenar de elementos de la Dirección de Investigación Criminal (Dijin) capturó a 22 narcotraficantes, cuya extradición pide ahora el gobierno de Estados Unidos.

Por el número de arrestos, el volumen de droga que exportaban y la importancia que tenían en el mundo del narcotráfico, es el caso más emblemático desde la célebre Operación Milenio que en 1999 terminó con el arresto de una veintena de narcos de primera línea, entre ellos Fabio Ochoa.

La operación comenzó en agosto de 2007, cuando un fiscal especializado de Medellín coordinó con un grupo élite de la Policía Nacional para interceptar una línea telefónica de un piloto que realizaba vuelos para el narcotráfico desde el aeropuerto Olaya Herrera de Medellín. Los analistas de la Dijin armaron una red con otros 900 teléfonos que les permitió establecer un primer mapa que reveló que estaban frente a una gigantesca organización de narcotráfico que exportaba entre cinco y ocho toneladas de coca hacia Centroamérica.

La estructura base estaba conformada por 12 pilotos en Antioquia, Córdoba, Valle y Meta, quienes, aunque algunas veces “trabajaban” de manera independiente, realizaban la mayoría de sus narcovuelos para tres capos: Maximiliano Bonilla, Valenciano; Daniel Arnoldo Barrero, El Loco, y la organización de Los Comba.

Identificados los principales pilotos, el grupo especial de la Dijin comenzó a seguirlos día y noche. La mayoría de los datos y la información más importante la obtuvo un grupo de oficiales mujeres que se camuflaron como ejecutivas, vendedoras de seguros, trabajadoras del aeropuerto y lograron acercarse a cada uno de los pilotos para ganarse su confianza.

Una de las partes más complicadas de la operación policiaca fue la captura de María Patricia Rodríguez, única mujer entre los 22 detenidos la semana anterior.

 

La viuda de la mafia

 

Conocida con los alias de La Señora o La Doctora, Rodríguez tiene una singular historia en el mundo del narcotráfico. De 38 años, lleva más de una década rodeada de narcos debido a su esposo, Francisco Cifuentes, Don Pancho…

Don Pancho recorrió y trabajó para prácticamente todos los cárteles del país: norte del Valle, Cali y Medellín. Tenía un hangar propio en el aeropuerto Olaya Herrera de Medellín y una de sus fincas en Ayapel, Córdoba, contaba con una pista conocida como Torre 80 autorizada por la Aerocivil.

Pero por encima de todo, su fama en el mundo del narcotráfico se basaba en que era el hombre en que más confiaba Joaquín El Chapo Guzmán, el jefe del sanguinario y temido cártel de Sinaloa, considerado como el Pablo Escobar mexicano. Era tan grande la confianza y amistad, que a comienzos de 2007, El Chapo compró 13 aviones para dárselos a Don Pancho para exportar juntos coca desde Colombia hacia México.

En todos los viajes, negocios y reuniones con los mexicanos estaba su esposa Patricia, quien conocía el negocio igual de bien que su marido Don Pancho. En abril de 2007 Don Pancho fue asesinado por hombres de la “oficina de Envigado” en su finca de Caucacia. Patricia Rodríguez, con dos hijos, uno de 14 y otro de 18 años, pasó a engrosar la larga lista de las viudas del narcotráfico. La muerte de su marido representó el punto de quiebre en su vida, pues de ser la mujer de un mafioso, pasó a ser la socia de uno de ellos.

Tras la muerte de Don Pancho, El Chapo envió a Colombia a varios delegados suyos para arreglar algunas cuentas con la viuda de su exsocio. Aparte de la deuda por la compra de los aviones, el capo mexicano le exigió a Patricia el pagó de un cargamento de 10 toneladas de coca que nunca llegó a su destino y del cual no se volvió a saber nada.

Patricia debía entregar a los mexicanos todas las haciendas que le había dejado su esposo en Córdoba, Urabá y Antioquia. Lo mismo que lujosos apartamentos y varios aviones de su propiedad. Para sorpresa de los enviados de El Chapo, Patricia decidió pelear por la fortuna que le había dejado su marido.

Y fue más allá. Pidió una cita con el capo mexicano en un terreno neutral, incluso se manifestó su temor de que si se reunía con él en México podía ser asesinada. La cita fue en Panamá. Allí, la mujer convenció a El Chapo de asociarse con ella, algo extremadamente inusual en el machista mundo del tráfico de drogas. Desde ese momento, hace más de dos años, Patricia se convirtió en uno de los enlaces principales de El Chapo en Colombia.

La mujer tenía todo para entrar pisando fuerte. Conocía a los proveedores. En sus fincas tenía sus propias pistas, tenía los pilotos que trabajaban para ella, incluso aprendió a pilotear ella misma.

Su vida transcurría entre Medellín, en donde vivía, Panamá, México y Miami, a donde acudía a reuniones para coordinar sus “negocios”. Lo que no sabía era que su obsesión por el gimnasio, en el que solía estar tres horas diarias, y sus viajes al exterior eran seguidos por personal de la policía que la seguía día y noche.

El jueves 11 el director de la Policía, general Óscar Naranjo y algunos de los oficiales que participaron en la operación fueron invitados por el Departamento de Estado y la Fiscalía de Dallas, Texas, en donde se expidieron las 22 órdenes de extradición, a recibir una condecoración por la operación y a contar los detalles de la captura de la viuda de la mafia.