En la próxima Conferencia Anual de la Comisión Ballenera Internacional, que se efectuará dentro de unos días en Marruecos, el chileno Cristián Maquieira, quien preside la Comisión Ballenera Internacional, planteará una propuesta insultante. Lo será al menos para los conservacionistas y para la abrumadora opinión pública internacional, pues sugiere que la cacería de estos animales se realice de manera “controlada y bajo supervisión”. Para los países balleneros –Japón, Islandia y Noruega–, la propuesta de Maquieira equivaldría a una licencia para seguir matando cetáceos.
VALPARAÍSO, CHILE.- En un marco de confrontación entre naciones balleneras y conservacionistas, apartir del lunes 21 y hasta viernes 25 se realizará en Añadir, Marruecos, la 62 Conferencia Anual de la Comisión Ballenera Internacional (CBI).
Ahí, este organismo deberá decidir si continúa reorientando su política hacia una postura proconservación de cetáceos, o si por el contrario vuelve a ser –como en sus orígenes– una entidad más preocupada en hacer rentable la industria ballenera que en preservar la vida de estos animales.
En el bloque ballenero liderado por Japón se encuentran Islandia y Noruega, mientras que los conservacionistas, encabezados por Australia, cuentan con 14 países latinoamericanos integrados en el Grupo de Buenos Aires (GBA). Entre éstos destacan Argentina, Costa Rica, México y Brasil.
Las naciones balleneras recibieron un espaldarazo por parte del presidente de la CBI, el chileno Cristián Maquieira, quien junto con el vicepresidente del organismo, Anthony Liverpool, presentó el 22 de abril pasado el documento Decisión de consenso propuesta para mejorar la conservación de las ballenas. Esta iniciativa contempla levantar por 10 años la moratoria global sobre la caza comercial de ballenas vigente desde 1986 y asignar cuotas de captura a Japón, Islandia y Noruega.
De esta manera se legitimaría la “caza científica” –que realiza Japón– de casi 700 cetáceos por año en el Santuario de ballenas del Océano Austral, y de más de mil a escala global. Esta zona es la principal área de alimentación de la mayoría de las especies de cetáceos, como la ballena jorobada y la azul, que habitan el hemisferio sur.
Los máximos directivos de la CBI hicieron esta propuesta luego de que, tras un año de negociaciones entre balleneros y conservacionistas al interior del Grupo de Apoyo de este organismo, no se logró ningún acuerdo. Por ello encargaron a Maquieira que elaborara un planteamiento que a final de cuentas resultó decepcionante para los conservacionistas.
En su boletín institucional del 26 de abril último, la Sociedad Mundial para la Protección Animal (WSPA, por su siglas en inglés), sostuvo que la propuesta de la CBI “sólo muestra lo lejos que este organismo se encuentra de los valores modernos. No tiene en cuenta el hecho de que atacar ballenas con arpones explosivos es algo terrible y falto de toda humanidad”.
En entrevista con el diario La Nación, de Costa Rica, el 19 de mayo pasado, Maquieira negó haberse convertido en partidario de la caza comercial de ballenas. Argumentó que su posición es “realista” y aseguró que el sistema de cuotas se justifica al constatar que, a pesar de la moratoria declarada en 1986, se han cazado desde entonces cerca de 30 mil ballenas.
El presidente de la CBI consideró que al legalizar la cacería de algunas especies se podrían supervisar las actividades de los balleneros e ir reduciendo de manera gradual las cuotas asignadas hasta hacerlas desaparecer. Y explicó: “Si usted caza mil ballenas, se le pide que cace 500 –que se le autorizan– y que deje otras 500 en el agua”.
Indignación
La propuesta de Maquieira fue mal recibida en casi todo el mundo. Numerosos países y organizaciones internacionales, así como ONG defensoras del medio ambiente, en especial de América Latina, han levantado voces de protesta en su contra.
