“La ginecomaquia”

Los hospitales dementes

Cuatro mujeres en un hospital psiquiátrico viven una interrogante, desdobladas en otros personajes. Son enfermeras y enfermas, y en esta dualidad Hugo Hiriart estructura su obra La ginecomaquia, mezclando problemáticas cotidianas de las enfermeras con la gravedad de presencias que torturan a las internas del pabellón amarillo.

La ginecomaquia es uno de los primeros textos del autor, dirigido por él en 1972 y que dedicó a su hermana Bertha, la cual actuaba en ese montaje. Varias versiones han sido llevadas al escenario y ahora podemos presenciar la que se presenta los domingos hasta el 30 de mayo en el teatro La Capilla bajo la dirección de Iván Domínguez-Azdar. Este montaje, ganador de un par de premios en 2009 en el XVII Festival Nacional de Teatro Universitario de la UNAM, es un interesante acercamiento a la obra, donde el director la reinterpreta subrayando el dramatismo y la ambigüedad de las enfermas.

Sin embargo, al eliminar el espíritu festivo en la locura de las pacientes, la intensidad del drama se vuelve grandilocuente, y los textos absurdos dentro de una lógica demente parecen verdades irrevocables. El manejo del espacio diseñado por las escenógrafas Auda Caraza y Atenea Chávez es ágil, y el director consigue transiciones eficaces entre una y otra realidad. Los cambios fluyen espontáneamente, y si bien en un principio las transformaciones de las mujeres se dan entre una y otra escena, después vamos viendo cómo, a vistas, ellas cambian de personalidad. Iván Domínguez-Azdar sale avante frente a este reto, pero descuida las transiciones espaciales. Quedan al descubierto los señalamientos luminosos del teatro, los switches de luz y el andar de las actrices fuera de escena, por lo que la intimidad y verosimilitud de las escenas se pierde. Si los cambios de escenario están integrados al accionar de los personajes, ¿por qué no hacerlo en todo momento?

El trabajo de las jóvenes actrices Mariana Villegas, Guiliana Vega, María del Carmen Félix, Marianella Villa y María Aragón tiene empuje, emotividad y dedicación, lo cual le da fuerza a la obra, aunque el tono a veces es solemne y declamatorio, y la lentitud en la interpretación de los textos dificulta el ritmo.

La ginecomaquia de Hugo Hiriart es una obra atractiva para ser interpretada por los grupos de teatro de hoy. Es una crítica al sistema de los hospitales psiquiátricos, en los que el descuido puede permitir la presencia de seres ajenos al lugar que abusan de las pacientes, y una muestra de los universos mentales de cada una de ellas que, en términos dramáticos, son desafortunadamente expositivos.