Boogie El Aceitoso se publicó en Proceso, ininterrumpidamente, de junio de 1977 a octubre de 1996. De la edición 33 a la edición 1040, la historieta de Roberto Fontanarrosa se apoderó de la última página de la revista y se convirtió en hábito ineludible de nuestros lectores. Su autor no mató a su personaje; simplemente dejó de dibujarlo. Boogie reaparece en estos días, intacta su naturaleza. Y lo hace espectacularmente en la pantalla grande. Estrenada el año pasado en Argentina, Boogie, la película se exhibirá a partir del próximo viernes 5 en 80 salas cinematográficas del país. La cinta de animación dirigida por Gustavo Cova, con guión de Marcelo Páez –coproducida por Illusion Studios y Proceso–, honra a la historieta. En ella, Boogie hace lo que sabe hacer: humillar, despreciar, disparar. Boogie regresa para matar… y para provocar inevitables carcajadas con su ácido humor.
BUENOS AIRES.- Boogie no sentía nada al matar. Lo hacía con silenciador.
Nada ha cambiado. Salvo que el musculoso matón ha envejecido, se le ve panzón, cansado, y está desesperado por reivindicarse como el primero en el “arte de matar”, tras la aparición de su “archirrival” Jim Blackburn, un modernísimo sicario contratado por un capo de la mafia neoyorquina para silenciar a un testigo.
Es, sin duda, el pistolero más frío del mundo. Se entrenó en la Escuela de las Américas; fue agente de la CIA; participó en los conflictos bélicos de Vietnam, Nicaragua y del Golfo Pérsico. Tiene una particular animadversión por los negros y los homosexuales. Nunca se enamoró.
Sus hobbies son denigrar a las mujeres, comprar armas y disparar a transeúntes desde la ventana de su departamento. Admira a Jack el destripador y detesta a la humanidad. Si se le molesta, mata; si está de buen humor, o en servicio, también.
Le dicen El Aceitoso.
Inolvidable, vuelve como un fantasma para recorrer las salas de cine en México. Apareció con su enredada cabellera rubia, mandíbula de pitbull y un cigarro en la comisura de los labios que da sentido a su voz gruesa. Exhibe su Magnum 44 especial en la cintura. Es un hombre macizo, sin límites, sin conflictos de ética. Fuma en exceso, toma en exceso, mata en exceso.
Tiene un oficio muy peculiar: Es un asesino a sueldo. Un mercenario sin corazón que lo hace todo por dinero.
Según Gustavo Cova, director de la cinta, Boogie debe representar, como lo hizo en su tiempo, una crítica a un sistema donde prevalece la violencia, como en México… El largometraje se estrena aquí en medio de la “guerra” decretada por Felipe Calderón, que parece no tener fin y que, a la mitad de su administración, ha cobrado la vida a más de 9 mil 600 personas. Imposible ofrecer el dato más preciso; se modifica con las horas.
La sátira de Roberto Fontanarrosa nos alcanzó. Asociada con la atrocidad estadunidense durante la Guerra Fría, la represión en Sudamérica en los años de plomo y la guerrilla colombiana auspiciada por el narcotráfico, hoy retrata el estilo de vida que a sangre y fuego se ha impuesto en el país.
Lejos de la ingenuidad, Boogie cada vez se hace más fuerte. “Nos hemos acostumbrado a la violencia cotidiana. Ha ganado vigencia a través de la brutalidad de nuestras sociedades y lo poco que hacen nuestros gobiernos por detenerla. Es lamentable que aquello que criticaba Fontanarrosa en los años setenta y ochenta cada vez se va exacerbando más”, denuncia en una larga charla Gustavo Cova, quien también dirigió las cintas Rouge Amargo, Alguien te está mirando y el documental 100 años de Carlos Gardel.
Su historia
Boogie surge de las páginas de la revista Hortensia, editada en la ciudad de Córdoba, como una historieta basada en el violento personaje y la crítica política y social del autor. En los años setenta llegó a México a través de Revista de Revistas, dirigida por Vicente Leñero y, entre 1977 y 1996, para cerrar –o comenzar– la lectura de Proceso.
