La Compañía Nacional de Teatro inició sus nuevas producciones de este año con la obra de Juan Tovar, Horas de gracia, dentro del ciclo de teatro mexicano en el Bicentenario de la Independencia. Su primera temporada se realizó en el teatro Julio Castillo dentro del Festival de México, y ahora forma parte del repertorio de la compañía para seguirse presentando en diferentes localidades.
Horas de gracias tiene como protagonista al debatible personaje de Agustín de Iturbide, relevante en la consumación de la Independencia, que combatió a los insurgentes, se declaró primer emperador de México y finalmente fue fusilado. La Historia lo ha puesto en la lista negra, y aunque ahí permanecerá, la obra de Juan Tovar permite conocerlo en su humanidad recorriendo diferentes episodios de su vida a través de un último sueño.
Postergada su hora de muerte, Antonio López de Santa Anna visita a Iturbide mientras éste espera el llamado al paredón en las oficinas del general Felipe de la Garza, encargado de su aprehensión en Padilla, Tamaulipas, y lo invita a revisitar su historia. Somos testigos de una reunión de los conspiradores, de su ascenso como emperador, sus desavenencias con el Congreso y su convivio familiar; su abdicación, su exilio y su regreso al creer que “la patria lo necesitaba”, para de ahí ser apresado.
Es inquietante cómo el autor mezcla la farsa con la tragedia, lo onírico y lo real, el lenguaje solemne con el coloquial. A pesar del humor, hay una densidad en el tratamiento, porque aunque Santa Anna e Iturbide conversan, no hay una tensión dramática entre ellos que avance la acción; su intercambio es fluido y sin conflictos; con excepción del Congreso, se extraña una fuerza antagónica que polemice con el protagonista. La estructura dramática es interesante pues se juega con el dentro y el afuera de la historia, el sueño y la realidad, y permite las reflexiones más allá de lo inmediato.
La puesta en escena a cargo de José Caballero y la escenografía e iluminación de Alejandro Luna muestran en proscenio el lugar desde donde sueña Iturbide y dialoga con Santa Anna; y en una plataforma inclinada, en profundidad, lo soñado. José Caballero duplica a Santa Anna en dos etapas de su vida: uno joven y otro ya mayor. Y La Patria, encarnada por Carmen Mastache, como estampita de libro de texto, refuerza lo onírico de la propuesta. La estética es bella, cargada de composiciones épicas. Las actuaciones, como siempre en la Compañía, son sobresalientes, y el vestuario de Jerildy Bosh permite transportarnos en el tiempo.
Recorrer una etapa de nuestra historia a través de un personaje controvertido como Agustín de Iturbide da al teatro un carácter de testigo que vuelve vida el pasado. Los ojos del hoy reinterpretan y cuestionan nuestro presente: La ingobernabilidad, el despotismo de nuestros gobernantes, el imperio de los conservadores y lo que el espectador asocie con nuestra actualidad, no es mera coincidencia. l
“Horas de gracia”
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| El Iturbide de Tovar |








