La crisis económica mundial dio al traste con el llamado “milagro español”, aquél que había colocado al país peninsular como la séptima potencia global. La realidad ya golpeó a España en donde más duele: el empleo. La falta de trabajo es un fenómeno creciente y afecta mucho más a los jóvenes… y para remate, el presidente Zapatero impulsa una reforma laboral con la que no están de acuerdo ni sus principales aliados, los sindicatos.
MADRID.- A sus 27 años Rubén Vela define su futuro como “incierto” y “sombrío”. Este joven de Sevilla cursó estudios empresariales en la universidad de su ciudad natal y domina el inglés. Tras titularse consiguió empleo en una empresa, pero el gusto le duró sólo ocho meses porque fue despedido. Dedica varias horas cada mañana a buscar trabajo, pero sin éxito hasta ahora… y se le acabó la subvención que recibía por estar desempleado.
Raúl se dedica a reparar equipos de cómputo para tener un ingreso, pero eso es algo ocasional. “No hay trabajo ni veo una oportunidad en el corto plazo”, dice en entrevista. “Gracias a que vivo con mi familia tengo comida y un lugar donde vivir. Si me hubiera independizado, ni pensar que pudiera con los gastos”, añade.
La profunda crisis económica acabó con el “milagro español”, como se conoce el periodo de la democracia en que el país ingresó a la Unión Europea y a su zona euro, formó parte de la OTAN, vivió un despegue como séptima potencia mundial y construyó una red de infraestructura de primer mundo.
Hoy muestra sus debilidades. La más trágica es el desempleo, que ronda 20%. Hay 4.6 millones de españoles sin trabajo; de ellos, 3.2 millones reciben una subvención oficial.
El sector más vulnerable y complejo es el de los jóvenes: hay 1.6 millones sin trabajo, lo que convierte a España en el país de Europa con la tasa más alta de desempleo juvenil, con 31.8%. Casi el doble del índice europeo (16.4%).
Se trata de jóvenes de entre 16 y 29 años, es decir, son las personas en disposición de ingresar al mercado laboral las que cuentan con menos oportunidades de empleo, según el Índice Manpower.
Al presentar este estudio, el jueves 3, el profesor de la Universidad Autónoma de Barcelona Josep Oliver dijo que 841 mil jóvenes quedaron sin trabajo entre el tercer trimestre de 2007, cuando estalló la crisis económica, y marzo de este año, después de que la bonanza de los años previos redujo la tasa de desempleo juvenil a “mínimos históricos”.
En julio de 2009 Eurostat –la oficina europea de estadística dependiente del Consejo Europeo– ubicó el desempleo juvenil en España en 33.6%, lo que ponía a casi “uno de cada tres jóvenes en paro y sin opciones”.
A esto se suma que más de 1 millón de familias tienen a todos sus miembros desempleados, sin alternativa de trabajo y con recursos limitados, según dio a conocer el periódico El Mundo en un archivo informativo de la agencia EFE del pasado 24 de abril.
“Estudio… y sin trabajo”
Prácticamente todos los organismos llaman la atención sobre el fenómeno del desempleo de los jóvenes españoles, incluso entre aquéllos con estudios universitarios y especializaciones en el extranjero que no tienen posibilidades de incorporarse al mercado laboral.
El 14 de abril, en París, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) difundió un documento de trabajo en el que señalaba que el porcentaje del desempleo juvenil en España alcanzará al menos 40% durante 2011.
La tasa media en sus países miembros será de 20.5% y 24% en las naciones de la Unión Europea, donde el caso más dramático es el de España, según esa proyección.
“En la etapa de normalidad económica la alternativa era estudiar y prepararte para tener opciones de trabajo. Y entre más preparado, mejor. Pero hoy resulta que no hay trabajo y la única posibilidad es buscar otro empleo que nada tiene que ver con lo que estudias”, dice Raúl, quien afirma tener “al menos cinco compañeros en la misma situación”.
Sonia Acuña, estudiante de geología de la Universidad Complutense, explica que para sufragar sus gastos tiene que trabajar en una discoteca los fines de semana, porque no hay opciones de empleo en su ramo. “Y creo que al salir de la carrera tampoco lo habrá”, añade.
Su única opción, advierte, es buscar una beca para seguir con alguna maestría, “porque, de verdad, no tendré más opción que seguir sirviendo tragos”.
