Grave, desvincular cultura-educación: Pérez Rocha

El rector. Sin concesiones

Al concluir su segundo periodo como rector de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, Manuel Pérez Rocha hace un balance no sólo de la institución, sino de la concepción educativa que se tiene en el país. De su pragmatismo y sinsentido. Del mero objetivo monetario. Y llama a recuperar la visión integral con la cual se construyó la primera mitad del siglo XX (Sierra, Vasconcelos, Bassols…), en la cual cultura y educación no debían separarse, como lo están ahora el Conaculta y la SEP y, en el plano del Gobierno del Distrito Federal, las secretarías correspondientes.

 

Maestro en ingeniería hidráulica, pero sobre todo un humanista con una amplia trayectoria en el campo de la educación pública, Manuel Pérez Rocha es cuando señala que en el actual sistema político y económico la educación y la cultura no sólo están marginadas, sino que se les combate frontalmente.

Los grupos dominantes, lamenta, tienen una visión colonizada de nación y simplemente se interesan por fomentar la distracción, la diversión y “todo ese circo con el cual se entretiene a la gente”, pero no hay un verdadero impulso para el conocimiento.

A pocos días de concluir su segundo y último periodo como rector fundador de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM), creada en 2001 durante el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, el ingeniero augura un futuro promisorio a esta joven institución, no sólo en el periodo en el cual le sucederá la doctora María Esther Orozco Orozco, sino en un muy largo plazo, pues considera que se ha forjado una comunidad universitaria “trabajadora, comprometida y entusiasta” que garantiza su permanencia, pese a las adversidades que ha enfrentado.

El rector, diplomado en planificación educativa por la UNESCO y quien ha desempeñado diversos cargos en instituciones como el Colegio de Ciencias y Humanidades (CCH), la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), el Instituto Politécnico Nacional (IPN) y la Secretaría de Educación Pública (SEP), habla de cómo ha venido deteriorándose el modelo educativo nacional, del desinterés y la falta de visión de los gobiernos de derecha, y califica de grave error haber separado la cultura de la SEP.

Recibe a Proceso en la rectoría de la UACM, en el quinto piso de un modesto edificio en Eugenia y División del Norte, en la colonia Narvarte. Expone que cultura y educación son lo mismo y ha sido erróneo considerar a la primera como la producción artística de las élites.

“La cultura en sentido amplio es lo que producimos en el ámbito intelectual y espiritual todos los seres humanos. Y la educación tiene como finalidad desarrollar las capacidades y aptitudes que permiten enriquecer esa producción.”

Redondea refiriéndose a la fundación de la UACM como un proyecto educativo-cultural, resultado de un compromiso de campaña de López Obrador como candidato a la Jefatura de Gobierno del Distrito Federal, quien ya en el cargo fue duramente cuestionado por considerar que no manifestaba interés en la cultura: 

“Creo que en el momento de poner en marcha una institución educativa se está atendiendo precisamente la necesidad de desarrollo cultural de la población.”

Cuando nació el suplemento mensual Educación de la UACM, el rector expuso en el editorial del primer número (agosto de 2009) parte de esa filosofía:

“La educación, entendida como un proceso cultural y no meramente como información escolar, es responsabilidad no sólo de los maestros, los pedagogos y los padres de familia, sino de toda persona concebida como un educando permanente. En una concepción avanzada de la educación, todos somos estudiantes a lo largo de toda la vida.” 

Luego, en su ensayo De los destrozos del capitalismo, en el número 3, evoca cómo, entre los siglos XIX y XX, se construyó un modelo educativo con orientaciones filosóficas de vanguardia, concebido como una tarea cultural con aspiraciones de justicia y desarrollo social, pero se puso al servicio de la clase capitalista en los años cuarenta del siglo XX.

Cuenta en entrevista que este modelo entra en crisis cuando el Estado comienza a concebir a la educación en un sentido funcionalista y la convierte en instrumento del desarrollo económico, particularmente del desarrollo industrial. Así empieza a “desculturizarse el aparato educativo de manera progresiva”.

