El título completo de esta ópera es Únicamente la verdad, la auténtica historia de Camelia La Tejana (2004). Pero, como ocurre siempre con los nombres muy largos, la gente ya lo simplifica y se refiere a ella como Camelia La Tejana. La obra es de Gabriela Ortiz (México 1964).
Luego de ver el ensayo general y la primera función de esta compleja obra en el teatro Julio Castillo, atrás del Auditorio Nacional, se le augura un gran éxito, no por sus méritos musicales y artísticos –que no son pocos–, sino por el tema de lacerante actualidad que maneja: la migración ilegal de mexicanos hacia Estados Unidos, el narcotráfico, contrabando y crimen organizado. Ese bajo mundo donde “la vida no vale nada”. El estreno mundial de Camelia La Tejana fue en Indiana, Estados Unidos, en 2008.
La autora no está convencida de que ésta sea una ópera, ella la llama “ópera y corrido/documental experimental”, según explicó la semana pasada en estas mismas páginas a Columba Vértiz. El libreto tampoco es un libreto; es una compilación de textos periodísticos sobre Camelia, pero funciona. Inconexo como es, mantiene sin embargo un hilo conductor. No cumple con la estructura de la obra teatral convencional; es en todo caso lo que el pedagogo teatral ruso Stanislawsky (1863-1938) llama “una pieza”; no hay conflicto ni desenlace, es sólo una pedazo de vida. Este libreto sui generis es obra de Rubén Ortiz, hermano de la compositora.
Para quienes no estén habituados a la llamada música contemporánea o música nueva, esta obra puede resultar en exceso difícil, por decir lo menos. Es, sin embargo, un fascinante trabajo de equipo, con escenografía, vestuario y puesta escénica (Mario Espinosa) de 10 de calificación. La pequeña orquesta y el coro, también de 10, así como el desempeño de la protagonista Nieves Navarro, soprano dramática mexicana que merece más oportunidades de desarrollar su carrera; ojalá que éste sea ya su despegue. Ella hace de maravilla al complejo personaje que termina cantando casi a capella el ya célebre corrido que lleva su nombre y apodo, lo que requiere que la intérprete esté más que familiarizada con la música popular. Navarro ha cantado en Europa con gran éxito varios protagónicos; pero no ha sido aún profeta en su tierra.
Y muy bien el director-concertador José Areán, quien platicando para Proceso se dijo muy complacido por los excelentes resultados musicales de la orquesta, coro y solistas, en esta obra que no es para nada fácil.
No deja de ser contradictorio que un personaje del que se dice era bailarina de cabaret, prostituta, asesina, contrabandista, narco y otras chuladas más, sea un auténtico ídolo popular. Condición que le confirieron, sin duda, los corridos Contrabando y traición o Camelia la Tejana, de Ángel El Tucán Gutiérrez (éxito de Los Tigres del Norte), y la película con Ana Luisa Peluffo y Valentín Trujillo (1976). Pero es que, aunado a todos esos apelativos, Camelia es rebelde, luchona, enamorada, valiente y vengativa, y eso es lo que la vuelve fascinante.
Hace no mucho tiempo, a México se le relacionaba en el extranjero con las playas de ensueño, ruinas arqueológicas y turismo de primera; hoy, con el narco y el crimen organizado. Y esta obra que –repito– será un boom contribuye a reafirmar esa triste realidad mexicana. Pero, ojo, no es una apología del narco, aclara el director José Areán: ¡Todo lo contrario!
La música contiene momentos de cumbia, corrido, norteñas y otros ritmos y estilos que contribuyen a crear un ambiente fronterizo característico. Hay además bailes, video, foto fija, sonidos grabados: todo un espectáculo en un solo acto de 80 minutos de duración, donde el público que abarrotó la sala la pasó muy bien.
Hay que mencionar la sobresaliente actuación del barítono Armando Gamma y de Guillermo Ruiz, dos de las mejores voces mexicanas en la cuerda de barítono.