Una de las reacciones más enérgicas provino del gobierno neozelandés, cuyo ministro de Relaciones Exteriores, Murray McCully, en un comunicado del 23 de abril último desautorizó a su comisionado ante la CBI, Sir Geoffrey Palmer, por respaldar el planteamiento de Maquieira:
“Las capturas propuestas en el Santuario de Ballenas del océano Austral no son realistas. Incluir ballenas de aleta en las cuotas de captura, es explosivo. Nueva Zelanda no aceptará ese acuerdo”. Y agregó que el objetivo de su país es acabar con la caza de ballenas en el océano Austral, “no sólo reducirla”.
Ese mismo día, el ministro de Medio Ambiente de Australia, Peter Garret, afirmó que su gobierno “estudia llevar a Japón ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya, con el fin de terminar con la “caza científica” de ballenas si no se alcanza un acuerdo en la CBI. Este anunció se formalizó el pasado 1 de junio. Australia es partidaria de acabar con esa práctica en el mundo entero, así como de impedir la caza de de estos animales en el océano Austral.
Mediante el comunicado 053, la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) dio a conocer, el pasado 27 de abril, que la iniciativa presentada por el presidente de la CBI, “no cumple con la política que México ha manifestado en materia de conservación de cetáceos”.
Ese pronunciamiento es compatible con el rol de liderazgo que México ha desempeñado en Latinoamérica por su posición conservacionista. Prueba de ello es el impulso que dio a la creación del Santuario de Ballenas del océano Austral establecido durante la reunión anual de la CBI realizada en 1994 en Puerto Vallarta, Jalisco.
Con el fin de consensuar una posición con miras a la cita de Marruecos, el GBA efectuó su Séptima Reunión Anual, que tuvo lugar entre el 18 y el 20 de mayo último en Santo Domingo de Heredia, Costa Rica.
Después de intensas negociaciones a puertas cerradas en las que participó Maquieira como “invitado”, los países latinoamericanos rechazaron su propuesta. En un comunicado de dos páginas, los 14 países conservacionistas latinoamericanos declararon que el planteamiento de Maquieira “está muy por debajo de las expectativas”. Asimismo, expresaron que “debe ser totalmente eliminada la caza de especies amenazadas, y de aquellas para las cuales no se cuente con la recomendación del Comité Científico de la CBI”.
El GBA considera que debe mantenerse la moratoria decretada en 1986 y reglamentar la “caza científica” realizada en el océano Austral, con el fin de avanzar progresivamente hasta su eliminación total. “Este elemento es considerado imprescindible para que la negociación pueda llegar a buen término”, se indica en la declaración.
En paralelo a la reunión de Costa Rica, 29 ONG latinoamericanas de 14 países emitieron un comunicado que se distribuyó entre los asistentes a la reunión del GBA. En éste, expresaron su “profunda preocupación por el rumbo que ha tomado el proceso de negociación para definir el futuro de este organismo internacional”.
Afirmaron que la propuesta de Maquieira “carece de condiciones mínimas para seguir siendo una base genuina de negociación”. Asimismo, conminaron a los países latinoamericanos a fortalecer –rumbo a Agadir– la coordinación con Australia. Lo anterior con el fin de “ofrecer una propuesta alternativa que impulse la real conservación de los cetáceos en el siglo 21”.
Entre las ONG promotoras de esta posición destacan: Centro de Conservación Cetácea (CCC, Chile-Brasil); Organización para la Conservación de Cetáceos (Uruguay); Coalición Costarricense por las Ballenas; WSPA; Comarino (México); Ecoceanos (Chile).
En entrevista con Proceso, la directora ejecutiva del CCC, Elsa Cabrera, se muestra satisfecha con los resultados de las reuniones sostenidas en Costa Rica: “Constatamos que hay una visión respecto de la defensa de la conservación de cetáceos, absolutamente compartida en América Latina, tanto a nivel de estados como de organizaciones ciudadanas”.
Y añade: “A pesar de todas las presiones que hubo para que América Latina apoyara la propuesta de Maquieira, esta región dio un ejemplo de independencia y de defensa de sus intereses”. Cabrera menciona las reiteradas declaraciones de Maquieira respaldadas por la comisionada de Estados Unidos Mónica Medina, en el sentido que si Japón no se ve representado en el acuerdo que tome la CBI, este país se marginará de esta organización. En posible escenario, al que Maquieira dice temer, los Estados balleneros podrían seguir cazando según las cuotas que ellos establezcan.