Si bien se expandió el sistema escolar, su concepción fue distinta a la propuesta por pensadores como Justo Sierra o José Vasconcelos. Baste ver, dice, las declaraciones en el gobierno de Manuel Ávila Camacho en favor de la formación de recursos humanos para la industria. Incluso se habla de enseñar técnicas y oficios desde la primaria. Menciona ideas en el mismo sentido de Víctor Bravo Ahuja, titular de la SEP en la época de Luis Echeverría. 

Cabe recordar que Lázaro Cárdenas concibió al IPN también para formar técnicos, pero la diferencia, a decir de Pérez Rocha, es que se propugnó por una educación para las clases trabajadoras a fin de darles armas para que al final condujeran el aparato productivo e ir construyendo el socialismo. Con Ávila Camacho se olvida este ideal en favor de las necesidades del capitalismo industrial.

 

Autismo

 

Desde entonces se ha transformado la educación, y con la supresión de la enseñanza de las humanidades, la historia y la filosofía, promovida por los gobiernos panistas, se “clava el último clavo al ataúd de esos proyectos”, sólo que ahora no es para formar cuadros altamente capacitados en tecnología que se incorporen al sistema productivo, sino por “un desprecio total por las humanidades, por la cultura y la educación que no tengan un sentido monetario”.

–¿Se ha abandonado deliberadamente el proyecto educativo-cultural del país?

–Sí, efectivamente, lo que predomina no es el proyecto que se construyó desde el siglo XIX hasta las primeras décadas del XX, sino la reproducción de un modelo funcional, tecnocrático, impuesto desde fuera.

–¿No es perverso? Se excluye a muchos jóvenes. ¿Hacia dónde llevará esto y qué consecuencias tendrá?

–Hay una especie de autismo muy grave en los grupos dominantes de la política y la economía. Realmente no tienen una idea clara de lo que ocurre y va a ocurrir. Sabemos muy bien que la crisis financiera de hace unos meses les tomó por sorpresa y no tienen una teoría sólida para entender qué pasa y prever lo que puede pasar.

Menciona, por ejemplo, que en  el problema del desempleo sólo intentan salir al paso, “creyendo que tienen en sus manos instrumentos para resolverlo”, cuando se trata de “un problema estructural, histórico y mundial, de una extrema gravedad”.

No se resolverá con parches y acciones coyunturales, sino con un cambio radical en las estructuras productivas del país y del mundo, donde se reconozca que en la actualidad la mitad de la población no tiene cabida en el mundo; para sanar no bastan ferias del empleo.

“Recuerdo que Bertrand Rusell advertía (Elogio de la ociosidad, 1932) que era urgente reducir la jornada de trabajo a la mitad para que todo mundo tuviera trabajo. Esto lo veía antes de 1950, y hay una enorme cantidad de autores que hoy en día ratifican esa posición:

“La actividad productiva ha alcanzado tales niveles de productividad que es absolutamente contradictorio pretender seguir incrementándola y al mismo tiempo seguir empleando gente. Es imposible porque la productividad consiste en el incremento del producto en relación con la mano de obra. Esto no tiene salida: Si se incrementa el producto y se reduce la mano de obra, ¿quién va a comprar si la mano de obra no está ocupada? Es una crisis estructural muy grave.”

Es claro para él que los personajes de la política y la economía toman decisiones “autistas” porque no reconocen esta realidad, “si lo hicieran modificarían las condiciones del aparato productivo”. El desempleo condiciona la educación a simple formadora de mano de obra calificada. Pero hay otra contradicción:

“Si hay crisis de empleo, ¿qué sentido tiene la educación? ¡No tiene sentido! Es la verdad de las cosas. Hace unos 20 años me preguntaban en una entrevista si la educación en México estaba acoplada a las necesidades del aparato productivo. Les dije: Afortunadamente, no. Si la acopláramos habría que cerrar más de la mitad del sistema educativo.”