A principio de los ochenta, en la misma Argentina, Boogie fue publicada por la revista Humor, contestataria ante la última dictadura militar en ese país (1976-1983). “Era un lugar de rebeldía porque los militares no la entendían muy bien”, relató el cineasta.
Del maestro Fontanarrosa habla Cova, quien animó a su más célebre personaje: “Siempre fue muy inteligente en su crítica, que no es de izquierdas utópicas y contestataria porque sí”. Sin embargo, dice, en la película “no van a encontrar un panfleto”. La intención primordial de la obra parte del humor. “Por pretencioso, muchas veces el cine latinoamericano se olvida del público”. El mensaje de El Negro viene de una “segunda lectura”.
En un texto reproducido en la página web de Roberto Fontanarrosa, el semiólogo Óscar Steimberg desmarca a Boogie de una suerte de personajes sarcásticos, “desesperanzados”, amorales, que nacieron en los años setenta. “Si bien eran crueles, pesimistas, había algo que podía relacionarse con algún rastro del concepto clásico de piedad”. Para Boogie eso, por principio, no existe.
Boogie produce una atracción brutal. Explica Gustavo Cova: “Con Boogie pasan cosas muy raras. Es un personaje terrible, odiable por su machismo, por su violencia, por su amoralidad, y sin embargo es un personaje totalmente adorable”. Enamora como personaje, “sabiendo uno que se está enamorando de un reverendo hijo de puta”. Tiene ese “magnetismo animal, que es como que nos habla desde el inconsciente y desde lo peor de cada uno de nosotros”. Es como una catarsis, una posibilidad de liberarse, dice.
La “honestidad del perverso”
Según el guionista, Marcelo Páez, Boogie representa “la fantasía perversa que todos tenemos”. Recuerda un fragmento de la historieta donde El Aceitoso está comiendo y le quitan una papa frita de su plato, él toma el cuchillo y lo clava en la mano del osado… “Todos hemos querido hacer eso. Es el morbo que genera el querer hacer cosas que no podemos –como volar a un taxista que se nos cierra–; pero la fantasía ahí está”. Boogie, dice, está más allá de la conciencia y la moral. “Es lo que queremos ser y no nos atrevemos”.
El trabajo de Páez incluyó un análisis del estilo de escritura de Fontanarrosa. Describe a Boogie como un personaje encantador en sus “sombras”, de novela negra: un antihéroe. “Esos personajes, delincuentes, matones, apostadores, prostitutas, policías antinarcóticos, veteranos de guerra, me resultan mucho más humanos, a pesar de su brutalidad o su cinismo”. La maldad nace de la impunidad, piensa Páez. “Boogie es un psicópata. No le importa nada, nadie. No somos como él, en parte porque tenemos conciencia, porque tenemos moral, pero sobre todo porque tenemos miedo a ir presos”.
De hecho, Juan Carlos Volnovich, psiquiatra en la tira cómica, diagnostica a Boogie la “honestidad del perverso”. Tras la primera sesión, el matón lo acribilla por inmiscuirse en su vida.
“Fidelidad pura”
De la tinta a la pantalla, Boogie no se pierde en la ostentosidad de la tecnología, promete Páez. La esencia del personaje, para el guionista, refleja una “fidelidad pura” a lo que escribió Fontanarrosa. Incorporó al largometraje diálogos de una veintena de números de la historieta.
Inmersos en una actualidad donde la televisión muestra el correr de la sangre en tiempo real y los videojuegos explotan la industria de la violencia como entretenimiento, esta película “lucha” por posicionarse entre el público joven. Sin embargo –sostiene Cova–, el largometraje conlleva un dejo de nostalgia. “La gente que conocía al personaje va a encontrar muchos guiños de toda la obra de Fontanarrosa, varias de las historietas que más se arraigaron en la memoria”.
