La guerra entre cárteles del narcotráfico en Tamaulipas alcanzó niveles insostenibles: los sicarios combaten a toda hora y en todo lugar, toman poblados enteros para librar batallas y no reparan en parapetarse entre la población. Las víctimas inocentes resultan incuantificables, pero para los gobiernos estatal y federal la situación está “controlada”.
TAMPICO, TAMPS.- La guerra entre el cártel del Golfo y Los Zetas se ha extendido de norte a sur en esta entidad, sin que las autoridades locales y federales muestren efectividad para proteger a una población civil cada vez más temerosa de resultar víctima de balaceras o de abusos y excesos cometidos tanto por los delincuentes como por elementos de las Fuerzas Armadas.
El gobierno federal insiste en que los narcobloqueos, los rescates masivos de reos y los ataques a las sedes policiacas y militares ocurridas aquí son “reacciones desesperadas” del crimen organizado porque se encuentran en “una crisis terrible”. Sin embargo, los hechos aquí exhiben que los grupos delincuenciales están enfrascados en su lucha por el control de plazas y han tomado a los tamaulipecos como sus rehenes.
Según el secretario de Gobernación, Fernando Gómez Mont, la separación de esos grupos delictivos, que antes actuaban en conjunto, los está llevando a aniquilarse entre ellos. “Lo que está haciendo la federación es meterse a que no entren, aislarlos para que no entren a los centros urbanos y a darles respuesta donde los encuentran, sobre todo buscando proteger a los centros urbanos”, dijo en una conferencia de prensa.
Pero los combates entre estos grupos ocurren en horas hábiles y en lugares altamente concurridos de ciudades como Victoria, Reynosa y Tampico, e incluso prácticamente han tomado ciudades y comunidades rurales enteras para escenificar sus batallas, según reportan habitantes de Mante, San Fernando, Valle Hermoso, González, Xicoténcatl, Mier, Camargo, Nueva Ciudad Guerrero, Díaz Ordaz, Miguel Alemán, Río Bravo, Hidalgo, Burgos, Jiménez, Abasolo y Soto la Marina.
Las escuelas registran un ausentismo superior a 60% en la mayor parte de la entidad, aunque en algunos municipios de la zona conocida como “frontera chica” (Mier, Guerrero, Camargo, Díaz Ordaz y Miguel Alemán) los niños no acudieron a sus centros escolares durante varias semanas.
Los negocios han tenido que cerrar al registrarse balaceras en zonas céntricas o ante los virtuales “toques de queda” que se han impuesto por el temor de quedar atrapados en algún enfrentamiento.
La cantidad de víctimas inocentes en estas guerras –la que libra el gobierno federal contra el crimen organizado y la que mantienen los grupos entre sí– es ya difícil de cuantificar, porque muchas muertes no se denuncian y por el ocultamiento de información al que recurre el gobierno.
El caso más reciente es el asesinato de los niños Bryan y Martín Almanza Salazar, de cinco y nueve años de edad, respectivamente, que fueron acribillados por soldados que confundieron el vehículo en el que viajaban con su familia por la carretera Ribereña para acudir de vacaciones a la playa de Matamoros.
El pasado 21 de marzo, otros dos niños murieron: Uziel Izaí Juárez Mariano, de siete años de edad, y su hermano Gamaliel, de 10, cayeron en el fuego cruzado porque el autobús en el que viajaban con su familia desde Veracruz, rumbo a su pueblo natal de San Fernando, Tamaulipas, fue usado por sicarios como barricada en un enfrentamiento que sostenían grupos rivales a la altura del Puente Tampico.
La Procuraduría General de Justicia del Estado registra 161 asesinatos y 26 personas heridas, tan sólo entre el 1 de febrero y el 6 de abril. La mitad de las muertes (80) ocurrieron en enfrentamientos entre grupos armados; el resto son ejecuciones en “eventos diversos”. La edad promedio de las personas muertas es de 25 años.
El gobierno del estado puso en operación un “Servicio de Información Oportuna”, que reporta oficialmente los “incidentes de violencia” que se registran a diario, pero prácticamente ningún medio de comunicación publica nada al respecto. No en balde, cinco periodistas de Reynosa siguen desaparecidos.