Ciertamente, la educación tiene entre sus fines formar para el trabajo, pero cumple otras funciones. Distingue además los conceptos “trabajo” y “empleo”. Lo que está en crisis es el empleo. Y el trabajo no se refiere a laborar para ganar dinero y obtener cosas materiales, sino que se trabaja para construir una sociedad mejor, para el desarrollo cultural y para formar ciudadanos que constituyan una nueva nación. Así lo concibieron educadores como Justo Sierra, José Vasconcelos, Moisés Sáenz, Rafael Ramírez o Narciso Bassols.

 

Saber, no títulos

 

Se le pregunta qué aporta una institución como la UACM frente a este panorama de crisis, no sólo nacional sino mundial, cuando en la realidad forma a un pequeño grupo de jóvenes. Describe que al nacer se le concibió como una casa de cultura. Así se establece en sus objetivos:

“Es una institución con vocación humanista, científica y crítica, cuya misión es contribuir a la satisfacción de necesidades apremiantes de nuestra ciudad en materia de educación superior, la extensión de los servicios educativos a la sociedad y a la cooperación con las comunidades de la Ciudad de México para la solución de sus problemas sociales y su desarrollo cultural.”

Explica que en todas las carreras se da primero una formación científico-humanista y se busca proyectar en la docencia el carácter cultural. Asimismo se apoyan las manifestaciones culturales de las comunidades. Se cuenta con dos espacios para la difusión cultural: Casa Talavera y Casa Goya (Centro Vlady). También en los planteles educativos hay actividades como conciertos, obras de teatro, cineclubes y exposiciones. En materia de publicaciones, indica que tienen 174 títulos editados sobre diversos temas. Y han egresado, dice, 394 estudiantes.

Una de las críticas a la UACM es que se han titulado a la fecha 28 estudiantes de licenciatura. Explica Pérez Rocha que el lapso para terminar los estudios es de entre siete y ocho años, aproximadamente. En la UAM es de siete años y medio. En los primeros cuatro o cinco años de existencia de la institución, no pudo titularse ni egresar nadie pues eran las primeras generaciones. Aclara que los titulados corresponden a los últimos tres años.

La pregunta es si la cifra es buena o mala comparada con una institución como la UNAM, aunque el número de estudiantes que ingresan a cada una es distinto. Para él no hay punto de comparación, pues la UNAM está cumpliendo 100 años y la UACM apenas nueve. La primera recibe “todos los apoyos económicos y políticos del Estado”, y la segunda se ha desarrollado en condiciones “terriblemente adversas”.

Recuerda que el ahora diputado Reyes Tamez, siendo titular de la SEP, declaró que la UACM no tenía fundamento legal y con ello ocasionó una enorme deserción en las primeras generaciones. Todavía hoy hay padres de familia que exigen que se asegure la validez del título que se expide.

Admite que deben impulsarse mecanismos para incrementar el número de titulados, pero juzga como más valioso la formación en sí misma, los conocimientos, no los títulos. Como prueba del éxito en este terreno señala que se han presentado 182 mil 833 exámenes, de los cuales se han aprobado 124 mil 428. Asegura finalmente que para titularse en la UACM no hay ninguna facilidad, los estudiantes deben hacer tesis y presentar examen profesional. En este proceso están ahora 250 estudiantes de licenciatura.

Diversos especialistas han criticado la creación del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, con lo cual el sector cultural quedó desconcentrado de la SEP. Y han señalado además que el Gobierno del Distrito Federal no debió hacer lo mismo creando dos secretarías: la de Educación y la de Cultura. A decir de Pérez Rocha, fue un error y debe ser una sola institución, y subraya que la educación es un proyecto cultural y no de funcionalidad económica.

–¿Cómo lograr que además se vincule al desarrollo social en el contexto actual?