Boogie, recuerda el director, le servía a la gente como una válvula de escape “de todo lo que no asumimos que somos pero en el fondo tenemos: la intolerancia, el discriminar, el machismo… todo eso que forma parte de nuestra cultura. Somos nosotros los que tenemos que pelear por ser buenas personas todo el tiempo. En Boogie funciona al contrario. Él se libera de esa prisión en la que luchamos por no convertirnos en un ser terrible”.
Los responsables de la adaptación al cine hablan de la perversidad de El Aceitoso que, no obstante los años, aun en la pantalla, no intenta rescatarse. “El reto es cuidar a un protagonista con el que ideológicamente chocas. La ironía funciona desde ahí, desde la contradicción constante de su magnetismo animal que funciona como catarsis de todo lo que sabemos que está equivocado pero nos atrae. No es el héroe del cual uno quiere enamorarse”, afirma Gustavo Cova.
Hacer cine de animación en Latinoamérica es “casi” imposible, comenta el propio Cova, quien se ha entregado al género de fantasía. Realizar esta película significó una labor titánica –casi 16 mil horas de trabajo– por parte de un batallón de animadores, dibujantes, actores, sonidistas y personal de producción. Además, 60 temas musicalizan la historia.
Boogie, la película se presentó en los festivales de animación celebrados en Annecy, Francia, y en Zagreb, Croacia, donde fue muy bien recibida, según el relato de su director. En Argentina se estrenó el 22 de octubre del año pasado y se exhibió durante 10 semanas, posicionándose entre las cinco primeras.
No hay traición
Roberto Fontanarrosa, El Negro, se “sorprendió” cuando José Luis Massa, fundador de Illusion, le hizo la propuesta de materializar en una obra cinematográfica la vida de su personaje. Al principio le pareció una idea “descabellada”, contó a Proceso el productor. “El Negro decía: ‘¡No! Yo ya dejé de hacer Boogie. No sé si da para hacer una película. Es muy violento’”.
Gustavo Cova y Roberto Fontanarrosa pactaron un acuerdo en distintos planos y tiempos. El director tiene una fotografía de El Negro frente a su escritorio desde el día que inició el proyecto. “Pegué una foto suya que todo el tiempo me está mirando desde la pared. Siempre le digo: ‘Vos cuidame, yo no te voy a traicionar’”.
Y así, se cercioró, paso a paso durante la producción, de no insidiar el espíritu original de Boogie, de no “traicionar” a Fontanarrosa ideológicamente. “Boogie es un personaje muy fuerte y teníamos miedo de que eso no se trasladara a la pantalla, que se ablandara en ese traspaso por miedos, por autocensuras”.
Para el maestro Fontanarrosa, dueño del trazo que concibió al despiadado asesino, los villanos siempre fueron más que los héroes. Él mismo se encargó de dotar a El Aceitoso de un carisma “detestable”, lo que, paradójicamente, lo hacía adorable. Página 12 reprodujo una entrevista con el autor el 20 de julio de 2007: “Si no quisiera a Boogie, no podría haberlo hecho. Es la antítesis mía, o será que en un rincón del corazón yo querría tener esa impunidad, ese manejo de la violencia y esa capacidad física… La pureza de los superhéroes siempre me hinchó las pelotas”, decía el eterno apasionado del futbol.
Fontanarrosa alcanzó a aprobar el primer guión del largometraje, a la vez que hacía frente a la esclerosis que dañó la genialidad de su mano derecha y que, en julio de 2007, le robó la vida. “Si no, la película no habría podido hacerse”, aclara el productor, José Luis Massa.
Mueren las personas, pero los personajes trascienden. Se lo deben a su significado, asegura Gustavo Cova. Así que Boogie, la película no es una manera de ponerle fin a El Aceitoso, sino un intento por sintetizar su “ideología y espíritu, una forma de pensar que se conserva en el relato”.
De modo que Boogie sigue prófugo. Fontanarrosa escribió una carta que, cuenta el guionista Marcelo Páez, decía que el personaje “tendría siempre un lugar en algún punto conflictivo del mundo, ‘haciendo lo que más le gusta’”.