En el mismo periodo, 12 policías estatales y municipales han sido asesinados. Oficialmente sólo existe denuncia por un elemento policiaco secuestrado, aunque se tienen informes de que hay más desaparecidos, pero sus familiares temen presentar denuncia.
El Ejército sólo ha reportado la muerte de dos soldados, uno en Ciudad Victoria y otro en Reynosa, a pesar de los múltiples enfrentamientos en los que se ven involucrados.
La Procuraduría señala que de febrero a la fecha se han encontrado nueve personas decapitadas, tres de ellas policías ministeriales, de los que sólo se encontró su cabeza en una hielera. Una fuente policiaca de la entidad comentó que esto es un hecho inusual en Tamaulipas, pues antes de esta “guerra”, las ejecuciones no tenían esta característica. Especula que otros grupos criminales, como La Familia de Michoacán, podrían estar involucrados en los enfrentamientos.
La impunidad con la que los grupos de sicarios se mueven por el estado quedó de manifiesto el 25 de marzo, cuando 41 reos fueron liberados del penal de Matamoros y huyeron en una caravana de camionetas tripuladas por hombres armados. Igual ocurrió el 2 de abril en el penal de Reynosa, cuando se llevaron a 12 reos y mataron a otros tres.
Varias veces, las ciudades de Reynosa, Matamoros, Río Bravo y Nuevo Laredo han sido estranguladas por narcobloqueos de las principales avenidas, salidas carreteras y calles que conducen a ubicaciones estratégicas, como aeropuertos y puentes internacionales.
Los sicarios han atacado las sedes policiacas de las poblaciones de Mier, Camargo, Miguel Alemán, Díaz Ordaz, Valle Hermoso, Reynosa, San Fernando, Hidalgo y González. En Ciudad Victoria, comandos armados lanzaron granadas contra la delegación de Seguridad Municipal y contra las oficinas de la Policía Ministerial del Estado, además de disparar contra las instalaciones de Tránsito y el edificio de la Procuraduría General de Justicia del Estado.
En este puerto, el pasado 5 de abril, sujetos que viajaban en una camioneta Chevrolet Avalanche lanzaron una granada contra el cuartel del 15º Batallón del Ejército, en la colonia Tancol.
El contraataque
A partir de que se intensificaron los combates entre los grupos criminales en pugna, desde el pasado 8 de febrero, parecía que los cárteles unidos del Golfo, Sinaloa y La Familia de Michoacán lograrían su propósito de expulsar del estado a Los Zetas, pero éstos últimos se han reagrupado.
“Lo que parecía un avasallamiento, ahora se ve como una guerra más pareja entre ambos grupos y eso significa una guerra que podría durar años. Lo que se ha visto es que Los Zetas han propinado derrotas a los del cártel, han defendido plazas y hasta han recuperado otras que ya les habían quitado”, explica un funcionario estatal.
Si en un principio la ciudadanía tamaulipeca se sorprendió por las caravanas de hasta 50 camionetas que circulaban por las calles de ciudades y pueblos claramente marcadas con las iniciales CDG (Cártel del Golfo), en las últimas semanas también se han visto convoyes rotulados con la letra “Z”.
En el municipio de Mante, a mediados de marzo, sicarios llegaron a tomar la plaza en convoyes con las leyendas CDG y XXX. Los combates duraron varios días, pero la noche del 24 de marzo, tras una balacera que duró varias horas, se presume que Los Zetas recuperaron la plaza, según los habitantes de esa ciudad.
Al día siguiente, 11 vehículos rotulados CDG fueron abandonados en diversos puntos de la ciudad, algunos de ellos calcinados, otros con manchas de sangre, pero sin dejar rastro de muertos ni heridos.
En San Fernando, tras atacar las instalaciones de un juzgado, Los Zetas dejaron pintas en las paredes. “Mamaron Golfo”, decían.
Cuando las narcocaravanas invaden las calles de las ciudades, los pobladores se preguntan: “¿Dónde están el Ejército, la Policía Municipal, la estatal? ¿Por qué nos dejan solos, a merced de esta guerra?”.
Aunque la gran mayoría de los reportes oficiales sobre la violencia en esta entidad hablan de enfrentamientos entre elementos del Ejército y la Marina contra grupos de “civiles armados”, los numerosos testimonios coinciden en que, la mayoría de las veces, los soldados y marinos llegan cuando los sicarios ya están enfrascados en una balacera.
