La llegada al cine, expresionismo en rojo y a todo color, de la célebre historieta de Roberto Fontanarrosa, Boogie El Aceitoso publicada durante casi 20 años en Proceso (número 1739), representa una victoria del arte latinoamericano en muchos sentidos. El famoso antihéroe de Fotanarrosa, marine y sicario, racista, misógino, homófobo, representa la crítica más ácida a la complicidad de los gobiernos corruptos del continente con el mercenarismo estadunidense.
Para beneplácito de sus admiradores, Boogie El Aceitoso, Argentina-México, 2009), incorpora al cine uno de los cómics más originales del no muy nutrido corpus latinoamericano en el que se incluyen Mafalda y La Familia Burrón. Esta forma de expresión, conocida en Francia como el noveno arte, no siempre se toma muy en serio por estas latitudes, pero el potencial político y educativo es inaudito.
No puede concebirse un personaje peor políticamente incorrecto; Boogie encarna lo más detestable de la ofuscación hegemónica y machista, sin tapujos ni conciencia; este alumno de la Escuela de las Américas es honesto, simplemente aplica al pie de la letra el ideal que lo engendra. Es su coherencia lo que exhibe la psicopatía de un sistema, de ahí la seducción irresistible del lector, o ahora, del espectador; de otra manera será imposible lograr un mínimo de empatía.
Claro, la sátira extrema a la que recurre Fontanarrosa en su personaje, aspecto que Gustavo Cova, director de la cinta, junto con su equipo de guionistas y animadores reconocen como elemento clave, expone la insensibilidad y la hipocresía de organismos como la CIA y el intervencionismo americano. Pero el genio del historietista no queda ahí, su ambición secreta es provocar la risa frente a la solemnidad del tema, tabú del que la izquierda latinoamericana no ha estado exenta.
No pienso, como afirma el director Gustavo Cova respecto a su película en la entrevista de Proceso, que a Bush podría gustarle. Se requiere de distancia y agilidad mental, de contar con referentes culturales y morales ricos y variados para apreciar a Boogie.
La ironía auténtica es el arma más poderosa de la inteligencia crítica; la risa que provoca El Aceitoso se produce después de varias piruetas en la mente del espectador. Si, como afirma Jean Guillaume Rougy en su ensayo sobre la historieta (la BD), el personaje, dibujado miles de veces, corresponde a la firma del autor; la firma de Boogie es el crimen. Las balas resuelven todo tipo de conflicto, son el corolario de cualquier aporía filosófica a la que se enfrenta el sicario. La estupidez mata.








