La presencia de la feria internacional de arte contemporáneo Zona Maco en la Ciudad de México, del miércoles 14 al domingo 18, evidenció tres circunstancias del sistema artístico nacional: el dinamismo del mercado local, las diferencias de la filantropía artística y el acomplejado subdesarrollo de los museos gubernamentales.
Dentro de la feria, vinculadas a ella o a través de eventos paralelos, las galerías manifestaron su vitalidad durante toda la semana. Ajenas al evento destacaron la galería Óscar Román, Le Laboratoire y Border. Como parte del programa ferial VIP, se contó con la inauguración de la galería Fizz. Entre las nuevas participaciones en Zona Maco se integraron las galerías Talcual, Yautepec, Labor, Caja Blanca, Antena y Flying Circus, entre otras.
En lo que respecta a la filantropía, la colaboración de la feria con algunas fundaciones museísticas descubre dos modelos: de beneficio para las instituciones y de sumisión ante el mercado. Interesante por la dinámica de beneficio mutuo que ha generado, se encuentra el desempeño de la Fundación Olga y Rufino Tamaño A.C. (FORT) adscrita al museo Tamayo. Presidida desde 2008 por Julio Madrazo, esta fundación ha encontrado una fórmula en la que todos salen ganando: incrementa y actualiza el acervo del museo con obra adquirida en la feria por un donativo gestionado con la aseguradora AXA, y fortalece las finanzas del museo con los ingresos que obtiene por las entradas a dos fiestas que se organizan en el contexto ferial, una de gala cuyo costo es de 5 mil pesos por persona y otra para jóvenes con un precio de 500 pesos.
Muy diferente es la actividad de la Asociación de Amigos del Museo de Arte Moderno. Encargada de organizar un “brunch” para los invitados especiales de la feria, la asociación no sólo cancela el acceso público al museo, sino que también manifiesta su servilismo ante el mercado. Un servilismo y un apoyo que se agudiza con la exposición de creadores pertenecientes a galerías de la feria: en esta ocasión, Pablo Helguera, artista de la galería Enrique Guerrero. Y en este capítulo de museos que gastan en “almuerzos norteamericanos” para los coleccionistas y galeristas, se cuentan, además de museos tan grandes como el MUAC de la Universidad Nacional Autónoma de México, otros recintos tan pequeños y de precarios presupuestos como la Sala de Arte Público Siqueiros.
Y por último, una de las circunstancias más vergonzosas: el acomplejado subdesarrollo cultural de los funcionarios del museo Rufino Tamayo. Cerrado desde enero de 2010 para ampliar sus espacios; el museo, sin haberlos ampliado, se abrió con varias exposiciones para figurar en el escenario ferial. En relación a la renovación de su programación e identidad, el recinto presentó su nueva imagen gráfica –logotipo, revista– diseñada por la empresa neoyorquina Project Projetcts. Conocida por trabajar con instituciones privadas como el museo Guggenheim y la editorial Phaidon, no puede garantizar la calidad y responsabilidad social de los servicios museísticos del Tamayo. Confundida sobre lo que significa construir una identidad propia, la directora del museo, Sofía Hernández, comprueba que su mundo artístico se reduce, de manera acomplejada y servil, a la ciudad de Nueva York. l