Contra la población
“Cuando creíamos que no podíamos estar peor, cada vez las cosas están más y más mal”, lamenta el exdirigente de la Coparmex Jorge Pensado. Para el empresario, la escalada de violencia en la entidad dejará una secuela de consecuencias no sólo económicas, sino que afectará la formación de las nuevas generaciones.
Jesús Melhem Kuri, presidente de la Federación Estatal de Cámaras de Comercio, dice que las ventas “están peor que nunca” en Tamaulipas. Para colmo, los enfrentamientos arreciaron cuando iniciaba el periodo vacacional de Semana Santa, que representa la mayor derrama económica para la región.
Los habitantes de Mante, asediados durante dos semanas por estos grupos delictivos que tomaron sus calles como campos de batalla, optaron por enviarles un mensaje por internet para pedirles que no se metieran con la población civil.
Testimonios de ciudadanos coinciden en que ambos bandos colocan retenes en diversos puntos carreteros y en accesos a colonias para detectar a contrarios, o para robar vehículos y dinero.
A un hombre lo detuvieron en la carretera Victoria-Zaragoza. Los sicarios vestían chalecos antibalas, las letras CDG en sus uniformes y en sus camionetas. Revisaron su auto e hicieron que se identificara, pero lo dejaron ir.
Pero no siempre es así. Otra persona narra: “Íbamos rumbo a la frontera cuando vimos que venía lo que parecía una procesión. Cuando nos acercamos nos empezaron a hacer señas con los brazos para que nos paráramos. Se veían desesperados, muchos venían llorando. ‘¡No avancen, no avancen!’, nos dijeron, ‘adelante están Los Zetas quitando vehículos y dinero’”.
De hecho, las denuncias de robo de vehículos en esta entidad se duplicaron: de mil 303 registradas de enero a marzo de 2009 pasó a 2 mil 841 en lo que va de este año. Sólo en marzo pasado hubo mil 774 robos de unidades, según las estadísticas de la Procuraduría General de Justicia del Estado.
Pese a la indefensión de los tamaulipecos, el gobernador Eugenio Hernández Flores llevaba tiempo insistiendo en que no pasaba nada en el estado. Para él, sólo uno de cada 10 rumores esparcidos en redes sociales sobre balaceras ocurridas en la entidad es real.
Pero luego de que 53 reos se fugaron con el apoyo de comandos armados de los penales de Matamoros y Reynosa, el mandatario admitió:
“La verdad es que el gobierno estatal de Tamaulipas, y me atrevo a decir que todos los gobiernos estatales del país, somos rebasados por estos grupos delictivos que tienen una capacidad de fuego muy fuerte, que actúan en todos los estados, o muchos estados del país, que actúan incluso en otros países.”
Más tardó en decirlo que en rectificar: el pasado jueves, en conferencia de prensa en la Ciudad de México, junto con Fernando Gómez Mont y Genaro García Luna, secretarios de Gobernación y de Seguridad Pública, respectivamente, el gobernador tamaulipeco aseguró que se refería sólo a la situación que se vivía en los penales.
“Ahí sí nos sentimos indefensos, porque dentro de nuestros penales tenemos más de mil 700 reos del fuero federal que pertenecen a las organizaciones criminales y, como hay una lucha entre ellos, a toda costa ellos quieren rescatar a su gente.”
En una gira previa por Tampico, Hernández Flores culpó a las redes sociales de propiciar la sicosis que varias veces ha paralizado ciudades y poblaciones rurales del estado en los últimos dos meses.
Calificó como “incidente menor” una balacera en una de las zonas más concurridas de este puerto e invitó a los ciudadanos a mantenerse “informados”. Lo que no dijo es cómo, porque en esta entidad los medios no publican nada relacionado con el crimen organizado desde hace ya cinco años y el propio gobierno estatal sólo emite reportes de dos o tres líneas, horas después de que ocurren los hechos de violencia.
Por eso, muchos usuarios en el estado no sólo siguen buscando información en las redes sociales, sino que incluso han creado blogs y sitios específicos para reportar anomalías y autoprotegerse. Es común que antes de salir de casa, alguna persona pregunte en la red: “¿Cómo está la calle Hidalgo? Por favor, dígame, porque voy a salir para esa zona, no quiero encontrarme con una balacera”.








