Blanca Guerra: “Mi única adicción es actuar”

Blanca Guerra

Aunque ha aparecido en 120 películas y en televisión, la actriz Blanca Guerra considera el teatro como “mi espacio natural”. Ahora es posible verla interpretar en el teatro San Rafael un papel fuerte en Agosto, con Lilia Aragón, de la cual habla en entrevista, donde pide apoyo para el escenario: Es triste, dice, que Calderón haga de la militarización el sello de su gobierno, en vez de emitir un decreto diciendo “me llenan todas las salas del país”.

 

En Agosto Bárbara intenta, a partir de la intempestiva muerte del padre, rehacer a su familia disfuncional. La madre, cuya lacerante lengua es peor que la de una víbora, vive sumida en ansiolíticos; su esposo la engaña con una jovencita; su hija fuma mota día y noche mientras coquetea con el novio de otra tía, y además otra de sus hermanas tiene una relación amorosa con un primo hermano.

Como sucede en todas las familias aparentemente normales, atrás de la supuesta felicidad el amor familiar se divide entre la manipulación, la culpa y la sutil pero constante asechanza de la frustración.

Bárbara es interpretada por la actriz Blanca Guerra, quien con más de 120 películas filmadas, seis Arieles, dos Diosas de Plata, entre otros reconocimientos, es considerada como una de las actrices clave dentro del teatro, cine y televisión nacionales.

Su participación en Agosto, de Tracy Letts (Premio Pulitzer) es una nueva oportunidad para que la actriz muestre que “el teatro es mi espacio natural”. Ya que ha estado en los foros desde que era una adolescente.

 

Intuición

 

En entrevista con Proceso, Guerra –de trato amable y jovial– no parece mayor de 50 años. Nació en 1953. Fuera del foro apenas si usa maquillaje y su esbeltez la muestra como una mujer acostumbrada al rigor del ejercicio, particularmente al de la danza.

“Yo no tenía claro qué quería estudiar, hasta que conocí a unos amigos en la prepa que estaban en ese ambiente y que trabajaban con Abraham Oceransky. Eso detonó mi relación con ellos, su rigor, su compromiso, su profesionalismo, es curioso pero sentí que en un espacio así, no peligraba.”

Guerra entró a estudiar literatura dramática en Filosofía y Letras y posteriormente al Centro Universitario de Teatro (CUT), un poco a pesar de la opinión de sus padres, en particular de su madre:

“Ella quería, me imagino, otra cosa para mí. Pero yo siempre he sido una mujer muy intuitiva, así que decidí irme a vivir sola. Renté un cuarto en una azotea de la colonia Del Valle. Ahí había una serie de cuartitos para estudiantes y los ocupábamos varios teatreros. Era muy cómodo porque en mi época los jóvenes teníamos más facilidades para desarrollarnos. 

“No eran estos tiempos. Yo trabajaba en vacaciones en tiendas departamentales, estuve en la sección de juguetería y después en la de ropa para niños. Era muy buena vendiendo, sabía lo que tenía que hacer. Si ahora haces una solicitud en un lugar así, creo que ni hay lugar, está copado. También de pronto hacía comerciales, es decir que a los 18 años tenía posibilidad de pagarme una renta de 400 pesos mensuales. Lo que me hacía muy feliz porque siempre he sido una mujer independiente.”

Héctor Mendoza, quien estaba encargado de las actividades teatrales en la UNAM y dirigía el CUT, al conocer su trabajo Guerra le solicitó la posibilidad de incorporarse a éste:

“En aquel entonces estaba muy de moda la vanguardia de Grotowsky, era el trance y el conocimiento de tus emociones.”

Al salir participó en una larga temporada en diferentes obras, las más impactantes fueron de William Shakespeare, Sueño de una noche de verano y El rey Lear –compartiendo créditos estelares con Ignacio López Tarso, Humberto Zurita y Alejandro Camacho, entre otros–, ambas dirigidas por Salvador Garcini.

 

Vivir del arte

 

Si bien no recuerda todas las películas en que ha participado, Blanca Guerra tiene en su haber múltiples reconocimientos como Mejor Actriz: Ariel por Perro callejero (1980), Diosa de Plata por Mote (1984), Ariel por El imperio de la fortuna (1986), Ariel por Días difíciles (1987), Diosa de Plata por Morir en el Golfo (1989), Coral de Cuba a mejor actriz de reparto por La reina de la noche (1994), Ariel a la mejor actriz de reparto por Principio y fin (1994), Coral de Cuba por mejor actriz de reparto por Principio y fin (1994) y Ariel por Un embrujo (1999).

Ha trabajado con otros destacados directores como Ismael Rodríguez, Felipe Cazals, Alejandro Jodorowsky, Sergei Bondarchuk, Luis Mandoki, Ruy Guerra, Paul Leduc y Miguel Littín.

–¿Cómo percibe su carrera cinematográfica?

–He hecho muchísimo cine. A veces hasta cinco películas al año. Siempre he tenido mucho trabajo y he hecho de todo: de lo malo a lo menos malo y de ahí a experiencias realmente extraordinarias.

–¿Ha hecho concesiones artísticas para tener trabajo?

–Hice ciertamente muchas concesiones. Para algunos puristas tal vez demasiadas. Pero yo siempre tuve claro que no me convenía pasar largos periodos de inactividad. Así que hice algunas cintas comerciales.