Las organizaciones conservacionistas latinoamericanas impulsan el aprovechamiento de los cetáceos para actividades turísticas, como su avistamiento en comunidades costeras. La llamada industria sin chimeneas ha tenido un gran crecimiento en el mundo, y se estima que en 2009 generó ingresos por 11 mil millones de dólares.
Mitos balleneros
A pesar de su desenfrenado interés por mantener inalteradas sus actividades de caza, la flota ballenera de Japón no es un negocio tan rentable como pudiera suponerse; al menos en sí mismo. De acuerdo con el documento Sink or swim. The economics of whaling today (WWF, 2009), la industria ballenera japonesa funciona sólo gracias a subsidios que recibe de su gobierno. Entre 1988 y 2008, las subvenciones habrían alcanzado los 117 millones de euros.
En la flota ballenera japonesa que opera en el océano Austral, no hay un solo rompehielos (que usan doble casco), a pesar de que la Organización Marítima Internacional (OMI) exige que sean estas embarcaciones las que deben operar en el continente blanco. Por otra parte, esta organización prohibió recientemente el uso de combustible pesado en el polo Antártico, disposición que también es desobedecida por la flota nipona.
En 2007, el buque factoría nipón Nisshin Maru se incendió en el océano Austral. Permaneció 10 días a la deriva con más de mil toneladas de combustible y sustancias químicas. Aunque pudo ser remolcado, este incidente implicó un grave riesgo para el frágil ecosistema antártico.
En entrevista con este semanario, el veterinario y director de la ONG Ecoceanos, Juan Carlos Cárdenas, afirma que el objetivo del plan de Maquieira, “es revitalizar la obsoleta y subsidiada industria ballenera, abrirle mercados internacionales y legitimar las operaciones de caza que realiza Japón bajo supuestos fines científicos en aguas del santuario de protección de ballenas en el Antártico”.
“De legitimarse la caza –añade el especialista–, nuevos países se podrían incorporar a esta actividad. Los más interesados son Corea y China, y si esto ocurre podría implicar la extinción de numerosas especies.”
Se sabe, puntualiza Cárdenas, que Japón tiene intereses geopolíticos en el Antártico, y que por medio de las actividades de sus balleneros busca aumentar su presencia en aguas internacionales para aumentar sus cuotas de captura de otras especies.
En su libro Ballenería en Japón: poder, política y diplomacia, el investigador japonés Jun Morikawa asegura que el gobierno de su país promueve que naciones en desarrollo se integren a la CBI, a fin de fortalecer su posición. Por ello, numerosos países que no tienen costas se han afiliado a este organismo internacional en apoyo a la potencia ballenera. Entre esas naciones se encuentran Mali, Mongolia y Laos, cuyos votos de respaldo fueron, presuntamente, comprados.
Según Morikawa, la supuesta “cultura de consumo de carne de ballenas” a la que apela Japón para justificar sus actividades de caza, es “una tradición inventada que sólo duró 20 años: desde finales de la Segunda Guerra Mundial hasta 1960”. Sostiene que durante la ocupación estadunidense la carne de ballena fue incorporada al programa escolar de alimentación. Ello dio pie al nacimiento de “un nacionalismo nostálgico”.
Afirma que “ninguna otra política gubernamental japonesa provoca tal nivel de oprobio internacional” como la caza de ballenas. Y añade: “Resulta enigmático tratar de comprender por qué el gobierno arponea sus credenciales verdes y socava los intereses nacionales en un tema marginal que hace bastante tiempo dejó de ser importante para la mayoría del pueblo japonés”.
De acuerdo con la Lista Roja de especies amenazadas elaborada por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), hay nueve especies de cetáceos “en peligro” o “en peligro crítico” de extinción. Entre éstas se encuentra la ballena azul, la ballena de aleta y el rorcual boreal.
Además de la caza, las ballenas están amenazadas por el enmallamiento en redes de pesca, la contaminación de su hábitat, colisiones con barcos, menor disponibilidad de alimento y perturbaciones acústicas.