La factura que España tiene que pagar por el desempleo en general también impacta en las finanzas públicas, en particular porque muchos de los contratos para jóvenes son temporales y eso ha convertido el fenómeno en un hoyo negro. En sólo dos años esa factura pasó de 15 mil millones de euros en 2007 a 34 mil millones en 2009, dijo Francisco Pérez, del Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas, al periódico El País (30 de mayo de 2010).
Este gasto del desempleo suponía 1.4% del PIB y pasó a 3.2%, según el especialista, “y ya hay quien calcula que este año puede llegar a 3.9%”.
Javier Mondejar estudió hotelería luego de terminar el bachillerato, pensando que el mundo del turismo podría ser una buena alternativa. Estudió para desempeñarse como supervisor, pero al buscar empleo las únicas alternativas en el sector eran de cocinero o camarero.
“De inmediato abandoné esa posibilidad”, relata este treintañero que dejó la empresa de seguros donde trabajaba y se sumó al “paro voluntario” con una subvención de 60% de lo que era su sueldo.
La razón de abandonar el trabajo, donde no veía opción de hacer una carrera, fue para presentar sus exámenes de oposición a fin de ingresar al sector público, concretamente al ayuntamiento de Madrid, única área donde ve una posibilidad de permanencia.
Además, Javier estudia derecho en una universidad abierta, “porque creo que ahí puedo tener más opciones de colocarme. La verdad, no hay otra posibilidad”.
Fin de fiesta
El presidente de la multinacional española de energía Iberdrola, Ignacio Sánchez Galán, se refirió a la “muy compleja” situación que vive la economía de España, en una entrevista con la revista Actualidad Económica (edición de junio de 2010).
El empresario señaló que, además de sufrir el impacto de la crisis global, el modelo de crecimiento del país de los últimos años se ha agotado y “nuestra economía se ha debilitado hasta retroceder más de 30 puestos en el ranking de competitividad mundial”, dijo.
“No cabe duda de que en España hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, endeudándonos en exceso al tener disponibilidad monetaria fácil y barata. Hemos gastado más de lo que hemos ‘producido’. Ahora es el momento de aprender de los errores pasados y abordar reformas estructurales que nos lleven a mejorar la eficiencia y aumentar la competitividad”, dice Sánchez Galán.
Y fueron precisamente este tipo de medidas de choque y las reformas estructurales impuestas a España por la Unión Europea las que empezó a impulsar el presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero.
Éste anunció en el Congreso de los Diputados, el 12 de mayo, un plan de ajuste del gasto con el que pretende generar un ahorro de 15 mil millones de euros.
El plan de rescate que le fue impuesto por la Unión Europea prevé: la rebaja de sueldos de los funcionarios en 5% en promedio durante 2010 y su congelación en 2011, la inmovilización de las pensiones en 2011, menos jubilaciones anticipadas, eliminación de la subvención de 2 mil 500 euros por nacimiento –el conocido como “cheque-bebé” – y un recorte en inversión pública de 6 mil millones de euros este año y el siguiente.
Estas medidas son opuestas a las políticas que Zapatero defendió los últimos meses para salir de la crisis: constantemente se enfrentó con sus críticos porque defendía medidas que no golpearan el gasto social y se negaba a recurrir al “decretazo” para reducir el déficit público, como se lo pedía el Partido Popular (PP), la principal oposición, que en más de una ocasión le ha pedido a Zapatero adelantar las elecciones y abandonar el gobierno.
Un día antes de anunciar su plan de choque, Zapatero recibió una llamada del presidente Barack Obama, según informó la Casa Blanca. En esa comunicación de “consultas con los aliados”, según el comunicado, Obama y Zapatero “trataron la importancia de que España adopte medidas resueltas como parte de los esfuerzos europeos para reforzar sus economías y aumentar la confianza del mercado”.
También se dio a conocer una llamada que Zapatero recibió de la canciller de Alemania, Angela Merkel, en la que le pedía medidas severas de recorte del gasto público y reformas estructurales, principalmente la laboral.
Después de comparecer ante el Congreso, desde el entorno de Zapatero se filtró a los medios españoles que se preparaba una nueva medida: el alza de impuestos para los ricos. Y entonces se generó un fuerte debate en el gabinete y en el Partido Socialista Obrero Español (PSOE).
El Ministro de Fomento, José Blanco López, y la secretaria de Organización del PSOE, Leire Pajín, se manifestaron en favor del nuevo impuesto. En contra estuvieron la vicepresidenta segunda y ministra de Economía, Elena Salgado, y su par de Industria, Miguel Sebastián, quienes consideraron que tendría efectos nocivos.