–¿Se arrepiente de algunas de ellas?

–En lo absoluto. Uno qué más quisiera que siempre le ofrecieran buenos guiones y buenos sueldos. Pero también hice y hago mucho cine alternativo, he participado en varias óperas primas, pero sin cobrar un solo peso. Me queda la sola satisfacción de haber participado. Paralelamente he podido trabajar para ser autosuficiente y lo he logrado.

–¿Qué me puede decir de las películas con Vicente Fernández?

–Las de Vicente Fernández son películas que me abrieron un mercado increíble. Ese tipo de cine tan popular se ha traducido en mi vida en afecto puro de la gente que te agradece ese tipo de entretenimiento.

–¿Y la parte económica?

–Tanto en el cine comercial como en el de autor siempre he recibido más o menos lo justo. Quizá por mi formación o mi capacidad se me ha reconocido en lo que hago. A veces con mayor reticencia de los productores. Pero por lo menos siempre he tenido trabajo. Yo no pretendo hacerme rica, sino vivir de mi trabajo.

–¿Con qué directores ha trabajado mejor?

–Arturo Ripstein, Felipe Cazals, Luis Mandoki, Alejandro Jodorowsky, Carlos Carrera y muchos otros que no recuerdo.

 

Como Bárbara

 

–¿Cómo resolvió su personaje en Agosto?

–Mi intuición cuenta mucho, además está el proceso de ensayo de dos meses y seis horas diarias. Por ejemplo, hay una escena donde aparezco ebria. Esa línea me costó un trabajo enorme para no caer en el cliché. Yo no bebo, pero utilicé la memoria de algunas borracheras que me he puesto en alguna ocasión. Mi única adicción es actuar.

“Mi personaje es una mujer justa, es fuerte y pelea. Pero las circunstancias la obligan a regresar a la casa de sus padres, lugar al que tiene pánico y queda atrapada. Hay muchas sorpresas y llega un momento en el cual dice ‘con permiso, ya no puedo más’, y se empieza a tomar las pastillas que su madre había escondido por toda la casa. Esto más alcohol.

“Con este tipo de escenas hay que ser muy cuidadosos para que no parezcan una caricatura. A mí me enseñaron que en el teatro hay que responder a estímulos ficticios como si fueran reales.”

–¿Cómo fue la dirección?

–No quisiera hablar de eso. Tuve una actitud bastante firme en cuanto a mi concepción de ciertas escenas, y si no había una propuesta inteligente del director yo me iba sobre mi propia estructura como actriz.

–¿Es usted difícil de dirigir?

–No. Soy superdócil cuando admiro y creo en la capacidad de quien me dirige. Soy muy disciplinada cuando un director es inteligente y qué mejor que me ayuden a sacar un personaje adelante.

“Agosto es como cuadros de televisión y es un melodrama con tintes de pieza, sin llegar a ser algo trágica.”

–¿Condiciona el tipo de actuación de la televisión a la del teatro?

–Para mí la cuarta pared es infranqueable. Y si un actor coquetea con el público, yo trato de buscar su mirada para decirle que no es para allá la cosa. En la televisión hay una cierta zona de confort, pero el actuar requiere salir de ella y profundizar en lo humano. Ya no soy una jovencita y por lo mismo creo que estoy en un momento de plenitud enorme al igual que mis compañeros de generación.

“Mi trabajo ha sido muy dedicado y he tratado de ser rigurosísima en todo lo que hago, incluso siempre digo que cuando me muera sí voy a dar para una semana de tributos. Creo que ahora los rangos que alcanzo como actriz son grandes, y ni en el cine ni en la televisión ni en el teatro he sido encasillada.”

–Es usted muy guapa. ¿Le ayudó su apariencia?

–Lo que me ayudó fue mi capacidad de trabajo y mi esfuerzo y compromiso en la actuación. No me he destacado por bella, sino por ser una actriz seria y que investiga mucho sus personajes, pero te agradezco el piropo. Lo que me ayuda es que siempre he sido sana, me encanta el ejercicio y no falto a mis clases de danza.

–¿Qué nuevos proyectos tiene en mente?

–Dentro del ámbito del cine y el teatro mexicanos, hay mucho qué hacer. Aprender a luchar contra la falta de compromiso del gobierno hacia el apoyo de los artistas escénicos. A pesar de que he hecho mucho cine me sigo considerando una actriz de teatro. En el futuro me gustaría concentrarme en proyectos teatrales de gran seriedad, pero no depender ni del Estado ni del INBA ni de la UNAM ni del Fonca ni de nadie.

“Es el colmo que haya una oferta tan grande de teatro y las autoridades no hagan su esfuerzo por llenar los teatros. Qué triste que un presidente quiera que el sello de su sexenio sea militarizar al país y el combate contra el narco. Debería agregar consumo cultural y una mejor oferta educacional. Calderón debería hacer un decreto diciendo: ‘Me llenan todas las salas del país, quiero que todo mundo vea teatro y danza’. Habría mejores ciudadanos, te lo aseguro.”

Guerra pretende realizar el guión de Conversación en las ruinas de Emilio Carballido, y actuar uno de los personajes. También quiere “hacer un recital de poesía chingón, bien producido, con parafernalia, con una buena producción, ya sea con Santa Teresa, Sor Juana o poesía erótica”.