Trabajando un día particular

Tratamiento sencillo y profundo

Un hombre y una mujer se encuentran mientras la ciudad entera sale a ser testigo de un desfile profascista. No importa si es en Italia en los cuarenta; el autoritarismo es un presente que todavía padecemos y bien corresponde a nuestra realidad. Bajo esta premisa, Laura Almela y Daniel Giménez Cacho llevan a escena la película Una giornata particolare, de Ettore Scola, en el teatro el Milagro, donde lo fundamental es la relación que se da entre dos seres solitarios en un ambiente de represión social y personal.

La sensibilidad, la sencillez y lo profundo en el tratamiento es lo que más resalta en la puesta en escena de Trabajando un día particular. Podemos adentrarnos en los sentimientos de estos dos personajes, y con base en la naturalidad sentir su problemática. No suceden grandes cosas dentro de la cotidianidad de un día ausente de algarabía familiar. La gravedad está en el interior de los personajes que se va dimensionando progresivamente. Mientras ella realiza rutinas domésticas, él se encuentra en un momento crítico de su vida, donde el suicidio es una tentación. Un incidente hace que se encuentren: el pájaro platicador que ella tenía encerrado ha volado al alféizar de la ventana de él; clara metáfora de su acontecer.

Pero su acercamiento no es fácil. Laura Almela y Daniel Giménez Cacho condensan dramáticamente los obstáculos que suceden en la película, y aquí los vemos como obstáculos actorales que impiden se dé el intercambio entre ellos. Acertivamente así se mantiene la tensión dramática en medio de situaciones cómicas o cotidianas, para, poco a poco, involucrarnos en lo que hay en el fondo de cada uno de ellos. Los dos actores exploran y explotan al máximo sus capacidades interpretativas transmitiéndonos ese dolor que subyace en sus vidas. En ella, aunque con esposo y seis hijos, impera la soledad. En él, marginado socialmente, quien vislumbra una ventana al encontrarla, se le dificulta el acercamiento por sus prejuicios sociales.

Frente a una situación tan común, la vivencia de los actores la vuelven muy particular. Su veracidad permite la identificación con el público y con ellos mismos. Pareciera que no están actuando, como se dice comúnmente, y este sentimiento lo refuerzan con su trabajo extrateatral antes, durante y después de la obra. Entran con el público, se visten frente a él y preparan el lugar, hacen rompimientos intermitentemente, y al terminar vuelven a sus ropas primigenias; no reciben los aplausos y dan las gracias mientras se visten.

Trabajando un día particular sucede en un espacio casi vacío, diseñado e iluminado por Gabriel Pascal. Son mínimos los elementos utilizados y los dos departamentos se traslapan en un mismo lugar. La mesa y los objetos son comunes y ellos naturalmente los mueven según las necesidades de la acción. La imaginación del público se echa a andar cuando dibujan como si fuera un pizarrón las ventanas o la jaula, y añaden toques de humor cuando pintan el timbre para poderlo tocar y emitir el sonido, o el ojillo de la puerta para ver quién está detrás de ella.

Trabajando un día particular muestra la madurez de las capacidades actorales de Laura Almela y Daniel Giménez Cacho, que logran dirigirse, viéndose a través del otro para transmitirnos un sinfín de emociones y sentir que estamos viendo un teatro de verdad. l