Después de 34 años al frente del Consejo Mundial de Boxeo y un sinnúmero de tragedias en el cuadrilátero, José Sulaimán dice tener clara una cosa: “debe existir una autoridad nacional que rija al boxeo profesional”. Es más, “preocupado” por lo que pasa en este deporte de alto riesgo, sostiene que lleva “tres años revisando qué se puede hacer para evitar fraudes y abusos” tanto fuera como dentro de los encordados. Mientras el eterno dirigente del boxeo internacional divaga, sigue creciendo el drama de boxeadores que fallecen o quedan discapacitados de por vida.
El presidente del Consejo Mundial de Boxeo (CMB), José Sulaimán reconoce que los pugilistas que pelean en México se encuentran en estado de indefensión debido a la indolencia e irresponsabilidad con que operan muchos promotores, comisionados, médicos, entrenadores y réferis, quienes sólo ven por sus propios intereses.
En entrevista con Proceso, Sulaimán, quien ha estado al frente del CMB durante 34 años, plantea que debe existir una autoridad nacional que homologue las reglas que deben regir al boxeo profesional. De esta manera, sostiene, quienes montan las funciones estarían obligados a garantizar que los peleadores suban al ring con las mejores garantías para su salud.
“Nuestro problema es que a nadie le importa el vecino, cada quien ve por lo suyo. El promotor que quiere subir a su campeón agarra pichones para que nadie lo pare. Paga una miseria y pone a alguien que se caiga porque su protegido debe ganar. Desde hace tres años reviso qué se puede hacer para evitar las malas peleas, los fraudes y tantos abusos. Ante todo debe existir un interés sagrado por la salud del peleador. Hay mucha indiferencia debido a que en México hacía mucho que no ocurrían accidentes. Entonces hay que ver qué está pasando y qué hay detrás”, explica.
Entre octubre de 2008 y noviembre de 2009, los boxeadores Daniel Aguillón (Proceso 1669, 1671 y 1672) y Marco Antonio Nazareth perdieron la vida, mientras que el costarricense Alejandro Martínez quedó en estado vegetativo (Proceso 1729). Geobani Díaz no habla ni camina y es incapaz de valerse por sí mismo (Proceso 1737 y 1738). Pagaron con sus vidas o con lesiones irreversibles el castigo que recibieron en sus combates.
De acuerdo con Sulaimán, debe crearse un Comité Nacional de Boxeo, para lo cual solicitará la intervención de la Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte (Conade). De esta manera corresponderá al gobierno federal regular a los promotores de las peleas, así como vigilar la legalidad de sus contratos y que, sin excepción, todos los boxeadores cuenten con seguro médico y de vida.
“Cada quien –plantea el directivo– hace las peleas a su manera. El promotor está preocupado por su negocio y a los mánagers sólo les interesa que su boxeador baje de peso sin importarles cómo. Lo que debe haber es un compromiso firmado por promotores, mánagers, comisionados, bajo la vigilancia de una autoridad legal que a su vez forme una asociación nacional de medicina especializada en boxeo.”
El jerarca del boxeo explica que el gobierno federal debe otorgar a la Federación de Comisiones de Box Profesional de México (Fecombox) –creada hace 12 años y que hoy día está integrada por 40 comisiones de box–, la autoridad necesaria para que a través de éstas se implementen de forma obligatoria las medidas que garanticen la protección médica al pugilista.
Sólo palabras
Después de la muerte de Daniel Aguillón, el doctor Esteban Martos, de la Comisión de Box del Distrito Federal, denunció que había intentado evitar que el boxeador subiera al ring porque consideró que físicamente no estaba en condiciones de hacerlo; sin embargo fue ignorado.
A raíz de los accidentes fatales en el cuadrilátero, salieron a la luz muchas irregularidades que se repiten dentro del boxeo en México, por ejemplo: exámenes médicos mal practicados, ausencia de controles antidopaje, récords inflados y licencias expedidas a cambio de dinero. También se reveló que los promotores organizan funciones sin contar con ambulancias y equipo médico para la atención de emergencias y que, por necesidad económica, los peleadores se enfrentan con quien sea, aunque sus vidas se encuentren de por medio. (Proceso 1672).
