Pensó en el retiro, se perdió un Mundial…

Javier "Chicharito" Hernández

Cientos de casos hay de jugadores que deslumbran unas jornadas, una temporada y que después de ser la promesa más grande del futbol acaban, al paso de unas semanas, en el olvido. Javier Chicharito Hernández es el futbolista mexicano del momento. Centro delantero de las Chivas del Guadalajara, no tuvo que esperar al Mundial: una sorpresiva contratación lo tiene en el Manchester United, el equipo más poderoso del futbol inglés. En entrevista con Proceso habla de Hugo Sánchez, de su sueño europeo, de su marginación del Mundial de Perú, de cuando pensó en el retiro…

GUADALAJARA, JAL.- La escena es en el entrenamiento del Guadalajara. Los aficionados se cuentan por decenas. Así ocurre a diario. Niños que se ausentaron del colegio, mamás que servirán comida rápida, muchachas maquilladísimas con la mochila en la espalda, señores que se conforman con verlo de carne y hueso.

Le toman fotos con cámaras y teléfonos celulares. Se forman a esperar un beso o un autógrafo. Sueñan con imitarlo. Suspiran por él. Lo colman de regalos, lo bañan de admiración. Es Javier Hernández, Chicharito, el futbolista mexicano más destacado del actual torneo. Ignoran, por supuesto, que es cuestión de días el anuncio de su contratación con el equipo más poderoso de la liga inglesa, el Manchester United.

Proceso está en las canchas de prácticas de las Chivas. Es el jueves 25 de marzo.

En las instalaciones de Verde Valle, los fans marcan las jerarquías: saludos de lejos para algunos jugadores, sonrisas sinceras y aplausos para otros, su nombre coreado a gritos para los más afortunados y… silencio ante el paso de Omar Bravo, como si hubieran echado al costal del olvido los 105 goles que con la camiseta rojiblanca ha marcado y que lo ubican como el segundo mejor anotador de la historia del club Guadalajara.

Hoy el momento es para el Chicharito.

Javier Hernández escucha la pregunta. Por tu estilo de juego, la posición ¿ Es inevitable compararte con Hugo Sánchez?

–No estoy ni cerquita de él. Es un icono. Siempre levantó la mano fuera del país, en tierras muy difíciles;  con el Atlético de Madrid,  cuando no lo querían,  tuvo que callar muchas bocas. Por su talento es un ejemplo a seguir. 

–¿Europa es lo que sigue? 

–Es un sueño. Es uno de los escalones de mi escalera, espero que Dios me dé la dicha. Yo le debo bastante a esta institución que me lo dio todo, entonces le quiero regresar muchas cosas, una de ellas es ésta.

 

El pase al Manchester

 

Lo que pasó con el Chicharito Hernández no es usual. Llevaba apenas medio torneo exitoso, líder de goleo, un par de lesiones, convocatorias a la Selección mayor, desempeño sobresaliente y, de pronto: la gran contratación.

El exjugador y analista Roberto Gómez Junco lo describe a petición de Proceso, también sin saber de su inminente pase al Manchester. “Es un atacante muy completo, con gran solvencia técnica, inteligente para moverse y para capitalizar los movimientos de sus compañeros. Veloz en espacios largos y rapidísimo para arrancar y para revolverse en los espacios cortos. Con magnífica visión de gol, contundente para definir con cualquier pierna; y a pesar de su estatura (1.75 metros), poderoso en el juego aéreo porque a su destreza como cabeceador le añade la potencia en el brinco, el sentido de anticipación y el dominio de los tiempos y del propio cuerpo”.

Parafraseando al escritor uruguayo Eduardo Galeano se diría del Chicharito: la pelota lo busca, lo reconoce, lo necesita.

Después del entrenamiento, al Chicharito le esperan las clases de yoga, los cursos de desarrollo humano, la asesoría nutricional, todo aquello que “la filosofía Chivas” exige, porque no basta con ser buen futbolista, “hay que ser mejor ser humano”, proclama el dueño Jorge Vergara.

El tiempo apremia. No importa, la atención a los fanáticos es personalísima. Uno por uno, reparte besos. Firma hasta que se le adormece la mano. Se deja tomar fotos, da y recibe abrazos, más fotos, así se tarde una hora.

En lista de espera hay cientos de solicitudes de entrevistas con Chicharito. Antes del anuncio del jueves 8 que lo pone en el futbol inglés a partir del 1 de julio próximo, se pensaba que el Mundial de Sudáfrica lo podría catapultar a Europa.