Zapatero salió al paso aclarando que era “el más interesado” en poner en marcha esa medida, pero que se aplicaría “en el momento oportuno”, ya que “ahora no tocaba”.
Sus principales aliados, las centrales sindicales Unión General de Trabajadores (UGT) y las Comisiones Obreras (CCOO), mostraron su rechazo al cambio radical que Zapatero asumió en el Congreso, desde el 12 de mayo, porque abandonó su “discurso social” y abrazó las “propuestas de la Unión Europea y de los mercados”.
Pero las cosas subieron de tono: se inició la negociación de la reforma laboral, en la que participaron el gobierno, la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE) y las centrales sindicales, pero no se logró un acuerdo.
El punto que más trabó la negociación fue el abaratamiento del despido, lo que fue rechazado por los sindicatos.
El martes 15, las CCOO y la UGT anunciaron que el 29 de septiembre estallarán una huelga general en rechazo a la propuesta del gobierno de Zapatero. No obstante, sin respaldo en el Congreso y con la amenaza de la huelga, en sesión extraordinaria del Consejo de Ministros, Zapatero aprobó la reforma laboral el miércoles 16.
Pese a las críticas de oposición y sindicatos, la vicepresidenta primera del gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, dijo en conferencia de prensa que se pretende que el despido “sea la última opción y que nunca sea la más fácil”.
Destacó que la medida pretende disminuir la “temporalidad excesiva y dotará de más estabilidad al empleo”.
“La voluntad del gobierno sigue siendo alcanzar el mayor grado de consenso en torno a la reforma laboral”, aseguró y añadió que “si el texto no cuenta con la rúbrica de los agentes sociales, sí cuenta con el espíritu de sus aportaciones”.
Exclusión social
El estudio Los jóvenes en España: más vulnerables ante la crisis, elaborado el pasado septiembre por la Fundación Prmero de Mayo de la CCOO, ya advertía sobre la dificultad que representa el desempleo entre ese sector y cómo las medidas que ya sugería la parte patronal, en especial la de abaratar el despido, no ayudarían para la recuperación.
El documento advierte que los jóvenes españoles, con las mayores tasas de desempleo, tienen una menor contribución al crecimiento del empleo y son los que más tarde comienzan su vida como “adultos”, lo que incrementa las dificultades de emancipación.
Señala que en la actualidad suele identificarse la precariedad laboral de los jóvenes única y exclusivamente con el hecho de tener un contrato temporal, que es una modalidad de contratación generalizada en la inserción laboral “que constituye una transición profesional marcada por la vulnerabilidad ante el empleo, las condiciones laborales y el riesgo de no poder mantener una trayectoria profesional estable”.
Asimismo, el estudio señala que en España existe la idea generalizada de que los jóvenes están en un periodo de la vida en el que tienen que formarse y, por tanto, deben aceptar empleo con unas condiciones laborales degradadas, con tal de conseguir un mejor empleo en el futuro.
Las CCOO advierten que el problema es que nada garantiza que este “paso previo” no se convierta en un fenómeno duradero en el tiempo, porque las propuestas del sector patronal –que son las que ahora plantea Zapatero– no consideran el fenómeno específico de los jóvenes y el trabajo, lo que se traduce en un proceso de “exclusión social” de la juventud.
“Con escasas expectativas de promoción laboral y unas relaciones de trabajo percibidas como abusivas, el énfasis se pone en el valor instrumental del salario. Y como éste no se retribuye de forma adecuada con la carga de trabajo y bloquea la emancipación personal, la precariedad se identifica prioritariamente con el salario injusto”, señala.
Sonia Acuña, la estudiante de geología de la Complutense, lamenta que “las decisiones del gobierno de Zapatero responden a los intereses de los empresarios. Lo peor de todo es que para volver a estabilizar las cosas, a nuestra generación ya nos jodió el futuro”.
Rubén Vela, el egresado de estudios empresariales, se pregunta cuántos años se llevará la recuperación y él mismo responde: “Las medidas que anunció Zapatero, que causaron el enojo de los sindicatos, que eran los únicos aliados que le quedaban, me hacen concluir que vamos a tener años realmente duros para los jóvenes y creo que acabará muy mal esto”.
“Por lo pronto, seguiré buscando trabajo… pero si no se define nada, pensaré incluso en irme a vivir a otro lugar.”