Por todo ello, la entonces titular del Instituto del Deporte del Distrito Federal, Ana Guevara, se comprometió a reestructurar la Comisión de Box. Asimismo, el perredista Cristóbal Ramírez, que presidía la Comisión del Deporte de la Asamblea Legislativa, dijo que luego de una consulta en la que se le tomaría opinión a todos los involucrados, sería creada la Ley de Box del Distrito Federal, la llamada Ley Aguillón, para que la muerte del pugilista “no fuera en vano”. Sólo se trató de buenas intenciones que no se concretaron.
“Nosotros participamos en ese foro. Hicimos muchas recomendaciones, pero no se ha hecho nada. Un día me dieron una copia de la reglamentación que querían hacer y era terrible, pues faltaba la participación de expertos en boxeo. Mandé una carta y nunca recibí respuesta. No sé a quién recurrir, por eso creo que lo más adecuado es la Conade”, insiste Sulaimán.
El pasado 25 de julio tuvo lugar en Tepic, Nayarit, la función Furia Latina 10, una copromoción de la empresa estadunidense Top Rank, de Bob Arum, Promociones Zanfer, de Fernando Beltrán y el gobierno estatal.
Una de las peleas de respaldo a las dos de campeonato de la Asociación Mundial de Boxeo (AMB) que se disputaron aquella noche fue la de Alberto Topo Rosas, quien expuso su título latino de la Organización Mundial de Boxeo (OMB) ante el costarricense Alejandro Timón Martínez, quien durante el combate sufrió un severo daño cerebral que lo dejó en estado vegetativo.
El pugilista fue abandonado a su suerte cuando ya debía cerca de 4 millones de pesos al Centro Médico Puerta de Hierro de Guadalajara. Su familia fue incapaz de pagar esta deuda. La embajada de Costa Rica en México se hizo cargo del traslado aéreo y el boxeador pudo volver a su país.
En diciembre de 2009, Gilberth Martínez, padre de Timón, comentó a Proceso que Fernando Beltrán, dueño de la promotora Zanfer, hizo mal sus cálculos, pues llevó a su hijo a un hospital muy caro para aparentar que se hacía todo lo posible por el muchacho. Sin embargo, nunca pensó que su estancia se prolongaría cinco meses y la cuenta del nosocomio se elevó hasta volverse impagable.
Martínez comenta que poco antes, Beltrán había llevado al hospital al boxeador Marco Nazareth, quien sólo duró tres días y el promotor únicamente pagó una cuenta mínima por atención médica y corrió con los gastos del funeral. Le salió barato, y a eso le apuestan: a que los boxeadores lesionados no tarden en morirse.
Añade que se comunicó por teléfono con José Sulaimán para pedirle que intercediera ante Fernando Beltrán para que éste se responsabilizara por lo menos del pago del hospital y de las terapias de rehabilitación para Timón; sin embargo, el presidente del CMB se limitó a decirle que cambiara a su hijo a un nosocomio público.
“No estaba enterado de que eso ocurrió. Nunca lo leí y nadie me lo había reportado (el estado de salud de Timón Martínez). Sé que Fernando les ha pagado algo a todos los muchachos cuando ha habido problemas. Él es un promotor responsable, pero no sé hasta dónde llega (su ayuda). A Aguillón le prometieron una casa para su esposa y sus dos niñitos y no les han cumplido. No sé quién hizo el ofrecimiento. Me dicen que fue la televisora (que transmitió la pelea, TV Azteca) o el promotor (Ricardo Maldonado), pero cuando eso ocurre uno tiene que hacer algo. No se puede dejar así nada más.”
“Mucha necesidad”
En el caso de Geobani Díaz, este semanario dio a conocer que cuando salió del hospital su familia no tenía dinero para trasladarlo de Tuxtla Gutiérrez al municipio de Villaflores, donde residen. Mientras sus parientes luchaban por conseguir ayuda, el boxeador yacía en el suelo recostado en un colchón inflable.
Dice Sulaimán que la familia de Geobani no pagó un solo centavo y que todos los gastos corrieron por cuenta del CMB y del promotor Fausto García. “Me quito el sombrero ante él; es uno de los promotores más responsables que he conocido. Yo estuve en contacto siempre con el hermano (del boxeador) pidiéndole que nos dijeran sus necesidades; no hubo abandono. Yo lo estuve buscando hasta que lo encontré”, apunta el directivo.