Ya los lectores de la edición en español del portal de la FIFA lo habían elegido, junto con Carlos Vela, del Arsenal, como la sexta dupla de delanteros más temidos para la Copa del Mundo, aun cuando el entrenador Javier Aguirre ni siquiera ha dado a conocer su lista definitiva de convocados.

La carrera de Hernández como futbolista profesional es tan incipiente como envidiable. A una edad, 21 años, en la que en México hay 7 millones de “ni-nis”, jóvenes que ni estudian ni trabajan, al Chicharito le llegaron los éxitos en cascada, después de fracasos que dejan huella indeleble y hasta una etapa crítica en que pensó en el retiro.

En apenas 14 meses ha anotado en 25 ocasiones con su club y cuatro veces más en tres partidos con la Selección nacional. Son goles que revelan su estado de ánimo.

Triunfar tan pronto no lo abruma. “Ganar sin sentirse Dios, perder sin sentirse basura”, diría Galeano, y aunque sus fans lo traten como ídolo y lo eleven a un altar, Chicharito, como buen mortal, camina a ras de suelo.

“Tenemos que estar preparados porque no todo en la vida van a ser éxitos ni tampoco fracasos. Hay que saber entrarle a las dos cosas. Quiero ser el mismo chavo que he sido desde antes de que llegara el éxito y la fama. Trato de vivir cualquier entrevista, autógrafo, foto, rueda de prensa o el grito de un aficionado como si fuera el primer día. No debo perder el gusto ni que se me haga costumbre. Ya aprendí bien la lección de que tengo que disfrutar todo en la vida”, asegura.

 

Los inicios 

 

El primer puntapié que el futbol le dio a Javier Hernández fue en 2005. Después de haber hecho todo el proceso rumbo al Mundial sub 17 –que a la postre conquistó México–, el técnico Jesús Ramírez lo dejó fuera de su lista de convocados: llamó a Giovani Dos Santos, a Carlos Vela, a Ever Guzmán y hasta a Enrique Esqueda, pero al Chicharito no.

–Fue duro haberte perdido ese triunfo histórico.

–Dolió, pero de un modo diferente, que no afectó tanto en mi vida (suaviza la respuesta). Gracias a mi familia también pude entender que no era mi momento, que hice bastante bien todo lo que estaba en mis manos, pero que el entrenador decide y hay que respetarlo. Obviamente tenía en mi cabeza que quería estar en esa Copa del Mundo, pero me puse otras metas, como llegar a Primera División. En el futbol la Selección es un plus y quieres vestir la camiseta, pero sentar bases (como profesional) también era importante.

Un año después de aquella marginación, el 9 de septiembre de 2006, el entonces entrenador del Guadalajara, José Manuel Chepo de la Torre, debutó al Chicharito. Era la jornada 7 del torneo Apertura, en una época en la que Adolfo Bautista y Omar Bravo eran los delanteros incuestionables de las Chivas. 

Al minuto 85, Javier Hernández ingresó al terreno de juego. Cuatro minutos después, marcó el último gol del partido con el que las Chivas vencieron 4-0 al Necaxa. En diciembre de ese año, el equipo obtuvo el título 12 de su historia. Con apenas 18 años, la vitrina personal del Chicharito comenzó a ocuparse.

Meses después, Jesús Ramírez convocó a Javier Hernández para la selección que en julio de 2007 disputó el Mundial Sub 20 en Canadá, donde México fue eliminado en los cuartos de final por Argentina. Aunque no fue titular, Chicharito tuvo un buen desempeño y en la ronda de grupos le marcó un gol a Gambia.

Tras perder con Toluca en la fecha nueve del Apertura 2007, Chepo de la Torre fue cesado de la dirección técnica de las Chivas. Lo reemplazó Efraín Flores. Aunque antes del inicio de ese torneo el Bofo Bautista había sido transferido a Jaguares de Chiapas y parecía que la oportunidad de ser titular era suya, Chicharito Hernández fue relegado a la banca durante cuatro torneos: apenas 250 minutos en la cancha, ni un solo gol.

“Todo venía muy rápido y no lo supe asimilar. Yo quería que todo siguiera llegando así. No es que pensara que merecía jugar ni como algunos decían que me agrandaba, pero me empecé a desesperar; llegaba el fin de semana y como sabía que no iba a jugar mi estado de ánimo era decaído y no estaba feliz, pero aprendí que cuando las cosas salen mal, no hay que echar culpas, porque eso me estaba estancando. Cuando no se puede crecer o no llegan los frutos, no es por factores externos, sino que uno tiene mucha o poca culpa porque siempre hay cosas que podemos mejorar”, explica. 