–Si entendemos por contexto el sistema político económico dominante, no se puede lograr. Es un sistema que no sólo no atiende la educación y la cultura, sino que las margina y las combate, le resultan peligrosas. Lo que sí se fomenta es la distracción, la diversión, el entretenimiento, todo ese circo con el cual se entretiene a la población. 

Así que para él no hay posibilidad, y cualquier esfuerzo será a contracorriente. Pero si, como ha dicho el sociólogo Armando Bartra, el modelo de civilización capitalista acusa ya signos de agotamiento y la historia de nuestro país es de resistencia (Proceso 1726), ¿no hay un movimiento que impulse modelos alternativos?

–Sí, por supuesto, claro que lo hay, pero siempre actuando a contracorriente. Como proyectos de resistencia hay algunos muy importantes. En buena medida, la UNAM es un proyecto de resistencia, hay una enorme cantidad de proyectos de la UNAM que tienen esa trascendencia, lo mismo en la UAM y en otras universidades del país. Pero usted me preguntaba si en este sistema se pueden insertar esas aspiraciones. Y no, como tales, no. Siempre son proyectos de resistencia y a contracorriente de los intereses dominantes. 

La propia UACM ha tenido problemas para obtener su presupuesto. Se le pregunta si acaso los políticos no han entendido que la educación es la vía para salir de las crisis del país, no sólo económicas sino sociales, y ahora de una terrible violencia por el narcotráfico.

–¡No lo ven! Creen que la única solución es la policía y el Ejército. Quizá por ahí en alguna declaración dicen que la educación es la salida, pero en los hechos no se ve. En la reforma a la educación media superior auspiciada por el gobierno federal, por ejemplo, se hicieron a un lado las humanidades, la filosofía. Pregunto nuevamente: ¿Qué están entendiendo por educación? ¡Una formación para el empleo! No tienen otro concepto.

 

Especuladores

 

En el número 4 de Educación, María Elena Hope analiza el libro de Jorge Vaca ¿Se fabrica una crisis de la educación en México?, en el que se plantea, comparando con el caso de Petróleos Mexicanos, cómo se lleva a la crisis a las instituciones para después justificar su privatización.

–¿Realmente está sucediendo así en el sector educativo?

–No creo que de manera explícita y perversa se formule un proyecto así. Lo que opera es la ideología: Parten de la idea de que todo lo público es ineficiente, de que lo gratuito no debe existir. Aplican políticas en detrimento de lo público, y cuando se deteriora encuentran la justificación para desplazarlo al sector privado.

“Es una visión colonizada del país y de su realidad. Tienen la visión de que es un país de jodidos –perdón por la expresión, pero así lo dicen–, de pequeños, y va a salvarlo su inserción en el mundo altamente desarrollado.”

Puntualiza que no sólo es la concepción de la clase política, sino también del aparato económico, carece de sentido histórico nacional:

“Los grandes capitales mexicanos son de especuladores y arribistas que obviamente no tienen la menor idea de lo que requiere este país. No se molestan en pensar en el desarrollo de la ciencia y la tecnología que van a ser útiles dentro de 10 o 15 años, les preocupan las utilidades de este año:

“Salvo excepciones, no son auténticos empresarios. Un empresario emprende, tiene proyectos, imaginación, iniciativa, trabaja y desarrolla sistemas productivos, ¿no? No los tenemos, tenemos puros especuladores que andan viendo cómo se hacen más ricos y ya.”

Con este panorama, se despide Pérez Rocha como rector de la UACM. No anticipa si colaborará en algún otro proyecto, pero tiene la idea de impulsar –lo ha propuesto hace tiempo– una Comisión Estatal de Planeación de la Educación Superior que ya existe en otras entidades, donde participarían la UNAM, la UAM, el IPN y la UACM. Tendría como fin planear el desarrollo de la educación superior en la Ciudad de México:

“La única entidad donde no hay ese espacio es el Distrito Federal. Y eso es muy grave.”