–Ricardo Maldonado, promotor de la función en la que perdió la vida Daniel Aguillón, dijo en una entrevista (Proceso 1669) que los seguros médicos y de vida no son necesarios en el boxeo –se le comenta a Sulaimán.
–Ricardo es mi ahijado (dice sonriente). Es muy buen muchacho, pero es muy joven todavía (para organizar peleas de box). En el CMB tenemos un seguro médico (200 mil dólares para las peleas de campeonato mundial y 25 mil dólares para las preliminares) y de vida. Por eso el consejo ha entregado dinero a los familiares de los peleadores que han fallecido.
El presidente del CMB comenta que es necesario revisar la forma en que operan las comisiones de box porque hay algunos comisionados que también son promotores (como Neftalí Gordillo de Tuxtla Gutiérrez); pero, sobre todo, porque como los titulares son nombrados por los presidentes municipales –con excepción del Estado de México y el Distrito Federal, donde lo hacen el gobernador y el jefe de Gobierno, respectivamente–, hay muchos comisionados que no saben nada de este deporte.
“Ahí está más grande el problema. En las comisiones de box hay muchas cuestiones políticas, pues el presidente municipal quiere poner ahí a alguien que lo ayudó en la campaña o a un amigo. Algunos buscan que los designados sepan de box, pero a otros no les importa. La posición de comisionado es honorífica y todo mundo quiere estar ahí para obtener publicidad. Por ejemplo, los que tienen lana y nunca han sido nadie, aunque hay algunos que sí están ahí por amor al boxeo. Los comisionados que son promotores o agentes que ayudan a hacer las clasificaciones y meten a sus amigos deben ser expulsados del boxeo.
“El comisionado debe ser un ciudadano de alta respetabilidad, digno y honesto. El 90% es así, pero he conocido gente que sólo está ahí porque tiene intereses personales. El estado de indefensión de los boxeadores se debe a la falta de comunicación entre las comisiones. Hay algunas de primer nivel como las de Tijuana, Mexicali, Monterrey, Distrito Federal y Reynosa, pero cuando se realizan peleas en otras plazas suelen ocurrir los accidentes. Hay muchas cosas que deben cambiarse y por eso debemos contar con ese comité nacional que lo revise todo”.
–Demasiada improvisación en un deporte de alto riesgo –plantea la reportera.
–Sí, y también mucha necesidad. Aunque esté en malas condiciones, un boxeador nunca dirá que no puede seguir.
–Se supone que para eso están los réferis y los médicos.
–Sí, pero cada quien tiene su profesión. No existe un compromiso por parte de los médicos porque no les pagan y si el día de una función se encuentran ocupados, pues no van. Los doctores son grandes humanistas (sic) e incluso atienden gratis a las familias de los boxeadores. En las peleas grandes sí se les paga, pero en provincia es raro que un médico cobre por sus servicios.
–Por eso mandan dentistas y psicólogos en lugar de neurólogos.
–Es otra de las recomendaciones que haré. Debemos asegurarnos de que todas las comisiones de box tengan un neurólogo, un oftalmólogo, un traumatólogo; es decir, un equipo multidisciplinario formado por especialistas.
–El propio Édgar Sosa fue víctima de un réferi, Roberto Ramírez Jr. y de un doctor, José Luis Ibarra, que lo dejaron seguir a pesar de que tenía el pómulo fracturado.
–Aunque Édgar estaba de espaldas a mí, vi que le temblaban las piernas señal de que no estaba bien. El doctor no se percató de ese detalle y el corte en la cara era muy pequeño; no parecía una herida grave. El réferi hizo mal porque levantó de la lona a este muchacho cuando estaba noqueado; sin embargo, actuó adecuadamente al descontarle un punto a Rodel Mayol porque fue un foul accidental (el cabezazo que le dio a Sosa).
“Hasta el martes siguiente nos enteramos de que Sosa tenía una triple fractura. Hay casos tan especiales que son imprevisibles. La herida no lucía aparatosa y, según el médico del ring, Édgar dijo que quería seguir peleando por orgullo. Insisto, no hay peleador que se quiera rajar. Y en su esquina tampoco dijeron nada.”
–Si eso les ocurre a los boxeadores famosos, ¿qué les espera a los poco conocidos como Geobani Díaz que en su segunda pelea profesional enfrentó a Ramón Ayala que ya tenía 17?
–Por eso le digo, esa pelea no debió haberse dado…