–¿Pensaste que el futbol no era para ti? 

–Me entró en la cabeza que si no se puede no hay que ser terco ni confundir la tenacidad con la necedad, pero pensar positivo me ayudó. Dije: “Voy a trabajar y nada me va a tumbar”. Quería participar cuando no era mi tiempo. En este deporte hay que aprender que por más bien que hagas las cosas, hay algo que entra que es el gusto. A un entrenador le puedes gustar, y bienvenido seas. A lo mejor hay otros jugadores buenísimos y es respetable que a un entrenador le gusten otros.

 

Control

 

En los últimos partidos que Efraín Flores dirigió a Chivas echó mano del Chicharito. Dos años y cuatro meses después de haber debutado, Javier Hernández volvió a anotar en el Clausura 2009. La crisis en el equipo jalisciense hizo indefendible la presencia de Flores (5 derrotas, 3 triunfos y 3 empates), quien dejó el banquillo en la jornada 11.

Omar Arellano padre se hizo cargo de la dirección técnica en las fechas 12 y 13, pero intempestivamente el dueño de Chivas, Jorge Vergara, lo despidió para traer a Francisco Ramírez. Con todo y que los veteranos delanteros Jared Borgetti y Carlos Ochoa habían llegado esa campaña para reforzar a los rojiblancos, Chicharito comenzó a acumular minutos: fue titular en ocho de los 15 juegos que disputó.

“Tenía que dejar fluir las cosas y no pretender controlar lo que no está en mis manos. Quería cambiar pensamientos, algo que no me compete. Necesitaba otra actitud más positiva y a pesar de que me dijeran: ‘No vas a salir a la banca o no vas a viajar con el equipo’, tenía que estar contento. En mi familia todos decidimos que tenía que disfrutar no sólo cuando jugara, sino también los entrenamientos. 

“A los detallitos tenía que darles el mismo valor que a las cosas grandes, y que si me tocaba esperar o donde me tocara jugar, estaba bien. La paciencia fue algo que me cambió porque aprendí a disfrutar la vida si venían bien o mal las cosas.”

Javier Chícharo Hernández, exjugador de Tecos, Puebla, Atlas y Morelia, mundialista en México 86, fue testigo del dolor de su hijo. Consciente de que crió al Chicharito en el mundo del futbol, aunque aclara que nunca lo obligó a tener la misma profesión, da cuenta del sufrimiento. 

“Yo también sufrí bastante. Me tocó vivirlo con él a una edad donde estuvo a punto de renunciar al futbol. Primero lo de la Sub 17 y después del debut fue una etapa muy difícil. Llegaba a la casa destrozado moralmente. Él sabía que estaba entrenando bien, pero la oportunidad no se presentaba. Mi esposa y yo le dijimos que hay momentos en que sí se puede renunciar a todo, pero que en su caso no, que es buen jugador y que podría lograr lo que quisiera, que no se rindiera. Se convenció y tuvo paciencia. Salió de ese bache y ahí está”, recuerda el Chícharo, entrenador de fuerzas básicas en Chivas.

Y es que era casi imposible que Chicharito no deseara emular a su padre, y a su abuelo, Tomás Balcázar, delantero del equipo llamado “el ya merito” –que antecedió al Campeonísimo que entre mediados de los cincuenta y principios de los sesenta consiguió siete títulos de liga para el club Guadalajara– y seleccionado nacional en Suiza 54.

A los seis años, Chicharito ingresó a la escuela de futbol de Chivas sin la intención de que se convirtiera en futbolista profesional, pero poco a poco fue escalando peldaños en las distintas categorías del club. Sin problemas, cada año que había recorte de jugadores, Javier Hernández hijo los superaba. Pasó de cuarta a tercera división, luego a reserva nacional. Sin haber pasado por segunda división, brincó al Tapatío, entonces de la Primera A.

“La idea era que tuviera una distracción y no se quedara en casa, pero si yo hubiera visto que no servía para esto le hubiera dicho que no tenía las condiciones futbolísticas para crecer. Incluso lo hablamos mi esposa y yo, y acordamos que no lo íbamos a engañar por más que le gustara el futbol.”

–¿Ser hijo del Chícharo Hernández y nieto de Tomás Balcázar le dio una posición de privilegio? ¿No le abrió en automático las puertas a Javier? 

