Los costos del cabildeo

Obama. Decisión cuestionada

San Diego.- El derrame petrolero en aguas del Golfo de México, ocurrido el pasado 20 de abril y considerado uno de los peores desastres ecológicos en la historia de Estados Unidos, podría forzar al presidente Barack Obama a dar marcha atrás a una medida que él mismo anunció: la explotación de crudo en aguas cercanas a las costas estadunidenses.

Tal medida forma parte de la reforma de Energía que la Casa Blanca impulsa en el Congreso de Estados Unidos.

Cuando el pasado 28 de octubre Obama anunció la reforma de Energía, señaló qué ésta tenía como objetivo reducir la dependencia del petróleo que padece la economía estadunidense y crear fuentes energéticas más limpias. Debido a ello fue bien recibida por los grupos ambientalistas, que la consideraban un paso necesario para desarrollar fuentes alternativas que ayudaran a mitigar el cambio climático. 

En cambio, sectores conservadores del Partido Republicano se opusieron a ella. Argumentaron que implicaría pérdidas económicas y de empleo debido a que la industria del país no está preparada para acomodarse a nuevas fuentes de energía. 

En un movimiento político que buscó atraer el apoyo de los sectores más reacios de los republicanos para dicha reforma, Obama anunció el pasado 31 de marzo el levantamiento de la prohibición para hacer perforaciones petroleras en regiones anteriormente protegidas.

“Hoy estoy anunciando la expansión de las exploraciones de petróleo y gas mar adentro, pero de una manera que propicie un balance entre nuestra necesidad interna de energía y  la protección de los recursos naturales del país”, dijo el presidente. 

Y añadió: “Es por eso que mi administración considerará áreas potenciales para el desarrollo petrolero a las regiones ubicadas en el centro y al sur del Atlántico, en el Golfo de México y en algunas regiones del norte de Alaska”.

El anuncio fue recibido con beneplácito por los republicanos, quienes de esa manera prometieron su voto a favor de la reforma.

Pero llegó el derrame petrolero y las evidencias de que el desastre era más grande de lo imaginado. 

 

Dinero del petróleo

 

Robert Gibbs, vocero de la Casa Blanca, informo el 30 de abril que el presidente Obama pidió al secretario del Interior, Ken Salazar, que investigue las causas del accidente para determinar si éste pudo evitarse y para fincar responsabilidades a la empresa British Petroleum (BP), cuyas ganancias sobrepasaron los 6 mil millones de dólares tan sólo en el primer trimestre de 2010.

Sin embargo, hasta ese día Obama mantenía sus planes de permitir la exploración de crudo en aguas territoriales de Estados Unidos. 

Para analistas políticos no escapó un hecho: BP y el resto de las compañías petroleras que operan en Estados Unidos han invertido mucho dinero en campañas electorales y en cabildeo para tratar de influir en la Casa Blanca y en el Capitolio.  

De acuerdo con el Center for Responsive Politics, una organización no partidista, durante el ciclo electoral de 2008 comités de acción política e individuos asociados a BP contribuyeron con medio millón de dólares a candidatos para puestos federales. Cerca de 40% de esas donaciones terminaron en manos de demócratas. El principal receptor de donaciones procedentes de BP fue el propio Obama, quien colectó 71 mil dólares para su campaña presidencial.

BP regularmente hace cabildeo en Washington y en la Casa Blanca. Gastó en ello 16 millones de dólares en 2009 y 3 millones 530 mil dólares durante el primer trimestre de 2010, ubicándose en segundo lugar entre las compañías petroleras que más invierten en cabildeo, sólo después de Conoco Phillips.

En 2009, la mayoría de los miembros de la Comisión de Energía de la Cámara de Representantes recibieron donativos por 16 mil dólares procedentes de BP, según datos del Center for Responsive Politics. 

De acuerdo con esta fuente, la industria petrolera, de la que BP es miembro destacado, reportó un gasto de 169 millones de dólares en cabildeo durante 2009. 

De hecho, el año pasado BP tuvo un cabildeo muy intenso en la elaboración del American Clean Energy Leadership Act de 2009, que permitió el uso de áreas del Golfo de México para la exploración de mantos petrolíferos y de gas en áreas más cercanas a las costas. 

 

Fuego cruzado

 

Para los grupos ambientalistas que le habían ofrecido su apoyo a la reforma energética, el anuncio del presidente Obama de permitir las perforaciones en zonas costeras fue un duro golpe. 

El influyente grupo MoveOn.org difundió la semana pasada un anuncio de televisión en el que muestra las imágenes del derrame petrolero en el Golfo de México al tiempo que pide a Obama reinstaurar la prohibición de perforaciones petroleras en aguas territoriales estadunidenses. 

El derrame “muestra los costos ocultos de nuestra adicción al petróleo”, dijo el martes 4  Jeremy Symons, vicepresidente de la National Wildlife Federation, durante una entrevista con la cadena de televisión CNN realizada en la costa de Luisiana. “Necesitamos seguir adelante, necesitamos proteger el Golfo de México”, agregó.

Al parecer, la presión empieza a surtir efecto. Aunque Obama ha dicho que mantiene intacta su postura de permitir las perforaciones en las zonas costeras, el pasado 2 de mayo, el asesor de la Casa Blanca David Axelrod dijo al programa Good Morning America, de la cadena ABC, que no se permitirá ninguna perforación hasta que se revisen detenidamente las causas del accidente y el Departamento del Interior termine de inspeccionar las medidas de seguridad en las perforaciones que se encuentran en marcha.

Entrevistada el martes 4, Carol Browner, una de las principales asesoras de energía del presidente Obama, dijo que “no tenía duda de que algunas partes del debate del paquete de energía van a tener que cambiar debido al derrame en el Golfo de México”.

Grupos ambientalistas creen que ahora será mucho más fácil impulsar una reforma de Energía que retome los aspectos de protección al medio ambiente. Pero otros analistas en materia de energía aseguran que las opciones de Obama se encuentran limitadas debido a la gran dependencia de Estados Unidos al petróleo. “En el futuro cercano –unos 20 años– no hay ninguna alternativa viable al uso del petróleo en el transporte o en otros sectores”, dijo Charles Ebinger, director de la Iniciativa de Energía Segura de la Brookings Institution.

Todas las señales sugieren que los planes de Obama de expandir los proyectos de perforación tendrán muy poco apoyo a la luz del accidente de la plataforma de BP. Así, la medida que permite la explotación de crudo en aguas cercanas a las costas de Estados Unidos –incluida en la reforma energética– podría considerarse una víctima más del derrame de petróleo en el Golfo de México.  l