Fernando Gamboa, el arte del riesgo es el título de la exposición con la cual el museo Mural Diego Rivera rinde homenaje al museógrafo y curador Fernando Gamboa.
La muestra se instaló el año pasado como parte del homenaje por el centenario de Gamboa y contempla más de 100 piezas, entre grabados, pinturas, fotografías y documentos, además de un audiovisual y una grabación sonora en relación a un suceso histórico: el llamado Bogotazo, (prestados por Patricia Gamboa, su sobrina), donde asesinaron a Jorge Eliécer Gaitán, líder de izquierda, que provocó un levantamiento popular y un caos en la capital colombiana que culminó con miles de muertos y más de un centenar de edificios incendiados.
Ahí Gamboa, exponiendo su vida, rescató las obras pictóricas que en nombre de México había montado para una exposición.
El museo Mural, dirigido por Carmen Gaitán, a la fecha ha recibido alrededor de 30 mil visitantes y está dividida en cuatro partes: Antecedentes y contexto histórico; El salvamento de la obra en Bogotá; Obra plástica; y la paradoja entre el festejo por la hazaña de Gamboa y el daño al mural Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central que tiene en el museo su estancia permanente desde los sismos de 1985, en que fue trasladado de su sede original, el demolido hotel Del Prado.
Sólo entrar al recinto recibe al visitante una foto del Bogotazo del 9 de abril de 1948, donde la imagen de Gamboa aparece con una bandera nacional por encima de su hombro, al costado una caja de madera y por fondo una imagen de las calles de la capital colombiana incendiándose.
Ese día se presentaba la IX Conferencia Panamericana en el Palacio de Comunicaciones, acompañada de una exposición de arte latinoamericano, México incluido. Gamboa, al mando de ésta, acude al palacio en medio de la balacera y el fuego para sacar las 130 obras embaladas en cajas de madera.
La muestra se ofrece como una recreación histórica a través de diversos documentos como periódicos, telegramas, salvoconductos, cartas personales y oficiales enviadas durante los días de Gamboa en Bogotá, que cuentan cómo pudo sacar las cajas con las obras, primero del palacio y después del país.
¿Por qué elegir el Bogotazo?
Cuenta Carmen Gaitán:
“Porque a su regreso a México, es recibido en una gran cena, con amigos, diplomáticos y todos los intelectuales más importantes del momento, y es ahí donde anuncian que unos estudiantes rayaron el mural Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central, y en plena cena salen todos los invitados, incluidos Gamboa y Rivera, rumbo al hotel Del Prado para verlo, y esa es la liga que encajó perfecto pues el mural se encuentra ahora en este museo. Cuando se hace un proyecto tienes que pensar en que contenga un sentido estético e histórico y, por supuesto, una novedad al público.”
La exposición, aunque breve por la capacidad del museo, es un panorama del siglo XVI al XX, con más de 50 pinturas que van desde Juan Cordero y José María Estrada, Luis Coto y Maldonado, Rufino Tamayo, Diego Rivera, Juan O’Gormán, José María Velasco, José Chávez Morado, Gerardo Murillo el Dr. Atl, Félix Parra, así como grabados de Arturo García Bustos, Pablo O’Higgins, Ángel Bracho y Leopoldo Méndez, por nombrar a algunos.
La curaduría, relata metafóricamente Gaitán, fue hecha en primera instancia por el propio Gamboa, pues al ser una persona tan meticulosa dejó listas, documentos y demás anotaciones sobre la obra que se llevó a Colombia.
Por ejemplo, una hoja exhibe el listado de las 38 pinturas y 100 obras, entre litografías y grabados, que se llevaron para Colombia. Se enseñan, por ejemplo, dos de ellas que en algún momento le pertenecieron a Gamboa: Mujer sentada (1914), de Diego Rivera, y un Autorretrato (1951) de Juan O’Gorman (con dedicatoria), que ahora forman parte de la colección Promotora Cultural Fernando Gamboa. Otras dos, el Retrato de Lupe Marín, también de Rivera, y una Naturaleza muerta, de Félix Parra sí se expusieron en Colombia.
Otro documento contiene la lista de todos los invitados, entre artistas, diplomáticos e intelectuales que acudieron a la cena de bienvenida de éste; hay también una carta de Gamboa a Manuel Ospina, etnólogo colombiano, quien lo auxilió en el momento del incendio en el Palacio de Comunicaciones.
El primer piso con grabados e imágenes tiene un sentido de movimiento social –refiere la directora–, mientras que en el segundo piso cuenta con retratos y paisajes, además de la citada grabación donde el museógrafo hace el relato de su experiencia en el Bogotazo, hecho que insólitamente repetiría en circunstancias parecidas un cuarto de siglo después durante el golpe de Augusto Pinochet en Santiago de Chile al gobierno legítimo del presidente Salvador Allende (Proceso 1687).
Solía decir Gamboa –asienta Gaitán– que en las exposiciones “hay una obra que manda”, y en ésta son las de Orozco, que pueden admirarse en el segundo piso. Se refiere a La casa blanca y El combate, pintadas entre 1925 y 1928 y prestadas por el museo Carrillo Gil.
Además, por primera ocasión se muestran un Paisaje, de Joaquín Claussell, y un Paisaje de volcanes, del Dr. Atl, ambas pertenecientes a coleccionistas privados.
Alumna de Gamboa, Gaitán lo retrata:
“Era muy enfático en darle voz a la plástica mexicana y al grabado, le importaba mucho lo que pudiera presentarse de México. En esta exposición hay obra gráfica, religiosa y de la escuela de la pintura mexicana, Tamayo, Claussel, O’Gorman, Rivera.
“Fue un hombre en el cual se cumplieron muchas visiones, muy plural, el que exalta el coleccionismo, el que adquiere obras para el Estado, el que representa al Estado a través de grandes exposiciones de México en el mundo, como cuando monta la gran cabeza Olmeca en Nueva York en 1970. Muy meticuloso, exigente, un gran conversador, discreto en cuanto a su vida personal, pero lleno de anécdotas.” l
La hazaña de Gamboa en “El Bogotazo”
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