Guadalupe Rivera: “No al Paseo José Luis Cuevas”

Museo estudio de Diego Rivera en San Ángel

Ante la posibilidad de que Altavista, avenida que cruza San Ángel Inn sea denominada Paseo José Luis Cuevas y coloquen ahí esculturas del artista de la Ruptura, la hija de Diego se indigna: no sólo Cuevas fue el más temerario de los detractores del muralismo, sino que en esa calle vivió Rivera durante tres décadas, hasta su muerte.

 

Por tratarse de una imposición “ilegal” del jefe delegacional en Álvaro Obregón, el perredista Eduardo Santillán Pérez, vecinos de San Ángel rechazan que la avenida Altavista cambie su nomenclatura y se transforme en Paseo Cultural José Luis Cuevas, como solicitara la esposa del dibujante y directora del museo Cuevas, Beatriz del Carmen.

“Es otro agravio más por parte de la delegación, un acto contra las juntas vecinales y al Patronato de San Ángel, pues no se les ha tomado en cuenta para las obras que pretenden hacer con este corredor cultural a Cuevas, a nadie se avisó y todos los pobladores se hallan sumamente molestos”, expone Guadalupe Rivera Marín, hija del pintor Diego Rivera.

Delegada política justamente en esta demarcación durante la regencia capitalina de Cuauhtémoc Cárdenas (1997-2000), y defensora a morir del “incomparable legado plástico” de su padre (Proceso 1344 y 1353), Rivera Marín denuncia:

“El gobierno del DF se divide en secretarías y corresponde a la de Desarrollo Urbano y su director, el arquitecto Felipe Leal, cumplir con el Reglamento para el Ordenamiento del Paisaje Urbano del DF, que en su capítulo tercero, artículo 90, señala las atribuciones y obligaciones de una Comisión de Nomenclatura, que son:

“Coadyuvar con la secretaría para establecer los criterios para la asignación, modificación de nomenclatura de colonias, vías, espacios abiertos del DF. Proponer a la secretaría la nomenclatura, crear las subcomisiones y expedir las reglas de operación.”

Pero en Álvaro Obregón, “no hicieron absolutamente nada de eso, no crearon esas comisiones para que cambie el nombre de la avenida Altavista ni avisaron a nadie”.

Cita que tal comisión “se integrará por un presidente, un secretario, los titulares de las secretarías, el titular de la dirección de equipamiento y mobiliario urbano”, entre otros, “sin que se convocara absolutamente a nadie y siendo la única que debe tomar el acuerdo de cambiar la nomenclatura”.

Tampoco convocaron al Comité de Defensa de San Ángel ni al patronato “que dirige Fernando Pérez Correa” ni a la Junta de Vecinos “presidida por Martha Camarena”.

El proyecto de un corredor cultural en la zona se mantuvo absolutamente en secreto. Los habitantes lo conocieron “hace unos días, el domingo 13 de junio”; sin embargo, se gestó por la directora del museo Cuevas “desde el 26 de febrero, durante el cumpleaños de Cuevas” (nacido en 1934), para honrar “y reanimarlo, pues se halla muy enfermo, supongo, con la petición del cambio de nombre a Altavista”.

 

¿Venganza? 

 

Suma la excongresista y autora de una novela reciente, Los círculos de los dioses:

“Existe alarma general entre todos los pobladores de San Ángel porque recibieron una invitación formal para que el sábado 26 de junio acudan a la esquina de las avenidas Altavista y Revolución, a la una de la tarde, donde se develará la escultura Los siameses que Cuevas donó a la Álvaro Obregón.”

San Ángel Inn fue fundada por el pintor irlandés Cecil O’Gorman, “papá de Juan O’Gorman, quien radicaba allí” y también por Diego Rivera, “desde aquellos años esta calle que desean cambiar lleva el nombre de Altavista”.

Poblada por ingleses, alemanes y franceses, “Juan pidió a su papá en 1931construir en Altavista y calle de Palmas las dos casas que le diseñó a Diego Rivera, que hoy se conocen como el Museo Estudio Diego Rivera y Frida Kahlo.

“Allí vivió mi padre de 1934 hasta que murió en 1957. A la calle Palmas le pusieron Diego Rivera y la de Altavista le quieren poner José Luis Cuevas, quien fue de las gentes que más atacaron a mi padre y al muralismo.”

En 1964, Cuevas “creó el movimento de la Ruptura, que pretendía acabar con la Escuela de Pintura Mexicana por ser un tipo de pintura oficialista, buscando renovar el arte”.

Como vocera del rechazo a un Paseo José Luis Cuevas en Altavista, Rivera Marín niega que le muevan intereses personales. Más bien, es al revés: 

“Para Cuevas la obra de los muralistas carecía de valor. Así que hoy considero que se trata como de una revancha suya decir: ‘Ahora yo voy a estar aquí donde antes estaba el que se supone fue el maestro’. Este es el sentir de la gente aquí en San Ángel.

“Mis hijos nacieron y crecieron allí, al lado de mi padre. A Diego le daban risa aquellos ataques de José Luis Cuevas, quien era muy joven en 1964 y comenzaba a ser muy conocido como dibujante, pero mire…

“En esta colonia vivieron Rufino Tamayo, Günther Gerzso, aquí vive Manuel Felguérez. Entonces, si el delegado con el museo Cuevas quiere hacer un paseo cultural que lleve su nombre, darle un gran realce y llenarlo de esculturas, que le pongan Paseo Cultural de los Artistas; pero no me digan como me respondió irrespetuosamente una persona en la delegación Álvaro Obregón, por teléfono:

“–Ya hay una calle Diego Rivera, si usted quiere que le pongamos el nombre de su padre a la avenida Revolución, lo hacemos con un gran homenaje.”

Rivera Marín cuenta que replicó:

“–Señora, yo no estoy pidiendo absolutamente nada para mi padre, no mezcle usted las cosas. Le estoy hablando a usted porque estoy muy molesta que a una calle tradicional del viejo San Ángel Inn le quieren poner Paseo José Luis Cuevas, me parece totalmente fuera de lugar.”

Cuevas habitó la calle de Galeana y ahora vive en Fresnos, paralela a Altavista, “por la orilla de lo que era un río”. En el fondo, opina, hay un afán de venganza:

“En el DF hay dos calles que llevan el nombre de Diego Rivera, y no son importantes porque mi padre fue comunista, nunca formó parte del partido oficial. No hay un monumento relevante a él, como familia nunca hemos buscado tampoco que se le haga y a él no le interesaba. Pero vea: mi padre donó al pueblo de México mil 800 millones de pesos, que es lo que vale la colección arqueológica del museo Anahuacalli, el terreno y el edificio del mismo. Aparte de sus murales, pues México se conoce en el mundo por el movimiento muralista.”

En su casa, que alberga asimismo la Fundación Diego Rivera, en Coyoacán, concluye:

“Yo llamé a la Cámara de Diputados y a la Asamblea de Representantes para decirles que todo esto se ha hecho sin autorización, que deben tomar parte. Me dijeron que nadie había pedido autorización para cambiar el nombre, o si lo hicieron sin consultar al consejo consultivo catastral, donde también llamé, pues que se iba a violar el reglamento del Gobierno del DF.”