–Todos creen que sí, pero no fue así. Hijos de jugadores siempre arrastran eso, desgraciadamente. Con algunos será así, pero en el caso de Javier siempre remó contra corriente, tuvo piedritas en el camino “por ser hijo de” y son cosas que la gente no sabe ni lo sabrá, pero de que sufrió, batalló y le costó, eso lo sabemos como papás porque lo vivimos y nos dolió mucho, pero él se formó de esa manera y ahora cosecha lo que sembró.

–¿Cómo lograron que no cargara ese lastre?

–Le hicimos ver que lo que él estaba haciendo no era por mí ni por su abuelo, sino por él; que él tenía condiciones para jugar y que siempre iba a encontrar en la vida gente que le iba estar diciendo eso para fastidiarlo y señalándole. “Estás aquí por ser hijo de quien eres, no por ti”. Le dije: “Lo que vayas a lograr, que sea por ti”. Nosotros lo ayudamos a levantarse, estuvimos detrás de él, sacándolo de esos problemas emocionales que a veces los jóvenes no pueden superar.

 

La despedida de las Chivas

 

De entre los millones de halagos, Chicharito ha sabido rescatar las cosas importantes: su gente, sus raíces –los Hernández y los Balcázar– que desde niño le marcaron con rojo la humildad, la paciencia, el tesón.

“El privilegio que me da ser hijo y nieto de futbolistas es que tengo a dos casi leyendas del futbol que me aportan muchísimo para no tropezarme tanto y que me previenen de cometer errores. Esos apellidos los llevo con mucho honor, porque es de presumir que aparte de que fueron buenos futbolistas son grandes seres humanos a quienes toda la gente saluda con mucho gusto y afecto por lo que lograron fuera de las canchas. Ese es un reconocimiento que me encantaría tener.”

Dice el Chícharo que el Chicharito es tan buen niño que si hubiera pedido tener un hijo con esas características, Dios no se lo hubiera concedido.

Conmovido, recuerda cuando el 26 de febrero de 2008 su primogénito, como jugador del Tapatío, marcó el segundo gol en la derrota que le propinaron a los Tecos de la UAG, que entonces dirigía Javier Hernández padre en la Primera A. Tras marcar, el muchacho optó por no festejar.

“No supe si me dio coraje o gusto. Con ese gol perdimos. Son sentimientos encontrados, él hace su trabajo y yo el mío. Perdí y él ganó. Me dio gusto, no perder, pero sí que él anotó el gol. Le fue bien a él y mal a mí, pero ni modo,  porque toda la vida voy a preferir que le vaya bien a él.”

El director técnico Javier Aguirre ya incluyó al Chicharito Hernández en la lista de 17 jugadores premundialistas. En casa de los Hernández Balcázar saben que si Javier hijo llega a Sudáfrica, será la primera vez que tres generaciones de una misma familia participen en una Copa del Mundo (Chícharo fue seleccionado en México 86, compañero del Vasco Aguirre).

El último juego del Chicharito con Chivas fue contra el Santos, el sábado 3.

La imagen al arrancar el juego ya no se ve muy seguido en el futbol mexicano. Javier Hernández se hinca en el punto central de la cancha, abre y levanta los brazos, cierra los ojos y hace una breve oración antes de que inicie el partido. Así lo hace siempre.

Minuto 42, Chicharito manda un centro buscando al Venado Medina. El balón acaba en la red. El defensa Jonathan Lacerda mete autogol.

Minuto 38, Omar Arellano consigue el segundo gol del Guadalajara. El pase es del Chicharito.

Está a punto de terminar el primer tiempo. El jugador del Santos comete falta dentro del área… al Chicharito. Se marca penal. Lo tira Héctor Reynoso. Es el tercer gol tapatío.

Minuto 59. Chicharito se levanta en el aire, conecta de cabeza y vence a Oswaldo Sánchez. Es su gol 10 del torneo. Ni uno más ni uno menos.

Todavía al minuto 88, Chicharito es clave en el quinto de los seis goles que esa noche metió su equipo. Marco Fabián sacó provecho de una diagonal que le puso Alberto Medina y anotó. Chicharito simplemente había jalado la marca para dejar a su compañero en inmejorable posición de gol.

Así se despidió Javier Hernández del torneo, porque en puerta el clásico contra el América del domingo 4, que hubiera marcado su último partido oficial con las Chivas antes del Mundial, se le reportó lesionado. Seguramente preparaba las maletas.

No se volvió a saber nada de él hasta que llegó la noticia del Manchester United. Vestido de traje, corbata oscura, sonriente, mostraba la playera del Manchester United con una palabra escrita en el dorsal: Chicharito.  l