Incansable en su interés por comprender y difundir todo aspecto valioso del arte moderno mexicano, la prestigiada crítica de arte Raquel Tibol ha compilado y clasificado el contenido de seis cuadernos del importante pintor y muralista José Clemente Orozco (México, 1883-1949).
Considerados a partir del auge postconceptual como obras autorales, los cuadernos de artista se han convertido en un atractivo género que descubre, narra y explica la diversidad y particularidad de los procesos creativos. Producidos en la intimidad y utilizados para diferentes fines, los cuadernos atrapan en sus páginas, con lenguajes escritos y/o dibujísticos, las experiencias, inquietudes y reflexiones teóricas y formales de los artistas.
La publicación, ahora por Planeta, es muy importante pues los Cuadernos son prácticamente desconocidos en el escenario público (si bien hubo una anterior, organizada y prologada por la misma Tibol para Cultura-SEP, diciembre 1983). Las anotaciones de Orozco son especialmente interesantes porque no pertenecen al tipo del diario de creación, bitácora o esbozo, sino al modelo de los tratados pictóricos. Realizados entre 1931 y 1934, durante su segunda estadía en Nueva York y su importante viaje a Europa, los apuntes manifiestan ideas que posteriormente se concretarán en las intervenciones pictóricas que hizo en Guadalajara a partir de 1935 y, entre las cuales, sobresalen las espléndidas pinturas de la excapilla del Hospicio Cabañas (1938-1939).
Organizado por la crítica con base en la “insistencia” que evidenció el muralista por los temas, el libro Cuadernos de Orozco integra seis capítulos en los que se recopilan reflexiones sobre la identidad de la pintura –teoría–, la estructura de la imagen, la importancia de la diagonal en la composición, la energía y el dinamismo de la mecánica plástica, los efectos estructurales y emotivo-mecánicos del color, la técnica pictórica del fresco y el temple.
Con un diseño editorial en el que los apuntes del artista resaltan en tonos blancos sobre fondos negros, el libro sintetiza un pensamiento pictórico construido a partir de la transfiguración de valores formales en estructuras y elementos mecánicos característicos de las máquinas que, en el pensamiento orozquiano, adquieren valores y efectos estéticos. La pintura es un sistema definido de proporciones. Lo que hay que inventar es una nueva geometría con un nuevo ritmo de formas: una estructura dinámica. Una pintura es tan fuerte o intensa como su propia estructura. Los elementos estructurales son fuerza, cuerpo y punto de apoyo; la fuerza se ejerce por tensión y presión. El movimiento genera energía. El estudio de la energía se encuentra en la naturaleza, las obras de arte, las máquinas y la mecánica. Las diagonales son esenciales para que exista geometría y no sólo mecánica. La geometría es un medio, lo que debe verse es la acción pictórica. Energía, forma, color, materia, geometría, fuerza, son nombres diversos de lo mismo. Una pintura no es el diseño de una máquina, es una máquina.
Cuadernos de Orozco se presentará este domingo a las 12:00 horas en la sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México.








